Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 8 – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. No pueden pervivir a Dios y al dinero”. Por eso les digo “No estén agobiados por la vida, pensando qué van a comer y beber, ni por el cuerpo, pensando qué van a vestir”. (Mc 6,24-34)

Sin decirlo, Jesús nos plantea la nueva realidad del reino.
De ordinario, todos vivimos pendientes de cómo va la economía.
Porque una economía conducida por la ética y los principios de la moral crea una estabilidad emocional en la gente.
Pero una economía conducida:
Por el ansia de tener.
Por el ansia de acumular.
Por el ansia de la abundancia.
Será una economía que nos mantiene a todos:
Intranquilos por el mañana.
Preocupados por el futuro.
Y siempre viviendo en la ansiedad.

Un amigo mío vivía del llamado “juego de la Bolsa”.
En un momento de sinceridad, me llegó a decir: “Dichoso usted que vive sin preocuparse cada mañana como abrirá la Bolsa. Hay noches que no puedo dormir. Porque tanto puedes ganar como perder. Es vivir en pura tensión”.

Por eso Jesús nos plantea que no se puede servir a Dios y al dinero.
Porque el dinero nos esclaviza.
Siendo necesario para vivir, si vivimos para el dinero terminamos esclavos.
En cambio quien decide servir a Dios:
Vive cada día la experiencia de Dios.
Vive cada día la experiencia del amor de Dios.
Vive cada día la libertad que nos regala Dios.

Dios nos regala la paz del espíritu.
Dios nos regala la alegría del corazón.
Dios nos regala la esperanza de cada día.
Sabemos que Dios no nos falla.
Sabemos que Dios no depende de los vaivenes del marcado.

Además, somos conscientes:
De que Dios se preocupa cada día de nosotros.
De que Dios está atento cada día de lo que nos sucede.
De que Dios como Padre no nos puede olvidar.
De que Dios nos ama mañana como nos ama hoy.
De que Dios es el mismo mañana que hoy.

Jesús quiere decirnos hoy:
Que nos fiemos de Dios.
Que no dudemos de Dios.
Que estemos seguros de que Dios se preocupa de nosotros.
Que estemos seguros de que Dios no se olvida de nosotros.

Las cosas pueden cambiar.
Dios es siempre el mismo.
Las cosas pueden fallarnos.
Dios no puede fallarnos.

Recuerdo aquella visita al Cotolengo de Turín.
Casi ocho mil enfermos.
Toda una serie de comunidades atendiéndoles.
Viviendo cada día sin preocuparse del mañana.
Seguros de que Dios no los abandonaría.
Mientras tanto toda una comunidad orando ante el Santísimo expuesto las veinticuatro horas del día.
Sin ayuda fija de nadie.
Sin apoyo fijo de nadie.
Sin renta alguna de nadie.
Pero todos los días tenían lo suficiente para atender a toda aquella ciudad de enfermos e inválidos.
La gran seguridad no estaba en la Bolsa, sino en la fe y la confianza en Dios.
Que se requiere mucha fe, no lo dudo.
Pero que la fe y confianza en Dios hace ese milagro diario, y tengo la suerte de ser testigo.

Señor: necesito dinero, pero que no sea mi señor.
Señor: necesito comer mañana, que no pierda la fe en ti.
Señor: dame la paz de no vivir la angustia del mañana.
Señor: dame la alegría y paz para ser feliz hoy.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 7 a. Semana – Ciclo A

“Le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Jesús viendo esto, se enojó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan; porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomó en sus brazos a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos”. (Mc 10,13-16)

Se ha dicho que los Evangelios apenas habla de Jesús “niño”.
A lo más el nacimiento y la escena de los doce años.
Y tampoco de Jesús joven, como si solo fuese modelo para los adultos.
Y sin embargo, la referencia de Jesús a los niños es frecuente.
Y la relación con los niños es siempre tierna.

El niño no tenía personalidad en aquel entonces.
El niño era signo de lo que no vale.
El niño era signo de lo débil.

Y sin embargo, la gente le trae a sus niños:
Para que los toque.
Para que los bendiga.

Los discípulos no piensan así.
Más bien les molesta que los niños se acerquen a Jesús.
Y les “regañan” como quien dice “saquen de ahí ese estorbo.
Jesús no tiene tiempo para perder con ellos.
Pero Jesús “se enojó” con sus discípulos.
Aún no han aprendido de que Jesús tiene sus preferencias con los pobres y con los débiles.

Y hasta los propone como modelo para entrar en el reino de Dios.
Precisamente porque al reino se entra por la pobreza y por la debilidad.
Porque al reino solo se entra con un corazón de niño:
Un corazón sencillo.
Un corazón limpio.
Un corazón sin prejuicios.
Un corazón siempre abierto a la novedad.

