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Dios también habla hoy: Martes de la 3 a. Semana – Ciclo B

“Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” Y paseando su mirada por el corro, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. (Mc 3,31-35)

Papa Francisco en Perú

Primero fue la familia de mis padres en la que recibí el don de la vida.
A los dos días de nacer me regalaron la familia de la Iglesia.
A mis dieciocho años me acogió la familia de mi Congregación Pasionista.
No hubo competencia de familias.
Tampoco yo me he sentido al margen de ninguna de ellas. Y todas siguen siendo mi familia.

No hubo competencia de madres ni de padres ni de hermanos.
Ni mi madre biológica entró en conflicto con mi madre la Iglesia.
Algún problema sí tuve con mi padre según la carne.
Tampoco he tenido problemas con mi madre la Congregación y mi madre la Iglesia.

Jesús comenzó teniendo problemas con sus familiares que, en algún momento, pensaron que había perdido la cabeza.
Ahora, es la madre y sus hermanos que le esperan fuera.
Pero Jesús, que no fundó ninguna familia biológica, habla ahora de esa otra familia nacida, no de la carne y de la sangre, sino del Espíritu.

No hay aquí ningún desplante para con su madre ni sus hermanos, hay simplemente el anuncio de que:
La maternidad no termina en dar la vida biológicamente.
La maternidad y la paternidad se prolongan y se crecen en la nueva relación de la vida de la gracia.
La fraternidad no queda limitada a ser hijos de la misma madre y del mismo padre.
Que existe una fraternidad nacida de un nuevo nacimiento en el Bautismo.

Jesús está pensando en un nuevo tipo y estilo de familia, más allá de los vínculos de la carne y la sangre que siempre será una familia pequeña.
Está pensando en esa familia del Reino:
Donde todos somos portadores de los mismos genes de Dios.
Donde todos somos hijos de un mismo Padre Dios.
Donde todos compartimos la misma filiación que El.
Donde todos compartimos la misma fraternidad en El.

Una nueva familia donde los apellidos no dividen.
Una nueva familia donde todos habitamos la misma casa que es la Iglesia.
Una nueva familia donde el único primogénito es El, Jesús.
Una nueva familia donde todos somos coherederos y donde no habrá peleas ni divisiones entre hermanos por competencia de herencias.

Seguirá habiendo familias biológicas, pero donde todos están llamados a superarse en la gran familia del Reino.
Esa familia donde todos vivimos unidos en la misma escucha de la Palabra y donde todos vivimos la misma voluntad de “papá Dios”, o como dice la canción que todos conocemos y cantamos:

“Iglesia soy y tú también,
en el Bautismo renacimos
a una vida singular
y al confirmar hoy nuestra fe,
lo proclamamos compartiendo el mismo pan.
No vayas triste en soledad
ven con nosotros y verás
a los hermanos caminando en el amor.
Ven con nosotros y serás
en la familia un hijo más,
iremos juntos caminando en el amor.
Yo la veré envejecer,
pero a mi madre aún con arrugas
y defectos la querré.
La quiero más, pues sé muy bien,
que ha envejecido sin dejarme de querer.
La Iglesia es tan maternal
que me ha engendrado,
me alimenta y acompaña sin cesar”.

Clemente Sobrado cp.

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Dios también habla hoy: Lunes de la 3 a. Semana – Ciclo B

“Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”. (Mc 3,22-30)

Papa Francisco en Perú

Papa Francisco en Trujillo

Un texto complicado para muchos y que incluso se presta a dudas y malas interpretaciones.
Sus familiares le acusan de haber perdido la cabeza.
Ahora estos escribas, bajados de Jerusalén, van todavía más lejos.
Lo califican de endemoniado.
De ser nada menos que un agente del diablo.

Bueno, a Jesús se las dijeron de todo tamaño y de todo estilo.
Que le dijeran que había perdido la cabeza, aún podía soportarlo.
Pero decirle que en él no actuaba el Espíritu Santo sino “Don Sata”, eso ya era más gordo.
No reconocer al Espíritu que actuaba en él, era negar su propia identidad y la fuerza que le movía.
No reconocer que llevamos dentro el don del Espíritu Santo es vaciarnos de todo y quedarnos en pura cáscara.
No reconocernos habitados por el Espíritu Santo, es sentirnos como una casa en ruinas y deshabitada.
No reconocer que el Espíritu Santo mora en nosotros es como negar que la savia corre por el tronco del árbol y por tanto sentirnos secos y sin vida.
Podrán decir que nuestras paredes son viejas, pero nadie podrá decir que, a pesar de todo, él habita dentro,

¿Por qué se pueden perdonar todos los pecados, incluso la misma blasfemia, y en cambio no se puede perdonar el pecado contra el Espíritu Santo? Es negar el principio del amor. Es negar el amor mismo. Y negar al Espíritu Santo es negarnos a amar. Porque negar al Espíritu Santo es negarnos a dejarnos amar.

