Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 11 a. Semana – Ciclo A

“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante los hombres para ser vistos por ellos…
Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como lo hipócritas en las sinagogas y en las calles…
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran la cara para hacer ver a ola gente que ayunan”. (Mt 6,1.6.16-18)

Aquí el que no corre vuela.
Aquí nos mojamos todos.
Jesús no anda con bromas y destapa la mentira del corazón humano.
Y de esto no nos salvamos ninguno.
Unos porque hacen limosna a toque de trompeta.
Otros porque oran para que los vean.
Otros porque ayunan con cara de ceniza.

Y otros porque hablamos bonito para que crean que somos lo que decimos.
Y otros porque hablamos mucho de Dios, por más que luego no nos acordemos de él.
Y otros porque hablamos mucho de justicia, aunque luego paguemos lo mínimo a la empleada del hogar.
Y otros porque hablamos mucho de justicia social, aunque luego no demos cara por nadie.
Y otros porque hablamos mucho de los pobres, pero cerramos con doble llave la Caja Fuerte.
Y otros porque hablamos muchos de paz, y en casa vivimos peleados con todos.
Y otros porque hablamos mucho del amor, y luego vivimos enfundados en nuestro egoísmo.

Jesús es de los que predica:
La transparencia de la vida.
La verdad de la vida.
La coherencia de la vida.
La unidad entre lo que decimos ser y lo que somos.
La unidad entre lo que damos y lo que teníamos que dar.
La unidad entre los que ayunamos y la austeridad de nuestra vida.

Y estoy seguro de que hoy:
La gente es mucho más sincera.
La gente ora con mucha más sinceridad, aunque rece como quien exige a Dios.
La gente hoy no vive en la hipocresía del ayuno, porque apenas hay alguien que ayune.
Yo no creo que hoy exista tanta hipocresía ni en la limosna, ni en la oración ni en el ayuno.

Pero también en esto hemos avanzado y evolucionado.
La hipocresía hoy abunda, si no miremos nuestro corazón y el de los demás.
Solo que las hipocresías han cambiado de nombre y de terno o vestido.
Es la hipocresía del amor vivido en la infidelidad.
Es la hipocresía de la verdad revestida con el traje de la mentira.
Es la hipocresía del aparentar ser y no ser.
Es la hipocresía de mistificar muchas cosas, por más que estén lejos del Evangelio.
Es la hipocresía de la amistad que, en el fondo no pasa de ser la anestesia para aprovecharse de los demás.
Es la hipocresía del que hace voto de pobreza, y luego no le falta nada.
Es la hipocresía del que hace voto de obediencia, y luego hace lo que le da la gana.
Es la hipocresía del que hace voto de castidad, y luego vive con el corazón lleno de deseos insatisfechos.
Es la hipocresía del que jura amor “hasta que la vida nos separe”, y vive de un amor de “alquiler”.
Es la hipocresía de buscar grandes títulos para “servir a los demás” y luego se sirve de todos.

La hipocresía de que habla Jesús posiblemente la hayamos superado.
Pero hoy brota una nueva primavera de hipocresías.
Es solo problema de cambio de nombres.
Porque, no lo olvidemos, la hipocresía es demasiado sutil y no siempre es fácil detectarla.
Y lo que Jesús quiere y anuncia es que:
Vivamos en la verdad.
Pensemos con la verdad.
Seamos testigos de la verdad.
Que es una manera de vivir delante de Dios.
Que es un manera de vivir ante los ojos de Dios.
Que es una manera de ser delante de Dios.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 11 a. Semana – Ciclo A

Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”. (Mt 5,43-48)

El Evangelio de hoy sigue marcando las novedades de Jesús, novedades del Reino.
“Se dijo”.
“Pero yo os digo”.
Dos modos de pensar.
Dos criterios de vida.
El antes y el después.
Lo Antiguo y lo Nuevo.
El pasado y el cambio.

