Vitaminas para caminar: Cuando des

1.- Cuando des algo a los demás, hazlo de tal manera que el que recibe vea más el amor de quien le da, que aquello que le estás dando. Lo que le das puede satisfacer una necesidad. Pero tu amor lo hará sentirse mejor.

Generosidad

Flickr: hasib

2.- Cuando tu mano se alargue para dar algo, trata en lo posible que quien recibe no se sienta herido, ni necesitado, sino respetado y realizado en su dignidad de persona.

3.- Cuando des algo, que tu sonrisa sea más grande y más visible que tu propio donativo.

4.- Es más fácil comprarles un ramo de rosas a tus padres ancianos, que dedicarles unas horas de compañía. Las rosas se compran con dinero. Tu compañía les manifiesta y revela tu cariño.

5.- Que cuando des algo, quien lo recibe agradezca más tu sonrisa y tu amor que la limosna que pones en sus manos. La sonrisa y el amor manifestarán que no te duele dar, y sobre todo, que te interesa él como persona.

6.- Cuando des algo, no lo hagas para tranquilizar tu conciencia o por quitártelo de encima al otro, sino porque crees que el otro es tanto o más importante que tú mismo.
Date siempre en aquello que das.
Para saber dar bien
hay que comenzar por darse.

7. – Cuando des algo a los demás, no lo hagas para ganar méritos. No estarías dando nada, sino haciendo una inversión. Si quieres hacer inversiones tienes los bancos o los negocios. No rebajes a los demás a un negocio lucrativo.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 11 a. Semana – Ciclo C

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente” Yo, en cambio, os digo: “No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea la mejilla derecha, preséntale la otra”. (Mt 5,38-42)

Siempre hay un antes y un después.
Siempre hay un ayer y un hoy.
Siempre hay un pasado y un futuro.
Siempre hay alguien que nos dice una cosa y alguien que nos dice otra.

El Papa Francisco es un convencido de que el “ojo por ojo” no cambiará el mundo.
Que el único camino para cambiar el mundo no es nuestra justicia, sino la misericordia y el amor.
Eso del “ojo por ojo” era parte de la tradición.
Y para ellos era algo bueno y normal.
De seguro que ningún fariseo hubiese abogado por cambiarlo.
Pero siempre hay alguien que mira más lejos.
Siempre hay alguien que sabe que las cosas pueden cambiar.
Siempre hay alguien que, como el P. Arrupe, puede decir: “no me resigno a que cuando me muera siga el mundo como si yo no hubiese vivido”.
Jesús no vino a dejar las cosas como estaban.
No anuncia el “bofetón por el bofetón”.
Al contrario, contra la violencia anuncia la mansedumbre, perdón y el amor.

Jesús, quiere un mundo diferente, y nos da un criterio maravilloso.
No cambiamos la violencia con más violencia.
No cambiamos el odio con más odio.
No cambiamos la enemistad con más enemistad.
No cambiamos las ofensas con más ofensas.
No cambiamos las guerras con más guerras.
No cambiamos la pobreza creando más pobreza.

Si me golpeas y te golpeo quedamos en el mismo plano.
Si me odias y te odio quedamos en el mismo plano.
Si me gritas y te grito quedamos los dos iguales.
Si hablas mal de mí y yo hablo mal de ti, nos acercaremos más.

Por eso Jesús no anuncia el “ojo por ojo”.
Ni anuncia el “bofetón por el bofetón”.
Ni la “patada por la patada”.
Ni el “puñete por el puñete”.
Contra la violencia anuncia la mansedumbre.
La única manera de vencer el mal es el bien.
La única manera de vencer el odio es el amor.
La única manera de vencer las ofensas es el perdón.
La única manera de vencer el resentimiento que te impide hablarme, es acercarme a ti y darte mi mano amiga.
La única manera de vencer la rabia que me tienes es sonreírte.
La única manera de tu rencor es hacerte sentir que te amo.
La única manera que tengo cuando hablas mal de mí, es que yo hable bien de ti.