Y quien niega el amor es imposible que crea en el perdón.
Y quien niega el amor es imposible que crea puede ser perdonado.
Y quien niega el amor es imposible se deje perdonar.
Y quien niega el amor jamás sabrá perdonar.
¿Y cómo ser perdonado sin perdonar?

No es que Dios no pueda perdonar todos los pecados.
Su amor no tiene límites, ni siquiera perdonando.
El problema somos nosotros mismos que no creemos en el amor que perdona.
El problema somos nosotros mismos que no nos dejamos amar y por tanto no nos dejamos perdonar.
No es Dios que no nos perdone.
Somos nosotros que ponemos barreras al perdón.
El Papa Francisco escribe: “Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón… ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia”. (Mm 2)

Mientras creamos en el amor, por más pecados que tengamos siempre tendremos la esperanza del perdón.
Mientras creamos en el Espíritu del amor que nos habita siempre habrá la posibilidad del perdón.
Mientras ames, mientras creas en el amor, mientras te fíes del amor, siempre habrá una luz y una esperanza de perdón.
Jesús lo dirá más tarde: “mucho se le ha perdonado, porque ha amado mucho”.
“Poco se le perdona al que ama poco”.

Por eso, el peor pecado será siempre pecar contra el amor.
El peor pecado será siempre “no amar”.
El peor pecado será siempre “no dejarse amar”.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Domingo 3 – Ciclo B

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Papa Francisco en Perú

Papa Francisco en Perú

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornalero y se marcharon con él”. (Mc 1,14-20)

Dios es sorpresivo.
No avisa ni cuando llega ni cuando llama a la puerta.
A mí siempre me han gustado las sorpresas.
Pienso que los que tienen tarjeta de visita nos y hacen esperar y desesperar.
Que si el tráfico estaba pesado.
Que si se nos bajó la llanta.
Que si no llegó el taxi a tiempo.
Y mientras tanto, uno comiéndose los hígados de rabia.

Dios no tiene problemas de tráfico, ni de llantas ni de taxi.
Porque él llega y llama:
Cuando menos lo esperamos.
Cuando menos preparados estamos.
Cuando estamos ocupados en otras cosas.
Cuando estamos pensando en lo nuestro.
Cuando incluso estamos despistados o haciendo nuestros planes.

Dios tampoco se fija en lo que estamos haciendo, ni qué prisas tenemos, o cuan despistados estamos.
Simón y su hermano Andrés están echando ya las redes.
Santiago y Juan están en la barca preparando todavía las redes.
Por eso me gusta Dios.
Nada hay más sabroso que aquello que no se espera.
Nada hay más gozoso que lo sorpresivo.

Además lo sorpresivo de Dios:
Revela su gratuidad, y su amor.
Revela su libre elección.
Revela su plan y su proyecto sobre cada uno de nosotros.
Revela que para fijarse en nosotros no necesita carta alguna de recomendación.
Revela que no nos llama porque lo merecemos.
Revela que nos llama libremente, sin presiones, simplemente porque nos ama y tiene planes sobre nosotros.

Esta primera llamada a los primeros discípulos tiene su encanto y su misterio:
¿Por qué llamó a los hijos y no llamó a sus padres?
¿Por qué llamó a Santiago y a Juan y dejó en la barca a su padre y a los jornaleros?
¿Acaso no tenían los mismos títulos y los mismos trabajos?

Aún hoy, después tantos años, me sigo preguntando ¿por qué me llamó a mí que no tenía donde caerme muerto y no llamó a otros que sí tenían un futuro asegurado? ¿Por ser mejor que el resto de compañeros? Todos los que me conocían sabían perfectamente que yo “era la piel del diablo”.
Dios es misterioso como misterioso es el amor.
Dios es misterioso como misteriosa es su gratuidad.
A mí me llamó todavía muy joven, pero a Simón lo llamó estando ya casado y, según cuenta la tradición, con dos hijas.
Es posible que Santiago también tuviese familia. Dicen que Juan era más jovencito. ¡Vaya usted a saberlo!

