Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Domingo 5 – Ciclo A

“Señor, tu amigo está enfermo”. Esta enfermedad no es de muerte, sino que servirá para gloria de Dios, para que el Hijo sea glorificado”. “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. “Tu hermano resucitará”. Quiten la piedra”. “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. “No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” “Lázaro, ven fuera”. (Jn 11,1-45)

Llegamos al último domingo de cuaresma.
Todo un camino que espero hayamos podido recorrer todos.
Luego fue la tentación: Jesús en el desierto.
Luego fue la transfiguración-Jesús Palabra: Jesús en el Tabor.
Luego fue el agua viva: la samaritana.
Luego fue la luz: el ciego de nacimiento.
Ahora es la vida: la resurrección de Lázaro.

“Señor, tu amigo está enfermo”.
¿Qué manera más bella de pedirle a Jesús haga algo por su hermano.
Ni le pide que venga rápido.
Ni le pide que lo sane.
Donde hay verdadera amistad es suficiente expresar el deseo.
¿No fue también esta la oración de Jesús en la Ultima Cena: “Padre, este es mi deseo, que aquellos que me diste estén conmigo donde yo estoy”.

“No es enfermedad de muerte”
Jesús ve la enfermedad de Lázaro como un momento:
Para poner de manifiesto ante sus amigos la gloria de Dios.
Para ofrecerles el testimonio de que él es la vida.
Será el momento de probar la fe de las dos hermanas.
Será el momento para manifestar que El es la vida que triunfa sobre la muerte.

“Si hubiese estado aquí, no hubiese muerto mi hermano”.
Marta expresa nuestros sentimientos humanos.
También nosotros solemos quejarnos de que la culpa de la muerte de un ser querido es culpa de Dios.
Nosotros le hemos pedido y orado.
Y diera la impresión de que no quiso escucharnos.
Y le hacemos responsable de que nuestro ser querido haya muerto.

A todos nos resulta difícil:
Comprender los caminos de Dios.
Comprender las actitudes de Dios.
Porque lo que para nosotros puede sonar a muerte.
Para Dios puede hablarnos de vida.
Para Dios puede ser una manera de manifestar su gloria.

Jesús no puede traicionar su amistad.
Los tres hermanos terminan siendo como una especie de familia de Jesús cuando sube a Jerusalén.
Jesús es sensible a los sentimientos de las hermanas.
A Jesús le duele la pérdida de Lázaro.
A Jesús se le rompe el alma ante las lágrimas de las dos hermanos.
Y por eso decide devolver a Lázaro a la vida.
Lo que ya parecía perdido, porque ya llevaba cuatro días enterrado, se va convertir en un momento de fe.
Jesús no es solo resurrección a la vida en el último día.
Jesús es ya vida ahora.
Jesús es capaz de convertir la muerte en revelación de Dios.
Jesús es capaz de glorificar a Dios devolviendo a Lázaro a la vida.
Donde todos veían muerte, Jesús ve vida.
Donde todos olían a corrupción, Jesús huele a vida.
Donde todos ven sepulcro cerrado, Jesús ordena abrirlo.
Donde todos ven a un muerto vendado, él ordena desatarlo.
Donde todos ven un sepulcro guardando un muerto, Jesús le ordena salir afuera y andar.

Muchas de nuestras quejas son faltas de fe.
Muchas de nuestros lamentos son falta de confianza.
Muchas de nuestras interpretaciones tienen mucho de humano, pero no logran descubrir el misterio de vida de Dios.

Clemente Sobrado cp.

Pensamientos de camino a la Pascua (3ra parte)

Cuaresma camino pascua

15.- «Vosotros lo decís: Yo soy». (Lc 22, 70)
Todo el tiempo has estado callado. No has dicho ni palabra. Han desafiado tu sensibilidad y tú has guardado silencio. Te prendieron y callaste. Te arrestaron y callaste. Se burlaron de ti y callaste. Sin embargo ahora ya no puedes callar. Tú quieres jugar limpio. Ahora está de por medio la confesión de tu identidad. Y ahí el silencio no sirve. Hay momentos en la vida en los que la mejor palabra es el silencio. Y hay momentos en los que el silencio es culpable. Hay momentos en los que no podemos callar. No se puede callar cuando el silencio pueda significar una cobardía culpable. No puedo callar cuando debo confesar mi identidad bautismal. No puedo callar cuando mi hermano sufre injusticia.

