Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 6ta semana – Ciclo A

“Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre”. (Jn 16,23-28)

Aquí en la vida solemos necesitar en enchufes, de intermediarios, de alguien que nos ayude a abrir las puertas de los de arriba, a donde nosotros no podemos llegar.

San Pablo de la CruzCuando San Pablo de la Cruz, Fundador de los Pasionistas, escribió su primera Regla y decidió fundar la Congregación, lo primero que hizo fue ponerse en camino del Vaticano (entonces El Quirinal) para hablar personalmente con el Papa. Cuando la guardia lo vio como un mendigo, lo echó lejos a puntapiés. Desilusionado fue a sentarse en las Cuatro Fuentes y a comerse el último mendrugo de pan que le quedaba.
Los Santos creen que las puertas del Vaticano están abiertas a todos, también a los mendigos. Pero Pablo se dio con la sorpresa de que sus puertas sólo estaban abiertas para los de arriba, para los grandes. No para los santos con facha de mendigos.

Con frecuencia, a nosotros nos sucede algo parecido con Dios.
Buscamos a todos los intercesores posible para que nos escuche.
Por eso hay tanto Santo por ahí cuya misión es hacer milagros cada día.
Y por eso existen tantas “cadenas de oraciones” a este o aquel Santo, como garantía infalible de que Dios nos hará caso.

Me encanta lo que Jesús dice a sus discípulos: “y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros”. Y nos da la mejor de las razones y esperanzas: “Pues el Padre mismo os quiere”.
Ante Dios no necesitamos de enchufes.
Ante Dios no necesitamos de recomendaciones.
Ante Dios no necesitamos de influencias.
Nos basta una sola cosa: “Dios nos quiere”. “Dios nos ama”.

El amor no necesita de influencias o recomendaciones.
El amor es suficiente para escucharnos, oír nuestros sufrimientos y nuestras necesidades.
No hace falta que nadie se lo vaya a contar a Dios para que se compadezca de nosotros.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente abiertos como para ver nuestra realidad.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente claros para ver nuestras necesidades.
El amor del Padre tiene ojos suficientemente vivos como para atendernos, incluso antes de que se lo pidamos.

Nuestra mejor recomendación para que el Padre nos escuche y atienda será siempre:
Nuestro amor a su Hijo Jesús.
Nuestra fe en su Hijo Jesús.
Nuestro amor a aquellos en necesitados en los que Jesús se encarna.
Nuestro amor a aquellos que tienen hambre y sed y les damos de comer y beber.
Nuestro amor a aquellos que están desnudos y nosotros vestimos.
Nuestro amor a aquellos que están enfermos y nosotros acompañamos.
Nuestro amor a aquellos que están en la cárcel y nosotros visitamos.

El Padre no necesita que le enviemos recomendaciones.
Le basta el amor de su corazón.
Nosotros no necesitamos enviarle recomendaciones.
Basta que amemos de verdad a Jesús, su Hijo, y todo lo que su Hijo ama.

La base y fundamento de nuestra oración no puede ser otra que nuestra fe y nuestro amor.
El que ama escucha.
Al que ama el Padre le escucha.
La mejor voz de nuestra oración será siempre la fe y el amor.

Pensamiento: Olvídate de tantas “cadenas milagrosas” y pon un poco más de amor en tu corazón. Ahí está la eficacia de tu oración.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 6ta semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría”. (Jn 16,20-23)

Jesús no oculta la realidad y las consecuencias de seguirle, de ser cristiano, de creer.
La fe no es garantía alguna de que nuestra vida será toda ella una fiesta.
Más bien, nos dice que la fe:
Tiene momentos difíciles.
Tiene momentos de oscuridad.
Tiene momentos de tristeza.
Y que incluso, mientras nuestra fe nos hace sufrir y nos lleva por caminos de tristeza, el mundo, los que no creen, viven felices y alegres. No se hacen problema de nada. Y disfrutan de todo lo que les apetece.

Pero Jesús también es claro en las consecuencias:
Hay tristezas que terminan en alegría.
Hay tristezas que son fuente de alegría.
Mientras que hay alegrías que terminan en tristeza.
Digamos que un día de parranda suele terminar luego en un día de vacío.
Digamos que un fin de semana de borrachera y algo más, termina en un lunes de velorio.
Digamos que un momento de placer puede terminar luego en un tremendo disgusto.

