Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 13 a. Semana – Ciclo A

“Muchos publicanos y pecadores que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”, que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. (Mt 9,9-13)

Una cena de escándalo.
¿Alguien se imagina al Obispo cenando en la casa de gente de mal vivir?
¿Alguien se imagina al Párroco cenando con pecadores y gente de mala fama?
La Cofradía de los fariseos aún no se ha extinguido.
Y el escándalo de los buenos, tampoco.

Mientras los fariseos ven a Jesús cenando “con pecadores y publicanos”, Jesús los ve con otros ojos más limpios:
No los ve como pecadores.
No los ve como publicanos.
Los ve simplemente como enfermos.
Y que como enfermos desean sanarse y curarse.
Por eso, mientras los unos los condenan como pecadores indeseables y que apestan, Jesús los ve como enfermos a los que es preciso curar.
“No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos”.

Que hay pecadores los hay.
Pero para Dios no son gente mala.
Para Dios son enfermos del alma.
Enfermos a los que Dios no condena.
Sino enfermos a los Dios quiere sanar.
Una de las bellas imágenes de Dios: la de médico.
No la de juez que condena y excluye.
Sino la del “médico de cabecera” que quiera curarnos.

Nuestra misión no es la de ser jueces de los demás.
Nuestra misión es la de médicos que trabajamos por sanar a nuestros hermanos.
Nuestra misión no es la de escandalizarnos de los pecados de los otros.
Nuestra misión es la de acercarnos a ellos, sentarnos con ellos, comer con ellos, tomarnos unos vasitos de vino con ellos.
Hacerles sentir nuestro amor que es la mejor medicina para sanar a los malos.
Hacerles sentir que también para ellos hay una esperanza.
Claro que, más de uno podrá decir que “no basta ser bueno sino que también hay que parecerlo”.
Y todos conocemos el refrán de “dime con quien andas y te diré quien eres”.
A Dios le importan poco nuestros refranes.
La mesa y la cena de Dios tienen sillas para todos.

“Aprended lo que significa: “misericordia quiero y no sacrificios”.
Para nosotros la santidad está en el culto y en los sacrificios por Dios.
Para Dios el mejor culto es “la misericordia”.
Para Dios el mejor sacrificio es la “misericordia”.
Una misericordia que es:
Aceptación de los malos.
Acercamiento a los malos.
Sentarnos y comer con los malos sin excluir a nadie.
Comprensión de las debilidades de los malos.
Inclusión de los malos.
Esperanza para los malos.
Tener corazón para con los malos.

Me pregunto ¿cómo nos caerá esa afirmación de Jesús cuando dice: “no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”?
¿No es también esta nuestra actitud cuando tenemos en casa algún enfermo?
Todos vivimos preocupados por su salud.
Todos tratamos de acercarnos a él.
Todos tratamos de darle palabras de aliento.
¡No me digan que el “Dios de Jesús” no es maravilloso!

Clemente Sobrado cp.

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