Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado, mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron:
“Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” (Mc 2,23-28)

Esta CIA de los fariseos está en todas.
No se pierden una.
Y lo malo es que, se presentan como la CIA de Dios, del celo por Dios y como la voz de la voluntad de Dios.

Siempre he sentido miedo a decir:
Que “hablo en nombre de Dios”.
Que “expreso la voluntad de Dios”.
Que soy para mis fieles la “voz de Dios”.
Cuando en realidad, también yo tengo que buscar cada día esa voluntad divina, tanto para mí como para los demás.
¿Quién es capaz de arrogase la “verdad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la voluntad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la verdad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la fidelidad que Dios quiere”?
Si la Iglesia misma vive en constante tensión buscando e interpretando la voluntad de Dios.

La voluntad y el plan y proyecto de Dios no es: opresivo, esclavizante, sino liberador.
Los discípulos tienen hambre y se permiten la libertad de cortar unas espigas en los trigales.
Yo hubiese hecho lo mismo.
Y hasta es posible que también Jesús se comiese alguna.
¿Tú no lo harías?
¿Qué era sábado?
¿Es que el estómago está en huelga los sábados?
¿Y los pájaros, a quienes Dios da de comer todos los días, respetan los trigales el día de sábado?
Que se lo pregunten a los agricultores.

¿Ustedes comen los días de domingo?
¿Las mujeres cocinan los domingos?
¿Se imaginan que hoy nos prohibieran cocinar en domingo?
¿Ir al mercado a comprar para hacer el almuerzo?
¿O irnos con los amigos a tomarnos unos pinchos antes de almorzar?

Esa CIA que seguía por todas partes a Jesús, hoy la pasaría muy mal, porque es precisamente los domingos cuando mejor comemos.
Bueno, los que comemos, porque en el mundo hay muchos que no comen ni en domingo ni en días de semana.

No dudo de que los domingos han de tener un carácter de ocio, de descanso, tanto para tener un poco más de tiempo para Dios y también para nosotros.
Pero Dios no me pedirá cuentas si he preparado un buen almuerzo. Tampoco me pedirá cuentas si me he divertido con mis amigos yendo al fútbol.

Acabo de estar de vacaciones en mi pueblo.
Mi prima quería hacerme probar las patatas nuevas, y aunque era domingo, se fue a arrancarlas. Y también unos pimientos que a decir verdad me supieron a gloria, aunque era domingo.

De lo que sí estoy seguro es:
Si hemos dado de comer al hambriento aunque sea domingo.
Nos pedirá cuentas de todos aquellos que se mueren de hambre, también en domingo.

Al fin y al cabo, tampoco ahora es el hombre para el domingo sino el domingo para el hombre:
¿Que los domingos y las fiestas son para descansar y para ir a Misa?
Claro que sí. Y los necesitamos.
¿Que los domingos tengo que trabajar porque mis hijos no tienen pan?
Pues tu mejor culto a Dios, también en domingo, será el que tus hijos puedan comer hoy.
Dios prefiere que tú puedas comer y tus hijos también, aunque sea domingo.
Dios prefiere nuestra caridad que nuestra hambre en domingo.
Dios prefiere la alegría de nuestro corazón a la tristeza y bostezo de nuestros estómagos vacíos, en domingo.
Dios tiene leyes y normas y preceptos, pero no para atar y esclavizar al hombre sino para hacerlo libre. Y quien interpreta las leyes, primero tendrá que pensar en el hombre.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. Por qué los tuyo no?” Jesús les contestó: “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos?” Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.” (Mc 2,18-22)

Flickr: Adib Roy

Yo soy de la idea de que Jesús debió de tener un gran humor. Y que muchas cosas las debió de tomar con mucho humor, porque de lo contrario, tenía que estar hasta las narices de tantas sonseras.