Lo antiguo, “amar al prójimo”.
Pero “aborrecer al enemigo”.
Amar al que merece ser amado.
Aborrecer al que no es digno de amor.
Amar al que me ama, aborrecer al que no me ama.
Un amor que es preciso merecer.

Jesús corrige la Ley y nos revela la verdad del amor.
Amar al que lo merece es vender nuestro amor.
Y el verdadero amor no depende de aquel a quien amamos.
El verdadero amor nace de la verdad de nuestro corazón.
El verdadero amor no se fija en el que amamos.
Jesús nos descubre que la verdad del amor nace de la “gratuidad”.
Un amor sin gratuidad, no es amor.
Aborrecer a quien nos ha hecho algún daño, es venganza.
Un amor así comienza por dividir a las personas.
Un amor así rompe la comunión entre las personas.
Un amor así divide el corazón.

Dios, en el misterio de la encarnación:
No hizo distinción de personas.
No envió a su Hijo para los buenos.
Envió a su Hijo “para que el mundo se salve por él”.
Jesús no anunció el Evangelio a los buenos sino a buenos y malos.
Jesús no murió por los buenos sino por los buenos y malos.

Jesús rompe nuestros esquemas:
Primero todos los hombres están llamados a la salvación.
Todos los hombres están llamados a ser amados por Dios.
El amor de Dios es universal.
También los malos tienen derecho al amor de Dios.
También los malos tienen derecho a la salvación.

La pregunta es clara y comprometedora:
¿A quiénes amamos nosotros?
¿Amamos al que nos ha hecho algún daño?
¿Amamos al que nos ha sido infiel?
¿Amamos al que nos ha fallado?
¿Quién necesita más de nuestro amor?
¿El que ya es bueno?
¿O el que no nos ama y por tanto tiene su corazón enfermo?
La misión del amor es sanar los corazones enfermos.
La misión del amor es recuperar al que nos había fallado o abandonado.

Por eso, para Jesús:
Amar al que no lo merece es amar como ama Dios.
Amar al que nos ha hecho daño, es “ser hijos de nuestro Padre que está en el cielo”.
Dios no hace distinción de personas.

Una lección fundamental en nuestras vidas:
No somos cristianos amando solo a los que nos aman.
No somos hijos de Dios odiando a nuestros enemigos.
¿Qué piensan de todo esto los esposos víctimas de sus debilidades?
¿Qué pensamos de los hijos que nos han desilusionado?
¡Cuántas parejas seguirían amándose si su amor fuese más gratuito!

Claro que no se trata de un amor psicológico.
Se trata de un amor de caridad.
Se trata de sentirnos amados por Dios.
Se trata de compartir, como hijos, el amor de nuestro Padre del cielo.

Señor: hazme sentir amado por Ti.
Señor: que tu amor llene mi corazón.
Señor: dame la gracia de amar al que me ha herido.
Señor: dame la gracia de amar como tú:
“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 11 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

No hagáis frente al que os agravia.“Jesús dijo a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: “No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”. (Mt 5,38-42)

El Papa Francisco hizo una confesión que habría que ponerla en un marco: “Me piden que reforme la Iglesia. Y hay que hacerlo. Pero “la Iglesia no se cambia con decretos reformistas”.
Antes es preciso cambiar el corazón.
Antes es preciso entrar en período de conversión.
Algo parecido nos dice hoy Jesús.

Nosotros queremos arreglar el mundo a base de fuerza.
Queremos cambiar las cosas en base a quién puede más.
Y Jesús nos dice que:
El mundo solo cambiará con la paz y el amor.
No cambiaremos el mundo viendo quién es el más fuerte.
Sino quién ama más.
No es midiendo nuestras fuerzas que vendrá la paz.
Sino midiendo nuestra capacidad de amar.
No cambiaremos el mundo midiendo nuestras fuerzas:
“Ojo por ojo y diente por diente”.
Esto lo único que logrará es dejarnos bizcos y desdentados.
No triunfa el que vence.
Triunfa el que prefiere perder.
No triunfa el que pega primero, como decimos.
Triunfa el que deja pegarse, por más que lo llamen tonto.
No es echando más leña al fuego que apagamos la llama.
No nos entenderemos viendo quién grita más.
Sino quien es capaz de callar.
No nos entenderemos viendo quien hace más violencia.
Sino quien es capaz de silenciarse y hacerse el débil.

