Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Transfiguración del Señor

Transfiguration bloch.jpg“Se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos blancos como la luz. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, es bueno quedarse aquí. Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les cubrió, y salió de la nube una voz que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco, escúchenlo”. (Mt 17,1-9)

Todos tenemos momentos maravillosos en nuestra vida.
Todos tenemos momentos en los que Dios se transfigura delante de nosotros.
Todos tenemos momentos en los que Dios se hace sensible en nosotros.
Todos tenemos momentos en los que Dios pareciera estar de nuestra parte.
Como todos tenemos momentos de oscuridad.
Todos tenemos momentos en los que nos preguntamos ¿dónde está Dios?
Todos tenemos momentos en los que pareciera que nos ha olvidado.

Y todos tenemos la tentación de Pedro:
¿Qué bien nos sentimos ahora que todo nos sale bien?
¿Qué bien estamos ahora que no tenemos dificultades?
¿Qué bueno es ser cristiano ahora cuando no tenemos problemas?
¡Qué bien se está en una Iglesia sin problemas!
¡Qué bien se está en un mundo sin problemas!
¡Qué bien se está en una familia sin problemas!
¡Qué bien se está en una sociedad sin problemas!
¡Qué bien se está en una comunidad sin problemas!
Porque todos tenemos la tentación de instalarnos en lo cómodo.
Porque todos tenemos la tentación de quedarnos en lo fácil.
Porque todos tenemos la tentación de quedarnos donde estamos sin compromiso.
Porque todos tenemos la tentación de un cristianismo sin complicaciones.
Porque todos tenemos la tentación de un cristianismo sin problemas.

La transfiguración:
Es una experiencia de la belleza de Jesús.
Es una experiencia de la belleza de Dios.
Es una experiencia de la belleza de nuestra fe.

Pero no es un motivo para quedarnos disfrutando de Dios olvidándonos de los demás.
No es un motivo para ser cristianos indiferentes.
No es un motivo para ser cristianos que solo se contentan con su propia felicidad.
No somos contemplativos inútiles de Dios.
No somos contemplativos que solo pensamos en nosotros.
No somos contemplativos que solo piensan en su felicidad.
No somos contemplativos que solo piensan en ellos mismos y se olvidan del resto.
No somos contemplativos que se olvidan de ver los problemas de los demás.
No somos contemplativos que se olvidan del sufrimiento de los demás.

Somos cristianos:
Que solo nos buscamos a nosotros mismos.
Que solo pensamos en instalarnos en las alegrías de nuestra fe.
Pero que no queremos complicaciones.

Por eso mismo:
Jesús no acepta ese criterio de instalarse en lo cómodo.
Jesús no acepta ese criterio de instalarlos olvidándonos de los otros.
Jesús no acepta ese criterio de disfrutar de él y quedarnos a disfrutar su experiencia.
Jesús sabe que abajo están el resto de los discípulos.
Jesús sabe que abajo están los hombres con sus problemas.
Jesús sabe que abajo están los hombres con sus sufrimientos.
El Papa Francisco dice: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades”. “Hemos de salir hasta las periferias”.

Es bella la transfiguración porque nos revela un Jesús distinto.
Es bella la transfiguración porque nos revela a un Jesús “Hijo amado del Padre”.
Es bella la transfiguración porque el Padre declara a Jesús como su única palabra.

Pero la transfiguración no es una invitación a quedarnos solo nosotros a disfrutar de Dios.
La transfiguración no es una invitación a olvidarnos de los que nos necesitan abajo en el llano.
La transfiguración no es una invitación al intimismo.
Es una invitación a hacer la experiencia íntima de Jesús.
Pero también una invitación a hacer la experiencia del sufrimiento humano.
Es la invitación a expresar nuestro gozo con los que no han visto.
Es la invitación a comprometernos con los que viven lejos.
Se sube a la contemplación de Jesús, no para quedarnos ensimismados.
Sino para sentir nuevas fuerzas para identificarnos con los hombres.

Clemente Sobrado cp.

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