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Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Domingo 3 º – Ciclo B

“Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; y a los cambistas sentados, y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo… no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días. (Jn 2, 13-25)

Jesús ha puesto fin a la religión de la Ley, reemplazándola con la religión del corazón y del amor.
Ya no será la religión del cumplimiento de unos deberes y obligaciones.
Será la religión del cambio del corazón.
Será la religión del amor a Dios.
Será la religión del amor a los hermanos.
Será la religión de las bodas, del buen vino, de la alegría y la fiesta,

Jesús ha puesto fin al templo para reemplazarlo por el nuevo templo que será el mismo y será cada uno de nosotros abiertos a la acción salvífica y pascual de Dios.

El templo era lo más sagrado:
Porque era el lugar de la presencia de Dios.
Porque era el lugar del encuentro del hombre con Dios.
Porque era el lugar del diálogo del hombre con Dios “lugar de oración”.

Con Jesús, el templo ya no será de materiales nobles, sino que será en primer lugar su propio corazón:
El verdadero lugar para encontrarnos con Dios será Jesús mismo resucitado.
El verdadero lugar para encontrarnos con Dios seremos cada uno de nosotros alojando a Dios en nuestro corazón.

Ya no será el lugar donde encerramos a Dios y lo sacamos de la circulación.
El verdadero templo será un espacio abierto, donde Dios habitará no secuestrado, sino libre y por la calle compartiendo la realidad de la vida de cada hombre y mujer.
Ya no será necesario ir al templo cada Pascua para encontrarnos con El. Ahora, será suficiente entrar en el corazón del Resucitado y en el corazón de cada creyente.

El templo dejará de ser un lugar de negocio.
El templo dejará de ser un lugar de mercadeo.
El templo dejará de ser un espacio donde todo se vende y todo se compra.
El templo dejará de ser un lugar de lucro, sin bueyes, ni ovejas, ni palomas ni mesas de cambio.
El templo dejará de ser un lugar donde se compran títulos y dignidades.
El templo:
Será un espacio vivo.
Será el corazón humano.
Será ese espacio donde Dios mora y habita.
Será ese espacio dondequiera que viva el hombre y la mujer.

El nuevo templo:
Será la calle por donde caminamos cada día.
Será el hogar y la familia donde vivimos cada día.
Será el lugar de trabajo donde cada día ganamos el pan de nuestros hijos.
Será el lugar donde nos divertimos y disfrutamos de las alegrías de la vida.

Dios quiere templos vivos.
Dios quiere templos donde se ame y no donde se haga negocio.
Dios quiere templos que lo hagan cercano a los hombres.
Dios quiere templos, no a donde los hombres tengan que ir par encontrarse con El, sino donde El pueda encontrarse con los hombres.
No es el hombre el que tiene que ir en peregrinación a encontrarse con Dios.
Es Dios el que sale a encontrarse con el hombre.
No es sagrado el templo hecho de manos humanas.
Sagrado es cada hombre que se nos cruza en la calle, en el merado o en el trabajo.

Por eso mismo, nuestros corazones no pueden ser supermercados de todo.
Sino espacios, pedazos de cielo, donde Dios quiere morar y habitar.
Dios sale del templo para vivir en los infinitos templos humanos.
Dios no está lejos. La distancia entre tú y Dios es la que media entre tú y tu corazón.

Clemente Sobrado C.P.

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Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 34 a. Semana – Ciclo A

“Algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre diciendo: “Soy yo” o bien, “El momento está cerca”. No vayáis tras ellos”. (Lc 21, 5-11)

Las apariencias nos fascinan.
Pero las apariencias nos fascinan.
Hoy vivimos mucho de apariencias.
Hace unos meses apareció en los periódicos una famosa artista de casi ochenta años.
Daba la impresión de muchísimo más joven.
Tanto estirar la piel.
Tanto trabajo de cirugía estética la hacía aparentar todavía muy bella.
Pero el calendario no engaña.
Bueno si eso la hacía sentirse mejor, la disculpamos.
Aunque sea viviendo en la mentira y el engaño.

El problema es que nos quedamos más con las apariencias que con la verdad.
Vivimos más de lo que no somos que de lo que somos.
Es nuestra tentación: vivir aunque sea de la mentira.
Lo importante es deslumbrar a los demás.

La verdad, a veces es dolorosa.
Pero es nuestra verdad.
La verdad externa deslumbra a los demás.
Pero solo la verdad da sentido a cada uno.
Ponemos cara de bueno, y por dentro estamos vacíos.
La cara es buena para el espejo.
Pero el alma es buena para el corazón.