16.- «Los Judíos no entraron en el pretorio para no contaminarse
y poder comer el cordero de Pascua». (Jn 18, 28)
Señor, ¿nos creemos que somos originales? Tenemos miedo a contaminarnos entrando en casa de un hombre pagano, pero no tenemos miedo a contaminarnos con tu muerte. Tenemos miedo a ensuciarnos entrando en casa de un pagano, pero no tenemos miedo a ensuciarnos pidiendo sentencia de muerte contra ti. Podemos comer el cordero pascual sometiéndote a ti a nuestras esclavitudes, pero no podemos comerlo si pisamos tierra pagana. Podemos comer el cordero pascual haciéndonos responsables de tu crucifixión y muerte, pero no entrando en contacto con los malos. Podemos comer el cordero pascual matándote, pero no podríamos comerlo si te reconociéramos inocente. Matar al hermano no mancha… Dejarlo morir de hambre no mancha… Crucificarlo con nuestras injusticias no mancha …. ¡Cuánta falsedad, Señor!

17.- «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley» (Jn 18, 31)
Ya ves, Señor, te llevan como pelota de ping pong. Te llevan de un tribunal a otro. Nadie encuentra nada que justifique tu condena. Sin embargo, todos empeñados en condenarte. Nadie tiene razones para hacerlo. Pero, ¿de qué sirven las razones cuando ya el corazón ha dictado sentencia? ¿De qué sirven las leyes cuando otros intereses están de por medio? ¿No dicen por ahí que «hecha le ley, hecha la trampa»? Muchos que según la ley debieran estar libres ¿no están condenados por eso de la trampa? Y lo peor, Señor, nadie quiere asumir la responsabilidad. Todos te quieren ver muerto, pero todos piden que sean los otros los que te condenen.

18.- «Nosotros no podemos matar a nadie». (Jn 18, 31)
Claro, nosotros no podemos matar a nadie, pero sí podemos hacer que otros maten por nosotros. Nosotros no podemos matar a nadie, pero sí exigimos que otros maten por nosotros. Nosotros no queremos ensuciarnos con tu sangre, pero exigimos que otros se ensucien y se manchen. Es nuestra disculpa de siempre. Salvar nuestra inocencia aunque sea ensuciando la vida de los demás.

19.- «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». (Jn 18, 37)
Señor, ya lo has visto. Nadie te cree. Pilato no se cree a sí mismo. No cree tampoco en la sinceridad de los que te acusan. Pero tampoco te cree a ti. Dudamos de nosotros. Dudamos de los demás. Y dudamos de ti. Ya lo ves, al fin nadie cree con la cabeza. Todos creemos o no creemos con el corazón. Pero para que el corazón crea de verdad necesita de mucha sinceridad. No cree el corazón enredado en la mentira. No cree el corazón enredado en sus propios egoísmos. No cree la cabeza cuando no cree el corazón. Y no cree el corazón cuando falta sinceridad en el corazón.

20.- «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 39)
¿Qué es la verdad? Pregunta demasiado por la verdad quien no busca la verdad. Pregunta demasiado por la verdad quien no está dispuesto a aceptar la verdad. Pregunta demasiado por la verdad quien tiene miedo a la verdad. Demasiado sabemos de la verdad, pero es preferible enredarse en preguntas. Es más fácil preguntar por la verdad que abrirse a la verdad. Hacemos demasiadas preguntas cuando no estamos dispuestos a aceptar las respuestas.