Esto lo vemos cada día.
Jesús no está justificando la tristeza del cristiano que ha optado por seguirle.
Jesús no es de los que justifica el sufrimiento y el dolor.
Jesús es de los que parte de la realidad de la vida.
Y también de la realidad de la fe y del seguimiento de él.

Sencillamente quiere manifestar que:
El que le sigue tendrá que pasar por su mismo camino.
El que le sigue tendrá que pasar por sus horas de pasión.
El que le sigue tendrá que pasar por sus momentos de cruz.
Pero también:
Por sus momentos de pascua.
Por sus momentos de resurrección.
Por sus momentos de una vida nueva.
Y que lo que en un momento fue motivo de tristeza:
Terminará en la alegría pascual.
Terminará en la alegría de volver a encontrarse con él resucitado.
Terminará en la alegría de volver a compartir la vida con el resucitado.

No podemos evitar las horas de Pasión y de Cruz.
No podemos evitar las horas de hundimiento y humillación.
Pero tampoco podremos evitar las alegrías del día de Pascua.
No podremos evitar las alegrías de reconocerle en la “fracción del pan”.
No podremos evitar las alegrías de reconocerle en medio de nosotros, mientras estamos muertos de miedo.
No podremos evitar las alegrías de sentirnos invitados a almorzar con él en la playa, con las brasas encendidas y unos peces ya a punto para comer.

Jesús no niega las durezas de la vida.
Pero tampoco oculta que el dolor no dura toda una vida.
Jesús no niega que tendremos que pasar por momentos difíciles.
Pero tampoco esconde que habrá momentos de gozo y alegría.
Jesús no niega que habrá momentos de oscuridad de la fe.
Pero tampoco dice que no tengamos momentos de felicidad por creer.
Sencillamente nos hace ver que la vida del cristiano:
No es como la vida del mundo.
Pero tampoco niega las verdaderas alegrías no ser del mundo.
Al contrario, nos garantiza que los sufrimientos a consecuencia de la fe, tienen un final feliz.
La felicidad de un nuevo encuentro.
La felicidad de una manera nueva de ver el mundo.
Que no podremos evitar la Pasión y la Cruz.
Pero que tampoco podremos escaparnos a las alegrías pascuales.
Es decir, Jesús reconoce los momentos difíciles de la vida, pero nos anuncia que siempre tendrán que estar iluminados por la esperanza cristiana.

Pensamiento: ¿Sufres hoy? No te desesperes, la alegría te espera a la vuelta de la esquina.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 6ta semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Dentro de poco ya no me veréis pero poco más tarde me volveréis a ver” Comentaron entonces algunos discípulos: “¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver, y eso de “me voy al Padre?” Y se preguntaban: “¿Qué significa ese “poco”? (Jn 16,16-20)

Hay momentos, en estos discursos de la Ultima Cena, que dan la impresión de un diálogo de una madre con sus hijitos.
– “Hijitos, quedaos aquí un ratito que enseguida vuelvo”.
– “Portaos bonito”.
– Es un ratito no más.

Algo parecido hace Jesús con los suyos.
¿Sabéis? Me voy por poquito de tiempo.
Pero, estaos tranquilos, que vuelvo enseguida.
Por unas horas, no me vais a ver, porque voy al Padre.
Pero serán solo unas horas, porque volveré y me veréis de nuevo.
¡Con qué delicadeza les anuncia Jesús las horas de su Pasión y Muerte!

Pero los Discípulos hace tiempo dejaron de ser niños.
Ya su cabeza piensa las cosas, por eso no entienden nada.
Acostumbrados a que Jesús les dedicaba todo su tiempo, y apenas los dejaba solos, ahora no logran entender por qué los vaya a dejar por unas horas.
La verdad que uno siente como si fuesen niños pequeños que aún no saben estar ni caminar solos.

Aún no han madurado lo suficiente:
Como para ser ellos mismos.
Como para valerse por sí mismos.
Como para caminar por ellos mismos.
Incluso la tierna explicación que Jesús les da, no logran entenderla.

¿No es también esto lo que nos suele suceder a nosotros?
Fácilmente nos acostumbramos a sentir la presencia de Dios a nuestro lado.
Fácilmente nos acostumbramos a ese gozo espiritual de experimentar la cercanía de Dios.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos de alegría de nuestra fe.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos de sentir que todo nos sale bien.
Fácilmente nos acostumbramos a esos momentos en los que todo sale a nuestro gusto.

