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Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 29 a. Semana – Ciclo A

Escucha la homilía dominical aquí: http://bit.ly/homilias.

“El le contestó; “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?” Y dijo a la gente: “Mirad, guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. (Lc 12, 13-21)

La verdad es que Jesús se las sabe todas.
Yo no creo que él tuviese la experiencia de líos familiares con el reparto de herencias.
Pero, sí creo que debió de ver muchas situaciones de éstas.
Y como Jesús es de los que habla con los pies en el suelo, también a esta situación incómoda la saca partido.

Primero: tenemos la manía de manipular a Dios.
Algo así como si Dios tuviese que solucionar nuestros problemas.
Algo así como si Dios tuviese una agencia encargada:
De buscarnos empleo.
De luchar por un salario más justo.
De hacer de albacea a la muerte de los viejos.
A poco que nos descuidemos, vamos a llamar a Dios:
Bombero apaga incendios.
Policía que busque al ladrón.
Terapeuta que cambie a mi esposa o a mi marido.

Todo lo cual pone de manifiesto que:
No hemos entendido a Jesús.
No hemos entendido a Dios.
No hemos entendido el Evangelio.

Jesús nunca nos presentó un “Dios soluciona problemas”.
Jesús nos presentó un Dios Padre que nos ama y quiere que nos amemos.
Jesús nos presentó un Dios que siempre respetará nuestra libertad, por más injusta que sea.
Jesús nos presentó un Dios que, en modo alguno quiere suplantar al hombre, sino ayudarlo.

Pero, aún así, con esa falsa y equivocada imagen de un “Jesús reparte herencias”, Jesús nos marca el camino de qué hemos de hacer para que los bienes materiales no sean:
Un estorbo a la fraternidad.
Un estorbo a la amistad.
Un estorbo a la unidad familiar.
Un estorbo a la generosidad.
Un estorbo a la solidaridad.
Un estorbo a la solicitud y preocupación por los demás.

La causa de tantas enemistades y divisiones y rupturas familiares y sociales, tiene un nombre muy sencillo y que nos cuesta entender. Y se llama “codicia”.
¡Cuántas familias rotas por la codicia!
¡Cuantos hermanos que no se hablan por la codicia!
¡Cuanta pobreza en torno nuestro por la codicia del tener!
¡Cuánta hambre en el mundo por la codicia de “almacenar” lo nuestro!

Y ¿cuántas veces buscamos nuestra seguridad en acumular en nuestros graneros, granos que nunca hemos de comer porque la polilla los comerá antes!
Nadie niega el derecho a prever para el futuro.
Es de necios comer todo lo que tenemos hoy y no guardar para el mañana.
Siento pena cuando leo que ciertos deportistas que acumularon grandes fortunas, han terminado en la miseria.

La codicia del “tener más”, del “acumular”, del “hacer nuevos graneros”, solo nos puede ofrecer una seguridad aparente.
Porque no hay granero que nos asegure la vida.
Porque no hay granero que nos regale un día más de vida.
Porque no hay granero que nos asegure mejores amistades.
Porque no hay granero que nos haga más amigos.
Porque no hay granero que nos haga más solidarios.
Porque no hay granero que nos haga más hermanos.
Porque no hay granero que nos asegure un amor para siempre.

No negamos que sea buena la riqueza para vivir una vida digna.
Pero nos engañamos cuando pensamos que todo se soluciona con “hacer nuevos graneros” que terminan por encerrarnos a nosotros mismos en el “granero de nuestra codicia”.

Clemente Sobrado cp.

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Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 29 A – DOMUND

“Se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar el impuesto al César o no?” (Mt 22,15-21)

Misioneros Pasionistas en la Amazonía

Un domingo rico en simbolismos y compromiso:
Es el Domingo 29 a del ordinario.
Es el Domingo del DOMUND.