21.- «Ningún delito encuentro yo en él». (Jn 18, 38)
En tu Pasión, Señor, todo parece estar en contra tuya. Todos se hacen acusadores tuyos. Pero tú tienes tu luz propia. Tú no eres de los que necesitan la confesión de los demás para brillar con tu propia luz. En medio de todas esas tinieblas de intereses personales y de mentiras, tú brillas como una luz que la mentira de todos no puede apagar. La verdad brilla, aún en medio de la mentira, como la luz brilla en medio de la noche.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Sábado de la 4 a. Semana – Ciclo A

“Algunos de entre la gente, que había oído los discursos de Jesús, decían: “Este es en verdad el profeta”. Otros decían: “Es el Mesías”. Así surgió entre la gente una discusión por su causa. Algunos querían arrestarlo, pero nadie le echó mano. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: “Por qué no lo han traído?” “Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. “¿También ustedes de han dejado embaucar? ¿Hay alguno de los maestros o algún fariseo que haya creído en él?” (Jn 7, 40-53)

Se ha armado el lío en torno a Jesús.
Ahora se han enredado todos.
La gente, los guardias.
Nicodemo.
Sumos Sacerdotes y fariseo.
Me encantan estos líos en torno a una persona.
Porque quiere decir que no es un cualquiera.
Un cualquiera pasa desapercibido.
Y Jesús no es un cualquiera: Es alguien que llama la atención de unos y otros.
El problema está en las lecturas que cada cual hace sobre su persona.

Ante Jesús es precisos tomar opciones.
Ante él no se puede quedar uno indiferente.
Nadie que le escuche puede quedarse marginado e indiferente.
Y es ahí donde arma los líos entre ellos mismos.
Y ahí es donde cada uno toma sus decisiones.

Mientras unos se admiran de su palabra,
Otros ven en él al verdadero profeta,
Otros ven al verdadero Mesías.
Aunque otros lo ven como un falsario y embaucador de la gente.
Mientras unos dudan, otros intentan acabar con él.
Los mismos guardias no se atreven a echarle mano porque “Jamás ha hablado nadie como este hombre”.
En el fondo es un reconocimiento de la persona de Jesús.
Pero también es un menos preciar a los Sumos Sacerdotes y fariseos.

O que sí me llama la atención es:
La falsa seguridad de las autoridades.
“Ninguno de nosotros hemos creído en él”.
Que la gente del pueblo se sienta desconcertada, lo comprendo.
Que la gente sencilla se admire de sus palabras, me agrada.
Pero que precisamente lo grandes tengan como orgullo su rechazo, ya es preocupante.

Las autoridades:
No solo mandan. También están llamadas a ser guías del pueblo.
Todos tenemos que ser testigos de El.
Pero las autoridades tienen la misión de discernir y abrir caminos.
Y lo peor, tanto en la sociedad civil como en la eclesial, tienen que ser los primeros en ayudar a la gente sencilla y no escandalizarla.

Cuanto uno está más arriba más obligación tiene de ser luz.
Cuanto uno ocupa un lugar más alto, más obligación tiene que ser testigo.
Cuanto uno ocupa un lugar más arriba, se hace más visible.
Y por tanto más responsable.

En vida de Jesús:
Son precisamente los de arriba, sus peores enemigos.
Son precisamente los peores enemigos de Jesús.
Al fin y al cabo, no será el pueblo el que le eche la mano y lo lleve preso.
Sino las autoridades.
No será el pueblo el que lo condene a muerte.
Serán las autoridades las que exigirán la condena a muerte.
Serán las autoridades las que lo crucificarán y convencerán al pueblo a que pida su muerte.

No siempre el estar más arriba ayuda a ver mejor.
No siempre el estar más en la cumbre facilita el aceptar a Dios encarnado.
No siempre el estar en la cumbre es signo de mayor apertura a Dios.
No siempre el estar por encima de todos es señal de mayor sinceridad y verdad.
Las cumbres suelen marear el corazón y la cabeza, pero no siempre los abren a la verdad del Evangelio.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 4 a. Semana – Ciclo A

Medita el Vía Crucis aquí: http://bit.ly/_ViaCrucis.

“Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: “¿No es este al que intentan matar? Pues miren cómo habla abiertamente, y no le dicen nada.¿Será que los jefes se han convencido de que es en realidad el Mesías? Entonces intentaban detenerlo; pero nadie se atrevió, porque todavía no había llegado su hora”. (Jn 7,1-2.10.25-30)

Jesús no es de los que provoca por gusto a sus enemigos.
Tampoco es de los que los rehuye.
Jesús conoce de sobre que se mueve en terreno peligroso.
Pero no por eso deja de hablar claramente y en público.
Jesús no es de los que buscan su muerte.
El amaba como nadie la vida.
Pero tampoco se esconde cuando tiene que dar cara.