También hoy se vive una cultura “anti-niño”:
Basta ver las campañas contra la natalidad.
Basta ver cómo en ciertas naciones se los elimina.
Se le ve más como una carga que como un regalo.
¿Sabemos las estadísticas de los abortos diarios?
Y sin embargo:
El niño nos habla de primavera.
El niño nos habla de futuro.
El niño nos habla de alegría.
Una casa sin niños es como un nido si pajaritos.
Una casa sin niños es como un jardín sin flores.

Y sin embargo, los niños son los preferidos por Dios.
Hasta el mismo Dios se hizo niño como cualquier niño.
Y hasta Jesús nos propone al niño como modelo para ingresar al reino de Dios.

Les llevaban los niños para que les impusiera las manos.
¿Llevamos nosotros hoy a nuestros niños a Jesús?
¿Les hablamos de Jesús en casa?
¿Les enseñamos a hablar con Jesús en casa?
Los bautizamos, pero ¿qué significa luego ese bautismo en nuestro trabajo de crecimiento de nuestros niños?
Les preparamos para la Primera Comunión, mejor dicho:
¿les preparamos nosotros?
¿no será que más bien los entregamos al Colegio para que los prepare?
Los llevamos luego a la Misa para que sigan comulgando y mantengan viva la relación con Jesús?

Dios nos ha regalado los niños.
Pero luego nos ha encomendado la misión de encaminarlos a El.
¿Nuestras familias son hoy ambientes propicios para que los niños se acerquen a Jesús?
Los niños son nuestros, pero a medias.
Los niños tienen también otro Padre que es Dios.
Los niños tiene otra Madre que es la Iglesia.

No seamos como los discípulos que quieren alejarlos de Jesús.
Porque nos encontraremos con el enfado de Jesús que disfruta tomándolos en sus brazos.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 7 a. Semana – Ciclo A

“Se acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?” El les replicó: “¿Qué os mandó Moisés?” “Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla”. Jesús le dijo: “Moisés dejó este precepto por lo tercos que son ustedes”. Al principio de la creación, Dios “los creo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá su mujer, y serán los dos una sola carne”. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. (Mc 10,1-12)

Resulta llamativo el hecho del interés que tenemos para casarnos.
Y resulta llamativo el hecho de que luego tengamos tanto interés en divorciarnos.
Todos tratamos de ver el divorcio:
Como una solución a nuestros problemas.
¿Será el divorcio una solución o un problema más de nuestra convivencia conyugal?
¿Será el divorcio una solución a los problemas normales que surgen en la pareja, o más bien a los problemas de infidelidad que creamos fuera del hogar?
¿Será el divorcio una manera de sanar nuestras heridas de pareja, o más bien una manera de ahondar más las heridas?
¿Será el divorcio el camino de buscar respuestas, o de evitar preguntas y decidir por nuestra cuenta?

El divorcio es:
Una falta de seriedad a la palabra comprometida.
Una falta de seriedad a la palabra dada.
Una falta de seriedad a quien nos entregó su vida para siempre.
Una falta de seriedad a quien se jugó su vida, confiando en nosotros.
Una falta de seriedad a Dios a quien hemos puesto por testigo.
Una falta de seriedad a la comunidad a la que hemos invitado como testigo.

Llegamos a pensar en el divorcio:
Cuando no hemos vivido lo prometido.
Cuando no hemos tomado en serio a la otra persona.
Cuando nos hemos vivida mirando hacia dentro sino hacia fuera.
Decir que no nos entendemos es decir que no nos amamos.
Decir que somos distintos, es ignorar que también lo éramos de enamorados.
Decir que somos incompatibles es decir que ya tenemos un pie ya fuera de casa.

El divorcio es olvidar que el matrimonio no lo hemos inventado nosotros sino Dios.
El divorcio es olvidar que quien nos unió como pareja fue el Señor con el sacramento.
El divorcio es olvidar que quien nos unió fue el Señor y la Iglesia.

Hay cosas que la ley de los hombres puede regular.
Pero hay cosas que no dependen de la ley.
“Lo que Dios unió que no lo separe el hombre”.
Moisés permitió la separación mediante el acta de repudio.
Pero no siendo fiel a los planes de Dios sino fruto de la “terquedad nuestra”.
Hacemos campañas.
Hacemos encuestas.
Y presionamos para que nos legalicen la separación.
La mayoría de las leyes permisivas del divorcio se deben a nuestras presiones.
Al miedo a perder votos en las elecciones.
Al precio de unos votos en las elecciones.