Para Dios nunca es demasiado temprano.
Pero tampoco es nunca demasiado tarde.
David se quejaba de ser demasiado joven cuando lo nombró rey.
Sara se echó a reír cuando escuchó que iba a tener un hijo.
Zacarías puso en duda que iba a ser padre.
María no dudó de ser madre siendo virgen.

Pero eso a mí, me encanta Dios porque es sorpresivo.
Y porque llama cuando quiere y a quien quiere.
Y a la hora que quiere y a la edad que quiere
Y sin fijarse en el apellido. Sencillamente se deja llevar del corazón.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Sábado de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales”. (Mc 3,20-21)

Hay personas que, estén donde estén, tienen imán. La gente les sigue.
Y la gente tiene olfato y sabe a quién sigue.
Como dice por ahí el refrán. “La gente no es tan tonta como parece”.
Es que la gente tiene un olfato exquisito para saber diferenciar y saber a quien buscar y seguir, y dónde habla el Espíritu y donde no.

A Jesús le siguen dondequiera que esté.
La gente sencilla tiene una percepción especial.
Son tantos los que le buscan que ni Jesús ni sus discípulos “tienen tiempo para comer”.
A mí me sobra tiempo para comer.
Y hasta me sobra tiempo para echarme luego una siesta.

Pero, hay en todo esto algo curioso.
Si uno se aparte de la rutina de la vida.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide tomar en serio el Evangelio.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide entregarse entero a la gente.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide escuchar a todos.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide comprometerse con todos.
“No está en sus cabales”.

Si uno decide tomar con seriedad su bautismo y se santidad, es un ilusionista.
Y puede prepararse para lo que le espera:
A Jesús, sus mismos familiares fueron a buscarle, porque consideraban que no estaba “en sus cabales”.
Todo el que no entra en la rutina de todos, es un raro.
Todo el que no hace lo que hacen todos, es un raro.
Todo el que es justo y no roba en el trabajo: es un tonto.
Todo el que no piensa como todos, es un raro.
Todo el que no habla como todos, es un raro.
Para ser normal y estar “en sus cabales” hay que ser como todos.

¿Recuerdan la historia de aquel profeta loco que se pasaba el día entero gritando en la plaza sin que nadie le escuchase?
Alguien le preguntó: ¿por qué seguía predicando si nadie le hacía caso?
A lo que él respondió: “grito para que los demás no me convenzan de lo contrario”.

¿Conoces algo de ciclismo? Yo no mucho, pero algo conozco.
Por ejemplo, no es fácil escaparse en solitario en las carreras ciclistas.
Al fin, el pelotón termina por comérselo y absorberlo.
Tampoco es fácil entregarse en solitario a la causa del Evangelio.
Lo van a llamar un obsesionado, un fundamentalista.
Tampoco es fácil entregar todo tu tiempo a los demás, incluso si no tienes tiempo para comer.
Te dirán ¡qué manera de perder tu tiempo y tu vida!
Tampoco es fácil entregar tu vida al servicio de los necesitados.
Te dirán que nadie te lo agradecerá.
Si no quieres que te digan que “no estás en sus cabales” el remedio es fácil: sé como todos.
Los alpinistas que quieren subir a donde nadie ha subido, son unos locos arriesgando sus vidas.
Si quieres ser santo, terminarás por ser un insociable y un aguafiestas.
Solo los que se acomodan a la vulgaridad sn animadores de la fiesta.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Jesús mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y fueron con él. A doce los hizo compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios”. (Mc 3,13-19)

Uno puede ser el que tiene la idea original.
Lo primero que pensamos de Dios es que es “omnipotente”. Y lo es.
Y sin embargo, con toda su omnipotencia, Dios no lo puede hacer todo él solo.
Necesita de nuestra ayuda. Puede que él tenga la idea original de un mundo mejor, de una religión diferente, de una convivencia humana distinta.
Pero uno no lo puede hacer todo.
Siempre se necesita de los demás que compartan los mismos ideales.
Necesita contar con otros que, luego puedan dar vida a su obra.

