Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 16 a. Semana – Ciclo A

“Se acercaron los discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas? El les contestó: “A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír entender. ¡Dichosos ustedes porque sus ojos ven y sus oídos oyen!” (Mt 13,10-17)

Los discípulos se hacen la misma pregunta que nos hacemos nosotros.
El estilo de hablar de Jesús resulta extraño.
Porque Jesús no es de los que hace filosofías, ni crea ideologías.
Además, Jesús no es de los que impone sus ideas a nadie.
Ni es de los que hablan para gente entendida.
Jesús habla el lenguaje del pueblo.
Jesús habla el lenguaje de la realidad de la vida del pueblo.
Habla para que todos puedan entender.
Y aún así, mucho oyen pero no escuchan.
Miran pero no ven.

El lenguaje de la parábola:
Es un lenguaje popular.
No es un lenguaje impositivo.
Jesús no quiere imponer sus ideas.
Jesús habla no desde las ideas.
Prefiere hablar desde el lenguaje del pueblo sencillo: semillas, redes, luces, granos, fiesta de bodas, viñas y viñedos y hasta se fija en las higueras.
Nada de lenguaje académico, sino lenguaje de la gente sencilla del pueblo.

Además, las parábolas:
No tienen nada de imposición.
No obligan a que pensemos como él.
Sencillamente deja que cada uno saque su propia conclusión.

Ese es el problema de nuestra predicación:
Nosotros hablamos desde nuestro saber intelectual.
Hablamos de nuestras propias filosofías.
Desde nuestros conocimientos, eso que la gente sencilla no entiende.
Además nuestra predicación tiene mucho de impositivo.
Nuestra predicación tiene mucho de legalismo y moralismo.
Predicamos demasiado de lo que los otros “tiene que hacer”.
Predicamos demasiado de lo que los otros “tienen que saber”.

Jesús, por el contrario:
Habla mediante parábolas para que todos puedan entender.
No impone ninguna exigencia imperativa.
No hace moralismo.
Deja que cada uno escuche con su corazón.
Deja que cada uno saque sus propias consecuencias.
Deja que cada uno aprenda a ver lo que hay detrás.
Deja que cada uno aprenda a ver lo que Dios lo quiere decir.
Eso es lo maravilloso de la parábola.
Dejar que cada uno saque sus propias consecuencias.
Dejar que cada uno saque sus propias conclusiones.

Frente a la parábola:
Se expresa la libertad de cada uno.
Se manifiesta la conclusión de cada uno.
Que cada uno se sienta libre.
Que la Buena Noticia no sea una imposición.
Sino un encuentro y un descubrimiento de cada uno.
Además, Jesús pone de manifiesto, que la Buena Noticia es para todos.
Y no solo para los intelectuales e instruidos.
Sino para la gente sencilla del pueblo.
La parábola es un símil que no descubre toda la verdad.
La parábola es el medio para que cada uno llegue a la verdad.

A los discípulos les muestra la verdad al desnudo.
Al resto deja que la vayan descubriendo.
A los discípulos les exige ciertas exigencias.
Al resto deja que cada uno vaya descubriendo lo que él espera.

Francamente no me siento cómodo cuando predico.
Me siento como sentado en la cátedra que impongo mi modo de pensar.
Me gustaría más hablar como Jesús en parábolas y que cada uno libremente saque sus propias conclusiones.
Por eso, muchos oyen pero no escuchan.
Muchos miran pero no ven.
Mientras otros oyen y escuchan, miran y ven.
Es la suerte de toda parábola.

Clemente Sobrado cp.

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