El que quiera pagar impuestos que siga el texto del Evangelio.
Yo prefiero hacer unas reflexiones sobre el Domund.
Iglesia misionera
Las misiones no son una simple posibilidad o el deseo de algunos más atrevidos. La misión es el alma de la Iglesia y de cada comunidad y de cada cristiano. “La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que “primean”, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan”.

“Primear”, hasta el Papa pide disculpas de la palabra.
Pero que significa: “la comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor y por eso, ella sabe adelantarse, tomar iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos”.

“La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así “olor a oveja”, y estas escuchan su voz.
Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. La evangelización tiene mucho de paciencia y evita maltratar sin límites. Cuida del trigo y no pierde la paz por la cizaña”.

El primer misionero fue el mismo Jesús.
El primero en amar al hombre fue Jesús.
Y la Iglesia tiene que olvidarse de sí mismo y mirarse más en los demás, sobre todo los más excluidos.
Pero no son suficiente las palabras, se necesitan “obras y gestos en la vida cotidiana”.

El Espíritu misionero nos presenta un rostro nuevo de Iglesia.
No ese rostro aburrido de estar encerrada en sí misma, sino el rostro de quien mira lo largo de los caminos y los hombres que viven cerca y también los que están lejos.

Por eso, el Domund no es un domingo cualquiera.
Sino un día que quiere despertar a la Iglesia.
La Iglesia no puede ser un museo donde se conservan cuadros antiguos muy valiosos, pero que no pasan de cuadros colgados de la pared.
La Iglesia tiene museos, pero no puede ser museo.
La Iglesia es camino, Evangelio en mano, sandalias y bastón.
El cristiano no puede oler a alcanfor de armario, sino a ovejas y caminos.

Este fue el carisma de mi Fundador.
Despertar a la Iglesia de su letargo.
Reavivar en la Iglesia su centralidad: el amor de Dios revelado en la Cruz.
Un querer renovar a la Iglesia desde sus raíces hundidas en la roca del Calvario. Y un dedicarse a evangelizar al pueblo abandonado y sin pastores. Por algo se le llama uno de los místicos y misioneros más importantes del siglo XVIII.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 28 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios”. (Lc 12,8-12)

¡Qué fácil resulta recitar el Credo en las Misas dominicales en la Iglesia!
¡Qué difícil resulta luego confesarse creyente en el grupo de los amigos!
Siempre me ha admirado:
La valentía con la que el ateo confiesa su incredulidad.
La cobardía con la que el creyente esconde su fe en El.
La libertad con la que aceptamos que el ateo se ría de los que aún creen.
La cobardía con la que los creyentes nos manifestamos cuando en torno nuestro se siente ciertas sonrisitas maliciosas.

Jesús es claro:
La fe no es para vivirla solo en privado.
La fe es para manifestarla también en público.
La fe no es para vivirla en la Iglesia los domingos.
La fe es para confesarla también los días de semana en nuestro medio.

Sigo manifestando mi admiración:
Por el ateo que no tiene vergüenza en confesar su ateísmo en público.
Por los creyentes que respetan más la incredulidad del ateo que la fe del creyente. ¿No existe aquí una contradicción con uno mismo?
Claro que debemos respetar a los que no creen y no piensan como nosotros.
Pero ¿por qué respetamos al ateo y nos reímos y hasta burlamos del del creyente?

Jesús no necesita de seguidores que solo se manifiestan los domingos en la Misa.
Jesús necesita de seguidores que “se pone de su parte ante los hombres”.
Jesús no necesita de seguidores que lo proclaman los domingos en la Iglesia.
Jesús necesita de seguidores que “no renieguen de él delante de los hombres”.

Jesús nos marca un criterio en orden a la confesión pública de nuestra fe:
La actitud que nosotros asumamos frente a él delante de los hombres, será la garantía de la actitud que él asumirá por nosotros delante del Padre.
Yo espero que Jesús no nos mida con esa medida.
Y que a pesar de nuestras cobardías, él dé cara por nosotros ante el Padre.
Y que a pesar de nuestros silencios, él sepa hablarle de nosotros al Padre.
Y que a pesar de nuestras vergüenzas, él no se avergüence de nosotros ante el Padre.