Vivir del fingimiento es engañarse a sí mismo y engañar a los demás.
Vivir de la verdad es vernos como somos y no como los demás quieren vernos.
Por eso no me gusta cuando la gente dice: “tiene una carita de santo”.
Carita de santos también la tienen las imágenes de los artistas.
Pero por dentro son de madera incluso de fibra de vidrio o escayola.
Felizmente, cada vez que me miro al espejo, no me veo con cara de santo.
Me veo con una cara real, la que me dieron mis padres, y la que han ido modelando los años.
Preferiría no tener cara de santo.
Pero llevar un corazón de santo.
Prefiero llevar un corazón fiel a una cara de inocente.
Prefiero amar de verdad a no aparentar un gran amor.

La gente se deslumbraba con la belleza de la piedra y los exvotos del templo.
Pero sabían lo que había dentro.
Hoy los turistas sacarían fotos de esa belleza externa.
Pero a nadie se le ocurre sacar fotos del misterio que hay dentro.
No niego que Dios se merece lo mejor.
Ni niego que Dios se merezca Iglesia y Catedrales artísticas.
Pero lo que a Dios le interesa es que la gente se encentre con él dentro.
Lo que a Dios le interesa es que la gente hable con El dentro.
Lo que a Dios le interesa es que la gente celebre, viva, rece cante con fe dentro.

Hay gente que deslumbra en la calle.
Pero ¿alguien saca una foto a ese pobre que mendiga pidiendo limosna?
¿Alguien se detiene a mirar y dejarse cuestionar por ese niño sucio de nuestras calles?
Y sin embargo, es posible que ese a quien nadie saca fotos, sea la foto de Dios que habita en él.

Jesús es claro: “que nadie os engañe”.
Incluso si alguien dice “soy yo”.
Por el contrario nos pide que sepamos “ver”.
“Que sepamos leer a Dios en esos signos de los tiempos y de las personas”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Presentación de la Santísima Virgen.

“Entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: “Mi casa es casa de oración” pero vosotros la habéis convertido en “cueva de bandidos”. Todos los días enseñaba en el templo”. (Lc 19,45-48)

Hacemos hoy memoria de la Presentación de la Santísima Virgen.
Un templo dentro de otro templo.
María en el templo de Dios.
Dios en el templo de María.
No es el sacerdote que entra a oficiar en el templo.
Es María que entra a llenar el templo de Dios.
Es María que se convierte en el templo vivo de Dios.

La presentación de María que:
Se presenta ante Dios.
Se entrega a Dios.
Se hace toda de Dios.
Y Dios se entrega a María.
Y Dios se hace todo de María.

Nacida Inmaculada:
Es toda de Dios.
Es toda para Dios.
Es toda en Dios.
Es “la llena de gracia”.
Es “la que ha encontrado gracia ante Dios”.
Es la Obra de Dios, “hizo en mí maravillas”.
Es la Obra de Dios, “hizo en mí cosas grandes el todopoderoso”.

Somos cada uno de nosotros:
Renacidos por el Bautismo.
Purificados por el Bautismo.
Limpiados por el agua del Bautismo.
Que los cielos se abren.
Que una voz nos declara “este es mi hijo el amado, el predilecto”.

Nos presentaron a la Iglesia.
Nos presentaron a Dios.
Nos hicieron miembros de la Iglesia.
Nos hicieron hijos de Dios.
Obra de nuestros padres.
Obra de Dios.
Una vida vivida en comunión familiar.
Una vida vivida en comunión de maternidad y paternidad.
Una vida vivida en comunión con el Padre.
Una vida vivida en comunión con el Hijo.
Una vida vivida en comunión con el Espíritu Santo.

Vivimos del Padre.
Vivimos para el Padre.
Vivimos en la experiencia del Padre.

No somos María.
¡Pero nos parecemos!.
No somos María.
Pero estamos llamados a vivir del mismo horizonte divino.
No es lo que se ve de nosotros.
Es lo invisible que vive en nosotros.
Un solo horizonte: Dios.
Una sola meta: Dios.
Un solo sentido de la vida: Dios.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor”.
“Mi alma tiene sed de Ti”
“Cuándo llegaré a ver tu rostro?
“Lleva a cabo la obra que tú mismo has comenzado”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

“Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados; y haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas. ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré”. Pero él hablaba del templo de su cuerpo”. (Jn 2,13-22)

Juan es el Evangelista del cambio, de la nueva creación:
Cambo de la alianza: Bodas de Caná.
Cambio del Templo: la expulsión de los mercaderes del Templo.
Cambio de la Ley: diálogo de Nicodemo: “el que no nace de nuevo”.