Por eso la ley nos eximirá de cualquier pena.
Pero la ley no suele ser principio de moralidad.
La ley no es principio de estabilidad matrimonial.
¿No sería preferible consultar la voluntad de los hijos que contratar a un abogado?
No todo lo legal es moral.
No todo lo legal responde a la verdad.
No todo lo legal responde a los planes de Dios.
No todo lo legal responde a la naturaleza de la persona humana.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 7 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Todo aquel que dé a beber un vaso de agua, por ser ustedes de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al infierno”. (Mc 9, 41-50)

El Evangelio nos presenta tres ideas fundamentales.
La primera: Dar de beber un vaso de agua por haber creído en Jesús.
Lo que hagamos a uno de estos pequeños a mí me lo habéis hecho.
Aparentemente Jesús nos pone la salvación muy barata.
Un simple vaso de agua es suficiente para entrar en el reino.
Es que un simple acto de amor es suficiente como para transformar a cualquiera.
Un simple acto de amor es más importante que todo el resto que hagamos.
Un simple acto de amor es más grande que todos los tesoros que tengamos.
Un simple acto de amor es capaz de cambiar y renovar nuestro corazón.

No esperemos a hacer cosas grandes.
La vida se vive cada día de cosas pequeñas.
Y uno va creciendo cada día de pequeños detalles de fidelidad.
La cosas grandes no siempre podremos hacerlas.
Pero las cosas pequeñas las podemos hacer cada día.
Los grandes actos de amor no siempre dependen de nosotros.
Pero de nosotros sí dependen los pequeños detalles de amor y generosidad.
No esperemos a ser santos dando nuestra vida.
Pero sí tratemos de serlo con las pequeñas caridades de cada día.

Lo segundo: Hay que evitar el escándalo.
El escándalo puede matar la vida de los pequeños.
El escándalo puede matar el corazón de los pequeños.
El escándalo puede impedir que los pequeños crezcan en su amor y entrega a Dios.
El escándalo es poner piedras en el camino de los que quieren llegar a la santidad.
El escándalo es poner piedras en el camino para que tropieces.
El escándalo es ser motivo que desvía del camino a los que han tomado en serio le santidad del Evangelio.
Escándalo es poner obstáculos en el camino.
Escándalo es desviar a alguien del camino.

Lo tercero: “si tu mano, tu ojo, tus pies, te son un estorbo para tu fidelidad al Evangelio, mejor te los cortas”.
De poco importa llegar al cielo manco, ciego o cojo.
Puede que aquí Jesús se muestre un tanto radical.
Pero ¿no será también la radicalidad algo esencial en nuestra vida?
Porque eso de andar siempre a medias, no lleva a ninguna parte.
El vivir a medias tintas, no pasa de ser una forma de engañarnos.
El vivir a medio esfuerzo, no nos llevaré nunca muy lejos.

No es que Jesús nos quiera mancos, cojos o ciegos.
Lo que Jesús quiere es que sepamos valorar nuestra fidelidad a Dios.
Todo lo demás es relativo.
Y vivir solo de la relativo no nos servirá de mucho.
O somos o no somos.
O somos bautizados o no lo somos.
O somos cristianos o no lo somos.
O creemos o no creemos.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Cátedra de San Pedro

“¿Y ustedes quien dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la Palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “Dichoso tú, Simón, hijo e Jonás! Porque eso no re lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedara desatado en el cielo”. (Mt 16,13-19)

Cátedra de San PedroCelebramos hoy la Cátedra de San Pedro, la Catedral del Papa.
Por eso el texto bíblico es el mismo de hace dos días, solo que hoy leemos la versión de San Mateo, mucho más solemne y detallada que la de Marcos.

Pedro confiesa la identidad de Jesús como el Mesías, Hijo de Dios vivo.
Jesús confiesa que Pedro no ha llegado a esta conocimiento por caminos humanos sino por revelación del Padre.
Jesús hace un elogio de Pedro.
Jesús declara la gran misión de Pero: ser la piedra en la que se edifique la Iglesia.

Jesús es el autor de la Iglesia.
Jesús es el cimiento de la Iglesia.
Pero la Iglesia no es solo divina.
La Iglesia es también humana.
Tiene como fundamento lo divino.
Pero también tiene un fundamento que es humano.

La Iglesia es obra de Jesús.
Pero Jesús construye siempre con lo humano.
La Iglesia tiene rostro divino.
Pero también rostro humano.
Santidad divina.
Debilidad humana.
La Iglesia tiene poderes divinos.
Pero ejercidos a través de los humanos.

Por a la Iglesia tenemos que verla con los ojos de Jesús.
Pero también con es preciso verla con los ojos de Pedro.
Es decir con los ojos humanos.
Es divina.
Y es humana.
Es lo divino a través de lo humano.
Son los poderes divinos.
Pero ejercidos por los humanos.

La Iglesia es de Jesús.
Pero constituida con piedras humanas.
Y nosotros tendremos que verla como divina.
Pero contemplando lo humano.
Las piedras humanas siempre serán débiles.