Porque es triste reconocerlo, porque:
A los cristianos debe faltarnos mucho convencimiento.
Creemos pero diera la impresión de no estar demasiado convencidos.
A los cristianos creo que nos falta más coraje.
Creemos pero con cierto complejo de inferioridad delante de los demás.
A los cristianos creo que no falta un poco de “orgullo creyente”, para no sentirnos raros y extraños en un mundo que le cuesta reconocer a Dios.

Nos han inculcado mucho el intimismo.
Pero nos han suavizado el compromiso público.
Pienso que debiéramos aprovechar la “preparación para la Confirmación” para fortalecer en nosotros la conciencia de “testigos”, de “testimonio”. ¿No nos habremos olvidado de lo que dice el Concilio Vaticano II?
“Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el carácter al culto de la religión cristiana, y regenerados como hijos de Dios, tienen el deber de confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia. Por el sacramento de la confirmación se vinculan con más perfección a la Iglesia, se enriquecen con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y de esta forma se obligan con mayor compromiso a difundir y defender la fe, con su palabra y sus obras como verdaderos testigos de Cristo”. (L.G. n. 11)

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 28 a. Semana – Ciclo A

“Miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: “Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse… Por tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones”. (Lc 12,1-7)

Jesús arremete contra la hipocresía farisaica del querer aparentar lo que no se es.
La hipocresía de la mentira de la vida, que es peor que “decir mentiras”.
La hipocresía que trata de ocultar los propios defectos y exhibir virtudes que, con frecuencia, no tenemos.

No hay peor fermento que el de la mentira.
No hay peor fermento que el de la hipocresía.
No hay peor fermento que el aparentar una cosa y ser otra.
No hay peor fermento que el exigir a los demás lo que uno no hace.
No hay peor fermento que el obligar a los demás ser lo que uno no es.

Tratar de ocultar los propios defectos, no es el mejor camino de la santidad.
Tratar de ocultar las propias deficiencias, no ayuda a la verdad de los demás.
Siempre que hablo con parejas suelo decirles:
Que los matrimonios no se rompen por fuera sino por dentro.
Que los matrimonios no se quiebran por problemas internos de pareja sino por el engaño.
Que los matrimonios comienzan a divorciarse con la mentira y el engaño de la infidelidad.
Porque es mentir a la esposa o esposo.
Porque es engañar a la esposa o esposo.
Y donde hay engaño y mentira se acabó el amor.
El amor solo puede crecer en la verdad.

Pero, esto mismo, puede sucedernos como creyentes y como Iglesia.
Los últimos años, la Iglesia ha sufrido dolorosas experiencias, que trató de silenciar durante años.
Porque, como dice Jesús:
“Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse”.
“Nada hay escondido que no llegue a saberse”.
El tiempo se encarga de desempolvar demasiadas miserias ocultas.
El tiempo se encarga de desempolvar demasiados pecados que no hemos querido reconocer para no perder nuestra imagen.

La hipocresía de aparentar la santidad que no se vive, no ayuda a la autenticidad de la Iglesia.
La hipocresía de aparentar la santidad que no se tiene, no es el mejor fermento de santidad en la Iglesia.
La hipocresía de aparentar lo que no somos, no es el mejor fermento para la verdad de nadie.
La hipocresía que trata de aparentar sin ser, es un fermento que, en vez de fermentar la masa, la daña internamente.
La hipocresía del celo por la verdad, cuando uno está viviendo en la mentira del Evangelio, no es un fermento que nos regale un buen pan.

Vivir en la mentira no es engañar a los demás.
Vivir en la mentira es engañarnos a nosotros mismos.
Porque cada uno somos lo que somos.
Y no lo que los demás puedan decir o pensar de nosotros.
La mentira no sana ni cura a nadie.
El enfermo no se cura ocultando su enfermedad.
La verdad, puede ser dolorosa, pero sana los corazones.
La hipocresía de la mentira puede mantener una imagen que no responde a la verdad.
La sinceridad de la verdad, puede de momento, crearnos una mala imagen.
Pero termina por reconocer que al menos, aunque humanos, somos sinceros.