Marcos hace como una especie de paréntesis, y presenta a Jesús formando el primer grupo de los que estarían más cerca de El, compartirían sus ideales y les darían luego continuidad.

Elige a Doce. Aquí no hay candidatos que presenten su “currículum vitae”.
Elige y “va llamando a los que El quiere”.
Y parece que los conoce bien. Da gusto leer sus doce nombres, porque aparecen incluso hasta con sus “motes”, lo que demuestra familiaridad y confianza. Incluso, Judas, “que lo entregó”.
Para Jesús todos son importantes, incluso el lobo que se esconde en medio del rebaño. También a él quiere darle la oportunidad de su vida.

Es inútil. Por mucho que corramos, Dios siempre irá por delante.
No somos nosotros quienes nos presentamos con nuestros pergaminos, sino que es siempre él quien elige primero.
Primero los hace “compañeros”, amigos, una primera comunidad que marcará el camino del resto de comunidades. Una comunidad de compañeros unidos en torno a él y en la que él mismo será un compañero y un amigo más de camino.
En segundo lugar, les marca el camino y el horizonte o misión: “para enviarlos a predicar”, pero no solo con palabras sino “con poder para expulsar demonios”.

El gran problema, tanto en la sociedad política como en la Iglesia, puede que esté en que:
“yo lo quiero hacer todo”,
“yo lo puedo hacer todo”,
“yo lo hago mejor que nadie”,
“yo solo soy suficiente”.

Ni Jesús lo pudo hacer todo.
En cambio, uno de los grandes problemas de la Iglesia es que, curas y Obispos no hemos necesitado a nadie.
Solo nosotros podemos hablar del Evangelio.
El resto de la comunidad ya tiene bastante con escuchar.
Solo nosotros podíamos organizar la Parroquia.
El resto de la comunidad a obedecer.
Nosotros podíamos llevar la contabilidad.
Mejor que la comunidad no se entere de las entradas y salidas.
Nosotros podíamos responsabilizarnos de las obras que se hacían.
Hemos sido unos “cristianos todistas”.
Felizmente ya se perciben luces en el horizonte y las comunidades comienzan a recuperar su identidad.
Todos somos Iglesia.
Y todos somos responsables del Evangelio.

Y no nos extrañe. Algo parecido sucede con los partidos políticos.
Todo se centra en el líder carismático.
Todo se piensa en la cabeza del líder.
Por eso cuando el líder desaparece los partidos quedan descabezados.
Todo lo decide el líder.
De ahí que cuando el líder se va, comienzan las divisiones.

Jesús no quiere valientes “francotiradores”. Jesús quiere comunidad.
Comunidad que necesitará de una cabeza, que es él mismo.
Comunidad de “compañeros” que luego “sean hermanos”.
Cada uno con nuestro carisma, pero todos unidos en la caridad.
Cada uno con nuestro “mote”, pero todos unidos “al servicio de todos”.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Jueves de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a los discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar la gente”. (Mc 3,7-12)

Al leer todo esto, uno siente algo así como si Jesús fuese uno de esos cantantes que llegan a nuestro Aeropuerto, luego de una gran campaña de publicidad, y que necesitan de protección policial incluso cuando llegan al Hotel. Por las justas saludan a la gente desde el balcón y la ventana.

Pero a Jesús nadie le preparó su llegada, ni apareció precedido de esas costosas campañas publicitarias, capaces de hacerme famoso hasta a mí.

Resulta curioso que el Evangelista hable de gente venida de todas partes, incluso hasta de Galilea y Jerusalén, que ya es decir. A un cantante lo reciben muchedumbres o porque es “un churro” como dicen los jóvenes o por su voz y sus canciones que se venden en cantidad y suenan en todas las radios.

¿Por qué la gente buscaba y seguía a Jesús?
No por sus predicaciones.
No por sus doctrinas.
No por sus enseñanzas, aunque ciertamente llamaban la atención y suscitaban interés porque allí había algo distinto, algo nuevo.

Pero sobre todo, le buscaban y le seguían por “enterarse de las cosas que hacía”.
Era su vida y sus actitudes y sus comportamientos los que atraían a la gente.
Era lo que Jesús hacía por los demás, lo que le hacía interesante.
Era su sensibilidad y su preocupación por los problemas que les aquejaban, los que despertaban esa curiosidad y ese interés.