Claro que esto, muchos lo llamarán “cobardía”.
Claro que esto, muchos lo llamarán “ser tonto”.
Claro que esto, muchos lo llamarán “falta de personalidad”
Claro que esto, dirán que así todo el mundo se aprovecha de ti.
Eso es pensar como: “antes de dijo”.
Pero ahí está el: “pero yo os digo”, que es el camino del amor.
El único camino capaz de cambiar las cosas y hacer más humano y fraterno el mundo.

San Francisco (al menos se le atribuye a él) lo entendió muy bien con la famosa oración que todos conocemos:

“Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto
ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es:
Dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 11 – Ciclo C

“Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El respondió: “Dime, maestro”.Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdona a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? Simón respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”. “Has juzgado rectamente”… Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ja salvado, vete en paz”. (Lc 7,36-8,3)

Bello relato del corazón de Dios en el corazón de Jesús.
Triste relato del corazón humano, en el corazón de Simón.

Alguien dijo que “Dios ama al enfermo y no a la enfermedad”.
Aquí tendríamos que decir que “Dios aborrece el pecado y ama al pecador”.

Esto lo tendríamos que decir de esta pecadora:
Se le abre una esperanza en su vida.
Se le abre la esperanza de recuperar su dignidad de mujer.
Se le abre una esperanza de que alguien la respete como persona.
Se le abre la esperanza de que alguien la ame de verdad y no la utilice.
Se le abre la esperanza del perdón.
Se le abre la esperanza de un horizonte nuevo en su vida como mujer.
Aunque era de noche, para ella era una noche llena de claridad que anunciaba un nuevo amanecer en su vida.
Por fin, iba a encontrarse con la verdadera felicidad del espíritu, esa que no da el placer del cuerpo.

Y mientras la noche se iluminaba:
El corazón de Simón se oscurecía más.
Se endurecía más.
Se ponía más al descubierto.

Un corazón que no entendía:
Que una pecadora pudiera acercase a Jesús sin mancharle.
Que una pecadora pudiera llorar lo que no lloró en toda su vida.
Una pecadora que pudiera lavar los pies del maestro con el amor de sus lágrimas de arrepentimiento.
Una pecadora que pudiera abandonar su oficio y abrirse al don de la gracia.
Una pecadora que pudiera esperar ser amada todavía por Dios.
Una pecadora que pudiera renacer de nuevo como primavera en flor.

En el corazón de Simón había mucha Ley, pero:
Le faltaba la comprensión.
Le faltaba la misericordia.
Le faltaba creer en que las personas pueden cambiar.
Le faltaba creer en el poder de las lágrimas del y arrepentimiento.
Le faltaba creer que Dios pueda amar a los malos, odiando el pecado.

Llaman la atención aquí varias cosas:
La delicadeza con que Jesús llama la atención a Simón.
No le echa en cara la dureza de su corazón.
No lo quiere dejar mal ante el resto de convidados.
“Simón tengo algo que decirte”.
También él es objeto del amor y misericordia de Jesús.
La delicadeza y dignidad con que perdona a la pecadora:
Primero sale en defensa de ella.
Luego le dice con ternura: “Tus pecados están perdonados”.
Ya eres otra. Ya tienes vida.
Y todavía la dignifica: “Tu fe te ha salvado”.

Se necesita amar para perdonar a la pecadora.
Pero también se necesita de amor para corregir al que no entiende de perdón y conversión de vida.
La corrección sin amor, no corrige, hiere y abre heridas más profundas.
Corregir para que uno mismo se reconozca a sí mismo.
Dar cara por los demás, sobre todo los malos, supone un gran corazón.
Corregir sí, pero con cariño, con bondad.

¿Has mirado bien qué hay en tu corazón?
¿Has mirado bien lo que le falta a tu corazón?
¿Sabemos dar cara por los malos?
¿Sabemos respetar y tratar con dignidad a los malos?
¿Somos de los que preferimos que los malos sigan siendo malos, o somos de los que nos alegramos del cambio de los malos?
Es preciso alumbrar la noche del corazón y hacer que vuelva a amanecer en él el amor, la misericordia y el perdón.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 10 a. Semana – Ciclo C

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimento. ¿No valéis vosotros más que ellos?” (Mt 6,24-34)

Me ha gustado lo que dice el “Evangelio 2013”, en su brevísimo comentario a este texto:
“Un corazón, solo un corazón tenemos los hombres, no dos. Solo uno puede ser habitado. Sin embargo, dos se lo disputan: Dios y el dinero”.