Solo seremos buen fermento del mundo, siendo sinceros y veraces con nosotros mismos.
Solo seremos buen fermento de Evangelio, siendo honestos con la verdad.
Preferimos un pecador sincero consigo mismo, que un santo de apariencia.
Jesús fue claro cuando dijo: “La verdad os hará libres”.
Perdonen la hipocresía que pueda haber en este hermano, que cada día, les envía estas reflexiones, porque también la tentación de la mentira ronda mi vida.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 28 a. Semana – Ciclo A

Lee aquí la meditación sobre San Pablo de la Cruz,
fundador de los Pasionistas: http://wp.me/phJFX-2CF.

“Dijo el Señor: “¡Ay de ustedes, que edifican sepulcros a los profetas, a quienes sus antepasados mataron! Así se hacen testigos y cómplices de lo que hicieron sus antepasados, porque ellos los mataron y ustedes les edifican sepulcros. ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley, que se han quedado con la llave del saber; no han entrado ustedes y han cerrado el paso a los que intentaban entrar”. (Lc 11,47-54)

La peor mentira es la manipulación de la verdad.
La peor religión es la manipulación de la verdad.
El peor favor que le podemos hacer a Dios es manipular a Dios.
Y la religión se presta a muchas manipulaciones.

Primero matamos a los profetas.
Luego les levantamos monumentos y edificamos sepulcros.
Pero seguimos sin creer en ellos.
Y los seguimos matando.
Reconocemos a los profetas.
Pero luego imponemos nuestras propias ideas.
Reconocemos a los profetas, pero preferimos vivir de nuestros propias interpretaciones.

A cuantos matamos porque piensan distinto.
A cuántos matamos porque su predicación nos molesta.
A cuántos matamos porque su enseñanza nos baja de nuestro pedestal.
Leemos el Evangelio de la misericordia, pero luego preferimos nuestra justicia.
Leemos el Evangelio de la justicia, pero luego preferimos condenar a los que “perturban el orden social injusto”.

Nos hacemos con la llave del Evangelio:
E impedimos que otros también piensen.
E impedimos que otros también reflexionen.
E impedimos que otros también expresen su verdad.
Imponemos silencio a los que hablan.
Suprimimos lo que otros escriben.
Declaramos sospechosos a los que no piensan como nosotros.
O incluso a los que ponen en peligro nuestros puestos.

El Padre José María Lagrange ante la pregunta de su amigo Guitton, ¿qué era para él un hereje, le respondió: “el que llega antes que los demás”.
Pero hasta que los demás lleguemos:
le condenamos,
le silenciamos,
le prohibimos,
le excluimos.

Los profetas son:
los que siempre van por delante,
los que han escuchado antes la voz de Dios,
los que han visto antes el camino de Dios.

Por eso, el camino de los profetas es siempre peligroso, arriesgado.
Hablamos del Evangelio pero es para los demás.
Leemos el Evangelio pero es para enseñarlo a los demás.
Y lo leemos pasado por el filtro de nuestros intereses.
Y así ni lo vivimos nosotros ni dejamos que otros lo vivan.
Ni entramos ni dejamos entrar.
“Preferimos quedarnos con la llave del saber”.
Y cerramos el camino a los que también quieren saber.
La primera reacción hacia Jesús fue: “la gente se admiraba de su autoridad, porque no enseñaba como los escribas”.
Jesús no repetía la Ley como los escribas.
Jesús tenía libertad para criticar, incluso a la Ley.
No la Ley por sí misma sino por la lectura que de ella hacían los escribas.

Por eso, los “escribas y fariseos empezaron a acosarlo con muchas preguntas capciosas, para sorprenderlo con sus propias palabras”.

