Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Santísima Trinidad – Ciclo C

“El me glorificará porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”. (Jn 16,12-15)

Habla el Papa Francisco:

“Hoy es Domingo de la Santísima Trinidad. La luz del tiempo pascual y de Pentecostés renueva cada año en nosotros la alegría y el asombro de la fe: reconocemos que Dios no es algo vago, nuestro Dios no es un Dios spray, es concreto, no es abstracto, sino que tiene una nombre: “Dios es amor”. No es un amor sentimental, emocional,
sino el amor del Padre que es la fuente de toda la vida,
el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita,
el amor del Espíritu, que renueva al hombre y al mundo.
Y pensar que Dios es amor, nos hace bien, porque nos enseña a amar, a entregarnos a los demás como Jesús mismo se dio por nosotros y camina con nosotros. Y Jesús camina con nosotros en el camino de la vida.

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad.
Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel y Jesús caminó siempre con nosotros y nos prometió el Espíritu Santo, que es fuego, que nos enseña todo lo que no sabemos, que nos guía en nuestro interior, que nos da buenas ideas y buenas inspiraciones.
Hoy alabamos a Dios, no por un misterio particular, sino por Sí mismo, “por su inmensa gloria”, como dice el himno litúrgico. Lo alabamos y le damos las gracias porque Él es Amor, y porque nos llama a entrar en el abrazo de su comunión, que es la vida eterna”.

Claro que le hemos puesto un título que solo los intelectuales deben entender.
Si mal no recuerdo el dogma de la Trinidad se fijó en la Iglesia el año 381 en el Concilio Constantinopolitano.
Y así quedó grabado en el Credo que rezamos cada domingo:
Creo en Dios Padre.
Creo en Dios Hijo.
Creo en el Espíritu Santo.
Y para que no se quedase tan solito le hemos añadido:
Creo en la Iglesia una santa, católica y apostólica.

Como los hijos no entendemos mucho, yo prefiero decirte:
¡Felicidades, papá Dios!
¡Felicidades, Dios Hijo, nuestro hermano!
¡Felicidades, Dios Espíritu Santo, vivificador de nuestras vidas!

Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, tenemos el don de la vida.
Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, nos has hecho hijos en tu Hijo.
Felicidades, en tu día, porque gracias a Ti, nos has regalado nueva vida en tu Espíritu.

No. No tenemos regalos que ofrecerte.
Nuestro regalo en tu día, papá Dios es devolverte lo que tú mismo nos has regalado.
Te ofrecemos lo que tú mismo nos has dado.
Te ofrecemos nuestra adoración al misterio que no entendemos.
Te ofrecemos nuestra admiración por lo maravilloso que eres.
Te ofrecemos nuestro cariño, que es parte del amor con que nos amas.
Te ofrecemos nuestro reconocimiento como al Padre que tenemos en el cielo.
Te ofrecemos nuestras vidas que queremos sean la revelación de tu amor.
Te ofrecemos la bondad de nuestro corazón, que tú mismo nos has regalado.
Te ofrecemos el amor que tú mismo has derramado en nuestros corazones.

Lo siento, pero queremos decirte algo al oído: Algunos dicen que Tú no existes.
Nosotros queremos confesarte ante el mundo.
Nosotros queremos decir al mundo que tú eres nuestro Padre.
Nosotros queremos testimoniarte con nuestras vidas.
Nosotros queremos testimoniar que, sin ti, nosotros no podemos existir.
Nosotros queremos confesar ante el mundo que, sin ti, nuestras vidas no tienen sentido.
Nosotros queremos confesar que Tú eres la razón de nuestras vidas.

Ya ves, Papá Dios:
Lo único que tenemos es porque tú nos lo has regalado.
Lo único que somos es lo que tú has hecho en nosotros.
Lo único que da razón a nuestras vidas es el amor que nos tienes.