Por fin, había alguien:
Para quien los ciegos eran importantes
Para quien los cojos eran importantes.
Para quien los paralíticos eran importantes.
Para quien los enfermos eran importantes.
Para quien los excluidos y marginados eran importantes.
Para quien los que tenían hambre eran importantes.

Por fin, había alguien que se interesaba por ellos.
Alguien que los consideraba libres frente a la Ley.
Alguien que los consideraba más importantes que al sábado mismo.
Alguien que tenía algo más que palabras y se mojaba, escuchándoles, prestándoles atención y haciendo algo por ellos, incluso escandalizando a los Jefes y ponía en riesgo su vida por ellos.

Hablamos demasiado. Entre ellos yo mismo.
Pero ¿cuántos me buscan y me siguen?
Todavía no he necesitado ni de la protección de la policía, ni de subirme a una barca para que “no me estruje la gente”.

La gente quiere y necesita escuchar, pero sobre todo, necesita ver “qué hacemos por ella”.
No necesita que le expliquemos cómo se siembra, sino que les demos tierras y granos para sembrar.
No necesita que le demos las estadísticas del hambre en el mundo, sino que le demás de comer.
No necesita que le demos buenos consejos cuando sufre, sino que le proporcionemos medicinas y atención médica.
No necesita le hablemos de lo bueno que es tener alguien a su lado, sino que le regalemos nuestro tiempo, para estar con ellos un rato.
No necesita le hablemos mucho de justicia, sino que le hagamos justicia.

¿Qué la gente no viene a Misa los domingos?
No quiero alabarla ni justificarla.
Pero ¿qué hacemos luego por ella?
La gente no nos seguirá ni vendrá a la Iglesia por nuestras homilías, sino “cuando se entere de las cosas que hacemos”, no de lo que decimos. Es más, vendrá a escucharnos cuando sepa lo que hacemos por ella.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Miércoles de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Y a ellos les pregunta: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, “¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados.
Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: “Extiende tu brazo”. Lo extendió y quedó restablecido…” (Mc 3,1-6

La verdad es que Jesús se las busca.
Se mete en la boca del lobo: en plena sinagoga.
Y le encanta provocar a la institución religiosa, desde su mismo corazón.
La cuestiona, la interroga como quien pretende hacerla reflexionar.

Ahora es él quien hace las preguntas, antes de que sean ellos quienes le pregunten y cuestionen.
“¿Qué está permitido hacer en el día sábado?”
“¿Se puede hacer el bien en sábado?”
“¿Se puede salvar la vida de un hombre o dejarlo morir?”

Todos somos fáciles para criticar lo que otros hacen.
Todos somos fáciles para manifestar nuestro celo por Dios.
Pero, cuando se nos pregunta y se nos cuestiona, ¡qué poca sinceridad tenemos!
Preferimos callar, guardar silencio, no manifestar lo que sentimos.
Todos somos muy valientes cuando nadie nos cuestiona.
Todos somos muy valientes cuando el interesado no está.
Todos preferimos murmurar y criticar por la espalda o en ausencia.
Tenemos mucho celo por Dios, pero poca sinceridad.
Tenemos muy poca nobleza de corazón.

Y esto, a Jesús le causa repugnancia.
Es de las pocas veces que el Evangelio dice que los miró “con ira”, “indignación”.
No por lo que pudieran pensar sino por la falta de honradez.
No tanto por su falso concepto de Dios, sino por la falsedad de sus corazones.

Indignación, rabia y hasta ira, por la poca o ninguna importancia que daban al hombre.
¿Que estaba enfermo? Eso era cosa suya, no de ellos.
¿Qué se moría? Uno menos que fastidiaba.
¿Dejarlo morir de abandono? Eso carecía de importancia para ellos.

Jesús no puede aceptar:
Un Dios que desprecia al hombre.
Un Dios que se desinteresa del hombre.
El mismo siente que, su propia vida carece de sentido sin el hombre.

Tampoco una religión en la que, la ley es más importante que el hombre.
Una religión que no tiene en cuenta al hombre.
Una religión que prescinde del bienestar del hombre.
Una religión que se olvida del hombre.
Una religión que pretende llegar a Dios sin el hombre.
Una religión que no le importa la vida del hombre.

Jesús se la juega, cada vez que la causa del hombre está de por medio.
Sabe que sanarle, le va a crear serios problemas.
Pero para él, el hombre con su parálisis y todo, es más importante que sus propios problemas.