Un solo corazón.
Me estoy convenciendo que mi corazón que debe ser muy importante cuando tantos se lo pelean.
Nuestro corazón termina siendo una especie de campo de batalla:
Tu corazón femenino se lo pelean varios enamorados.
Tu corazón masculino se lo pelean varias enamoradas.
Y tú tienes que decidir.
Porque no me digas que amas a todos o amas a todas.
Porque no me digas que lo vas a repartir entre todos ellos.
Incluso no faltará un tercero o tercera que te ande rondando.
O que uno mismo lo comience a dividir.

Pero tu corazón y el mío tienen otros pretendientes:
Dios y el dinero.
Los dos están en guerra por ganárselo y hacerlo de su propiedad.
Y tú y yo tendremos que decidir con cuál de los dos nos quedamos.
Muchos te dirán que te vendas al dinero.
Tampoco faltarán quienes te aconsejen que lo “registres como propiedad de Dios”.
Tampoco faltarán quienes te digan que lo compartas entre los dos.

Pero así como no puedes casarte con dos novias a la vez, tampoco podrás “registrarte como propiedad de Dios y del dinero”.
En la vida vivimos cada día de elecciones.
En la vida vivimos cada día entre decisiones.
En la vida vivimos cada día haciendo opciones.
Lo malo es cuando jugamos al dinero y a Dios al mismo tiempo.

Jesús nos invita al riesgo de jugárnosla por Dios.
El se la jugó primero por nosotros.
¡Qué mucho que nosotros nos la juguemos por El!

Jesús nos propone toda una serie de ejemplos para que nos fiemos de Dios.
Y que sea Dios el que gana nuestro corazón.
Y hasta hace poesía como expresión de esa confianza que inspira, el ponernos totalmente al servicio del Padre.
Ahí están las aves del campo, que vuelan libres, sin necesidad de sembrar ni de segar. “¿Y no valen ustedes más ellas?”
Ahí están los lirios del campo, que son un encanto de belleza.
Y Dios los viste mejor que la mismísima moda parisina.

Y termina con unas afirmaciones que abren nuestro espíritu a la esperanza:
“¿Y no valéis vosotros más que ellos?” Se refiere a los pájaros.
“¿Y no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?” Se refiere a los lirios.
“Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todas esas cosas”.

Con frecuencia, la realidad pareciera desdecir a Jesús.
Con frecuencia, la realidad pareciera imponerse a la poesía del corazón de Dios.
Y sin embargo:
¿Será Dios el que no cumple su palabra?
¿No seremos nosotros que no somos capaces de abandonarnos plenamente en sus brazos?
¿No seremos nosotros que confiamos más en nuestra billetera que en las manos del Padre?
¿Cuándo será el día en el que podamos decir “solo Dios basta”?
Sé que no es nada fácil.
Sé que la realidad no tiene tanta poesía.
Sé que, sin embargo, la experiencia hecha poesía de Teresa de Jesús, coincide con la poesía de Jesús:
“Nada te turbe,
Nada te espante:
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Nada te turbe, nada te espante.
Solo Dios basta”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 10 a. Semana – Ciclo C

Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído el mandamiento de “no cometerás adulterio”. Pero yo os digo: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior”. (Mt 5,27-32)

Cuando Juan Pablo II en sus Catequesis de los miércoles se atrevió a decir que “también se podía dar violación en el matrimonio” y que “también se podía cometer adulterio con el corazón, por más que nunca se llegase al adulterio físico”, la prensa se le echó encima.
Y no es que dijese nada particular.
Simplemente citó las palabras de Jesús.
Y además quiso demostrar que el verdadero pecado no está fuera sino dentro del corazón.
Lo dirá Jesús de otra manera: “No es lo que entra de afuera sino lo que sale de dentro lo que mancha al hombre”.