Por eso, hoy que celebramos tu día: No esperes cajas de regalos.
Recíbenos a nosotros como único regalo. Y danos la alegría con la que hoy podemos confesarte: Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en el Espíritu Santo.

Tu Hijo nos dijo: “Todo lo que tiene el Padre es mío”.
Y como él queremos decirte: “Todo lo que somos y tenemos es regalo del Padre”.
¡Gracias, papá Dios, y que sigamos celebrando tu día muchos años más!

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 7 a. Semana – Ciclo C

“Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos”. (Mc 10,13-16)

Jesús nos quiere niños. No “aniñados”.
¿Se tratará aquí de niños pequeños que se acercan a jugar con Jesús?
Ciertamente, pero que Jesús aprovecha como símbolo de hombres y mujeres grandes:
Pero con corazón limpio como los niños?
Pero con alma transparente como la de los niños?
Pero con mente abierta como la de los niños?
Gente sencilla y sin prejuicios abierta al anuncio del Reino?
Gente pobre y marginada pero con el alma abierta al Reino?

El niño era la expresión de lo que no tenía valor.
El niño era la expresión de la pobreza.
El niño era la expresión de lo que no contaba socialmente.

Me encanta ver jugar a Jesús con los niños.
Me encanta ver a los niños subidos sobre sus rodillas y darle un besito.
Me encanta ver a los niños acariciando su barba.
Me encanta ver a la gente sencilla acercarse a Jesús queriendo tomar su mano.
Me encanta ver a la gente sencilla tomándose la libertad de sentarse en sus rodillas.
Me encanta ver a Jesús acariciando el rostro de los marginados.
Me encanta ver a Jesús acariciando la cabeza de los pobres y sencillos.

Claro que esto:
Les fastidia a los discípulos que exigen más respeto para con Jesús.
Les fastidia a los discípulos que tratan de impedir que los sencillos e ignorantes se tomen esas libertades con Jesús.
Y hasta se atreven a ponerse de por medio impidiendo que se acerquen tanto.

Pero es ahí donde de nuevo aparece el corazón de Jesús.
Es ahí donde de nuevo aparece la ternura de Jesús para con la gente marginada.
Es ahí donde de nuevo aparecen los sentimientos de Jesús para con los excluidos.
Y es precisamente ahí:
Donde Jesús regaña a sus discípulos.
Donde Jesús sale en defensa de los sencillos, siempre abiertos al reino de Dios.
Donde Jesús sale en defensa de los pobres, proponiéndolos como modelo para entrar en el reino de Dios.

No propone como modelo a los grandes.
Tampoco propone como modelo a los sabios.
Tampoco propone como modelo a los que visten elegantemente.
Tampoco propone como modelo a los que se acercan perfumados.
Tampoco propone como modelo a los que tienen mucho.
Tampoco propone como modelos a los que están arriba.

El modelo para poder entrar en el reino:
Son los niños de alma limpia.
Son los pobres de alma sin prejuicios.
Son las basuras de la sociedad, las que se hace perlas en el reino de Dios.

Pero, eso sí, Señor:
Que yo no sea un estorbo para que los sencillos se abran a ti.
Que yo no sea un obstáculo para que los niños de corazón se abran a ti.
Que yo no sea un tropiezo en el camino para los que quieren sentarse en tus rodillas.
Que yo no impida a nadie acercarse a ti.
No quiero que algún día también a mí me regañes.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 7 a. Semana

“Jesús les dijo: “Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. (Mc 10,1-12)

Un Evangelio que hemos escuchado infinidad de veces, sobre todo en las Bodas.
Con frecuencia, la rutina nos hace perder de vista su verdadero sentido.
Además, el ambiente de bodas no es el más propicio para detenernos en su reflexión.
Y sin embargo tiene toda una serie de rasgos importantes.

