Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: San Pío de Pietrelcina

“Y añadió: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los Sumos Sacerdotes y Escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”. (Lc 9, 18-22)

San Pío de PietralcinaCelebramos hoy, 23 de septiembre, la memoria del conocido “Padre Pío de Pietrelcina”.
Un hombre que vivió en propia carne la Pasión de Jesús.
En su cuerpo, llevó las llagas de Jesús.
Y en su vida, sufrió las persecuciones de Jesús.
Fue una imagen de Jesús que “tiene que tiene que padecer mucho…
Las persecuciones e incluso la muerte son as credenciales de Jesús.

Pedro reconoce y le da el Diploma de “Tú eres el Mesías de Dios”.
Pedro dice una gran verdad.
Pero una verdad a medias, que Jesús se encarga de corregir.
Pedro lo ve como Dios.
Pero Jesús se presenta como hombre, en su condición de hombre.
Y en su condición de hombre “desechado” por las autoridades religiosas.

Jesús “tiene que padecer mucho
Anunciar el Evangelio tiene su precio.
Anunciar el Reino de Dios tiene su precio.
La fidelidad a la misión del Padre tiene su precio.
Y no es precisamente el precio de una vida fácil.
No es el precio de una vida cómoda.
El precio que Jesús tendrá que pagar es que “tendrá que padecer mucho”.
Y no es que Jesús ame el sufrimiento.
Ni que busque el dolor.
Será la respuesta de los hombres al anuncio de la Buena Noticia.
Será la respuesta de su Pasión.

Pareciera ser el lado oscuro de Dios.
Y sin embargo termina siendo el lado luminoso de Dios.
El dolor y el sufrimiento escuren la vida del hombre y también la de Dios.
Porque el sufrimiento es como la negación de nosotros mismos.
Porque el sufrimiento es como la negación de una vida luminosa.
Y no obstante, hombre y Dios parecen revelarse mejor en la oscuridad del sufrimiento.
Porque Dios es ahí donde revela la belleza y grandeza de su amor.
Porque el hombre es ahí donde revela la grandeza de su alma y de su fe.

Ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas”.
Ser desechado es ser rechazado.
Ser desechado es ser considerado como persona no grata..
Ser desechado es ser considerado como persona peligrosa.
El rechazo es la negación de los hombres.
El rechazo es la marginación de los hombres.
El rechazo es la exclusión de lo hombres.

¿Alguien quiere ser rechazado por los demás?
¿Alguien quiere ser rechazado de la sociedad?
¿Alguien quiere ser rechazado de la familia?
¿Alguien quiere ser rechazado de la Iglesia?

A Jesús lo rechazaron a lo largo de su vida.
Siempre le estuvieron acechando.
Siempre debió vivir bajo la sospecha.

Ser ejecutado
Ese será el final de Jesús.
Ese será la última actitud de los hombres hacia él.
La suerte de Jesús terminará en una condena.
La suerte de Jesús terminará en una muerte en la Cruz.
La suerte de Jesús será la de un crucificado.

Frente al optimismo de los Discípulos de un Mesías triunfalista, Jesús anuncia el camino de la muerte.
Será el Mesías que confiesa Pedro.
Pero no será el Mesías que piensa Pedro.
Será el Mesías humano cuya vida será coronada por la maldición de un crucificado.

Este será el Mesías de nuestra fe.
Este será el Mesías al que hemos de seguir.
Este será Mesías que llama e invita al seguimiento.
Este será el Mesías que marca el camino del creyente.
Este será el Mesías que marca el camino de la Iglesia.

Un Mesías que no calla su verdad.
Un Mesías que no oculta su verdad.
Un Mesías que no engaña con falsas promesas.

Clemente Sobrado cp.

Vitaminas para caminar: La Cruz espejo de Dios y del hombre

Cruz

Flickr: acmacma

1.- Cuando mires a la Cruz trata de mirar más allá de la Cruz. Trata de ver más allá del dolor. Descubre más bien al nuevo hombre y al nuevo rostro de Dios. Jesús no es ningún campeón olímpico del dolor sino la revelación suprema del amor y de la vida.

2. – ¿Quién eres tú, visto desde la Cruz? Es posible que seas alguien al revés de lo que estás siendo y quieres ser. Débil, en vez de poderoso. Frágil, en vez de fuerte. Pobre, en vez de rico. Debilidad que es la fuerza del poder de Dios. Fragilidad que es la fortaleza de Dios. Y pobreza que es la riqueza de Dios.