Pero, igualmente, pronto comenzamos a desconcertarnos:
Cuando sentimos que la fe se nos va, se nos apaga, porque sentimos frío el corazón.
Cuando sentimos que Dios, pareciera que ya no nos escucha, por más que le pedimos.
Cuando sentimos que Dios, diera la impresión de no hacernos caso.
Cuando sentimos que el sufrimiento nos tiene postrados y Dios ni se da por enterado.
Cuando sentimos que, a pesar de nuestras oraciones, nuestras Misas y comuniones, todo nos sale mal.

Tampoco nosotros logramos comprender esas pocas horas de “pasión y de cruz” que con frecuencia suenan en el reloj de nuestras vidas.
Tampoco nosotros logramos comprender esas “aparentes ausencias” de Dios.
Porque también en nuestras vidas hay “nuestras horas de pasión”.
También en nuestras vidas hay “nuestras horas de cruz”.
Y el cielo de nuestro corazón aparece nublado.
Y surgen los ¿por qué?
Y no encontramos respuesta alguna.

Sin embargo, como dice Jesús: “lloraréis y os lamentaréis”.
Y mientras tanto, vemos como otros que ni creen, ni oran, ni van a Misa, ni comulgan, dan la impresión de pasárselo “bomba”.
Y nos olvidamos que esas nubes que oscurecen nuestro espíritu, el viento las llevará.
Y volveremos a contemplar radiante el sol pascual que nos ilumina y nos devuelve la alegría de nuestra fe.
La vida ni todos los días son de fiesta ni todos son laborables.
No todos los días son primaverales, pero tampoco invernales.
Las nubes oscurecen el día. Pero el sol volverá a iluminarlo todo.

Pensamiento: Los vacíos del espíritu duran un momento, la alegría del Espíritu permanece para siempre.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 6ta semana – Ciclo A

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hale no será suyo; hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir” (Jn 16,12-15)

Nadie tiene la verdad plena.
Todos somos peregrinos buscadores de la verdad.
La misma Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II “camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad”. (DV 9)
La misión del Espíritu Santo es triple:
Enseñar lo que Jesús mismo no pudo decirnos.
Enseñarnos a comprender lo que dijo mientras estaba con nosotros.
Enseñarnos lo que aún “está por venir”.

Dios se va revelando al hombre progresivamente, según el hombre va siendo capaz de comprenderle.
Los mismos Discípulos fueron incapaces de comprender muchas cosas de las que anunciaba Jesús.
¿Cómo entender las Bienaventuranzas con la simple razón y nuestra mentalidad?
¿Cómo entender el misterio de su Pasión y de su Muerte crucificado?
Pedro sufrió un buen escarmiento al sentir que Jesús lo comparaba con Satanás, porque no entendía ni quería entender que “el Hijo del Hombre tenia que sufrir mucho…”

Una de las acciones del Resucitado fue “abrirles la inteligencia” para que entendieran su Muerte desde lo que decían las Escrituras de él.
Tuvieron que ir poco a poco reconociéndole como resucitado, pues no cabía en su cabeza.
También Tomás tuvo su llamada de atención.

¿Y a caso las podemos entender hoy desde nuestro racionalismo?
La misión del Espíritu es actualizar el Evangelio de Jesús.
La misión del Espíritu es hacernos comprender la verdadera dimensión de las enseñanzas de Jesús para las que no estamos preparados, porque la mentalidad del mundo es más fuerte y viva y constante.

Como bien escribe Pagola:
“Sin el Espíritu, Dios se ausenta,
Cristo queda lejos como un personaje del pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia pura organización,
la esperanza es reemplazada por la institución,
la misión se reduce a propaganda,
la liturgia se congela,
la audacia evangélica desaparece”.

El Espíritu Santo es el que nos guía hacia esa verdad plena.
Una verdad que fue sembrada en semillas por Jesús, pero que está llamada a crecer y a desarrollarse. Sin su acción nos quedamos en el pasado.
Por eso una de las funciones del Espíritu Santo es “comunicarnos lo que está por venir”.

La verdad nunca estará plenamente hecha.
La verdad se va haciendo cada día al ritmo de lo acontecimientos, de los nuevos cambios, de la nueva cultura. Realidades que ni eran pensables en tiempos de Jesús.
Por eso es el Espíritu es el que:
Dinamiza la Iglesia.
Actualiza a la Iglesia.
Hace peregrina a la Iglesia.
Pone al día a la Iglesia.
Inspira los cambios necesarios para entender hoy el Evangelio.