El Papa siguió sus comentarios al margen de toda la chismografía.
El Papa no dijo nada nuevo.
El Papa no hizo sino repetir lo que dijo Jesús.
Y lo que dijo Jesús es algo muy sencillo:
Se puede cumplir la ley materialmente.
Pero se puede incumplir la ley interiormente.
Que el que comete adulterio no es solo el cuerpo.
Que el que comete adulterio suele ser siempre el corazón.
Que el que peca no es el cuerpo sino el corazón.
No se puede estar físicamente en casa y con el corazón en la calle.

Lo que Jesús nos dice es:
Que es preciso la coherencia entre lo exterior y lo interior.
Que es preciso la coherencia entre la mente y el cuerpo.
Que es preciso la coherencia entre el deseo del corazón y el cuerpo.
Que es preciso la coherencia entre lo de dentro y lo de fuera.
Que la verdad o la mentira la llevamos dentro.

Jesús interpreta la Ley:
“No cometerás adulterio”.
Pero la complementa:
No basta cumplirla materialmente.
Hay que cumplirla interiormente.
Hay que tener un corazón fiel para que sea fiel el cuerpo.
Hay que tener un corazón limpio para ver a la mujer como persona y no como objeto de deseo.
Hay que tener un corazón limpio para que todo lo veamos limpio.

La infidelidad mancha las relaciones conyugales.
La fidelidad nos permite mirarnos a los ojos con verdad.
La fidelidad nos permite hablarnos con sinceridad.
La fidelidad nos permite hablarnos con claridad y sin rodeos.
Es maravilloso ser niño, porque miran con ojos inocentes.
Es maravilloso ser esposos cuando pueden mirarse con ojos limpios.
Es maravilloso ser esposos y no tener nada que esconder y ocultar.
Es maravilloso ser esposos y no tener miedo a que el otro pueda ver nuestro corazón.
Es maravilloso poder salir a la calle y mirar sin deseos morbosos sino con mirada limpia.

Pero para ello:
No basta con evitar el adulterio físico.
Es preciso cambiar la actitud del corazón.
No es un mandamiento negativo y prohibitivo.
Es un mandamiento positivo que nos cambia interiormente.
Y nos devuelve la alegría de la fidelidad.
Y nos devuelve la alegría de vivir los dos en la verdad de nuestro amor.

Está bien lo de “antes se dijo”.
Pero está mejor el “yo os digo”.
Esa es la manera en la que Jesús no elimina la ley sino que la lleva a plenitud.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 10 a. Semana – Ciclo C

“Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra con ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. (Mt 5,20-26)

Muchos tienen problemas para ir a Misa, porque aún no han descubierto su importancia.
Hasta ahora se nos insistía en que “tenemos que llegar a tiempo”.
Porque muchos se contentan con llegar a los postres.
Que hay que llegar a tiempo es claro.
Pero Jesús hoy nos complica un poco más las cosas.
Digámoslo de esta manera:
Siempre nos insisten en que es preciso llegar a tiempo a Misa.
Y son muchos los que llegan a la hora de la homilía, a pesar de todo.
Y son muchos los que se quedan tranquilos si llegan pasadas las lecturas de la Palabra de Dios.
Hoy ya algunos comienzan a confesarse de haber llegado cuando ya estaban leyendo el Evangelio. Algo vamos avanzando.
Cuando alguien me pregunta desde qué momento se puede decir que escucho misa, yo siempre respondo lo mismo: “desde el comienzo”.

Yo sé que muchos llegan tarde a Misa por dejadez y falta de interés.
Otros porque el tráfico nos les permitió llegar antes.
Otros porque no encontraban donde aparcar el carro.
Y no faltan los que digan que se les bajó la llanta.

Si prestamos atención al veremos que ni siquiera basta llegar a tiempo, que se requiere otra cosa:
Solo justificaría llegar tarde a Misa el ir a reconciliarme con mi hermano.
Solo justificaría llegar comenzada la Misa, cuando he tenido que ir a hacer las paces con mi hermano.
Solo justificaría llegar después del Evangelio, cuando he tenido que volver a buscar a mi hermano que tiene algo contra mí.
Solo justificaría llegar tarde a Misa, la reconciliación y el perdón entre hermanos.