3.- Los hombres se miden unos a otros por su poder, por su fortaleza, por lo que tienen. Por eso viven discutiendo, luchando, matando. El hombre revelado en el Crucificado: ama, sirve, se da por los demás. Es otra manera de ser hombre.

4.- Jesús Crucificado es la crítica y la justicia de Dios al poder y al tener. Su muerte demostrará la inutilidad y la fragilidad y peligrosidad del poder humano.

5.- Al poderoso le tememos, no lo amamos. Lo adulamos porque lo necesitamos. Dios no necesita aduladores. Quiere ser amado. Por eso el Dios revelado en el Crucificado es el Dios despojado, al que sólo se le busca porque se le ama.

6. – La venganza del poder es dominar y someter. La venganza del amor del Crucificado es atraer hacia sí a quienes incluso lo rechazan. La victoria del amor es renovar y revivir a los enemigos.

7.- La Cruz de Jesús no es una lección para sufrir bien, sino el modelo y la exigencia de vivir mejor. No es para los días de dolor. Es para los días que hay que vivir.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 25 a. Semana – Ciclo C

“El virrey Herodes se enteró de los pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: “A Juan lo he mandado decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?” Y tenía ganas de ver a Jesús”. (Lc 9,7-9)

Los grandes no siempre son tan grandes como piensan.
Ni los poderosos pueden tanto como quisieran.
Tampoco es fácil matar la conciencia, por más que uno crea que no la tiene.
El hecho de haber sucumbido a las exigencias de una mujer y haber matado a Juan, le liberó de que alguien le esté acusando en la oreja.
Pero no le liberó de sus remordimientos ocultos o disimulados.

Y la presencia de Jesús es:
como un despertador de su conciencia.
como un despertador de sus miedos.
como un despertador de sus mismas inseguridades.

Lo que escuchaba hablar de Jesús le tenía inquieto.
Lo que oía hablar de lo que Jesús hacía no le permitía vivir tranquilo.
Y como los grandes también suelen ser supersticiosos, dentro llevaba a una serie de interrogantes.
Ya no es Juan que le molesta con sus acusaciones.
Ahora es la presencia de Jesús que le tiene inquieto y preocupado.
De ahí la pregunta: “¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?”

No se trataba de una pregunta interesada en conocer a Jesús.
Era una pregunta que le apolillaba interiormente el corazón.
No era una pregunta para querer seguir a Jesús.
Era una pregunta para tranquilizarse en su conciencia.
El miedo a que Juan hubiera resucitado.
El miedo a que hubiese aparecido Elías.
El miedo a que algún profeta hubiese vuelto a la vida.
El miedo de una conciencia sucia inventa muchas cosas.
El miedo de una conciencia culpable crea fantasmas.

¿Recuerdan la novela “Crimen y Castigo?
Nadie sospecha del asesino.
Pero la conciencia es la mejor policía para mantener vivo el remordimiento.
Algo parecido le sucedía a Herodes.

Quería verlo.
No porque le interesase.
Sino porque quería espantar los fantasmas que revoloteaban en la noche de su conciencia.

Es fácil hacer el mal.
Lo difícil es quitarlo luego de la conciencia.
No importa que nadie se haya enterado.
Es fácil la infidelidad.
Lo difícil es acallar luego la conciencia.
Lo difícil es querer volver a ser el mismo con la mentira y el engaño dentro.
Es fácil matar.
Lo difícil es acallar la voz interior de la conciencia.
Alguien decía “no me puedo quitar de los ojos su último rostro”.
Ni puedo borrar de mis oídos el último grito.
Es fácil mentir.
Lo difícil es silenciar luego la conciencia.
Es fácil condenar al inocente por unos dineros.
Lo difícil es luego taparle la boca a la conciencia.
Es fácil tratar de negar a Dios.
Lo difícil es no escuchar su voz dentro de nuestro corazón.

¿Tenemos ganas de ver a Jesús?
¿Qué es lo que queremos ver de El?
¿Qué nos mueve a querer verlo?