Quien tiene miedo a nuevas lecturas del Evangelio hoy, no tiene el Espíritu-
Quien tiene miedo a los cambios de la Iglesia hoy, no cree en el Espíritu.
Quien tiene miedo y se resiste a las actualizaciones de la Iglesia, no actúa bajo la acción del Espíritu.

Por eso, “El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”.

Pensamiento: Escuchar al Espíritu es escuchar lo que Jesús quiere decir “hoy” a su Iglesia y a cada uno de nosotros.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 6ta semana – Ciclo A

“Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que me vaya; porque si me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy os lo enviaré”. (Jn 16,5-11)

Toda despedida tiene siempre algo de nostalgia.
Sentimos pena cuando alguien tiene que alejarse de nosotros.
Sentimos pena cuando uno de los hijos abandona el hogar porque se va a crear uno nuevo.
Sentimos pena cuando alguien se nos va porque es llamado por el Padre.

Sin embargo, hay despedidas que, aunque duelan en el corazón, son convenientes y necesarias. Los hijos no han crecido para quedarse siempre con los padres. También ellos están llamados a formar una nueva familia.

Es lógico que los Discípulos sientan la nostalgia del anuncio de que Jesús se les va y se está despidiendo.
Pero, Jesús mismo reconoce y lo dice que “os conviene que me vaya”.
No sólo es el regreso de Jesús a su condición divina, de donde vino por la encarnación.
Es también conveniente para que su obra se complete en ellos con la venida del Espíritu Santo, al que él llama Defensor.

Nos conviene que Jesús se vaya, pasando por el trance de la muerte, para así revelar plenamente el amor del Padre
Nos conviene que Jesús se vaya, porque su obra quedaría incompleta hasta que recibamos el don del Espíritu Santo.
Nos movemos en un clima trinitario:
El Padre que envía al hijo.
El Hijo que se hace uno de nosotros y anuncia el Reino.
El Espíritu Santo que completará la obra de Jesús en nosotros, haciéndonos hombres nuevos.

El Padre no es de lo que sueña con algo grande en los hombres.
Es el que realiza sus sueños a través del Hijo y del Espíritu Santo.
El Padre, a pesar de lo mal que lo pasó el Hijo en medio de nosotros, proseguirá su obra mediante el Espíritu.
El Padre no es lo que sueña cosas grandes y luego quedan en sueños bonitos.
El Padre no es de los que comienza algo, y luego lo deja a medio camino.
El Padre es el que lleva a cabo los sueños de su corazón hasta el final.

Jesús se va, pero como les dijo, volverá para estar a su lado.
Pero ahora, será en compañía del Espíritu Santo.
Y esa es la Iglesia:
Sacramento de Hijo que vive en ella, porque es suya.
Sacramento del Espíritu santo que es como el alma que la renueva, la ilumina y la actualiza cada día.

Dios no deja al hombre solo, condenado a su suerte.
Dios se hace compañero del hombre.
Dios se hace caminante con el hombre.
Muchas veces ocultará su rostro, pero estará ahí.
Muchas veces dará la impresión de dejarnos solos, pero estará a nuestro lado.
Y sobre todo, tenemos la seguridad de que el Defensor, será como la savia secreta que:
Nos dará vida.
Nos calentará interiormente en nuestros fríos espirituales.
Nos iluminará interiormente en nuestras oscuridades.
Nos fortalecerá en nuestras debilidades.
Mantendrá viva la llama del amor.

Jesús termina su obra, pero dejando viva la esperanza.
Jesús termina su obra, pero dejándonos su Espíritu.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros lo continuemos.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros la actualicemos.
Jesús termina su obra, pero para que nosotros la hagamos contemporánea.

Pensamiento: Todos vivimos despidiéndonos. Nos despedimos de la niñez. Nos despedimos de la adolescencia y juventud. Nos despedimos de la madurez. Y nos despediremos, cuando él venga a buscarnos, de nuestra ancianidad.

Clemente Sobrado cp.

Pensamientos para caminar: Los hijos (8va parte)

Lee la 7ma parte de este post aquí: https://goo.gl/m322Jj  

36.- Cada día compramos el periódico, escuchamos los noticieros de radio, TV. Queremos estar informados de las noticias. Sin embargo, cada día lo más importante es hacer que tu vida sea noticia para ti y para los demás. Por eso necesitas embellecerla de tal forma que cada día tenga novedad a vida y la novedad de la vida.