Hay preguntas que merecen que no merecen respuesta, no por no ser interesantes sino por la intención con que las hacemos. Por ejemplo:
Hay preguntas maliciosas, “para ponerlo a prueba”.
Esto revela la pobreza y maldad del corazón de quienes las hacen.
Luego hay preguntas machistas: “¿puede el hombre divorciarse de su mujer?”
Y ¿por qué no invertir la pregunta: “¿puede la mujer divorciarse de su marido y mandarlo y mandarlo lejos?”

Hablamos mucho de “igualdad”.
Pero no pasamos de eso, “hablamos”.
Porque luego llevamos la desigualdad en el corazón.
Y mientras el corazón viva de desigualdades será inútil hablar que “somos iguales”.
Aquí el derecho al divorcio parece tener el marido.
¿Es que la mujer solo tiene derecho a aguantarle y soportarle?

Además ¿quién hace las leyes?
¿Los hombres o las mujeres?
¿Y cuál es el criterio con el que hacemos las leyes?
Para ellos, la “ley del divorcio la dio Moisés”.
Pero Jesús no tiene nada de tonto, y les echa en cara que, no fue Moisés, sino que fue la terquedad de su corazón la que obligó a Moisés a ser infiel al plan original de Dios.
“Al principio no fue así”.
Dios hizo al hombre y a la mujer iguales en dignidad, derechos y obligaciones.

Esto nos hace ver que:
No por ser legal las cosas son buenas.
No siempre las leyes son principio de verdad sino de intereses.
No siempre las leyes son Principio de moralidad sino egoísmos.
Jesús va las raíces: “Al principio de la creación Dios pensó de otra manera”.

Pensemos en muchas de nuestras leyes:
Basta armar grandes manifestaciones para que se legisle todo.
Basta armar líos en las calles para que se autorice y legalice todo.
No creo necesite poner nombres a muchas de estas manifestaciones.
Hoy bastan esas manifestaciones y protestas para cambiarle la plana a Dios.

Por otra parte, Dios:
No hizo al hombre superior a la mujer.
Tampoco a la mujer la hizo esclava del hombre.
Dios creó el “ser humano” masculino y femenino.
Y los creó en el mismo plano de igualdad y de unidad.

Claro que nuestra cultura tiene suficiente fuerza:
Para justificar la desigualdad y desunir lo que El unió.
Para justificar la superioridad masculina sobre la femenina.
Para justificar la exclusión de la mujer de muchas presencias en el mundo y en la Iglesia.
¿Acaso la Iglesia no ha separado también lo que Dios ha unido?
¿Acaso en la Iglesia, hombre y mujer tienen los mismos derechos?
¿Acaso en la Iglesia, la mujer no sufre demasiadas exclusiones?
¿Acaso en la Iglesia, la mujer no ha pasado a un segundo rango?

No soy feminista.
Porque no creo que los problemas se solucionen con guerras entre lo masculino y femenino, reconozco que muchas igualdades solo se consiguen luchando, gritando y reclamando y protestando.
Eso de que “no separe el hombre lo que Dios ha unido” no vale solo para el problema del divorcio, también tiene que ser un principio de trato tanto en la sociedad como en la Iglesia.
No soy feminista ni machista.
Sencillamente creo que no podemos hacer lo que Dios no pensó ni quiso.
Tenemos una sociedad con rostro de hombre, aunque las mujeres están ya justificando más su presencia.
Tenemos una Iglesia con rostro de hombre. Felizmente, el Papa Francisco nos dice: Iglesia Católica “ponga en marcha criterios que favorezcan que las mujeres se sientan protagonistas y no invitadas cuando participen en la vida social y eclesiástica”.
Y aún añade que es preciso pasar “del servicio al compromiso”.
La mujer no está solo para limpiar y arreglar la Sacristía sino para que “participe allí donde se toman decisiones”.
“Se trata de estudiar criterios y modalidades nuevas para que las mujeres se sientan, no invitadas, sino plenamente participantes en los ámbitos de la vida social y eclesial. Este es un reto impostergable”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

“Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “He deseado Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdoteenormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios”.(Lc 22,14-20)

Cada año, el jueves después de Pentecostés, la Liturgia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote”. Una de las fiesta recientes aprobadas por la Santa Sede e incluida en el Calendario Litúrgico en 1974.
Para algunos tiene una intencionalidad. Es el momento en que comienza la crisis del abandono sacerdotal. Y pretendía de alguna manera revalorizar el “sacerdocio”. No es mi intención buscar aquí las motivaciones. Me interesa más el hecho mismo de Jesús compartiendo la Ultima Cena con sus discípulos.

Es la cena de despedida.
La hora de Jesús está ahí mismo esperando a la puerta.
No se trata de ninguna de esas cenas de restaurante donde cada uno pide a la Carta.
Se trata de un momento de gran intimidad de Jesús con los suyos.
Por eso mismo Jesús les dice que “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”.
Es un momento de intimidad.
Es un momento de desahogo de Jesús con los suyos.

Es posible que:
En el corazón de Jesús hubiese todo un mundo de sentimientos reprimidos.
En el corazón de Jesús hubiese todo un mundo de sentimientos que necesitaban brotar como brota el agua del manantial.
Los discípulos conocían a Jesús por fuera.
También muchos de sus sentimientos para con aquellos necesitados a los que curaba.
En la Ultima Cena Jesús fue muy expresivo sentimentalmente con ellos.
Dentro de su corazón había todo un volcán de sentimientos.
Dentro de su corazón había todo un mundo de afectos que querían expresarse.
Dentro de su corazón había un mundo de cariño, de ternura, que ellos no habían experimentado.
De ahí que Jesús “desease enormemente comer esta comida pascual con ellos, antes de que llegase el momento fatal”.

El texto de Lucas relata la institución de la Eucaristía en el sacramento del pan y del vino.
Y relata también la misión sacerdotal de que sean también ellos, los que luego sigan celebrando este momento “haced esto en memoria mía”.
Es lo que nosotros llamamos la “institución del sacerdocio”.
Pienso que fue Juan el que más impactado quedó de aquella Ultima Cena a la que le dedica como cinco o siete capítulos.

Digamos que es el momento:
En el que Jesús, por fin habla de sí mismo.
En el que Jesús, se expresa a sí mismo.
En el que Jesús, manifiesta sus sentimientos hacia ellos.
En el que Jesús, les abre su corazón.
En el que Jesús, les permite entrar dentro de su corazón.
En el que Jesús, les deja verlo por dentro.

Es la hora de perpetuar su memoria.
Es la hora de perpetuar su amor, como dice Juan muy gráficamente: “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
Es la hora del calor del corazón.
Es la hora de la ternura y del afecto de su corazón.
Ya no es tanto la hora del “maestro”, que sí lo es.
Sino la hora del enamorado de los suyos.
Sino la hora del enamorado de los hombres que creerán en él.
En Juan parece una Cena eterna que no acaba nunca.
Una Cena en la que solo habla El y todos escuchan en silencio.
Una Cena en la que como rocío nocturno sus corazones se van empapando de los sentimientos de Jesús.

Estoy pensando en mi sacerdocio y el de mis hermanos.
Un sacerdocio que no puede quedar reducido solo al sacramento de la “memoria”.
Sino ese sacerdocio del amor a los fieles.
Sino ese sacerdocio de compartir nuestros sentimientos con nuestros fieles.
Sino ese sacerdocio de no solo entrar en los sentimientos de nuestros fieles sino en dejarles que ellos entren en nuestros corazones y sientan el calor de nuestro afecto y nuestro cariño y ternura.
El sacerdote no puede ser ese ser lejano distanciado del pueblo, sino como dice el Papa Francisco: debe ir por delante, en medio y detrás del rebaño. Y ser la expresión y testimonio de la misericordia de Dios.
El que, día a día, comparte los sentimientos del pueblo y comparte sus sentimientos con el pueblo.