La Iglesia necesita profetas.
El mundo necesita profetas.
La vida cristiana necesita profetas.
Profetas que despierten la conciencia.
Profetas que abran caminos nuevos al Evangelio de la misericordia y la justicia.
Profetas que despierten nuestro sueño y muevan nuestras inmovilidades.
Profetas que abran a la esperanza a los que no la tienen.

Clemente Sobrado cp.

San Lucas, evangelista

San Lucas“Designó el Señor otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todos los lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen al dueño de la mies, que mande obreros a recogerla. ¡Pónganse en camino! Miren que los envío como corderos en medio de lobos”. (Lc 10,1-9)

La Iglesia celebra hoy la fiesta de San Lucas, el gran compañero de Pablo y uno de los cuatro evangelistas. El escribió el Evangelio de la misericordia y el evangelio de la evangelización. Como nadie supo captar el nuevo rostro de Dios: el Dios de la bondad, de la misericordia y del perdón.

El Evangelio de hoy nos revela una serie de datos importantes.

En primer lugar: la universalidad de los evangelizadores.
Ya no es el pequeño grupo de los Doce.
Son setenta y dos, símbolo del Israel universal.
Y símbolo de todos los bautizados, llamados todos a ser obreros en la mies.
Y la oración pidiendo al Padre nos conceda a todos ese espíritu misionero.
Los evangelizadores no han de ser un grupo de selectos.
Hemos de ser todos.
Todos somos enviados.
Enviados no a donde el anunciar el Evangelio sea fácil.
Sino “a todos los pueblos adonde pensaba ir él”.
A la universalidad de los evangelizandos, corresponde la universalidad de los evangelizadores.

En segundo lugar, Jesús quiere ser claro.
Anunciar el Evangelio no es nada fácil en un mundo en que los valores del espíritu tienen poco de atractivo.
No quiere falsas ilusiones de los aplausos por el anuncio del Evangelio.
Al contrario, lo envía como corderos entre lobos.
No fue otra la suerte del mismo Jesús.
Mientras la gente sencilla le buscaba y le seguía y daban gloria a Dios, por otra parte nunca faltaban los lobos que estaban al acecho.
Evangelizar, dice Pablo es un deber.
Mi gloria de evangelizar es el Evangelio mismo.
Pero mientras tanto deberá pasar por infinidad de pruebas y dificultades.
Evangelizar no es buscar lo fácil.
Evangelizar no es buscar el aplauso.
Evangelizar no es buscar el la recompensa.
Evangelizar es correr el riesgo del rechazo, la crítica y la murmuración.
El mejor premio de la evangelización será siempre el Evangelio mismo y el parecernos a Jesús.

En tercer lugar la evangelización es “ponernos en camino”.
Evangelizar no es esperar.
Evangelizar no es quedarnos sentados.
Evangelizar no es llamar desde lejos.
Evangelizar es “ponernos en camino”.
La evangelización se hace caminando.
La evangelización se hace con los pies, caminando.
La evangelización se hace acercándonos a los hombres.
La evangelización se hace buscando a los hombres.
La evangelización se hace caminando con los hombres.

¿Alguien ha visto a Jesús sentado en su despacho?
¿Alguien ha visto a Jesús tumbado en su amaca?
¿Alguien ha visto a Jesús esperando a la gente?
Siempre lo vemos caminando.
Siempre lo vemos encontrándose con la gente en los caminos.
No predicó en el Templo.
Alguna que otra vez lo vemos en la Sinagoga.
Pero, normalmente lo vemos con sus sandalias llenas del polvo de los caminos.
Incluso cuando alguien se extravía se lanza monte arriba en su búsqueda.

