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Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 5 a. Semana – Ciclo A

“Los judíos de nuevo agarraron piedras para apedrear a Jesús. El les dice: “Muchas obras buenas, por encargo de mi Padre, les he mostrado. ¿Por cuál es ellas me quieren apedrear?”
Los judíos contestaron: “No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por una blasfemia, porque tú, siendo un hombre, te haces Dios”.

(Jn 10,31-42)

Está claro y evidente: el Dios de los judíos no es el Dios de Jesús.
Por tanto:
La religión de Jesús no puede ser la misma que la de los jefes judíos.
La enseñanza de Jesús no puede ser la misma que la de los jefes.
La visión de la vida que tiene Jesús no puede ser la que tienen los jefes.

Jesús pregunta ¿por cuál de sus obras buenas le quieren apedrear?
Pero ellos responden que no es por sus obras, sino por su blasfemia.
Para ellos, Jesús no pasa de ser un hombre como los demás.
Mientras que El se declara Dios.
Jesús y los Jefes caminan por caminos diferentes.
Jesús y los Jefes tienen ideas distintas sobre Dios.
Jesús y los Jefes tienen criterios y mentalidades distintas.
Por eso, sus diálogos no conducen a encuentros personales.
Son diálogos que no unen sino dividen.
Son diálogos que confrontan.

¿No es lo que está sucediendo hoy entre nosotros?
Estamos divididos por la religión.
Estos enfrentados por la religión.
Estamos enemistados por la religión.

Todos hablamos de Dios.
Pero cada uno tiene su propia idea de Dios.
Todos hablamos de Jesús.
Pero cada uno tiene su propia idea de Jesús.
Y así, Dios y Jesús terminan no uniéndonos sino separándonos.
Así, tenemos no una Iglesia, sino infinidad de iglesias.

Incluso llegamos:
A matarnos unos a otros por nuestra manera de ver a Dios.
A destruirnos mutuamente por nuestra manera de ver a Jesús.
Y ahora vivimos una verdadera guerra religiosa.
Quema y destrucción de templos.
Quema y destrucción de personas.
La religión se ha convertido hoy en uno de los motivos de mayor división.
Todos posiblemente con la mejor buena voluntad.
Pero todos utilizando la religión como motivo de separación y división.

Todos con demasiadas piedras en las manos para apedrear a los otros.
Nadie se fija en lo que cada uno hacemos de bueno.
Todos nos fijamos en lo que creemos.
Todos nos fijamos en lo que nos califica religiosamente.

Necesitamos de un diálogo mucho más fraterno.
Necesitamos de un diálogo que escuche al otro.
Necesitamos de un diálogo que busque clarificar nuestras ideas.
Necesitamos de un diálogo que si no logra encontrarnos, que al menos nos ayude a respetarnos.

Estas divisiones son una de las causas que hacen rechazable la religión.
Estas divisiones son una de las causas por las cuales la gente ya no quiere saber de religión.

Para dialogar:
Es preciso hablar el mismo lenguaje.
Es preciso saber escuchar al otro.
Es preciso saber respetar al otro.
Es preciso saber buscar lo que une y no lo que desune.
No podemos dialogar con piedras en las manos.
Y esto en el campo religioso.
Y en el campo político.
Y en el campo familiar.

Clemente Sobrado C. P.

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Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 28 a. Semana

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Si uno me niega ante los hombres, lo renegarán delante de los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme con el Espíritu Santo no se le perdonará”. (Lc 12,8-12)

¡Con lo que nos encantan a nosotros las recomendaciones!
Pues ahí tenemos alguien que nos puede echar una mano.
Y es nada menos que Jesús, el Hijo del hombre.
Con él a tu favor tienes la causa ganada.
Con él de tu parte el negocio está asegurado en el cielo.

Todo es cuestión de:
A favor de quien estamos.
A favor de quien damos la cara.
A favor de quien damos testimonio.
A favor de quien hablamos.
Si no nos avergonzamos de dar la cara por él en público.
Si no nos avergonzamos de dar testimonio de él ante los demás.
Si no nos avergonzamos de que se rían de nosotros por creer en él.
Si no nos avergonzamos de comportarnos como él nos pide aunque nos tengan por pasados de moda, por no ser modernos ni actuales.

Aquí podrán tenernos por raros.
Pero Jesús nos declarará como normales en el cielo.
Aquí podrán tenernos por anticuados.
Pero Jesús nos declarará como actuales en el cielo.
Aquí podrán tenernos por retrógrados.
Pero Jesús nos declarará de avanzada en el cielo.

A todos nos gusta ser actuales.
¿Pero entre los hombres que se creen modernos o en el cielo delante de Dios?
A todos nos gusta ser modernos.
¿Pero modernos ante quienes se creen actuales y son tan viejos como la vida que llevan, o a ser modernos delante de Dios?
Aunque los hombres me consideren viejo y anticuado, yo disfrutaré siendo nuevo delante de Dios.
Tú ¿por qué camino de vida escoges?

¿Y eso del Espíritu Santo no te resulta extraño?
¿Qué es eso de que todos los pecados se perdonan “menos el pecado contra el Espíritu Santo”?

Pecar contra el Espíritu es:
No creer que Dios es amor.
No creer en el amor de Dios.
No creer que Dios nos ama hasta el extremo.
No creer que somos “los amados y predilectos de Dios”.
No creer que Dios ama, incluso a los malos.
No creer que Dios ama a todos.
No creer que Dios nos ama hasta perdonarnos.

Quien no cree en el amor, no cree en el perdón.
Quien no cree en el amor, no cree que pueda ser perdonado.
Por eso el pecado contra el Espíritu Santo es pecado contra el amor.
Y como no se cree en el amor, no se deja perdonar.
Y por eso, no es que no se le pueda perdonar, sino que no se deja perdonar.
Dios todo lo puede perdonar.
Soy yo quien impido que me perdone, porque no acepto su amor.
Aunque seas el mayor pecador, cree que Dios te ama y podrás ser perdonado.
Para que haya perdón se necesitan dos:
Alguien que perdona.
Alguien que se deja perdonar.
¿Has pecado? No dejes de amar.
¿Has pecado? No dejes de creer que el amor de Dios es más que tu pecado.

Clemente Sobrado C. P.