Me encantaría que cada sacerdote pudiéramos tener los mismos sentimientos de Jesús y confesar a nuestros fieles antes de cada Eucaristía: “He deseado enormemente comer esta cena pascual con vosotros”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 7 a. Semana – Ciclo B

“Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros” Jesús respondió: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. (Mc 9,38-40)

En la vida todos tenemos mucho que hacer.
Nadie tiene la exclusiva sino que cada uno tiene su propia misión.
Pero sentir el gusto de lo propio no significa excluir a los demás.
El Papa Francisco decía en su visita a América Latina:
“Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportara la sociedad. Los cristianos, en particular, como discípulos de la Bueno Noticia, somos portadores de una mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia a favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen”. (La Paz, 8 de julio 2015)
No se trata de excluir a nadie sino de incluir a todos, sin que cada uno pierda su propia identidad.

¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no piensan como nosotros!
¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no son de nuestra Iglesia!
¡Cuánto nos cuesta aceptar el bien que hacen los otros, si no son creyentes!

Nos encanta levantar muros entre nosotros.
¡Con lo maravilloso que es tender puentes!
Nos encanta levantar muros que dividen.
¡Con lo maravilloso que es derribar todo lo que separa!
¡Con lo maravillo que es unir fuerzas!

Hablamos mucho de la familia humana.
Pero cuántas grietas y cuantos muros de separación.
Nos separa el color de la piel y la condición social.
Nos separa la política y la economía.
Nos separa incluso la religión.

¡Cuántos siglos hemos vivido divididos y enemistados con nuestros hermanos separados! ¡Cuántos insultos entre las distintas Iglesias!
¡Cuánto odio incluso hoy entre las distintas confesiones y religiones!
¡Cuántos muertos por atentados con coches bomba en las Iglesias!

Algo parecido les sucedía a los Discípulos.
“Hemos visto a uno que hacía milagros en tu nombre, y se lo hemos prohibido”.
¿Razón? “No es de los “nuestros”.
Es dura, pero qué cierta es la frase de Martini: “A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos de nosotros entre nosotros mismos”.

Y sin embargo:
¡Cuánta bondad y justicia hay fuera de la Iglesia!
¡Cuánta comprensión y amor hay fuera de la Iglesia!
¡Cuántos luchan por construir la paz y no son de la Iglesia!
¡Y hasta es posible que no tengan fe en Dios!
Pero, aún ellos tienen un gran corazón.

Dios envía el sol para todos: buenos y malos.
Envía la lluvia para los creyentes y los que no creen.
Y ama incluso a aquellos que no creen en él.
Dios no es excluyente.
Dios es incluyente.
Dios no divide sino que une.

Estoy seguro que muchos que parece que “no son de los nuestros”, son realmente “de los nuestros”.
Los que dieron de comer, vistieron a los desnudos, visitaron a los enfermos, no lo hicieron pensando en Dios, sino por amor a los hombres.
Creían en un Dios que desconocían.
En el fondo, amaban a un Dios que ignoraban.
Amaban a Dios encarnado y oculto en los más necesitados.

Podemos pensar distinto. Pero no por eso tenemos que excluirnos.
No tenemos la exclusiva de la verdad. También los demás piensan.
Podemos tener criterios diferentes. No por eso nos tenemos que marginarnos.
¿Acaso en la misma Iglesia todos pensamos lo mismo?
¿Acaso en la misma Iglesia todos tenemos los mismos criterios?
¿No ha habido en la Iglesia distintas “escuelas de teología”.
Lo distinto no debe excluir a nadie.
La distinto puede ser una fuente de enriquecimiento mutuo.