Lo dice Jesús: “si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar”, es decir, si has llegado a tiempo, pero sientes que entre tú y tu hermano hay enemistad, vete, deja ahí mismo tu ofrenda y reconcíliate con él, aunque luego llegues tarde.

Lo que significa:
Que el culto sin la caridad fraterna, vale de poco.
Que el culto con la enemistad en el corazón, no sirve de nada.
Que el culto Dios es importante, pero cuando asistimos con el amor fraterno en el corazón.
Que el culto a Dios es importante, pero preferible llegar tarde si es por razón del perdón.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es la reconciliación con aquellos con quienes no nos hablamos, porque estamos enemistados.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es que vayamos a pedirle perdón a nuestro hermano a quien hemos herido u ofendido.

Dicho de otra manera:
El culto es importante.
Pero más importante es la caridad.
El culto es importante.
Pero más importante es el perdón.
Que el culto es importante.
Pero más importante es la reconciliación fraterna.
El verdadero culto es el amor fraterno.

La razón es muy simple:
El culto a Dios, con el odio o la enemistad con el hermano, no llega a Dios.
El culto a Dios, sin el amor al hermano, está vacío.
¿De qué me sirve comulgar a Dios, si luego no comulgo con mis hermanos?
¿De qué me sirve comulgar fervorosamente a Dios, si mi corazón no es capaz de perdonar?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si no soy capaz de pedir perdón a mi hermano?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si luego no me hablo con mi hermano?
¿De qué me sirve buscar la comunión con Dios si excluyo la comunión con mi hermano con el que no me hablo?
Donde no cabe el hermano tampoco cabe Dios.
El amor y el perdón son los que hacen sitio a Dios en mi corazón.

Bueno, amigos, lo único que justifica llegar tarde a Misa es: la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados.
Dios prefiere el amor y la comunión con el hermano que el culto, aunque sea una misa muy solemne.
La Misa es comunión con Dios, pero también con los hermanos.
No se da una verdadera comunión sin la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados, no nos hablamos o evitamos encontrarnos.
Es que no hay verdadero amor a Dios, sin el amor al hermano.
La ofrenda que agrada a Dios es ver reconciliados a sus hijos.
La ofrende que agrada a Dios es ver que sus hijos se aman.
El verdadero culto es el amor reconciliado.

Ya saben, ahora ya tienen un motivo para llegar tarde a Misa.
Aprovéchenlo, es su oportunidad.
Que nadie salga de la Misa con el “corazón enemistado”.
Habrás cumplido con el precepto dominical, pero nos has vivido de verdad la Misa.

Clemente Sobrado C. P.

Vitaminas para caminar: Agradecer

1. – El agradecimiento es el reconocimiento del corazón por lo que alguien nos ha dado. Quien no sabe agradecer, tampoco sabe reconocer y quien no sabe reconocer tiene el peligro de considerar como propio aquello que le pertenece sólo como regalo. Y eso se llama robo.

GRACIAS

Flickr: Sophii

2. – Hoy es un día para agradecerle a Dios el don de la vida. Muchas veces le has pedido la salud, que te cure de una enfermedad, que te evite este o aquel dolor. Pero ¿no es más importante la vida que la salud en la enfermedad? “Gracias por la vida. Señor de la vida”.

3. – Hoy es un día para agradecerle a Dios por el regalo de la fe. Por la fe, tú puedes ver lo que muchos otros no verán jamás. El ciego de Jericó le rogaba a gritos: “¡Señor, que yo vea!” ¿Cuándo rezaremos así, a golpes de alma? “Gracias, Señor, porque yo creo, yo veo.”

4.- Hoy es un día para agradecerle a Dios por haberte dado una familia que se llama Iglesia. La Iglesia es tu familia, incluso si tú no tienes familia. Si agradeces que alguien te invite a comer o cenar un día, ¿no has de darle gracias por hacerte miembro de su familia la Iglesia?

5.- Hoy es un día para agradecerle a Dios por el Sacramento de la Penitencia. ¿Cómo sería tu vida si Dios no te hubiese dejado algún signo explícito donde te dice que ya no eres pecador, porque Él te ha perdonado?