La misma gente es consciente de que Jesús se mueve en tierra movediza.
“¿No es éste al que intentan matar”.
Aquí nada se hace a escondidas.
Aquí todo se hace al aire libre.
No es que la gente le reconozca como el Mesías.
Pero saben que los jefes se la tienen jurada por hacerse el Mesías.
El ambiente parece tan pesado, que la gente hasta sospecha si los jefes habrán cambiado de opinión. “¿Será que los jefes se han convencido de que es en realidad el Mesías?”
Y se admiraban de que ante tan inminente peligro “hablase tan abiertamente”.

No. Jesús no es de los que busca la muerte.
Tampoco le tiene miedo.
Ni le impide hablar lo que tiene que hablar.
Sabe que lo buscan para matarlo.
Pudiera escaparse y refugiarse en lugares más seguros.
Pero no lo hace.
Jesús es dueño de la vida y también de la muerte.

Por eso confiesa claramente que “no había llegado sus hora”.
La vida de Jesús está marcada por “su hora”.
Y su hora es la de la muerte.
Pero no es una hora que depende de los que lo persiguen.
Es la hora que responda al momento cumbre de su vida.
Antes tendrá que anunciar el Reino.
Antes será perseguido y cuestionado.
Pero él es “dueño de su hora”.
Una hora que él teme y que incluso cuando llegue le pedirá al Padre que “pase esa hora”.
Es una hora que le causa tristeza, angustia y miedo.
Pero que él sabe que es “su verdadera hora”.
Será la hora de la plenitud de su vida.
Humanamente parecerá que es la hora del fracaso divino y del triunfo humano.
Pero él es consciente de que esa hora es la cumbre su encarnación.
Es la cumbre de la manifestación del amor.
Es la cumbre de la mesianidad salvadora.
No será él quien la busque.
Será la hora de los jefes que, por fin acabarán con él.
Pero será la hora en la que la verdad se manifestará por encima de los intereses humanos.

Todos tenemos nuestra hora.
La hora de la fidelidad hasta el extremo.
La hora del testimonio pleno de fidelidad bautismal.
La hora del testimonio de una vida vivida en medio de contradicciones.
Pero también la hora de una vida vivida en plena fidelidad a Dios.
No somos dueños de esa hora.
Pero sí somos dueños de nuestra libertad en aceptarla.
Pero sí somos dueños de dejarnos sacrificar como testimonio de Evangelio.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 4 a. Semana – Ciclo A

“Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz, ni han visto su rostro, ni su palabra habita en ustedes, porque no creen al que él ha enviado. Ustedes investigan las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna, pues ellas están dando testimonio de mí, sin embargo ¡ustedes no quieren venir a mí para tener vida!” (Jn 5,31-47)

Sigue el discurso de Jesús con los judíos.
Un discurso en el que Jesús busca ser reconocido como el Hijo del Padre.
Y parece chocar contra la roca de los intereses de los jefes que se niegan a aceptarlo.

Jesús habla de dos testimonios a su favor.
En primer lugar, el testimonio de Juan el Bautista.
Al que ellos no quisieron escuchar.
En segundo lugar, el testimonio que da a su favor el mismo Padre.
Testimonio del Padre que se manifiesta en las obras que él hace.

Jesús les habla claramente por qué no creen en el testimonio del Padre:
Nunca han escuchado su voz.
Nunca han visto su rostro.
Ni la palabra de Dios habita en ellos.

Leen mucho las Escrituras:
Pensando encontrar en ellas la vida eterna.
Pero esas mismas Escrituras son las que hablan de El.
Son ellas las que dan testimonio de él.
Y sin embargo, siguen negándose en aceptarle a El.
Las Escrituras dan vida en la medida en que creen en El.
Y como no creen en él ni lo aceptan, tampoco tienen vida.

La Palabra de Dios da vida:
Cuando se la lee como Palabra del Padre.
Cuando se la lee como Palabra del mismo Jesús.
Cuando se la lee creyendo en Jesús.