Jesús nos dejó como mandato: “amos los unos a los otros”.
Y no dijo “armaos los unos contra los otros”.
Tampoco dijo que “excluyésemos a los demás”.
Al que hace el “bien” “no se lo prohibáis”.
No pertenecerá a la Iglesia pero también en él está actuando la gracia de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 7 a. Semana – Ciclo B

“Llegaron a Cafarnaún , y, una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. (Mc 9,30-37)

La vida tiene sus contrastes.
Jesús está dedicado ahora a los suyos.
Evita pasar por los pueblos para que la gente no se entere y no lo distraiga.
Más que hablar a las gentes, ahora ha formado como su pequeña academia para formar a los suyos.

¿Tema de su formación?
“El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán”.
Para los discípulos el tema resulta poco interesante.
Por eso, no le prestan demasiada atención.
Ellos viven otros intereses muy diferentes.
Para quien busca ascensos:
Nunca resulta interesante eso de entregar la vida por los demás.
Nunca resulta interesante eso de servir a los demás hasta dar la propia vida.
Nunca resulta interesante la fidelidad hasta la muerte.
Nunca resulta interesante la Cruz.

Mucho más importante es preocuparse por saber:
¿Quién es el mayor de todos?
¿Quién es el más importante de todos?
¿Quién es el primero de todos?
¿Quién es el mandamás de todos?
¿Quién es el que se sienta en el sillón presidencial?

Dos mundos: el de Jesús y el de los Doce.
Dos caminos: el de Jesús y el de los Doce.
Dos maneras de pensar: el de Jesús y el de los Doce.
Dos escalas de valores: la de Jesús y la de los Doce.
Dos metas en la vida: la de Jesús y la de los Doce.

El aguante de Jesús resulta llamativo.
No se altera ni, como diríamos nosotros, “no se calienta”.
No hay amenazas.
Hasta en esto, Jesús se revela en lo que es.
Ni siquiera les echa en cara sus ambiciones y la pequeñez de su espíritu.
Maravillosa pedagogía la del amor y la de la comprensión.

No es la pedagogía que se impone por la fuerza y el castigo.
Es la pedagogía que se impone por la comprensión de las debilidades humanas.
Es la pedagogía del que ofrece pero no impone sus ideas.
Es la pedagogía del que habla al corazón para que ellos mismos tomen conciencia.
Es la pedagogía del que no trata de llenar sus cabezas de doctrinas e ideas.
Es la pedagogía del que trata de que uno mismo vaya descubriendo la verdad.
Me gusta aquella frase de Ortega cuando decía: “A mí no me den la verdad, díganme donde encontrarla”.

La convivencia humana:
Está llena de quienes piensan distinto.
Está llena de quienes tienen intereses distintos.
Está llena de quienes tienen modos de ver diferentes.
No en que los demás piensen como yo.

Todos somos diferentes.
Cada uno tiene su cabeza que también piensa.
Cada uno tiene sus sentimientos que ven la vida con ojos diferentes.
Y no es que yo tenga que pensar como los demás.
Tampoco tengo que obligar a que todos piensen como yo.
Sino que tengo que comprender a los otros, aun sin pensar como ellos.
Tengo que respetar a los otros, por más que no acepte sus ideas.

Dios tiene una manera de pensar y nosotros otra.
Dios no por eso piensa como nosotros, pero sí respeta nuestra libertad.
Dios sabe que tenemos intereses distintos.
Y, sin embargo, nos respeta sin “calentarse”.
Dios sigue su trabajo amoroso de ganar nuestros corazones.
Pero siempre respetando nuestros sentimientos.
Podremos hacer el camino juntos, aunque separados.
Y sin embargo, Dios no nos abandona ni nos deja abandonados en el camino.
Siempre espera que lleguemos a casa para que, avergonzados de nuestro modo de ser, terminemos pensando como él.
Con delicadeza les pregunta: “¿De qué discutían por el camino?”
Dios no tiene prisas en que cambiemos.
Dios sabe esperar a que algún día cambiemos.