6.- Hoy es un día para mirarte a ti mismo, recordar tu historia y descubrir cuántas cosas maravillosas ha sembrado Dios en tu vida. Después de que te hayas visto, grita:”Gracias. Soy obra de tus manos”.

7.- Hoy es un día para agradecer a Dios el que esté dispuesto cada día a comenzar algo nuevo en tu vida.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 10 a. Semana – Ciclo C

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. (Mt5,17-19)

Las leyes pueden ser de gran utilidad como también pueden ser un peligro.
Nosotros todo lo queremos solucionar con leyes.
Dios todo lo quiere solucionar con la Ley del amor.
Para Dios la Ley no es para que tengamos miedo al castigo.
Para Dios la Ley es para que descubramos lo esencial.

Jesús nos hace ver varias cosas:
Que la Ley hay que saber entenderla a la luz de Dios.
Que la Ley ha de estar al servicio de la realización del hombre.
Po eso nos dice que: Lo que Dios hace, no lo destruye luego.
La Ley que Dios dio a su Pueblo, no la va a eliminar ahora.
Por eso es preciso saber diferenciar: El problema está:
Entre el sentido que Dios da a la Ley.
Entre la interpretación que los hombres dan luego a la Ley.
Una cosa es la Ley que revela el plan de Dios.
Otra es la aplicación que hacemos de ella los hombres.
Dios regaló a su Pueblo una Ley de libertad.
Los hombres la convirtieron en Ley de esclavitud.
Jesús lo dirá más tarde:
“No es el hombre para la Ley, sino la ley para el hombre”.
“No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”.

La ley de Dios no es algo estático.
La Ley de Dios es algo que acompaña al hombre en su caminar.
Seguirá siendo la misma, pero también ella ira madurando con el hombre.

Por eso Jesús les dice claramente:
“No he venido a abolir ni la Ley ni a los profetas”.
He venido “a darle plenitud”.

En primer lugar:
La Ley no puede ser una camisa de fuerza.
La Ley no puede ser un mandato externo que actúa desde fuera.
La Ley no puede ser una exigencia exterior al hombre que se convierte en obligación.

Por eso, no cumplimos con la Ley cuando solo cumplimos la “obligación”.
La Ley está llamada a ser escrita no en papel, sino en el corazón del hombre.
La Ley está llamada a ser leída no en el libro, sino a ser escuchada en el corazón.
Es desde dentro, que el hombre siente la necesidad de cumplir la voluntad de Dios.
No voy a Misa “porque está mandado”.
No voy a Misa “porque si no me condeno”.
No voy a Misa “para no pecar”.
Voy a Misa porque quiero vivir y experimentar y celebrar el misterio pascual de Jesús.
Voy a Misa porque necesito compartir mi fe con mis hermanos como familia de Dios.
Voy a Misa porque mi corazón siente necesidad de encontrarme Jesús.
Voy a Misa porque mi corazón siente necesidad de escuchar la Palabra de Dios.
Voy a Misa porque mi corazón siente necesidad de comulgar a Jesús.
Voy a Misa porque mi corazón siente necesidad de sentir el amor de mis hermanos.

En segundo lugar, Jesús “dio plenitud a la ley”:
Mediante el espíritu de las Bienaventuranzas.
Y de manera especial, sintetizándola o expresándola en el mandamiento del amor:
Amar a Dios.
Amar al prójimo.
Amar al prójimo como a nosotros mismos.
Amar al prójimo como él nos amó.
Estos dos mandamientos son la plenitud de la Ley.

“Dio plenitud a la Ley” con su propia vida:
Vida toda del Padre.
Vida toda al servicio del hombre.
Lo que da plenitud a la ley es el amor a Dios.
Lo que da plenitud a la ley es nuestro amor al hermano.

Por eso la Ley de Jesús es el amor.
Por eso la Ley de la Iglesia es el amor.
Por eso la Ley de cada creyente es el amor.
El amor no suprime la Ley sino que la realiza dándole plenitud.
“En la tarde de la vida nos examinarán del amor”.
Y Pablo lo entendió muy bien: “Si no tengo amor nada soy”.

Clemente Sobrado C. P.