Un día presencia algo que me llamó la atención:
Un niño regresaba de la escuela llorando.
El papá le preguntó ¿qué tenía?
“Es que mi compañero me dio un puñete”.
El papá levantando la voz lo dice:
“¿No te tengo dicho que no te dejes pegar por nadie y aunque sea le rompes la cabeza con una piedra?”
“En mi casa no quiero cobardes”.

Algunos llaman cobardía a no declarar la guerra al otro.
Algunos llaman cobardía a no defenderse aunque tenga razón.
Algunos llaman cobardía a no devolverle la patada al otro.
Algunos llaman cobardía a no medir sus propias fuerzas con el otro.

Dios no cambia el mundo con cañones.
Dios no cambia el mundo con odios y rencores.
Dios no cambia el mundo compulsando fuerzas.
Dios cambia el mundo con el amor.
Dios cambia el mundo con la debilidad.
Dios cambia el mundo con la comprensión.
Dios cambia el mundo con el perdón.

En una charla a parejas se me ocurrió decirles:
“Tienen permiso para pelearse y gritarse”.
En la sala se oyó como una especie de respiro:
“menos mal que tenemos permiso”.
Pero de inmediato les dije:
“pero con una condición.
Lo hacen tomados de la mano y mirándose a los ojos”.
Inmediatamente se escuchó: “así no se puede”.
Claro que no se puede.
Pero así habremos evitado las peleas entre ustedes.

Claro que Jesús no quiere que si te dan un bofetón, esperes a que te den otro.
Preferible que huyas.
No es cobardía huir para evitar peleas.
Al contrario, supone la valentía de haberlas evitado.
¿Qué prefieres?
¿Vivir peleado o vivir en paz?
Entonces mete tu fuerza al bolsillo y saca el amor de tu corazón.
¿Quieren hacer la prueba los esposos?
¿Quieren hacer la prueba los hermanos?
¿Quieren hacer la prueba los vecinos y las naciones?

Clemente Sobrado cp.

¡Feliz día, papá! ¡Feliz día, papás!

Día del Padre

Flickr: rockpointepics

 

Buenos días a todos los papás.
También al mío que hace muchos años se fue junto a Dios Padre.

Padre, tú me has enseñando a decir gracias.
¿Cuántos veces te he agradecido todo lo que me has dado?
Pues hoy quiero hacerlo.

¡Cuánto te pareces a José!
Eres el hombre que ha tenido y tiene que vivir de la fe y en la fe.
Tú fecundaste la semilla.
Y luego creció en la tierra de mamá, sin que tú la vieras crecer.
Pero creías en ella.

Tú has vivido de la fe con la ilusión de verme crecer.
Gracias, por creer en mí.
Tú te has gastado y fatigado para que no me faltase en pan.
Gracias, por todo cuanto has trabajado por mí.
Tú has soñado con un hijo grande.
Gracias, porque te has fiado de mí.
Tú has esperado mucho de mí.
Es posible que muchas veces te haya desilusionado.
Gracias por tus esperanzas en mí.
Tú me has acompañado, a veces con rigor, otras con tu debilidad.
Gracias, por tu compañía en mi camino.
Tú, es posible que tuvieras tus planes sobre mí.
Y mis caminos fueron por otros caminos.
Gracias, por no haberte defraudado de mí.
Tú me has reñido muchas veces.
Y yo me he molestado y hasta es posible te haya maltratado.
Gracias, por tus correcciones que me han ayudado a enderezarme.
Tú no siempre has tenido tiempo para estar conmigo, pero cuando has estado sentí tu presencia.
Gracias, papá por tu tiempo.