Linda lección:
Para cuantos queremos que todos piensen como nosotros.
Para cuantos queremos imponer nuestras ideas.
Para cuantos tenemos prisas y no sabemos esperar.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 7 a. Semana – Ciclo B

“Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos”. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho gritó: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Jesús al ver que acudía mucha gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: “Espíritu inmundo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él”. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió”. (Mc 9,14-29)

“La fe lleva siempre al testimonio. La fe es un encuentro con Jesucristo, con Dios, y de allí nace y te lleva al testimonio. Y esto que el Apóstol quiere decir: una fe sin obras, una fe que no te implique, que no te lleve al testimonio, no es fe. Solo palabras y nada más que palabras”. (Papa Francisco)

“Todo es posible al que tiene fe”.
Nada podemos hacer sin fe.
Necesitamos tener fe en Dios.
Necesitamos tener fe en nosotros mismos.
Necesitamos tener fe en los demás.
Necesitamos tener fe en las posibilidades de Dios en nosotros.
Necesitamos tener fe en nuestras posibilidades.
Necesitamos tener fe en las posibilidades de los demás.

Decimos que:
Está en crisis nuestra fe en Dios.
Está en crisis nuestra fe en los demás.
Pero, tal vez, la mayor crisis esté en nosotros mismos.

Nos cuesta fiarnos plenamente de Dios.
Nos cuesta confiar plenamente en Dios.
Nos cuesta abandonarnos plenamente en Dios.
Porque nuestra fe, con frecuencia es demasiado débil.
Porque, con frecuencia, las cosas no salen como nosotros quisiéramos.
“Jesús replicó: ¿Qué es eso de “si puedes?
Todo es posible para el que tiene fe”.

Tenemos fe.
Pero, como el padre del muchacho enfermo, necesitamos gritar cada día:
“Tengo fe, pero dudo, ayúdame”
Ayúdanos a purificar nuestra fe.
Ayúdanos a abandonarnos más en nuestra fe.
Ayúdanos a fiarnos más de nuestra fe.

“Ayúdanos a creer más en nosotros mismos”.
No porque los demás nos alaben.
No porque los demás nos admiren.
No porque los demás hablen bien de nosotros.
Sino porque:
Creemos en nosotros mismos.
Creemos en lo que tú haces en nosotros.
Creemos en las posibilidades de ti en nosotros.
Creemos porque sabemos que tú actúas en nosotros.
Tener fe en nosotros no es orgullo.
Tener fe en nosotros no es vanidad.
Tener fe en nosotros no es presunción.
Es tener fe en todos los dones que tú mismo nos has regalado.
“Jesús increpó al espíritu inmundo, diciendo:
“Yo te lo mando: sal de él no vuelvas a entrar en él”.

“Ayúdanos a creer más en los demás”
Que creamos en ellos como creemos en nosotros.
Que tengamos fe en ellos como en nosotros.
Para anunciar el Evangelio a los demás, es preciso tener fe en ellos.
Para ayudarles a crecer, es preciso tener fe en ellos.
Para ayudarles a vivir con alegría, es preciso sientan que creemos en ellos.

Demasiadas santidades fracasan, porque nos falta fe en Dios.
Demasiadas santidades fracasan, porque nos falta fe en nosotros mismos.
Demasiadas santidades fracasan, porque nos falta fe en los demás.

Nadie siembra si no tiene fe en los granos de trigo.
Nadie cosecha si no tiene fe para sembrar.
Nadie trabaja si no tiene fe en lo que hace.
Nadie da la vida a un hijo si no tiene fe en él.

Señor, sabemos que tenemos fe, pero, con frecuencia, es demasiado pobre.
Señor, sabemos que tenemos fe, pero, también nosotros dudamos.
Señor, ayúdanos a creer más en Ti.
Señor, ayúdanos a creer más en nosotros.
Señor, ayúdanos a creer más en los que nos rodean.
Señor,”creo ayuda mi poca fe”.

Clemente Sobrado C. P.