Es lo que con tanta insistencia nos pide el Papa Francisco.
“Salir a los caminos”.
“Caminar con la gente”.
“Oler a rebaño, a oveja”.
¿No tendremos que cambiar de estilo de evangelización?
¿No tendremos que oler más a la vida de la gente?
Y de “dos en dos”.
Nada de individualismos ni prestigios personales.
Sino todos en comunidad.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 28 a. Semana – Ciclo A

“Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. El entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: “Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de de robos y maldades”. (Lc 11,37-41)

Jesús no era amigo de la suciedad.
Ni de la suciedad de las manos, ni del corazón.
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”
Claro que no dijo “bienaventurados los que tienen limpias las manos”.
La limpieza y lavado de las manos más que un rito de higiene era un rito religioso.
Fruto de esa mentalidad de que:
El contacto con las cosas nos hace impuros.
El contacto con las personas nos hace impuros.
El contacto con los que sufren nos hace impuros.
Y esto es lo que Jesús pretende cambiar.
También él se sitúa en el plano de lo religioso.
El tocar con las manos la realidad de la vida no hace impuro a nadie.

No despreciemos la higiene de las manos.
Pero tampoco descuidemos la higiene del corazón.

Benditas las manos de los que se aman y acarician.
Benditas las manos que se alargan para saludar a todos.
Benditas las manos que se alargan para ayudar a los débiles.
Benditas las manos que se alargan para levantar a los caídos.
Benditas las manos de la mamá que sostiene en sus brazos al hijo.
Benditas las manos del que da limosna al pobre.
Benditas las manos del que limpia la cacas del anciano.
Benditas las manos de la enfermera que cuida a los enfermos.
Benditas las manos de la enfermera que da las medicinas al enfermo.
Benditas las manos del que empuja la silla de ruedas del inválido.
Benditas las manos del que parte el pan de la mesa.
Benditas las manos del que trae el pan a casa.
Benditas las manos del que da de beber al sediento.
Benditas las manos del que siembra el trigo en los campos.
Benditas las manos del que ara los campos para que den frutos.
Benditas las manos del que construye nuestras casas.
Benditas las manos del molinero que hace harina de nuestros granos.
Benditas las manos del que amasa la harina para que tengamos pan.
Benditas las manos del que abre la puerta al forastero.
Benditas las manos del que carga la camioneta para repartir a los pobres.

Tendremos que lavar esas manos por higiene.
Pero, en modo alguno, porque sean manos impuras.
Porque nada de lo que nos rodea es impuro.
Porque nada que ayude a los demás es impuro.

Prefiero las manos rudas del que lucha por la vida, que las manos enguantadas que no hacen nada.
Prefiero las manos sucias del que trabaja, que las manos suaves del que no hace nada.
Prefiero las manos del que limpia a un anciano o a un pobre, que las manos limpias del que evita contagiarse con el servicio y la caridad.
Jesús no se hizo ascos tocando al leproso.
Jesús no tuvo reparos en tocar los ojos del ciego.
Jesús no tuvo miedo a tocar las orejas del sordo.

Está bien que todos nos lavemos las manos evitando microbios e infecciones.
Pero no justifiquemos nuestro “no dar la mano a nadie” porque nos hace impuros.
Impureza es olvidarnos de los necesitados.
Impureza es dejar en el suelo al caído.
Impureza es dejar abandonado al enfermo de Sida.
Impureza es dejar de saludar al desconocido.
Impureza es dejar de dar pan al hambriento.

¡Benditas las manos de Dios que se atrevieron a tocar las debilidades humanas!
¡Benditas las manos de Dios que se dejaron clavar en el madero de la Cruz!
¡Benditas las manos de Dios que acarician al pecador invitándole a la vida!

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 28 a. Semana – Ciclo A

Escucha la homilía dominical aquí: http://bit.ly/homilias.

Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación”. (Lc 11,29-32)

Yo espero que Jesús hoy no se caliente con nosotros.
Porque no quisiera que nos dijese que somos una “generación perversa”.
Que somos una generación jorobada todavía lo entiendo.
Pero lo de “perversa” ya no me gusta.