Y la religión que no sabe valorar adecuadamente al hombre, tampoco es capaz valorar debidamente a Dios.

La religión suele ser implacable con los que no se someten a sus normas y leyes.
Marcos lo dice muy claramente: “cuando salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él”.

Es la suerte de quienes, también hoy, se ponen del lado del hombre.
Es la suerte de quienes, reclaman justicia con el hombre.
Es la suerte de quienes, ponen al hombre por encima de los sistemas y del orden social injusto, que, más que “orden social” termina siendo “desorden social”.
Porque ¿cómo llamar “orden” a lo que esclaviza y mata la dignidad del hombre?
Con frecuencia, las mismas religiones tienen más de religiosidad que de verdadera fe en Dios y en el Evangelio.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Martes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado, mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: “Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” (Mc 2,23-28)

Esta CIA de los fariseos está en todas.
No se pierden una.
Y lo malo es que, se presentan como la CIA de Dios, del celo por Dios y como la voz de la voluntad de Dios. Siempre he sentido miedo a decir:
Que “hablo en nombre de Dios”.
Que “expreso la voluntad de Dios”.
Que soy para mis fieles la “voz de Dios”.
Cuando en realidad, también yo tengo que buscar cada día ese querer divino, tanto para mí como para los demás.
¿Quién es capaz de arrogase la “verdad de Dios?
¿Quién es capaz de decir que “es la voluntad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la verdad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la fidelidad que Dios quiere”?
Si la Iglesia misma vive en constante tensión buscando e interpretando la voluntad de Dios.

La voluntad y el plan y proyecto de Dios no es: opresivo, esclavizante, sino liberador.
Los discípulos tienen hambre y se permiten la libertad de cortar unas espigas en los trigales. Yo hubiese hecho lo mismo.
Y hasta es posible que también Jesús se comiese alguna. ¿Tú no lo harías?
¿Qué era sábado?
¿Es que el estómago está en huelga los sábados?
¿Y los pájaros, a quienes Dios da de comer todos los días, respetan los trigales el día de sábado?
Que se lo pregunten a los agricultores.

¿Ustedes comen los días de domingo?
¿Las mujeres cocinan los domingos?
¿Se imaginan que hoy nos prohibieran cocinar en domingo?
¿Ir al mercado a comprar para hacer el almuerzo?
¿O irnos con los amigos a tomarnos unos pinchos antes de almorzar?

Esa CIA que seguía por todas partes a Jesús, hoy la tendría y la pasaría muy mal, porque es precisamente los domingos cuando mejor comemos.
Bueno, los que comemos, porque en el mundo hay muchos que no comen ni en domingo ni en días de semana.

No dudo de que los domingos han de tener un carácter de ocio, de descanso, tanto para tener un poco más de tiempo para Dios como también para nosotros.
Pero Dios no me pedirá cuentas si he preparado un buen almuerzo. Tampoco me pedirá cuentas si me he divertido con mis amigos yendo al fútbol.

Estando de vacaciones en mi pueblo, mi prima quería hacerme probar las patatas nuevas, y aunque era domingo, se fue a arrancarlas. Y también unos pimientos que a decir verdad me supieron a gloria, aunque era domingo.

Más me preocupa:
Si hemos dado de comer al hambriento, aunque sea domingo.
Nos pedirá cuentas de todos aquellos que se mueren de hambre, también en domingo.

Al fin y al cabo, tampoco ahora es el hombre para el domingo sino el domingo para el hombre:
¿Que los domingos y las fiestas son para descansar y para ir a Misa?
Claro que sí. Y los necesitamos.
¿Que los domingos tengo que trabajar porque mis hijos no tienen pan?
Pues tu mejor culto a Dios, también en domingo, será el que tus hijos puedan comer hoy.
Dios prefiere que tú puedas comer y tus hijos también, aunque sea domingo.
Dios prefiere más nuestra caridad que nuestra hambre en domingo.
Dios prefiere la alegría de nuestro corazón a la tristeza y bostezo de nuestros estómagos vacíos, en domingo.
Dios tiene leyes y normas y preceptos, pero no para atar y esclavizar al hombre sino para hacerlo libre. Y quien interpreta las leyes, primero tendrá que pensar en el hombre.

Clemente Sobrado cp.