Esa CIA que seguía por todas partes a Jesús hoy la tendría y la pasaría muy mal, porque es precisamente los domingos, los sábados del Antiguo Testamento. cuando mejor comemos. Bueno, los que comemos, porque en el mundo hay muchos que no comen ni en domingo ni en días de semana.
Jesús no ayunaba.
Sus discípulos tampoco.
Y que conste que tenían buen apetito.

Pareciera que a Dios le encantan los estómagos vacíos.
Pareciera que a Dios le encantan los estómagos con hambre.
Pareciera que a Dios le encanta vernos sufrir delante de unos ricos alimentos.
Me pregunto ¿para qué nos habrá dado el estómago?
¿Sólo para los días de semana?

Jesús ve las cosas de otra manera.
A Jesús le gustan las fiestas.
A Jesús le gustan los banquetes.
A Jesús le gustan las bodas donde abunde el vino y el resto.
Jesús nos quiere ver siempre celebrantes, de boda.
Para ello, él mismo se declara novio, incluso para todos aquellos que no tienen novio.

A Jesús no le va el hambre.
A Jesús no le va ver a esa gente que no tiene que comer.
A Jesús no le va ver a esa gente, ese mundo y esa sociedad donde la gente prefiere vivir a Ave Marías, pero no tiene pan en casa.

El ayuno puede ser un proceso de ascesis para debilitar el cuerpo.
Algunos dicen que lo hacen para agradar a Dios.
Yo confieso que me siento mejor con Dios con un estómago suficientemente satisfecho que con estómago que me hace bostezar. Porque, incluso, cuando tengo hambre, más que pensar en la oración pienso en el estómago.

Estoy seguro de que Jesús piensa como yo. ¿Acaso no sintió lástima cuando vio que la gente le seguía y tenía hambre? Hasta se permitió el lujo de multiplicar los panes y los peces.

Jesús prefiere la fiesta.
Jesús no quiere una religión de estómagos vacíos.
Jesús prefiere que vivamos en ambiente y clima de boda. Por eso, estoy seguro de que no nos pedirá cuentas de si hemos ayunado o no, pero sí nos pedirá cuentas:
De si hemos sido felices.
Si hemos amado a los demás.
Si hemos hecho felices a los otros.
Si hemos vivido la fiesta del Evangelio.
Si hemos sonreído hoy a los demás.
Si hemos sacrificado lo nuestro para que los otros se lo pasen mejor.

A Jesús le importa más:
La alegría de su compañía.
La alegría de la novedad del Evangelio.
La alegría de sentirlo a El mismo como la razón de nuestra alegría.

Es posible que todavía hoy no falten quienes se escandalizan de que no ayunemos.
Pero no se escandalizan de vernos tristes,
No se escandalizan de que ofrezcamos una imagen gruñona de Dios.
No se escandalizan de vernos cristianos, siempre con dolor de estómago.
Personalmente, prefiero ser testigo de la alegría, que ser testigo de un estómago con hambre. Porque estoy seguro de que a Dios le encanta más mi sonrisa que mis ayunos.

Clemente Sobrado C. P.

Palabras para caminar: En un día como hoy…

1.- En un día como hoy, Dios me regaló el don de la vida.
No sé exactamente qué día fue, pero fue un día como hoy.
Dios no nos hace conocer cuándo fuimos concebidos. ¿Por picardía?
Sí, para que todos los días sean una alabanza agradecida a la vida.

Flickr: Tomas Belardi

2.- En un día como hoy, renací a la Iglesia por el Bautismo.
Era un día como hoy.
Porque todos los días renazco en el seno de la Iglesia donde Dios me sigue salvando con la gracia de su amor.

3.- En un día como hoy, recibí la Primera Comunión.
Era un día como hoy. Porque cada día Dios se quiere hospedar en mi casa.
Por ejemplo hoy.
¿Lo recibiré en mi hogar como aquella primera vez?