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: San Mateo, apóstol y evangelista

San Mateo“Cuando salía de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de los impuestos y le dice: “Sígueme”. El se levantó y le siguió”. (Mt 9,9-13)

La Liturgia celebra hoy la fiesta de San Mateo a quien se le atribuye el Evangelio que lleva su nombre.
Unos comienzan el día sentados, contando dineros.
Jesús comienza el día andando, caminando.
Jesús también pone sus ojos en los que están tranquilamente sentados.
Y los invita a levantarse y a ponerse también ellos de camino.
Dios se despierta cada mañana con grandes sorpresas.

El Evangelio de esta fiesta de Mateo nos trae muchas interrogantes e inquietudes:
La primera: “al pasar Jesús vio a un hombre llamado Mateo”.
No reparó en que era un publicano.
No reparó en que era un hombre mal visto entre la gente.
No reparó en que era un hombre pecador.
Sencillamente reparó:
En que era un hombre.
En que dentro de ese hombre no solo había monedas sino también muchas posibilidades.
En que, por encima de todo, tenía madera para ser uno de los suyos.

Jesús no es de lo pasan y solo ven lo que somos.
Jesús es de los que, al pasar a nuestro lado, solo ven:
“lo que podemos ser”,
“lo que somos capaces de ser”.
Jesús, al pasar, no se fijó en el hombre sentado, ni en sus monedas sino:
en el hombre capaz de escuchar su invitación.
en el hombre capaz de levantarse y seguirle.
en el hombre capaz de cambiar de publicano en seguidor.
se fijó en el hombre no solo capaz de contar las ganancias del día, sino de anunciar el Evangelio.

No le miró como le miraron todos los que pasaban.
Hay miradas que no ven nada.
Hay miradas que solo ven por fuera.
Y hay miradas que ven lo que hay por dentro.
Las miradas de Jesús siempre son diferentes al resto de miradas.
Ven lo que nadie ve.
Ven lo que otros no son capaces de ver.

Y lo maravilloso de Jesús es:
No ver al pecador sino al posible discípulo.
No ve al pecador a quienes todos odian y rechazan.
Sino al hombre al cual solo le basta una llamada, una invitación, para que se ponga en pie.

La segunda: “se levantó y le siguió”.
Nadie sabe las posibilidades que lleva dentro de su corazón.
Hasta los malos tienen por dentro madera de santos.
Hasta los malos tienen por dentro mucho de bueno.
Hasta los malos tienen por dentro posibles ansias de dejar de serlo.

Todo es cuestión de sentir que:
Para alguien eres importante.
Para alguien eres toda una posibilidad.
Alguien que, a pesar de todo, todavía cree en ti.
No echándote en cara tus debilidades sino que puedes cambiar.
Una sola palabra puede cambiar nuestras vidas:
“Creo en ti”.
Sígueme”.
“Ven conmigo porque te necesito”.

Qué importante es, amigos:
Fijarnos en la persona y no en sus defectos.
Fijarnos en la persona y no en su pasado.
No en lo que hemos sido sino en lo que podemos ser.
Importante es sembrar ilusiones, esperanzas, semillas.

Y qué importante es:
Que alguien crea en nosotros.
Que alguien tenga fe en nosotros.
Que alguien nos valore.
Que alguien nos necesite.
Que alguien cuente con nosotros.
A mí me bastó que aquel sacerdote me dijese: “¡Sobrado, tú vales para sacerdote”.

Estos son los que nos hacen levantarnos de la silla en la que nos habíamos instalado y nos pone en camino de una nueva vida.
Estos son los que despiertan lo dormido dentro de nosotros.
Estos son los que nos hacen crecer cada día.
Estos son los que cada mañana nos devuelven la alegría de vivir.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 25 a. Semana – Ciclo C

“Vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte”. El les contestó: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra”. (Lc 8,19-21)

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen

Toda mi vida me ha tocado trabajar con parejas y familias.
He visto de todo.
He experimentado de todo.
Familias felices y familias destrozadas.
La Familiaris Consortio de Juan Pablo II, distingue unos catorce tipos de “familia según las circunstancias”. Y unos cinco o siete tipos de “familias irregulares”.

Hay familias nacidas del amor de unos jóvenes que un día se enamoraron y se unieron por el sacramento del matrimonio.
Hay familias fruto de un simple voluntarismo que deciden vivir en “convivencia”.
Hay familias casadas solo por lo civil.
Hay familias felices donde padres e hijos sienten la alegría de vivir y compartir juntos.
Hay familias rotas, donde el amor era poco y se acabó.
Hay familias rotas, que han logrado constituir nuevas uniones familiares.
Como ven, el mapa familia es de lo más variado y para todos los gustos.