Las Escrituras:
No son un libro más para saber más.
Sino un libro que es preciso leer como revelación de Dios.
Como revelación del Hijo.
No es suficiente leer las Escrituras si no nos encontramos con Jesús.
No es suficiente leer las Escrituras si no nos llegan a un conocimiento más pleno del Padre.
Porque no son un libro para saber.
Son un libro para descubrir al Padre y al Hijo.
Son un libro para reconocer al Padre y al Hijo.
Son un libro para experimentar al Padre y al Hijo en nosotros.

Ellos leían encontrar en las Escrituras la vida eterna.
Pero no por eso llegan a reconocer a Jesús.
No por eso llegan a una comunión con Jesús.
Porque el que realmente da la vida no es la Escritura misma.
El que da la verdadera vida es Jesús.

Hemos de estar atentos a algo:
Hoy leemos mucho las Escrituras.
Pero ¿sentimos más fe en Jesús?
Hoy leemos mucho las Escrituras.
Pero ¿sentimos que nuestra vida está más en comunión con El?
¿Cuánto cambiamos leyendo las Escrituras?
¿Cuánto crecemos en el conocimiento de Dios?
¿Cuánto crecemos en el conocimiento de Jesús?
¿Cuánto crecemos en la vida en Jesús?
¿Cuánto crece Jesús en nuestra vida?

Clemente Sobrado cp.

Pensamientos de camino a la Pascua (2da parte)

Cuaresma camino a la Pascua

8.- «¿Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?» (Lc 22, 48)
La traición se viste con un beso. La mentira se camufla con la verdad. El engaño se presenta con traje de amistad. El mal nunca presenta su propio rostro. Pero el mal tiene suficiente malicia como para utilizar el bien para sus propios camuflajes. El corazón humano tiene muchas maneras de disimular sus sentimientos. La mentira tiene muchas maneras de aparentar ser verdad. La traición tiene muchas maneras de justificarse.

9.- «Señor, ¿herimos a espada?» (Lc 22, 49)
Preferimos golpear a amar. Preferimos la fuerza al amor. Preferimos la violencia a las exigencias del corazón. Cuando no se ama, nuestro mejor recurso es la fuerza y la violencia. Cuando el corazón no ama lo único que nos queda es la espada. El mundo tiene demasiadas espadas. Y necesita más corazones. El mundo tiene demasiada violencia. Y necesita de más corazones. Porque un mundo sin corazón es un mundo frío.

10.- «se lo llevaron y le hicieron entrar en casa del Sumo Sacerdote». (Lc 22, 54)
La vida de Dios en manos de los hombres. Dios corre tremendos riesgos cuando cae en manos de los hombres. El hombre puede sentirse seguro en las manos de Dios. Pero Dios está muy inseguro en las manos de los hombres. Las manos de Dios bendicen. Las manos de Dios se abren para recibir al hombre herido. Las manos de los hombres atan, aprietan, golpean, maltratan. No importa que se trate de Dios. Es peligroso caer en las manos de los hombres. Las manos de Dios invitan. Las manos de los hombres arrastran.

11.- «Pedro iba siguiendo de lejos hasta el Palacio del Sumo Sacerdote». (Mt 26, 58)
Jesús lo invitó un día a seguirle de cerca. Pero en la Pasión, Pedro prefiere la propia seguridad y le sigue de lejos. Suficiente para ver lo que pasaba, pero a la vez, manteniendo una zona de seguridad que no le complicase la vida. Justificar la conciencia de no abandonarle. Pero también conservando la distancia suficiente para no verse inmiscuido en el problema. Es preferible hablar de los pobres que acercarse a los pobres. Es preferible hablar del dolor de los demás que acercarse a ellos y compartir sus penas. Siempre lo suficientemente cerca para sentirnos bien con nuestra conciencia. Pero también lo suficientemente lejos para que el dolor de los demás no nos toque.