4.- En un día como hoy, Dios se acercó a mi vida y me regaló su perdón.
Quedé como nuevecito. Era un día como hoy.
No recuerdo la fecha. Pero era un día en el que me sentí diferente.
Es que cada vez que me dejo perdonar por Dios, realmente vuelvo a sentirme nuevecito. Por ejemplo, eso podía ser también hoy.

5.- En un día como hoy, recibí la Confirmación. Era un día como hoy.
No recuerdo bien la fecha.
Pero ese día Dios me declaró testigo de su Reino de amor ante los hombres.
Desde entonces llevo conmigo un tremendo compromiso.
Soy responsable de que Dios tenga un rostro diferente en el mundo.

6.- En un día como hoy, hice yo mi primer acto de solidaridad con los demás.
Se sintieron más felices.
No sé qué fecha fue.
Una cualquiera, porque cada día es bueno para que los demás se sientan mejor por mi causa.

7.- En un día como hoy decidí seguir a Dios por el camino del Evangelio.
¿Fecha? Para qué saberla.
Todos los días son buenos para renovar esta primera decisión.
Porque todos los días Dios sigue invitándome.

Clemente Sobrado C.P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 2 – Ciclo B

“Estaba Juan con dos de sus discípulos y, y fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?” Ellos le contestaron: “Maestro, ¿dónde vives?” “Venid y lo veréis”.
(Jn 1,35-42)

Un camino curioso que aún sigue y que nos espera a todos.
Todo comienza porque alguien miró y vio.
Todo comienza porque un dedo señaló al que pasaba.
Todo comienza porque dos decidieron seguirle por curiosidad.
Todo comienza porque uno pregunta: “¿Qué buscáis?”
Todo comienza porque alguien pregunta: “Maestro, ¿Dónde vives?”
Todo comienza porque los dos pasan el día con El.
Todo comienza porque Andrés se encuentra con su hermano Simón.
Todo comienza porque le ha mirado y le cambia de nombre: “Tú eres Simón, pero te llamarás Cefas, es decir, Pedro”.

Resulta curioso este itinerario en cadena: Juan-Jesús-Andrés-Simón o Pedro.
Con frecuencia, los grandes acontecimientos comienzan por algo tan sencillo como un dedo que señala a alguien que pasa.
Es algo parecido a la gran cosecha.
Todo comienza por unos granos tirados por la mano en los surcos de la tierra y terminan en la gran cosecha de trigo, que abre otra nueva cadena: trigo-siega-molino-harina-pan-eucaristía.
Y hasta pienso que los caminos de Dios se parecen a esas tuberías que por debajo de las casas nos traen el agua a casa.
Si se rompe la cadena en alguna parte, se pierde la continuidad.
Si se rompe la tubería nos quedamos sin agua en casa.

Dios siempre cuenta con los hombres para revelarse y manifestarse.
En la vida siempre se necesita:
De alguien que vea primero.
De alguien que señale primero el camino.
De alguien que se decida a aventurarse hacia lo desconocido.
De alguien que pregunte primero.

Es ahí donde comienza la cadena.
Luego vendrán los siguientes eslabones.
Por eso, de alguna manera, todos vamos dependiendo unos de otros.
Nadie cree solo para sí mismo.
De nuestra fe depende la fe de los demás.
Alguien tiene que ser el primero.
Alguien tiene que abrir el camino.

Y ese puede ser el problema de la fe hoy.
Todos hemos recibido la corriente de la fe de nuestros padres.
Pero ¿qué sucede cuando la familia comienza a perder la fe?
Los padres ya no creen o, si dicen creer, ya no viven de ella.
¿Cómo retransmitirla a los hijos si nosotros ya no creemos?
Alguien habla ya de que se “ha roto la cadena de retransmisión”.

Yo quisiera ser más optimista y pensar:
Que aún queda mucho de fe en los hogares.
Tal vez la estemos viviendo en el túnel de la crisis.
Pero el túnel no es algo definitivo, siempre tiene una salida donde de nuevo aparece la luz.
El invierno da la impresión de que los árboles se han muerto, porque quedan sin hojas.
Y sin embargo es el tiempo en el que se fortalecen las raíces.
La fe, tanto personal como de la misma Iglesia, está hecha a “golpes de inviernos”, pero también a “golpes de primaveras del Espiritu”.

