Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 29 a. Semana – Ciclo A

Escucha la homilía dominical aquí: http://bit.ly/homilias.

“El le contestó; “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?” Y dijo a la gente: “Mirad, guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. (Lc 12, 13-21)

La verdad es que Jesús se las sabe todas.
Yo no creo que él tuviese la experiencia de líos familiares con el reparto de herencias.
Pero, sí creo que debió de ver muchas situaciones de éstas.
Y como Jesús es de los que habla con los pies en el suelo, también a esta situación incómoda la saca partido.

Primero: tenemos la manía de manipular a Dios.
Algo así como si Dios tuviese que solucionar nuestros problemas.
Algo así como si Dios tuviese una agencia encargada:
De buscarnos empleo.
De luchar por un salario más justo.
De hacer de albacea a la muerte de los viejos.
A poco que nos descuidemos, vamos a llamar a Dios:
Bombero apaga incendios.
Policía que busque al ladrón.
Terapeuta que cambie a mi esposa o a mi marido.

Todo lo cual pone de manifiesto que:
No hemos entendido a Jesús.
No hemos entendido a Dios.
No hemos entendido el Evangelio.

Jesús nunca nos presentó un “Dios soluciona problemas”.
Jesús nos presentó un Dios Padre que nos ama y quiere que nos amemos.
Jesús nos presentó un Dios que siempre respetará nuestra libertad, por más injusta que sea.
Jesús nos presentó un Dios que, en modo alguno quiere suplantar al hombre, sino ayudarlo.

Pero, aún así, con esa falsa y equivocada imagen de un “Jesús reparte herencias”, Jesús nos marca el camino de qué hemos de hacer para que los bienes materiales no sean:
Un estorbo a la fraternidad.
Un estorbo a la amistad.
Un estorbo a la unidad familiar.
Un estorbo a la generosidad.
Un estorbo a la solidaridad.
Un estorbo a la solicitud y preocupación por los demás.

La causa de tantas enemistades y divisiones y rupturas familiares y sociales, tiene un nombre muy sencillo y que nos cuesta entender. Y se llama “codicia”.
¡Cuántas familias rotas por la codicia!
¡Cuantos hermanos que no se hablan por la codicia!
¡Cuanta pobreza en torno nuestro por la codicia del tener!
¡Cuánta hambre en el mundo por la codicia de “almacenar” lo nuestro!

Y ¿cuántas veces buscamos nuestra seguridad en acumular en nuestros graneros, granos que nunca hemos de comer porque la polilla los comerá antes!
Nadie niega el derecho a prever para el futuro.
Es de necios comer todo lo que tenemos hoy y no guardar para el mañana.
Siento pena cuando leo que ciertos deportistas que acumularon grandes fortunas, han terminado en la miseria.

La codicia del “tener más”, del “acumular”, del “hacer nuevos graneros”, solo nos puede ofrecer una seguridad aparente.
Porque no hay granero que nos asegure la vida.
Porque no hay granero que nos regale un día más de vida.
Porque no hay granero que nos asegure mejores amistades.
Porque no hay granero que nos haga más amigos.
Porque no hay granero que nos haga más solidarios.
Porque no hay granero que nos haga más hermanos.
Porque no hay granero que nos asegure un amor para siempre.

No negamos que sea buena la riqueza para vivir una vida digna.
Pero nos engañamos cuando pensamos que todo se soluciona con “hacer nuevos graneros” que terminan por encerrarnos a nosotros mismos en el “granero de nuestra codicia”.

Clemente Sobrado cp.

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