37.- Decía Tagore: “mientras voy caminando, se me derrama el agua de mi cántaro. Qué poca queda para mi casa…” Estimado amigo, en tu caminar por la vida vas derramando alegría, optimismo, esperanza, amor. Pero, a tu regreso a casa, ¿se habrá vaciado tu cántaro? ¿Por qué sonríes fuera y eres tan serio dentro? ¿Por qué hablas tan bonito en la calle y eres tan áspero en tu casa? Son los tuyos los que más necesitan de ti y de la bondad de tu corazón. No te vacíes fuera. Guarda siempre algo para los seres queridos que te esperan.

38.- San Valentín. Día de los enamorados. ¿Serán enamorados solo los jóvenes? Y los adultos y los viejos… qué… ¿solo recuerdos de un pasado lejano…? Cuando el enamoramiento termina con los últimos días de la juventud, el enamoramiento fue un juego. La verdad de los enamorados solo se aclara cuando dejan de ser jóvenes, solteros y se hacen maduros o se casan. Porque también los casados han de ser los eternos enamorados.

Old Couple

Flickr: Adam Cohn

39.- “Dos caminos divergían en el bosque. Y yo me fui por el menos transitado” Esto lo escribe Robert Frost en “El camino no tomado”. En tu vida, joven, hay siempre dos caminos: aquel por donde va todo el mundo y aquel otro solitario que te espera a ti. Si quieres ser tú mismo y no uno más entre tantos, elige el menos transitado. Sería un camino más solitario, pero es así, el camino que nos hace grandes es camino para pocos.

40.- Alguien dijo: “su lengua está de servicio, pero su cerebro está de licencia”. Es ésta una gran verdad. Unos dicen lo que piensan cuando en realidad están diciendo lo que sienten. Otros piensan lo que dicen. Y otros dicen y no piensan. Por eso necesitan hablar de los demás, porque en su cabeza no hay ideas que decir. Si no vas a decir algo que valga la pena, es mejor que no hables.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 6ta semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho”. (Jn 15,26-16,4)

El Evangelio es continuación de la promesa del Espíritu Santo.

Ayer nos decía Jesús que él mismo pediría al Padre nos envíe al Defensor, el Espíritu de la verdad.
Hoy nos dice “Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad”.
Uno tiene la pobre idea de que en el cielo todo es tranquilidad, donde no se mueve ni una hoja. Pero Jesús nos dice otra cosa.
En el cielo se mueven todos:
Se mueve el Hijo pidiendo al Padre.
Se mueve el Padre que nos envía al Espíritu.
Se mueve el Espíritu que viene a nosotros.
Todo está en movimiento porque en Dios está la vida.
Y todo lo que vive se mueve.
Solo lo que está muerto está inmóvil.

Y todo se mueve en función de nosotros.
Se mueve el Padre enviándonos al Hijo.
Se mueve el Padre enviándonos al Espíritu Santo.
Se mueve el Hijo bajando a nosotros y encarnándonos.
Se mueve el Hijo para estar con nosotros y no dejarnos huérfanos.
Se mueve el Espíritu Santo para habitar en nosotros.

Una nueva función del Espíritu Santo en nosotros:
El dará testimonio de la verdad de Jesús.
Pagola dice con gran acierto:
“Sin el Espíritu, Dios se ausenta.
Cristo queda lejos como un personaje del pasado.
El Evangelio es letra muerta.
La Iglesia es pura organización.
La esperanza es reemplazad por la institución.
La misión se reduce a propaganda.
La liturgia se congela.
La audacia evangelizadora desaparece”.

Es el Espíritu el que da vida a todo.
Da vida a Dios en nosotros.
Hace que lo sintamos como una realidad viva y vivificante.
Al mismo tiempo es quien da vida, actualiza a Jesús.
Es el que hace real a Jesús hoy en la Iglesia.
De contrario Jesús pertenecería al pasado como un gran personaje.
Pero el Espíritu lo hace contemporáneo, lo hace realidad hoy.
No es ni un Jesús del pasado, ni un Jesús muerto.
Es un Jesús de hoy y para hoy.