Jesús nos habla de un nuevo estilo de familia.
De un nuevo estilo de maternidad.
De un nuevo estilo de fraternidad.
Ya no se trata de familias nacidas del amor humano.
Se trata de la “nueva familia del Reino” nacida de la “escucha de la palabra de Dios”.

No es que Jesús menosprecie:
A su propia “Madre”.
A sus propios “hermanos”.
Lo que Jesús quiere hacernos ver es:
Que otro tipo de familia.
Que hay otro tipo de maternidad.
Que hay otro tipo de fraternidad.
Son todos aquellos que nacen de la escucha y puesta en práctica de la palabra de Dios.

La palabra de Dios:
Engendra un nuevo tipo de familia humana.
Engendra un nuevo tipo de comunidad.
Engendra un nuevo tipo de relación.

La familia es la “comunión de persona el vida y el amor”.
La familia que quiere Jesús es:
Comunión de persona en torno a su palabra.
Comunión de personas que toman en serio su palabra.
Comunión de personas que viven de la palabra de Dios.
Comunión de personas que se sienten unidas por la palabra de Dios.
Comunión de personas que proclaman juntas en comunión de sentimientos la palabra de Dios.
Comunión de personas que tratan de tener un mismo pensar desde la palabra de Dios.
Comunión de personas que tratan de vivir a la luz de la palabra de Dios.

La Palabra de Dios tiene mucho de maternidad porque nos engendra a nueva vida.
La Palabra de Dios tiene mucho de fraternidad porque nos une en un mismo amor.
La Palabra de Dios tiene esa fuerza de unión y comunión que va mucho más lejos que el amor humano y carnal.
Por eso la Palabra de Dios es capaz de hacer de toda la humanidad una “sola familia”.
Los cristianos somos de distintos amores y distintas sangres, pero la Palabra nos hace crear una comunión nueva.
Los cristinos somos de distintas familias, razas, culturas y colores, pero formamos, en la Palabra de Dios, una sola familia.
¿Eres negro? Pero eres mi hermano.
¿Eres blanco? Pero eres mi hermano.
¿Eres de otra religión? Pero eres mi hermano.
¿Hablas otra lengua? Pero eres mi hermano.
¿No llevas mi apellido? Pero eres mi hermano.
“Mi madre y mis hermanos son estos, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 25 a. Semana – Ciclo C

Dijo Jesús a la gente: “Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. (Lc 8,16-18)

Yo he vivido la época del candil.
No había luz eléctrica.
Y por las noches encendíamos el candil.
Lo colgábamos de la chimenea para que alumbrase la cocina.
Y cuando nos íbamos a acostar uno subía las escaleras y desde arriba alumbraba al resto.

¿Escondería usted el sol si pudiese?
El mundo quedaría en la oscuridad total.
¿Escondería usted a Jesús, que es la luz del mundo?
El mundo quedaría en tinieblas.
Las mentes quedarían en tinieblas.
El corazón quedaría en tinieblas.
¿Y usted se atreve a esconder la luz de Jesús que desde el Bautismo se encendió en la vela de su vida?
Pues no se imagina cuántos quedarían en la oscuridad del Evangelio.
No se imagina cuántos se quedarían solo con una idea abstracta de Dios.

¿Encender un candil para esconderlo?
Es como encender la estufa y usted se sale al jardín.
El día de nuestro Bautismo nuestros padres encendieron una vela en el Cirio Pascual, signo de la luz resucitada de Jesús.
Y se nos dijo “conserva encendida esta luz”.
Y nuestros padres se comprometieron a ayudarnos a mantenerla siempre encendida.

Cada uno somos “un candil de Dios”.
Cada uno somos “un candil encendido por Dios”.
No es que un candil alumbre mucho.
Pero suficiente para que los que entran pueden ver.
Y si todos los candiles estuviesen encendidos, habría mucha luz.

Pero Dios no nos hizo candiles:
Para vivir a escondidas.
Para que no nos metamos bajo la cama.
Para que no nos metamos ocultos bajo nuestros miedos.
Para que no nos metamos escondidos sin que los demás nos vean.
Para que no nos metamos escondidos bajo nuestras inseguridades y miedo a los demás.