Es posible, como escribe Benedicto XVI, que tantos siglos de historia hayan dejado demasiada ceniza encima, pero que debajo de esa ceniza, todavía tienen vida y arden unas brasas. Basta un poco de viento del Espíritu para que se lleve las cenizas y el mismo viento que se las avienta, sople y encienda una nueva llama en las escondidas brasas.

Y por ahí, tal vez entre tanta hojarasca de incredulidad, suene también hoy la voz de Dios: “Hombre, ¿qué buscas?” Y querámoslo o no, en el fondo del corazón humano, sigue viva la pregunta: “Dios, ¿dónde vives?”

Clemente Sobrado C.P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 1 a. Semana – Ciclo B

“Sentado a la mesa en su casa, de entre los muchos que le seguían, un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: “De modo que come con publicanos y pecadores”. (Mc 2,13-17)

Primero fue la casa de Jesús abierta a todos, con puertas incluso en el tejado. Ahora es a orillas del Lago. A Jesús le encantan los espacios abiertos desde donde se puede ver todo y donde todos puedan entrar.

Ahora es la hora del llamamiento del quinto discípulo.
Ya no es un pescador del Lago sino uno de esos marginados por la Ley, de esos excluidos por la religión de la Ley. Un tipo de pocas simpatías: “recaudador de impuestos”. Diera la impresión de que a Jesús le resultan más importantes e interesantes, precisamente aquellos a quienes los “buenos” excluyen de la mesa de la comunidad religiosa.

Resulta curioso el ver cómo la religión tiene siempre su CIA. Siempre que Jesús decide saltarse las normas legales, allí está la CIA de los escribas, para criticar y llevar los chismes y denuncias a los de arriba.
“De modo que come con publicanos y pecadores”.

Pareciera que los “buenos” necesitan de los malos:
¿Será para sentirse ellos mejor?
¿Será para poner a los malos como pedestal y así subir ellos su talla?
¿Será para ganarse “alguito” con sus celos y chismes ante los que están más altos?

Les interesan los “los malos”:
¿Será para acercarse a ellos?
¿Será para ayudarles a ser mejores?
¿Será para ayudarles a salir de su situación?
¿Será para rezar por ellos y con ellos?
¿Será para tenderles una mano y atraerlos?

Mientras tanto, a Jesús le encanta esa gente que la CIA religiosa excluye y hasta persigue y condena.
Se siente mucho mejor y más a gusto charlando amablemente con ellos.
Se siente con mucho mejor apetito comiendo con ellos.
Le sabe mucho mejor la comida compartiéndola con ellos.
Porque es una comida que sabe más a amistad, a amor, a caridad, que es el mejor condimento de los alimentos.
Y hasta diría, que hace mucho mejor la digestión.
Porque sabe que, son ellos los que más le necesitan.
Porque sabe que, son ellos “los enfermos que necesitan de médico”.
Porque sabe que, son ellos los que a la hora de la verdad están más abiertos a la buena noticia del Evangelio.
Porque sabe que, son ellos los que tienen menos trabas para seguirle.

El celo religioso está muy bien.
Pero cuando es un celo que nace de la caridad y no de prejuicios para con los demás o de la sospecha.
El celo religioso está muy bien.
Pero cuando es un celo que nace del corazón y busca, no el propio prestigio, sino el bien, el cambio de los demás.
El celo religioso tiene que brotar de una experiencia como la de Pablo, quien se atreve a decir de sí mismo: “me hice todo para todos, para ganarlos a todos”.