12.- «Mujer, no le conozco». (Lc 22, 57)
Pedro, sé sincero. ¿No le conoces? ¿Nunca le has visto ni nunca has hablado con Él? ¿Por qué te mientes a ti mismo? ¿Por qué te quieres engañar a ti mismo? ¿Por qué quieres disimular tus propias debilidades? En ti la fuerza se hace debilidad. La valentía se hace cobardía. ¿Recuerdas, Pedro, lo de la espada? Es tan fácil engañarnos a nosotros mismos con nuestras medias verdades… Es tan fácil justificar nuestras cobardías con nuestras ignorancias…

13.- «los hombres que le tenían preso se burlaban de Él y lo maltrataban». (Lc 22, 63)
Los hombres nos parecemos todos unos a otros. Los de arriba humillan a los de abajo. y los de abajo humillan a los de más abajo. Quienes hoy maltratan a Jesús se sienten cada día maltratados por sus jefes. Pero ahora han encontrado a alguien que está todavía más abajo que ellos. Y se divierten burlándose de él y maltratándolo. Siempre hay alguien que es menos que uno. Siempre hay alguien en quien podamos revelar la pequeñez de nuestro corazón. Todos nos sentimos grandes delante del que es menos que nosotros.

14.- «¡Adivina! ¿Quién te ha pegado? (Lc 22, 64)
Qué fácil es taparte los ojos, Señor, y luego golpearte… No nos atrevemos a golpearte con los ojos abiertos. Nos divertimos más tapándote los ojos. Preferimos que seas adivino. Te golpeamos en nuestros hermanos, para que luego adivines quién ha sido. Te vendamos los ojos, para que no nos veas. Así nos sentimos más libres. Nos divertimos jugando contigo. Nos vendamos los ojos a nosotros mismos con el cuento de que creemos en ti, para así sentirnos más libres, para hacer lo que nos viene en gana. Preferimos apagar la luz para justificar nuestros tropiezos con la vida.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Miércoles de la 4 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a los judíos: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Por eso los judíos tenían ganas de matarlo: porque no solo no respetaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: “Les aseguro: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Les aseguro: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se lo llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida”. (Jn 5,17-30)

El Evangelio de hoy es continuación de la curación del paralítico.
Una curación que los sacó de quicio porque no observaba el sábado.
Y Jesús tiene un discurso provocativo:
Ante todo, presenta al Padre como el que trabaja siempre.
Lo cual viene a decirles que el Padre también trabaja el sábado cundo el hombre lo necesita.
Y que, lo mismo que el Padre, también el Hijo trabaja siempre.
Jesús quiere ratificar ante ellos su condición de Hijo de Dios.
Algo que ellos no pueden aceptar.
Aceptar que su condición divina es aceptar someterse a El.
Y ellos quieren manejarlo, someterlo a la religión de la ley.

Ahí una de las raíces de nuestra fe:
Jesús es hombre, pero más que hombre.
Jesús es idéntico al Padre.
Quien escucha a Jesús escucha también al Padre.
Por eso nosotros cuando leemos la Biblia decimos: “Palabra de Dios”.
Confieso que no me gusta esa distinción que hacemos en la Liturgia:
Al Antiguo Testamento respondemos: “Palabra de Dios”.
Al Nuevo Testamento respondemos: “Palabra del Señor”.
Uno y otro es Palabra de Dios.

Jesús nos presenta a Dios:
No sesteando cómodamente.
No tumbado cómodamente.
No sentado en su cómoda butaca.
Sino un Dios “que trabaja siempre”.
Que constantemente vive preocupado del hombre.
Que constantemente vive haciendo su trabajo en cada uno de nosotros.
Puede que no nos enteremos, pero ahora mismo Dios está trabajando con su gracia en nosotros.
Puede que pensemos que somos nosotros los que lo hacemos todo, y nos olvidamos que es Dios que sigue activo, dinámico, trabajando en nuestro corazón.

Pero lo más lindo de todo es lo que nos dice:
“Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no será llamado a juicio, porque ha pasado de la muerte a la vida”.

¿Somos conscientes de lo importante que es escuchar la Palabra?
¿Somos conscientes de que escuchando la Palabra tenemos vida eterna?
¿Somos conscientes de que escuchando la Palabra la vida eterna ya habita en nosotros?
¿Qué para tener la vida eterna no es preciso esperar a la muerte?
¿Qué la muerte no es un corte en el vacío para que se nos regale la vida eterna?
¿Qué la muerte no es el final de la vida, sino la que posibilita que la vida eterna que ya llevamos dentro brote y florezca?