Cambio del Templo:
El verdadero templo no puede ser un mercado.
El verdadero templo no puede ser un negocio de bueyes, ovejas.
El verdadero templo no puede ser un negocio de cambio de dinero.
El templo no puede ser lugar de sustento de los sacerdotes.
El templo es lugar de oración.
El templo es lugar de encuentro con Dios.
El templo es lugar de presencia de Dios.

Así como ha sido deformada la ley,
También ha sido deformado el Templo.
Y así como Jesús viene a traernos la Nueva Alianza.
También viene a traernos el nuevo Templo.
Del templo hermoso por sus piedras y ex votos.
Jesús pasa al templo de cada persona.
El será el primer nuevo templo.
Un templo que habrá que destruir.
Pero que resucitará al tercer Dios.
Desde entonces el verdadero templo donde habita Dios somos cada uno de nosotros.
Desde entonces el verdadero templo donde mora Dios somos nosotros mismos.

El nuevo Templo será Jesús.
En él se revelará y manifestará Dios.
En él se manifestará la verdad de Dios.
El será el lugar del encuentro con Dios.
“Nadie va al Padre sino por mí”.
“Quien me ve a mí ve al Padre”.

Y el nuevo templo seremos cada uno de nosotros.
“Vendremos a él y habitaremos en él”.
“¿No sabéis que sois templo de Dios?”

Los templos serán lugar de encuentro de cuantos creemos en El.
Los templos serán lugar donde celebrar el misterio pascual.
Los templos serán el lugar de oración y encuentro con Dios.
Ya no serán los templos de ladrillo.
Sino los templos de cada uno de nosotros resucitados con El.
Por eso, nosotros no somos simples cuerpos donde habita nuestra alma.
Cada uno de nosotros somos templos donde habita y mora Dios.
Los templos son lugares de encentro de creyentes en Dios.
Los templos son lugares de diálogo y comunión con Dios.
No lugares de turismo.
Ni lugares de lucro.
Los nuevos templos somos las personas vivas.
Los nuevos templos somos nosotros.
Los nuevos templos son los lugares del encentro con Dios.
Los nuevos templos son el cielo donde habita Dios.

Esta es nuestra verdadera grandeza.
Espacios habitados por Dios.
Espacios dignificados por Dios.
Espacios donde entrarnos con Dios.

Somos hombres y mujeres:
Que tenemos que respetarnos como respetamos los templos.
Que tenemos que respetarnos a nosotros mismos como la casa de Dios.
Así como nos santiguamos al pasar delante de un templo, debiéramos santiguarnos al pasar delante de cualquiera de nuestros hermanos.
No somos cuerpos con los que se puede negociar.
No somos cuerpos convertidos en un negocio donde se compre y se venda.
Somos cuerpos en los que descubrimos a Dios.
Somos cuerpos en los que adoramos a Dios.
Somos cuerpos en los que manifestamos y revelamos a Dios.

Una nueva visión del templo.
El Jesús resucitado al tercer día.
Unos hombres y mujeres en los que se revela el resucitado.
Para encontrarnos con Dios no necesitamos ir a los templos de cemento y ladrillo, basta encontrarnos con cualquiera de nuestros hermanos.
En ellos habita y mora él.
No solo lograríamos expulsar a los vendedores.
Lograríamos ver con otros ojos tanto a los hombres como a las mujeres.

Clemente Sobrado C. P.

Hay que tener coraje para cambiar

Domingo 32 Tiempo Ordinario – A
Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

El relato del Evangelio de hoy manifiesta uno de los momentos más atrevidos y arriesgados de la vida de Jesús. Juan lo sitúa al comienzo de su Evangelio marcando los tres cambios radicales del anuncio del Reino: la nueva Alianza, el nuevo Templo, la nueva Ley. En cambio los Sinópticos los sitúan al final de la vida de Jesús como el momento en el que despierta las iras de las autoridades y el pueblo y deciden terminar definitivamente con El.