Oye, papá, ¿sabes una cosa?
¿Sabes que tú eres para mí el rostro de mi “papi del cielo”?
¿Sabes que en ti puedo descubrir la paternidad de mi “papi del cielo”?
¿Sabes que tus perdones me recuerdan los perdones de “mi papi del cielo”?
¿Sabes que tu amor me ayuda a descubrir el amor de “mi papi del cielo”?

Tienes una doble misión:
Ser mi padre humano cada día.
Ser la imagen de ese padre Dios en mi vida.
Te pareces a José en tu fe.
Pero te pareces más a “mi Padre del cielo”, que me ama, me perdona, me recibe y piensa cada día en mí.

Gracias, papá.
Y que, como hijo, nunca te defraude.

En tu día, ¡felicidades!

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Síguenos en Facebook: http://bit.ly/MensajeAmigosFB.

“Dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. (Jn 6,51-58)

Corpus Christi

Flickr: Lawrence OP

Celebramos hoy la festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Es decir:
Celebramos el pan y la sangre de Cristo.
Celebramos la vida de Dios en nosotros.
Celebramos a Jesús que se hace pan de vida.
Celebramos a Jesús que comparte ya ahora su vida con nosotros.
Celebramos a Jesús que nos da la vida ya ahora.

Ya no es la fiesta del pan, fruto de la siega.
Celebramos a Alguien que se hace pan.
Celebramos a Dios que en Jesús se hace pan diario para nosotros.

Pero celebrar:
No es pensar solo en el acontecimiento de Jesús “pan de vida”.
Celebrar es hacernos también nosotros “pan de vida”.
No hay verdadera celebración donde no nos convertimos en lo que celebramos.
No hay verdadera celebración si nosotros nos “hacemos pan” para los demás.
Celebrar es “hacer esto en memoria mía”.
Por tanto es recordar el amor de Jesús que no solo se encarnó en la naturaleza humano.
Es recordar el amor de Jesús que se encarna en un pedazo de pan y se “hace carne”.
Y la mejor recordación es convertirnos nosotros en lo que se convirtió Jesús.
La mejor celebración es hacernos nosotros mismos “carne que han de comer los demás”.

La Eucaristía significa:
Que cada uno de nosotros nos llenamos de vida.
Que cada uno de nosotros nos llenamos de vida eterna, la vida de Dios.
Que cada uno caminamos por la vida con la vida de Dios en notros.

Pero también significa:
Comunión con Jesús.
Y hacernos comunión no es solo comer un pedazo de pan.
Es transformarnos en Jesús.
Es transformarnos en pan que han de comer los demás.
Es transformarnos en pan que da vida a los demás.
Es transformarnos en pan que nos damos a los demás.

Se habla mucho hoy:
de dar de comer al hambriento.
de dar de comer pan al que no tiene pan.
Pero, como cristianos que comulgamos a Jesús, estamos llamados a algo más:
Estamos llamados a dar de nuestro pan.
Estamos llamados a darnos nosotros mismos a los demás.
Estamos llamados a que los demás puedan vivir de nosotros.
Estamos llamados a dejarnos comer por los demás.
Estamos llamados a renunciar a nosotros mismos para que otros puedan vivir.

Permítanme un recuerdo que no puedo olvidar.
Eran aquellos años de la post guerra.
En mi casa no siempre había pan en la mesa.
Y cuando había un mendrugo, la abuela lo repartía en tres pedazos, para los tres nietos.
Mientras ella nos miraba sin probar bocado.
Era la “abuela hecha eucaristía”.
Era la “abuela hecha pan para que sus nietos pudiesen vivir”.
No era la vida eterna.
Pero era la vida humana de unos niños que pasaban hambre.

