Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 19 a. Semana – Ciclo A

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“Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasa, a sus hijos o a los extraños?” Contestó: “A los extraños”. Jesús le dijo: “Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos ve al lago, echa el anzuelo, coge el pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti”. (Mt 17,22-27)

Eso de pagar impuestos no suele ser demasiado simpático.
Y los encargados de cobrarlos, creo que ven demasiadas caras largas y pocas sonrisas.
A Pedro le echan en cara de que: “Vuestro Maestro no paga los impuestos”.
Para Jesús solo pagan impuestos los “extraños” y no “los hijos”.
Y Él se siente extraño al sistema.
Él con los suyos vive la condición de “hijos” y no de “extraños”.
Para Él los hijos están exentos de pagar impuestos.

El impuesto es una manera de compartir.
El impuesto es una manera de solidarizarse con el bien común.
El impuesto es la solidaridad de todos con todos.
Cuando el impuesto es debidamente utilizado tiene un sentido de solidaridad.
Sin embargo, la gente no está muy segura de que todo sirva a la comunidad.
Y más bien tiene la idea que, como la harina, se va pegando a las manos de aquellos que lo cobran.
De todos modos, el hecho de que otros hagan mal uso, no justifica que tengamos que eximirnos de pagarlo.
El egoísmo de unos no justifica la mala conciencia del resto.

Lo que sí me llama la atención es la comparación que hace Jesús entre “extraños e hijos”.
Los hijos no están obligados a pagar impuestos.
¡Y que bien lo han aprendido los hijos!
A la hora de corresponder a lo que han recibido de sus padres todos “se sienten hijos”, muy pocos “extraños”.
Es cierto que los padres no cobran impuestos.
¿Con qué podríamos pagar todo lo que hemos recibido de ellos?
Los padres actúan desde la “gratuidad”.
Regalan el don de la vida gratuitamente.
Dan de comer a los hijos gratuitamente.
Visten a los hijos gratuitamente.
Dan una carrera a los hijos gratuitamente.

¿Recuerdan a aquel hijo que un día les pasó factura a sus padres de todos los servicios que habían hecho en casa? Hizo toda una lista. Y pasó la factura a sus padres.
Estos, elegantemente, contestaron con otra factura:

Por la vida que te dimos:              00
Por la comida que te dimos:        00
Por el vestido que te dimos:        00
Por los estudios que te dimos:    00
Por el tiempo que te dedicamos: 00

Total:     00

Y sin embargo, son muchos los hijos que terminan olvidándose de sus padres.
Son muchos los hijos que creen que los padres solo han cumplido con sus deberes.
Pero ellos, los hijos, sienten que no tienen obligación alguna con los viejos.
Nadie pide que los hijos paguen impuestos a sus padres.
Pero, la gratitud ¿no debe ser una respuesta a la gratuidad?
Demasiados padres lo han dado todo, para recibir casi nada.
¿Cuántos padres necesitados que viven en el olvido de sus hijos?
La gratuidad respondida con el olvido.
La gratuidad respondida con la ingratitud.

Y no quisiera entrar en nuestras actitudes para con Dios.
Dios nunca cobra impuestos.
Dios nunca pasa factura.
Pero ¿cuántas facturas no le pasamos nosotros cada día?

Clemente Sobrado cp.

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