Nos hizo candiles para alumbrar.
Nos hizo candiles para que veamos el camino.
Nos hizo candiles para que otros vean.
Nos hizo candiles para que puedan verle a El.
Nos hizo candiles para que otros puedan ver su rostro.
Nos hizo candiles para que otros no tropiecen en su camino.
Nos hizo candiles para que otros puedan ver la verdad.

Los creyentes:
No podemos ocultarnos.
No podemos vivir en el anonimato.
No podemos vivir encendidos en la Iglesia y apagados en la calle.
No podemos vivir con las mechas ya gastadas, se necesita que nuestra llama alumbre.

Los creyentes:
Tenemos que creer a cara descubierta.
Tenemos que creer con la sonrisa en los labios.
Tenemos que creer con la alegría en la vida.
Tenemos que creer con la alegría del don de la fe.
Tenemos que creer con la alegría del don de la esperanza.
Tenemos que creer con la alegría del don del amor y la caridad.

Nada de esconder nuestra luz en las Iglesias.
Nuestra luz ha de brillar en la calle.
Nuestra luz ha de brillar en medio de los hombres.
Nuestra luz ha de brillar cuando nos tomamos unos tragos.
Nuestra luz ha de brillar cuando nos divertimos.
Mientras se apagan las luces de las Iglesias, tienen que encenderse los candiles de la calle.
¡Y tú eres uno de esos candiles encendidos por Dios!

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 25 – Ciclo C

“Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso al segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. (Lc 16.1-13)

No podéis servir a Dios y al dinero

Quienes quieran entender esta parábola basta que se asomen a los noticiarios de la radio o TV.
La corrupción está a la orden del día.
Los juicios sobre la corrupción están de moda.
Y los corruptos que están en la cárcel, no son todos, pero hay demasiados candidatos.

Por eso el Evangelio de hoy se presta a toda una serie de cuestionamientos.
¿Se imaginan que fuésemos tan astutos:
Con los asuntos de Dios como lo somos con los nuestros?
Con los asuntos del Evangelio como con nuestros intereses?
Con los asuntos del Reino como con nuestras cosas?
Con los asuntos de nuestro Bautismo como con nuestros negocios?
Con los asuntos de nuestro Matrimonio como con nuestras aventuras?
Con los asuntos de la Iglesia como con los del mundo?

Jesús no justifica la injusticia del mal administrador.
Lo que justifica es “lo astuto que era para buscarse una salida al ser despedido”.
Hoy lo solucionamos con buenos abogados.

Jesús aplica la parábola:
A los hijos de la luz.
A los creyentes en El.
A los creyentes en el Evangelio.
A los creyentes en la Iglesia.

La pregunta que queda pendiente es: “¡Cuánto discurrimos para mal, y qué romos y perezosos y faltos de creatividad para la bueno!”
Vemos que la Iglesia está pasando un mal momento.
¿Y cuán agudos somos para buscar soluciones?
¿No seremos de los que echamos más leña al fuego?
Vemos que los matrimonios andan a la deriva.
¿Y qué hacemos para ayudarles a encontrarse con su verdad?
Vemos el mundo está “despidiendo” a Dios de la vida política y social.
¿Y qué hacemos nosotros los creyentes para recuperar su presencia?

Ser astuto no es malo.
Todo depende para qué cosas somos más astutos.
Ser astuto es ser creativo.
El astuto busca soluciones, justas o injustas, pero busca salidas.
¿Cómo discurren los “amigos de lo ajeno” para planificar sus fechorías?
Recuerdo que cuando llegué por primera vez a Lima, andaba por uno de esos lugares que llaman peligrosos y un viejecito me dice: “Tenga cuidado, Padrecito, porque aquí le sacan a usted los canzoncillos sin tocarle el pantalón”.

En realidad, con esta parábola, Jesús nos hace una serie de advertencias:
El creyente no puede ser un “crédulo” que le meten gato por liebre.
El creyente no puede ser un “inocentón” que lo engañan a la primera.
El creyente necesita ser astuto para las cosas de Dios.
El creyente necesita ser espabilado para anunciar el Reino de Dios.
El creyente necesita ser creativo para anunciar el Evangelio hoy.
El creyente necesita ser más agudo para cambiar las cosas.
El creyente no puede ser un tonto que no se entera de nada.
El creyente no puede ser un tonto que no sabe buscar caminos.
El creyente no puede ser un pasivo que vive pasivamente y no hace nada.