También hoy hay muchos que mueren de hambre.
También hoy hay muchos a quienes nos sobra el pan.
También hoy se necesitan cristianos que “sean eucaristía”.
Cristianos que se dan y entregan a sí mismos para que otros vivan.

El Corpus no puede ser solo “un recuerdo”.
El Corpus tiene que convertirse en “cristianos eucaristía”.
Comulgar a Cristo nos asimila a Cristo.
Comulgar no es para ser mejores personas.
Comulgar es para ser los “nuevos Cristos” que se encarnan en un pedazo de pan.

No es fácil entenderlo.
Tampoco los judíos lo entendían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Tampoco hoy es fácil entender a los cristianos “que somos capaces de dar nuestra carne a los demás”.
Cristianos que damos vida y damos nuestra vida entregándonos a los demás.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 10 a. Semana – Ciclo A

Síguenos en Facebook: http://bit.ly/MensajeAmigosFB.

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo a los antiguos. “No jurarás en falso” y “cumplirás tus votos al Señor”. Pues yo os digo que no juréis en absoluto…A vosotros os basta decir “sí” o “no”. Lo que pasa de ahí, viene del maligno”. (Mt 5,33-37)

Jesús conoce demasiado bien el corazón humano.
Nos cuesta:
Vivir en la verdad.
Decir la verdad.
Se coherentes con la verdad.

Por eso:
Creemos tan poco en los demás.
Porque, casi diría, que no nos creemos a nosotros mismos.
Y como no creemos en lo otros, exigimos firmas, sellos, notarios y tantas cosas más.,
Y como los demás tampoco nos creen, nos exigen afirmemos lo que decimos con juramentos y firmas notariales:
“Juro por Dios”.
“Juro por mi madre”.
“Juro por mis hijos”.
Bueno, creo hay infinidad de juramentos.

Siento vergüenza que los demás no crean a mis palabras.
Siento vergüenza que los demás no crean a mis contratos.
Siento vergüenza que los demás no se fíen de mí.
Y que tengamos que acudir a no sé cuantos ritualismos para que alguien me crea.

Y el caso es que ni con tanto juramento y tanta firma cumplimos con la verdad.
Hacemos juramento de fidelidad a nuestra consagración a Dios.
Y al tiempo ya hablamos de que “no tenemos vocación”.
Hacemos juramento de amor el día de la boda.
¿Y os dais cuenta de qué pronto el amor se enfría?
Hacemos juramente de “amarnos y servirnos todos los días de mi vida”.
Y pasan unos años y tenemos que contratar un abogado para iniciar el divorcio.
Pedimos un préstamos con firma de Notario.
Y no terminamos nunca de devolverlo.
Y hasta es posible tengamos que comprarnos un abogado.

Confieso que nunca me había parado a pensar en estas realidades.
Pero Jesús nos conocía muy bien.
¿Será así el hombre o nos habrán hecho así?
¿Seremos así o la realidad nos ha configurado así?

Para Jesús esto es una degradación del ser humano.
Para Jesús el hombre está llamado a la verdad.
No para engañar al otro.
No para mentir al otro.
No para vivir en la informalidad de la palabra.

Para Jesús:
El hombre está llamado a vivir en la verdad.
El hombre está llamado a vivir de la verdad.
El hombre está llamado a ser transparente.
El hombre está llamado a ser fiel a sí mismo.
El hombre está llamado a ser fiel a su palabra.

De ahí que Jesús nos prohíba cualquier juramento.
Para Jesús nuestra vida tiene que ser “sí” o “no”.
Todo lo demás viene del Maligno.
Yo diría que el hombre está llamado:
A ser él mismo.
A ser fiel a sí mismo.
A ser fiel a su verdad.
Cualquier otra actitud es deformar la verdad del hombre.
Es dejar de ser él mismo.
Es no valer por sí mismo, sino por su juramento.
Es no valer por sí mismo, sino por la firma notarial.
Es no valor por sí mismo, sino por el valor que recibe de otros.