Ese día que entró en el Templo y se arma de cordeles y saca a todos a patadas por profanar el Templo de Dios, Jesús es consciente de que se está corriendo el gran riesgo.
Atacar al Templo era atacar el corazón de la vida religiosa, e incluso civil, del pueblo judío. Es como si hoy alguien se atreviese a profanar la Iglesia de San Pedro en el Vaticano o incluso cualquier Iglesia parroquial de nuestros pueblos.

Para ellos era el corazón de su vida religiosa. Todo se estructuraba en torno al Templo. Profanar o anunciar la destrucción del Templo era como hacerle perder las propias raíces y el principio de identidad religiosa. Pero ¿en qué se había convertido realmente el Templo?
¿En “casa de Dios y de oración”?
¿En lugar de encuentro de fe de los fieles dispersos?
¿En lugar de experiencia religiosa de Dios?
¿O en un mercadillo, en una especie de Rastro de Madrid o nuestra Parada de Lima?

Posiblemente había muchas razones religiosas para justificar aquel comercio hasta convertirlo en “almacén de diezmos y primicias de los campesinos”. Pero a Jesús no le importó ni la centralidad del Templo, ni le importó que pudiera destruirse. El venía a anunciar el cambio. El nuevo Templo que surgiría con su muerte y resurrección. Era un riesgo. Lo era. Se corría un riesgo. Se lo corría. Lo nuevo bien vale un riesgo. No era fácil entender su actitud. Los mismos discípulos debieron esperar a que resucitase.

Bella imagen para cuantos queremos vivir abiertos a la novedad del Espíritu y de los cambios en la Iglesia. Tenemos miedo a cambiar. Preferimos quedarnos con el pasado aunque hoy ya no tenga valor ni significado. Preferimos vivir con los muerto que ya no sirve a arriesgarnos a lo nuevo que da vida.

¿Qué haría hoy Jesús con su Iglesia? ¿Qué encontraría en ella?
¿Sigue siendo la Iglesia casa de Dios o se escucha demasiado el tintineo de las monedas en las bandejas o en los despachos parroquiales? ¿Sigue siendo la Iglesia la comunidad de los servidores o preferimos seguir comprando títulos y prebendas?

¿Por qué tanto miedo al cambio en la Iglesia?
Al cambio de mentalidad.
Al cambio de muchas estructuras anquilosantes.
Al cambio de muchas ideas.
Al cambio de muchas actitudes paralizantes de la vida del Espíritu.

Los judíos vivían aferrados al Templo. Atentar contra el templo era para ellos como una especie de infidelidad a Dios y la historia de la revelación. Y sin embargo, Jesús no tiene miedo en decir “destruid este templo que yo lo reconstruiré en tres días”. Todo cambio significa no destruir sino reconstruir. Todo cambio significa sacrificar nuestras seguridades del pasado para abrirnos a las nuevas posibilidades de Dios en la Pascua de Jesús.

El cambio significa no vivir del pasado que tuvo su historia, sino vivir de la novedad del Espíritu de la Pascua. El cambio no es muerte sino vida. El cambio no es quedarse con lo de siempre sino aceptar que Jesús sigue resucitando también hoy.

Los vendedores de vacas y bueyes, los cambistas, oscurecían el verdadero sentido del templo. Hoy también en la Iglesia hay demasiados cambistas, demasiados bueyes en venta. También hoy en la Iglesia se vende y se compra. Diremos que es necesario para la subsistencia del clero y de las estructuras y de las necesidades de la Iglesia. Pero todo ello ¿no será una manera de oscurecer el verdadero rostro y significado de la Iglesia. ¿No tendremos que buscar nuevos caminos y nuevas formas y nuevas estructuras eclesiales que revelen mejor la presencia del resucitado entre nosotros?
¿Sólo las ideas del pasado son verdaderas?
¿Acaso las ideas no tienen su propio desarrollo?
¿Sólo la teología del pasado es verdadera?
¿Es que la teología de hoy es falsa?
¿Sólo el modo de anunciar ayer el Evangelio es verdadero?
¿Acaso las nuevas experiencias son equivocadas?
¿Sólo las estructuras tradicionales de la Iglesias son verdaderas?
¿Es que la creación de otras nuevas hay declararlas falsas?

Cristo se arriesgó a destruir lo viejo, lo no significativo, lo que ya no revelaba a Dios sino los intereses de los hombres. Un riesgo que sabía que provocaría las iras y las venganzas de los poderosos. Y sin embargo lo hizo. ¿Cómo? Al precio de su vida. Un precio que valió la pena porque hizo nacer el nuevo templo. Lo nuevo siempre tiene un precio. Ayer y también hoy.