Yo sé que somos bien parecidos a aquellos a quienes Jesús se dirige.
le pedimos signos para creer en él.
le pedimos señales que lo hagan creíble.
Yo sé que también nosotros, con frecuencia, nos cabreamos con él porque no hace los signos que nosotros quisiéramos.

El Papa Francisco comenta este texto en una de sus homilías y lo llama ‘síndrome de Jonás’
“Hay que luchar contra el “síndrome de Jonás” que nos lleva a la hipocresía de pensar que para salvarnos son suficientes nuestras obras. El santo padre advirtió acerca de “una actitud de perfecta piedad”, que sigue la doctrina pero no se ocupa de la salvación de la “pobre gente”.
El “síndrome de Jonás” y la “señal de Jonás”. El papa Francisco añadió: Jesús, en el evangelio de hoy habla de una “generación perversa”. Su palabra es muy dura. Estas personas, por cierto, “le pedían signos” y Jesús les responde que sólo se les dará “la señal de Jonás”.
Existe sin embargo, advirtió el papa, el “síndrome de Jonás”. El Señor le pidió que fuera a Nínive, y él huye. Jonás, “tenía las cosas claras”: “la doctrina es ésta”, “se debe hacer esto” y los pecadores “que se las arreglen, yo me voy”.
Los que “viven de acuerdo con este síndrome de Jonás”, añadió Francisco, Jesús “los llama hipócritas , porque ellos no quieren la salvación” de la “pobre gente”, de los “ignorantes ” y “pecadores”:
“El ‘síndrome de Jonás’ no tiene el celo por la conversión del pueblo, busca una santidad de ‘tintorería’, toda hermosa, bien hecha, pero sin aquel celo de ir a predicar al Señor”.

El problema está ahí:
Sabemos que diariamente hace signos de credibilidad.
Diariamente hace señales que lo revelan y manifiestan su misericordia.
Pero el problema no es él.
El problema somos nosotros que le pedimos los signos que a nosotros nos interesan. Y que no son precisamente los que le identifican.
Le pedimos los signos de que nos cure de nuestras dolencias.
de que nos consiga un trabajo de gerentes.
de que nos aumenten los sueldos.
de que nos asciendan como a los otros.
Hasta le pedimos que nos consiga un novio, pero con plata.
Algo así como si El tuviese una de esas Agencias de novios.

Jesús se siente decepcionado.
El verdadero signo de Jesús será el de Jonás que predica la conversión.
El verdadero signo de Jesús será estar tres días en el sepulcro y resucitar.
El verdadero signo de Jesús será su muerte en la Cruz.
El verdadero signo de Jesús será el dar su vida por los demás.

Pero esos signos a nosotros no nos van. Y ahí está nuestro problema.
No aceptar los signos que Dios nos revela y manifiesta.
No aceptar los signos que Dios quiere que nosotros reconozcamos.
Además, los signos que Dios nos envía tienen una finalidad:
Nuestra conversión. Nuestro cambio.
Eso fue lo que hizo Jonás.
Pese a que Jonás no estaba muy conforme, Nínive se convirtió.
Jonás se resiste a predicar a Nínive. Y para colmo, se resiste porque conoce el corazón de Dios y sabe que los va a perdonar.
“Ya lo decía yo” exclama Jonás cuando Ninive se convierte y hace penitencia.

¿No será también esta una señal para muchos de nosotros que no quisiéramos que otros cambiasen?
¿No será también esta una señal para muchos de nosotros que quisiéramos que el amor de Dios fuese exclusivo para nosotros?
Jonás se llevó una gran decepción con el cambio de Nínive.
Es posible que también nosotros no llevemos demasiados engaños, pensando que tenemos la exclusiva, y mientras tanto son los que están fuera los que descubren el mensaje d Dios.

Señor: No quiero imponerte yo señales.
Señor: Quiero reconocer las tuyas.
Señor: No quiero sentirme dueño de corazón.
Señor: dame la alegría que los ninivitas de hoy escuchen tus llamadas y se conviertan.

Clemente Sobrado cp.