Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: San Lorenzo

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la ida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva el Padre lo premiará”. (Jn 12,24-26)

Advierto que unos utilizan la Liturgia del tiempo ordinario. Y otros la Liturgia propia de San Lorenzo. Luego de consultar varios Calendarios he visto que litúrgicamente es fiesta. Y por tanto tiene lecturas propias que son las que nosotros utilizamos aquí.

El capítulo 12 de Juan diera la impresión de ser como una lectura de la escena del Huerto de los Olivos, que luego Juan omite, y una lectura que Jesús hace de su muerte.
Sentir miedo a la muerte parece algo natural.
Hasta Jesús tuvo esos sentimientos humanos.

Sin embargo, todo depende desde que lado miremos la muerte.
Si la miramos desde aquí, la muerte es el final.
Si la miramos desde el otro lado, la muerte es el comienzo de la vida.
La vida es como un grano de trigo.
Si lo miramos al sembrarlo es perderlo.
Si lo miramos cuando muere en la tierra, es ver brotar el germen que lleva dentro y se convierte en tallo y espiga.
Si lo miramos como grano que muere todo nos habla de invierno.
Si lo miramos como el grano que brota y echa tallo y echa espiga, nos habla de primavera y verano.

San Lorenzo nos habla de martirio.
Nos habla de grano quemado en la parrilla.
Pero a la vez, nos habla de nueva vida florecida en la primavera del martirio.

Nuestras vidas son como granos de trigo.
Si queremos conservarlas en el granero, quedan infecundas.
Si queremos sembrarlas y entregarlas por el Evangelio, florecen en la fecundidad de nueva vida.

Todos tenemos miedo a morir.
Porque no hemos descubierto que morir es nacer.
El niño que está en el vientre de la madre se siente feliz y contento.
Para él nacer es una especie de muerte.
Salir de aquel calor del útero materno, para hospedarse en este frío mundo, para él como un morir.
Y mientras tanto, nosotros estamos a este otro, lado esperando a que nazca una nueva vida.
Que la madre dé a luz una nueva vida.
Mientras el niño llora, nosotros aplaudimos y nos alegramos.
Morir no es morir, sino comenzar a vivir de verdad.

Somos granos de trigo que, si nos quedamos en el granero nos quedamos solos.
Somos granos de trigo que, si nos damos a los demás nos convertimos en vida.
Sembrados en la tierra del servicio a los demás.
Sembrados en la tierra de la entrega a los demás.
Sembrados en la tierra de la fidelidad al Evangelio.
Sembrados en la tierra de nuestra fidelidad a la Iglesia.
Sembrados en la tierra de nuestra fidelidad bautismal.

Llamados a morir, para que otros vivan.
Llamados a morir, para que haya buena cosecha.
Llamados a morir, para que haya pan en las mesas de los hombres.
Llamados a morir, para resucitar.
La vida está llena de pequeñas muertes que se hacen vida en los demás.
Morir a nosotros mismos para que nazca en nosotros el hombre nuevo pascual.
Morir a nosotros mismos para que otros puedan tener vida.
Morir a nuestras comodidades para que otros puedan descansar.
Morir a nuestros intereses para que otros puedan sentirse más libres.
Morir a nuestra vida mortal para que amanezca en nosotros la vida inmortal.
Morir en Viernes Santo para resucitar en el Domingo de Pascua.

No tiene miedo a morir quien tiene fe en la vida.
No tiene miedo a morir quien sabe que el morir es hacer posible la vida.

Clemente Sobrado cp.

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