Me duele que no crean en mí.
Me duele que no se fíen de mí.
Me duele que no tengan confianza en mí.
Porque significa que yo no valgo y no soy digno de crédito.
Mi verdad me viene de mis juramentos y de un notario.

Señor, tú dijiste que eras “el camino, la verdad y la vida”.
Señor, hazme verdadero, auténtico, de una pieza.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 10 a. Semana – Ciclo A

Síguenos en Facebook: http://bit.ly/MensajeAmigosFB.

“Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pero, yo os digo: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior”. (Mt 5,27-32)

“Habéis oído”, “pero yo os digo”.
Hoy oímos muchas cosas.
Vivimos la cultura de las noticias,
Vivimos la cultura de las comunicaciones.
Radio colgado de las orejas.
Televisión, música, tablets.
Teléfonos y celulares de todo tipo y estilo.
Hoy todo es palabra y todo es imagen.
Y el caso es que no podemos vivir sin esos ruidos.

Por eso, creo que ya no tenemos tiempo:
Para pensar.
Para reflexionar, porque todo es tan rápido.
Para ser nosotros mismos.
Estamos llenos de los demás, menos de nosotros.
¿Dónde estamos nosotros?
Son los otros los que piensan por nosotros.
Son los otros los que nos imponen sus ideas.

“Pero yo os digo”
¿Coincide lo que se nos dice con lo que nos dice Jesús?
A Jesús le hemos llamado palabra.
Pero Jesús tiene otra manera de hablar:
Sin ruido.
Más que a las orejas, Jesús habla al corazón.
También habla a nuestra inteligencia.
Pero Jesús nos habla de otra manera.
Y nos dice cosas diferentes.
No nos impone el griterío de palabras.
Pero nos ofrece un modo de pensar diferente.

Los demás nos hacen quedar con lo exterior.
Jesús quiere hablar al interior.
Jesús no dice lo que dicen todos.
Jesús nos dice algo nuevo.
Nos dice que la verdad o la mentira la llevamos dentro.
Así no es necesario un adulterio físico, para el que necesitamos escondernos.
Jesús nos dice que el adulterio lo llevamos en el corazón.
Lo llevamos en el simple deseo.
Lo llevamos en el simple pensamiento.
Porque el adulterio:
no es algo que hacemos a escondidas.
es algo que llevamos en los ojos.
es algo que llevamos en el pensamiento.
es algo que llevamos en el deseo del corazón.
es una decisión, hasta puede ser una fantasía.

Jesús habla distinto a la ley.
La ley habla desde afuera.
Jesús habla desde adentro.
Es que nuestra verdad no es algo externo a nosotros.
Sino algo interno a nosotros.
No es la verdad impuesta.
Es la verdad aceptada y amada y querida.

Es una manera nueva de ver las cosas.
Unos ojos que no desnuda a la mujer que se nos cruza.
Sino que descubren:
la belleza de su dignidad.
la belleza de su corazón.
la belleza de sus sentimientos.
la belleza de su misión.

Jesús nos ve por fuera.
Pero nos quiere ver por dentro.
Quiere ver lo que pensamos y deseamos interiormente.
Porque esa es nuestra verdad.
Porque esa es nuestra esencia.
Las acciones externas son fruto de lo que cada uno lleva dentro.
Por eso, la conversión no comienza por fuera, por dejar de hacer esto o lo otro.
La conversión comienza:
Por un corazón nuevo.
Por unos sentimientos nuevos.
Por unos deseos nuevos.
Por unos pensamientos nuevos.