A Jesús le va mucho mejor, se siente en su propia salsa:
Cuando habla con los marginados: como la Samaritana.
Cuando tiene que defender a los malos: como la pecadora de Betania.
Cuando es invitado a la mesa por los publicanos: como Leví, el recaudador de impuestos y publicano.
Cuando es invitado por mí: aunque no esté de acuerdo con mi segundo matrimonio.
Cuando es invitado a mi mesa: aunque sepa que yo no suelo participar con frecuencia en la suya los domingos.
Y le importa un comino las críticas y murmuraciones de los buenos.
Porque él ama a todos.
Porque sabe que se cercanía y su amor son el mejor camino para ganarlos para su Padre, que para eso lo envió.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 1 a. Semana – Ciclo B

“Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando a un paralítico y, como no podía meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas de donde estaba Jesús, abrieron un boquete; descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. (Mc 2,1-12)

La caridad tiene rostro.
Pero no tiene nombre.
Cuando a la caridad le ponemos nombre deja de ser caridad.
Si amas a tu hermano, ¿qué merito tienes? Eso también lo hacen los paganos.
Pero la caridad tiene rostro.
Es preciso ver al que sufre, aunque no tenga nombre.
Es preciso amar al que sufre, aunque no tenga nombre.

Aquí no tiene nombre el paralítico.
Puede ser un cualquiera.
Tampoco tienen nombre los cuatro que lo cargan.
Pueden ser unos cualquiera.
Pero unos cualquiera que tienen rostro, aunque nadie sepa quienes son.
Es el amor desinteresado.
Es la solidaridad desinteresada.
Es la caridad creativa, capaz de subir al tejado y abrir un boquete.
Es el amor que no se detiene ante las dificultades.
Es el amor capaz de abrirse camino incluso por los tejados.
Cuando hay amor todos los caminos son posibles.
Cuando hay amor con el que sufre hasta los tejados son buenos caminos.

Un paralítico y cuatro portadores:
El dolor del otro no duele mientras no le ponemos un rostro.
El dolor del otro puede ser interesado cuando le ponemos nombre y apellido.
El amor es tan universal como el amor.
Cuando al amor le ponemos nombre puede ser una inversión que espera recompensa.
Dios ama a todos, con nombre y sin nombre.
Dios ama a todos, al margen de su apellido o tarjeta de visita.

Es fácil preocuparnos del amigo que sufre.
Lo difícil es preocuparnos de aquel a quien vemos sufrir aunque no le conozcamos.
No sabemos quién era ese paralítico.
Solo sabemos que era un prójimo que sufría.
No sabemos quienes eran esos cuatro que cargaron con él.
Solo sabemos que eran cuatro con una gran sensibilidad ante el sufrimiento ajeno.

Para hacer el bien siempre encontramos estorbos en el camino.
Para hacer el bien siempre encontramos dificultades que justifican nuestra indiferencia.
En cambio el amor al prójimo:
Todo lo puede.
Todo lo hace posible.
Es creativo y busca siempre respuestas.
Es creativo y busca respuestas.
¿Qué no se puede entrar por la puerta?
Siempre quedará el tejado.
Siempre será posible abrir un boquete en el tejado.
¿Qué quién lo arreglará luego?
Eso no puede ser un problema.
La salud de un paralítico es más importante que unas tejas y un tejado.

Un paralítico anónimo que somos todos.
Cuatro hombres sensibles al sufrimiento de los demás que somos también todos.
No pongamos firma al amor.
No pongamos apellido al que ayudamos.
Hagamos de nuestro amor una actitud universal.
El amor que no ama a todos, no es amor.
El amor que ama al que nos ama deja de ser amor.
Es pago de una deuda, pero carece de gratuidad.