Clemente Sobrado C.P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 34 a. Semana – Ciclo C

“Algunos ponderaban la belleza del tempo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús dijo: Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: Todo será destruido”. (Lc 21,5-11)

Flickr: Edgar Asencios

Hace un mes, los periódicos anunciaban los millones que se había gastado en cremas y perfumes.
Confieso que me gustan las colonias.
¿Habrá gastado algo Jesús en perfumes, colonias y cremas?
La verdad que no lo creo.
Jesús no vivía de apariencias.
Jesús no vivía de exterioridades.

Jesús es consciente de los valores que viven sus mismos discípulos.
No viven de lo de dentro del templo.
No viven des las esencias y de la verdad del templo.
Sino que también ellos viven de las exterioridades.
Viven cautivos de las exterioridades del templo.
Vivir de lo de fuera es vivir de lo secundario.
Y lo exterior y secundario está condenado de desaparecer.
Lo que permanece es lo que llevamos dentro.
Por eso no somos sino que aparentamos.
Hay Iglesias con mucha luz por fuera.
Pero con poca luz por dentro.
Hay Iglesias que brillan por fuera.
Pero oscuras por dentro.

Hay Iglesias muy bellas exteriormente.
Pero con poca vida por dentro.
Hay hogares muy bellos por fuera.
Pero muy fríos por dentro.
Hay hogares espectaculares por fuera.
Pero sin calor humano por dentro.
Hay casas muy bonitas por fuera.
Pero sin vida por dentro.

Atrévete a ser tú mismo
Vivirse por dentro es vivir la belleza de la propia ver. Me duele leer lo que escribe Martín Descalzo:
“Es asombroso pensar que Dios fabrica las almas una a una, dándole a cada cual una personalidad propiamente suya e intransferible y que, a la vuelta de unos pocos años, el mundo ha conseguido ya uniformar a la mayoría, de modo que parezcamos más una serie de borregos que una comunidad de hermanos, todos diferentes.” (J.L.M.Descalzo)
Por el contrario, me encantan esos que se atreven a ser ellos mimos. Y mi mejor deseo para ti hoy es demuéstratelo qué eres y cómo eres, pero por dentro.

Sí, demuéstrate a ti mismo que tú eres importante. No esperes a que lo digan los demás. Sería como si te hablasen de descubrimientos de riquezas muy lejanas a ti. Tú eres el mejor explorador de ti mismo.

Demuéstrate a ti mismo que sabes valorarte, que sabes apreciarte, que sabes mirarte. ¿No crees que te estás devaluando demasiado tanto cuidarte por fuera? ¿Crees que los otros valen más que tú? Para quien murió por ti, parece que tú vales lo mismo que todo el mundo.

Demuéstrale a Dios que bien valió la pena regalarte la vida. Porque cada día la aprecias más, la valoras más y la haces florecer más. El mejor agradecimiento que le puedes hacer a Dios por la vida es vivirla a gusto y con gusto.

Demuéstrale a Dios que bien valió la pena que se encarnase y se hiciese hombre por ti. Porque desde entonces, tú mismo sabes valorar tu condición humana y la condición humana de los demás. Que tú amas mucho el cielo, pero a la vez estás enamorado de la humanidad.

Demuéstrale a Dios que bien valió la pena que muriese por ti. Porque desde entonces crees más en el amor de Dios, aún en medio de tus flaquezas y debilidades sigues fiándote de El. Y desde entonces, cada hombre que se te cruza en el camino, te merece el respeto mismo que te merece su muerte en la Cruz.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 33 a. Semana – Ciclo C

“Entro Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: Mi “casa es casa de oración”, pero vosotros la habéis convertido en una “cueva de bandidos”. Todos los días enseñaba en el templo”. (Lc 19, 45-48)

Flickr: Martin Garcia

Jesús es claro.
Jesús no disimula las cosas.
Jesús no es de los que trata de disimular las cosas.

El templo tiene una misión
Ser casa de Dios.
Lugar de encuentro con Dios.
El templo nos habla de Dios, de encuentro de Dio.
Lugar de hablar con Dios
Lugar de escucha de Dios.

Tú puedes pasar muchas casas, pero no puedes dejar que profanemos la casa de Dios.
Puede ser un templo pobre.
Pero no puedes dejarlo profanar.
Prefieres tu templo cerrado, pero no convertido en mercado dominical.
Prefieres verlo vacío, pero no convertido en discusión de precios.
Prefieres verlo vacío, a verlo no lleno de bueyes.