Jesús quiere gente espabilada.
Jesús quiere gente creativa.
Jesús quiere gente pensante.
Jesús quiere gente capaz de arriesgarse.

No nos lamentemos de lo malo que hacen los otros.
Lamentémonos del bien que dejamos de hacer nosotros.
No nos quejemos de lo mal que hay el mundo.
Lamentémonos de lo que nosotros no hacemos para que esté mejor.
No nos quejemos de que hoy la gente está perdiendo la fe.
Preguntémonos qué hacemos nosotros para que siga creyendo.
No nos quejemos de los malos sino de lo inútiles que solemos ser los buenos.

La Iglesia no anda mal por los pecadores que hay en ella.
La Iglesia anda mal por lo poco creativos y lo poco que hacemos por ella los buenos.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 24 a. Semana – Ciclo C

“Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó y por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer dio fruto al ciento por uno”. (Lc 8, 4-15)

El resto cayó en tierra buena y dio fruto

Nací en una familia de agricultores.
Por eso siempre me han gustado las semillas.
Aunque también he vivido decepciones y fracasos.
La parábola de Jesús no me toma de sorpresa.

Dios se hace semilla.
Jesús se hace semilla.
La Palabra de Dios se hace semilla.

La suerte de las semillas es muy variada.
No por ellas mismas.
Sino por la tierra donde cae.
Es la tierra la que condiciona la suerte de la semilla.
Es la tierra la que condiciones el fruto de la semilla.
Por eso, también la suerte de la Palabra de Dios, depende de la tierra de nuestros corazones.
La suerte de la gracia, depende de la tierra de nuestros corazones.
La suerte del amor de Dios para con nosotros, depende de nuestros corazones.
Las mil y una oportunidades que Dios nos da cada día, dependen de la tierra de nuestros corazones.

El Evangelio es el mismo para todos.
¿Por qué en unos florece y en otros se marchita?
¿Por qué en unos da frutos de santidad y, en otros, vulgaridad?
¿Por qué en unos da frutos de compromiso y, en otros, de inutilidad?
¿Por qué unos son santos y otros nos contentamos con ser unos buenos vulgares?

La Eucaristía es la misma para todos.
¿Por qué a unos los transforma y a otros nos deja como estamos?
¿Por qué la comunión transforma a unos y otros comulgamos y seguimos igual?

En mi vida me ha tocado vivir al lado de religiosos cuya causa de beatificación está en curso.
Y mientras tanto, siento que mi vida no pasa de ser más o menos buena.
Posiblemente serán muchos más.
Pero, al menos, debo confesar que me ha tocado vivir con cuatro religiosos, hoy camino de los altares.
Uno fue mi Vice-Maestro en el Noviciado.
Otro fue mi confesor en el Noviciado.
Otro fue mi director siendo estudiante.
Todos hacíamos lo mismo: los mismos tiempos de oración, la misma Eucaristía, la misma comunidad, la misma comida, los mismos horarios.

De cada uno de nosotros depende:
La suerte de Dios que se nos da y nos ama.
La suerte de su Evangelio.
La suerte de la misma gracia.

En unos, Dios resplandece y brilla.
En otros, Dios está como opacado.
En unos, Dios salta a la vista.
En otros, Dios parece como escondido.

La parábola de Jesús no pretende hablar de la bondad de la semilla.
Sino de la suerte de la semilla.
No pretende demostrar la bondad de la semilla.
Sino de la calidad de la tierra de nuestros corazones.
¿Por qué tú eres santo y yo no?
No culparemos a Dios ni su Evangelio.
La explicación la encontraremos cada uno en nuestro corazón.
¿Por qué unos viven profundamente su bautismo, mientras que otros solo lo acreditamos con la Partida de Bautismo que nos da la Iglesia?
¿Por qué unos viven con profunda alegría su matrimonio, mientras otros se divorcian?
¿Por qué unos son sacerdotes entregados alma, vida y corazón a sus fieles, en tanto otros son puros funcionarios?

Señor: Tú has sembrado buena semilla en mi corazón.
Dame la gracia de hacerla fructificar.
Señor: Tú has sembrado la semilla de mi vocación.
¿Estaré dando los frutos que tú esperabas de mí?

Clemente Sobrado C. P..