No miremos tanto lo que hacemos. Miremos lo que amamos.
No miremos tanto lo externo. Miremos lo que desea nuestro corazón.
Otros os dirán otras cosas. ¿Escuchamos las que nos dice Jesús?
No lo de antes, sino lo de ahora.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 10 a. Semana – Ciclo A

“Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra con ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. (Mt 5,20-26)

Siempre nos insisten en que es preciso llegar a tiempo a Misa.
Y son muchos los que llegan a la hora de la homilía, a pesar de todo.
Y son muchos los que se quedan tan campantes si llegan pasadas las lecturas de la Palabra de Dios.
En cualquiera de nuestras parroquias abundan los que comulgan tan tranquilos, por más que no haya escuchado la Palabra de Dios, algo así como si esta primera parte de la Misa fuese como un hacer tiempo porque no tiene importancia.
Hoy ya algunos comienzan a confesarse de haber llegado cuando ya estaban leyendo el Evangelio. Algo vamos avanzando.
Cuando alguien me pregunta desde qué momento se puede decir que escucho misa, yo siempre respondo lo mismo: “desde el comienzo”.

Yo sé que muchos llegan tarde a Misa por dejadez.
Otros porque el tráfico nos les permitió llegar antes.
Otros porque no encontraban donde aparcar el carro.
La verdad es que en mis misas siempre comienzo con poca gente y termino con la Iglesia llena.

Leyendo el Evangelio de hoy:
Solo justifica llegar tarde a Misa el ir a reconciliarme con mi hermano.
Solo justifica llegar comenzada la Misa, cuando he tenido que ir a hacer las paces con mi hermano.
Solo justifica llegar después del Evangelio, cuando he tenido que volver a buscar a mi hermano que tiene ago contra mí.
Solo justicia llegar tarde a Misa, la reconciliación y el perdón entre hermanos.

Lo dice Jesús: “si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar”, es decir, si has llegado a tiempo, pero sientes que entre tú y tu hermano hay enemistad, vete, deja ahí mismo tu ofrenda y reconcíliate con él, aunque luego llegues tarde.

Lo que significa:
Que el culto sin la caridad fraterna, vale de poco.
Que el culto con la enemistad en el corazón, no sirve de nada.
Que el culto Dios es importante, pero cuando asistimos con el amor fraterno en el corazón.
Que el culto a Dios es importante, pero preferible llegar tarde si es por razón del perdón.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es la reconciliación con aquellos con quienes no nos hablamos, porque estamos enemistados.
Que el culto a Dios es importante, pero más importante es que vayamos a pedirle perdón a nuestro hermano a quien hemos herido u ofendido.

Dicho de otra manera:
El culto es importante.
Pero más importante es la caridad.
El culto es importante.
Pero más importante es el perdón.
Que el culto es importante.
Pero más importante es la reconciliación fraterna.
El verdadero culto es el amor fraterno.

La razón es muy simple:
El culto a Dios, con el odio o la enemistad con el hermano, no lega a Dios.
El culto a Dios, sin el amor al hermano, está vacío.
¿De qué me sirve comulgar a Dios, si luego no comulgo con mis hermanos?
¿De qué me sirve comulgar fervorosamente a Dios, si mi corazón no es capaz de perdonar?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si no soy capaz de pedir perdón a mi hermano?
¿De qué me sirve comulgar con fervor, si luego no me hablo con mi hermano?
¿De qué me sirve buscar la comunión con Dios si excluyo la comunión con mi hermano con el que no me hablo?

Bueno, amigos, lo único que justifica llegar tarde a Misa es: la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados.
Dios prefiere el amor y la comunión con el hermano que el culto, aunque sea una misa muy solemne.
La Misa es comunión con Dios, pero también con los hermanos.
No se da una verdadera comunión sin la reconciliación con aquellos con quienes estamos enemistados, no nos hablamos o evitamos encontrarnos.
Es que no hay verdadero amor a Dios, sin el amor al hermano.
La ofrenda que agrada a Dios es ver reconciliados a sus hijos.
La ofrende que agrada a Dios es ver que sus hijos se aman.
El verdadero culto es el amor reconciliado.

Ya saben, ahora ya tienen un motivo para llegar tarde a Misa.
Aprovéchenlo, es su oportunidad.

Clemente Sobrado cp.