Pero el amor, por más que muchos puedan escandalizarse, tiene que ser total.
Jesús cura por dentro al paralítico “perdonándole los pecados”.
Y le cura por fuera ordenándole coger la camilla y regresar feliz a casa.
No amamos de verdad cuando amamos a medias.
No sanamos de verdad cuando no sanamos al hombre entero.
Amar es reconstruir al hombre entero: cuerpo y alma.
Al que ama de verdad no le importan las críticas y murmuraciones.
Le interesa el hombre que está por encima de toda chismografía.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 1 a. Semana – Ciclo B

“Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Sintiendo lástima extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero queda limpio”. La lepra se le quito inmediatamente y quedó limpio. “No se lo digas a nadie”. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado y aún así acudían de todas partes”.
(Mc 1,40-45)

El amor de Jesús por el hombre no tiene límites.
Por amor se encarnó haciéndose uno de nosotros.
Por amor nació en un pesebre.
Por amor no tuvo reparos en legalmente ser considerado leproso.

¿Recuerdan la novela de Paul Claudel en la que Violeta contemplaba todos los días la tristeza de aquel leproso que se asomaba al muro? Su corazón se enternecía hasta que un día se arriesgó a darle un beso de cariño. El leproso siguió leproso, pero la alegría cambio su corazón. Pero Violeta quedó contagiada de lepra y fue llevada a una cueva a la montaña.

Aquí el leproso, comienza rompiendo con la ley, y se acerca a Jesús.
Y le pide con suma delicadeza: “Si quieres, puedes limpiarme”.
No le pide que lo sane.
No le pide que lo limpie.
Su fe es mucho más profunda: “Si quieres”.
Hermosa manera de orar.
Porque nosotros solemos orar casi imponiéndonos a la voluntad de Dios.
El leproso acepta la voluntad de Jesús: “Si quieres”.
Recordemos el Padre nuestro “hágase tu voluntad”.
Recordemos la oración del Huerto: “pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Porque orar no es forzar la voluntad de Dios.
Orar es aceptar la voluntad de Dios.

Jesús “siente lástima”.
Jesús nunca pasa indiferente ante el sufrimiento del hombre.
Pero también se siente movido por una oración tan sincera y llena de fe.
Y cuando se trata de evitar el sufrimiento humano, Jesús no se detiene.
Sabe el riesgo que él mismo corre, y sin embargo “extendió la mano y lo tocó”.
Sabe que también puede contagiarse de la lepra.
Y legalmente queda contagiado y excluido de la gente.
“Ya no puede entrar abiertamente en los pueblos y se quedaba fuera al descampado”.
No importa, se trataba de suprimir el dolor humano.
Se trata de que alguien recupere la alegría de la vida.
Se trata de que alguien pueda incorporarse a la sociedad.
El amor al hombre está por encima de los propios riesgos.
Quien sería capaz de dar su vida por nosotros, ¿iba a tener miedo a la lepra?

Señor, felizmente hoy la lepra está prácticamente supera.
Sin embargo, Señor, todavía somos muchos los leprosos que quedamos.
“Si quieres” ¿no podía limpiarnos de la lepra del egoísmo del tener?
“Si quieres”¿no podías limpiarnos de esas indiferencias que secan nuestro corazón?
“Si quieres” ¿no podías limpiarnos de esas indiferencias frente a la pobre de los demás?
“Si quieres” ¿no podías limpiarnos de esos orgullos que aplastan a los demás?
“Si quieres” ¿no podías limpiar nuestro corazón de tanta basura que bajamos de Internet?
“Si quieres” ¿no podías limpiar nuestro corazón de tantas esclavitudes de nuestras pasiones?
“Si quieres” ¿no podías limpiar hoy nuestras manos de tantos crímenes?
“Si quieres” ¿no podías limpiar hoy nuestro mundo de tantas muertes inútiles?
“Si quiere” ¿no podías limpiar hoy nuestra mente de tanta mentira?

Señor, también nosotros nos ponemos de rodillas delante de ti para que nos cures, nos sanes, nos devuelvas la salud.
No te pedimos que te fijes en tantos que sufren a nuestro lado.
Te pedimos que, “si quieres” muevas nuestros corazones para que seamos nosotros los que nos detengamos ante ellos y recobren su dignidad y la alegría de la vida.

Clemente Sobrado C. P.