Da testimonio de Jesús:
Lo que hace posible creamos en Jesús hoy.
Lo que hace posible la fe en Jesús hoy.
Lo que hace posible la fe hoy en lo dijo e hizo Jesús.
Pero como realidad de hoy y no solo del pasado.
Jesús es hoy.
El Evangelio es hoy.
El Espíritu Santo como testigo de Jesús en nosotros.
El Espíritu Santo testimoniando la verdad de Jesús en nuestros corazones.

Pero Jesús no solo necesita del testimonio del Espíritu Santo.
También necesita de nuestro testimonio.
Creemos en El.
Vivimos de El.
Pero tenemos ser sus “testigos” como El mismo les dijo.
Tenemos que testimoniarlo nosotros hoy.
Porque el mundo:
Creerá en Jesús a través de nuestro testimonio.
Creerá en la vida de Jesús a través del testimonio de la nuestra.
Creerá en el Evangelio a través nuestro testimonio.

Será un testimonio fruto del Espíritu en nosotros.
Será un testimonio porque también nosotros estamos con El.

Amigos: no somos cualquier cosa.
Nuestra vida está movida y animada por el Espíritu, incluso en los momentos difíciles.
Y que luego seamos nosotros sus testigos para que el mundo crea.
Misión difícil, pero bella y hermosa que engrandece nuestras vidas

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 6 – Ciclo A

“Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos. Yo le pediré al Padre les dé el otro Defensor, que esté siempre con ustedes, el espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, lo conocen, porque, porque vive con ustedes y está en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré”. (Jn 14,15-21)

A Dios no le gusta vivamos en la soledad espiritual.
Dios nos ha hecho relación y comunicación.
Jesús se nos va y los discípulos se sienten solos.
Pero Jesús trata de romper esa soledad.
Hasta ahora estaban con El.
Pero ahora que El se va, pedirá al Padre que nos envíe al Defensor.
Que es el espíritu de la verdad.

¿Siempre me he preguntado por qué la llama defensor?
Y ahora parece que lo voy entendiendo.
El mundo no puede recibirlo ni conocerlo.
Porque el mundo vive una realidad distinta a los que le siguen a El.
Ayer nos decía que el “mundo nos odiará”.
El mundo nos perseguirá y rechazará.
Y nosotros necesitamos de alguien que nos defienda.
Alguien que viva dentro de nosotros.
Alguien que esté con nosotros.
Para defendernos contra esos rechazos del mundo.
Para defendernos contra esos odios.
Para defendernos del peligro de huir de esos odios y acoplarnos al mundo.
Es el Espíritu quien nos dará fuerza:
Para decir sí al Evangelio donde el Evangelio es un peligro.
Para ser fuertes cuando el mundo nos amenace.
Para ser fuertes cuando tenemos el peligro de ser infieles.
Para ser fuertes cuando tenemos que defender la verdad.
Por eso, Jesús la llama también “el Espíritu de la verdad”.
De la verdad de Dios.
De la verdad de Jesús.
De la verdad de nuestra fe.
De la verdad del amor.

Y además, Jesús nos deja una promesa consoladora.
“No os dejaré huérfanos”.
Porque, aunque El se va, “volveré”.
Es triste la vida de un huérfano.
Al huérfano le falta el calor de la madre o del padre.
El huérfano no es de nadie, lo pasamos a alguien que quiera hacer de madre o de padre”.

“El cristiano no es un huérfano”.
El cristiano “no es huérfano de Padre”
Porque Dios sigue siendo nuestro padre.
El cristiano “no es huérfano”, porque estamos habitados por el Espíritu.
El cristiano “no es huérfano”, porque Jesús seguirá con nosotros.
El cristiano “no es huérfano”, porque Jesús le ha dado la Iglesia como “madre”.
El cristiano “no es huérfano”, porque tenemos como familia, la misma familia de Dios:
“Y vendremos a él y moraremos en él”.
El cristiano vive habitado por la familia de Dios.
El cristiano vive en la familia de Dios.
El cristiano vive la compañía de Jesús.
“Yo estaré con vosotros hasta el final de los siglos”.
El cristiano está habitado por dentro y acompañado por fuera.

Jesús no nos dejará huérfanos.
Pero tampoco nosotros podemos dejar huérfanos a los demás.
Tenemos que arroparlos con nuestro amor.
Tenemos que sentirlos familia nuestra.
Tenemos que sentirnos familia de todos.
Yo no te dejaré huérfano.
Espero que tampoco tú me dejes huérfano.

Clemente Sobrado cp.