Somos como el grano de trigo que por fuera es duro, pero dentro lleva aun germen de nueva vida.
Que la muerte del grano es la condición para que brote el tallo cuya semilla lleva dentro y se haga espiga.
Que es preciso morir para que amanezca la primavera de la vida eterna en nosotros.
Que, por eso mismo, nuestra muerte es como la de Jesús que amanece en resurrección, en nueva vida pascual.
No lo olvidemos: Si escuchamos su Palabra “hemos pasado de la muerte a la vida” ya aquí.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la 4 a. Semana – Ciclo A

“Hay en Jerusalén, una piscina que llaman en hebreo Betesta. Esta tiene cinco pórticos, en ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo allí tendido, y sabiendo que ya llevaba tanto tiempo, le dice:” ¿Quieres quedar sano?” “Señor, no tengo quien me meta a la piscina… Jesús le dice: “Lavántate, toma tu camilla y anda”.Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: “Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla”. El les contestó: “El que me ha curado me dijo: “Toma tu camilla y anda”. ( Jn 5,1-3,5-16)

Sí, amigos, en sábado:
Se puede estar paralítico.
Se puede seguir estando enfermo.
Se puede seguir tumbado en la camilla.
Se puede seguir viviendo sin esperanza.
Se puede seguir un año más tirado sobre la camilla.

Pero en sábado:
No se puede sanar la parálisis que impide andar.
No se puede levantarse de la camilla.
No se puede ir a casa con la camilla a cuestas.
No se puede cantar la salud recuperada después de treinta y ocho años.
No se puede volver a disfrutar de la vida.

¡Qué manera de entender la religión!
¡Qué manera de entender a Dios!
¡Qué manera de entender al hombre!

Treinta y ocho años paralítico:
Y nadie se preocupó de él.
Y nadie le echó una mano para ayudarle.
Todos pasaban a su lado y nadie le regalaba una sonrisa.
Todos pasaban junto a él y nadie se preocupaba de él.
Todos pasaban junto a él y a todos les parecía normal verlo tirado.
Es preocupante nuestra indiferencia ante el hermano que sufre.
Es preocupante nuestra insensibilidad ante el hermano inválido.
Posiblemente nadie le regalaba un saludo.
Posiblemente nadie le regalaba una palabra.
Posiblemente nadie le regalaba un sonrisa.

Es doloroso escuchar su propia confesión:
“No tengo un hombre que me dé su mano”.
No tener un hombre que le mire con cariño y le ayude a ir a la piscina.
Y todos con la conciencia tranquila.
Todos con el corazón tranquilo.
Todos pasando a su lado como extraños.

Fue necesario que pasase Jesús:
Jesús sí lo vio.
Jesús sí sintió pena de un hombre desvalido.
Jesús fue el único que hizo algo más que pasar y echarle unas monedas en el sombrero.
Jesús no pasa.
Jesús se detiene.
Jesús se para junto a él y le abre a la esperanza que había perdido:
“¿Quieres quedar sano?”
Jesús se olvidó de que era sábado.

El sábado no es razón para dejar tirado al que no puede levantarse.
La verdadera religión no es para guardar descanso en sábado.
La verdadera religión es mirar al hombre.
La verdadera religión es preocuparse por el hombre.
El verdadero culto no está en el altar.
El verdadero culto está en darle la mano a un paralítico.
El verdadero culto es sanar al hombre y devolverlo a una vida digna.
El verdadero culto pasa haciendo el bien a los demás.
El verdadero culto para por un paralítico que después de treinta y ocho años vuelve a caminar y puede volver a su casa con la camilla, su compañera de tantos años.

La verdadera religión pasa por ver las necesidades del hombre.
A Dios se llega pasando por hacer el bien al hombre paralítico.
Por más que, mientras tanto, los “buenos” se escandalicen y prefieran verlo paralítico y no caminando cantándole a la vida.
Vivía aislado por la enfermedad.
Ahora son los buenos quienes lo aíslan “expulsándolo” como pecador.
¿Quiénes son hoy los buenos y quiénes los pecadores?

Clemente Sobrado cp.