Hay muchos templos, Señor, llamados a ser convertidos en casa de Dios.
Y que tú ves cada día profanados:
Por un corazón sin amor.
Por un corazón sin comprensión.
Por un corazón sin perdón.
Por un corazón sin sensibilidad.
Por un corazón lleno de malos deseos.
Por un corazón manchado por malos y vulgares deseos

No te interesa la grandeza de nuestras paredes.
Pero te interesa a vida que llevamos dentro.
¿No tintinearán demasiado las monedas en nuestros templos?
¿No sacarán más ruido las monedas que las oración?
¿No brillarán más las paredes que la santidad y a bondad del amor?

No profanamos nuestros templos destruyendo sus piedras.
Destruimos nuestros templos con la pobreza de nuestra oración.
No profanamos nuestros templos no contemplado sus cuadros.
Sino olvidándonos de contemplar el rostro de Dios.
Somos más turistas del arte, que turistas de Dios y del espíritu.

Señor: que nuestros templos brillen de vida.
Señor: que nuestros templos más que la belleza del arte manifiesta la belleza de de gracia.
Señor: que no profanemos nuestros maravillosos templos de arte.
Señor: que no profanemos estos templos vivos de nuestros.
Señor: echa fuerza todo lo que nos impide vivirte.
Señor: echa fuerza todo te vernos.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 31 a. Semana

Dedicación de la Basílica de Letrán

“Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén, Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.
(Jn 2,13-22)

Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de Letrán.
Por eso la liturgia nos presenta este Evangelio de Jesús en el Templo.
Uno de lo momentos en los que vemos a Jesús con cierta violencia.
No se enfada por encontrarse con un pecador.
No se enfada por encontrarse con un publicano.
Pero sí siente como un impulso de incomodidad y descontento cuando contempla el Templo convertido en un mercado, como una especie de feria de pueblo.

El Templo ha perdido su significado y sentido.
El Templo ya no aparece como “la casa de mi Padre” sino como “mercado”.
El templo ya no es lugar de encuentro con Dios.
El templo es lugar de encuentro con bueyes, ovejas, palomas y mesas de cambio.

Por eso anuncia el nuevo Templo.
Será levantado en tres días.
Será el nuevo templo pascual.
Esta vez el templo del encuentro con Dios será El mismo.
Y con El aparecerán los nuevos templos que somos nosotros mismos.

Nos cuesta convencernos de la verdad de estos nuevos templos.
Preferimos seguir con los templos de piedra y cemento.
Preferimos seguir con los templos hechura de nuestras manos.
Pero nos cuesta:
Vernos a nosotros mismos como templos de Dios.
“Vendremos a él y moraremos en él”.
Nos cuesta ver en nuestros hermanos templos de Dios.
Tenemos veneración a los templos de piedra.
Y con qué frecuencia profanamos esos templos vivos que somos nosotros.

Si como Jesús, entro en el templo que soy mismo ¿con qué me encuentro?
¿No habrá bueyes y ovejas?
Es posible que también dentro llevemos una feria donde se vende de todo.
Cada uno sabe lo que vende en el templo de su corazón.
Cada uno sabe cuantos bueyes lleva dentro.
Cada uno sabe cuántas ovejas lleva dentro.
Cada uno sabe cuantas mesas de cambio lleva dentro.

¿Será el templo de nuestro corazón una auténtica casa de oración?
¿Será el templo de nuestro corazón una auténtica “casa de mi Padre”?
¿Será el templo de nuestro corazón “donde están los verdaderos adoradores del Padre en espíritu y verdad”?

Señor: que descubra que soy templo tuyo.
Señor: que descubra que los demás son templo tuyo.
Señor: que descubra que esa chica bonita es templo tuyo.
Señor: que mi corazón sea verdadera “casa del Padre”.
Señor: que mi corazón sea verdadero templo de oración.
Señor: que cuando vea a los demás los reconozca como templos tuyos.
Señor: que cuando vea a esa chica bonita no vea ni bueyes ni ovejas ni palomas, y tampoco monedas con que comprarla, sino que la vea como el templo “donde los verdaderos del Padre en espíritu y verdad”.
Señor: que cuando entres en nuestros corazones también tú glorifiques al Padre.
Señor: que quienes nos vean glorifiquen a tu Padre, que también es nuestro.
Señor: danos la gracia de ser como tú, esos templos nuevos levantados en los tres días de tu Resurrección.

Clemente Sobrado C. P.