Por eso el Papa Francisco en su visita a Asís nos habla hace una exhortación a cuidar esta realidad humana de la Iglesia siempre en peligro:
“Sed testigos de la fe con vuestra vida: llevad a Cristo a vuestras casas, anunciadlo entre vuestros amigos, acogedlo y servidlo en los pobres”.
Una Iglesia que crece por la atracción del testimonio del pueblo de Dios, dijo el Papa, que nada tiene que ver con el proselitismo. Por eso es necesario “salir de uno mismo e ir “hacia las verdaderas periferias existenciales”.

Y por eso retira “¡Pero la Iglesia somos todos! ¡Todos! Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia y todos debemos ir por el camino de Jesús, que recorrió un camino de despojamiento. El mismo se hizo siervo, servidor: quiso ser humillado hasta la Cruz. Y si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino”.

Clemente Sobrado cp.

Pensamientos para caminar: Los hijos (4ta parte)

16. “Si cierras tu puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad”, decía Tagore. O lo que es lo mismo: “no arranquéis la cizaña, no sea que también arranquéis el trigo con ella”. En la vida humana y sobre todo en la vida de familia hay que saber aceptarse mutuamente a pesar de los fallos que cada uno tiene. Si buscas una esposa sin defectos, no te cases. Si quieres un marido sin defectos, quédate soltera. Si quieres unos hijos sin defectos, no seas padre ni madre.

Familia

Flickr: Kamaljith K V

17. ¿Te has fijado cómo el mar quiere estar siempre limpio? Toda la basura que nosotros echamos a sus aguas, el mar nos la devuelve a la playa con sus mareas. ¿No necesitarás también tú cada día ese flujo y reflujo de mareas que saquen de tu corazón esas suciedades que a diario van entrando dentro de ti? También tú necesitas tener limpias las aguas de tu espíritu, de tu inteligencia, de tu corazón, sacando afuera lo sucio que llevas oculto dentro.

18. Las palabras igual que las monedas sufren inflación y devaluación. Hablamos demasiado y cada vez nuestras palabras dicen menos. Cuando hablas con tu esposo o con tu esposa, o con tus hijos, ¿dices realmente algo de ti mismo? ¿O es que ya nadie quiere escucharte porque tus palabras están vacías de vida, de amor y de ti mismo? Amarse es hablarse. Y hablarse debe ser amarse. ¿Amas cuando hablas y hablas amando?

19. Sabías, estimado amigo, que un telegrama cuesta más que una carta y dice menos que la carta. ¿Por qué cuando llegas a casa hablas solo en telegrama: sí… no… más o menos? ¿Es que no tienes nada que decir a los tuyos? ¿No será que tu amor e interés por ellos se va muriendo y por eso no hay ya nada en ti que puedas ofrecerles? Por favor, amigo, ellos quieren que sigas siendo la carta que un día fuiste y no el telegrama que hoy eres. No los defraudes.

20. En familia conviene estar bien informados. Pero lo más importante es estar bien comunicados. Cuando existe demasiada información uno sospecha que hay demasiado miedo a la comunicación. Y lo que nos hace realmente familia es ser una comunidad que se comunica y se relaciona personalmente. La familia no puede ser almacén de cosas, sino comunión de personas.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 7 a. Semana – Ciclo A

“Jesús no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. En casa les preguntó: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante”. Les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. (Mc 9,30-37)

Ahora Jesús evita entrar a los pueblos.
No quiere le distraigan de su enseñanza a los discípulos.
El tema, el anunciado en la zona de Filipo: “el Mesías condenado a la Cruz”.

Y resulta difícil entender aquello que no queremos entender.
Ellos no entendían nada.
Pero tampoco quieren preguntar.
Porque no es fácil preguntar cuando uno tiene miedo a la verdad.
A veces preferimos encerrarnos en nuestro silencio a enterarnos de la verdad que no nos gusta.
Preferimos encerrarnos en lo nuestro cuando el miedo a la verdad nos paraliza.

El miedo nos paraliza para afrontar la realidad.
El miedo nos paraliza para afrontar la verdad.
El miedo nos paraliza para afrontar lo que no queremos saber.
El miedo nos paraliza para afrontar lo que no queremos aceptar.

Por otra parte, es difícil:
Entender la Cruz, cuando se piensa en el poder.
Entender la Cruz, cuando se aspira a los primeros puestos.
Entender la Cruz, cuando se discute superioridades.
Entender la Cruz, cuando se discute estar arriba.

No podemos escandalizarnos de ellos, sabiendo lo que se pensaba de la Cruz en aquel entonces.
Pero no se justifica hoy que sabemos que la Cruz es el lugar donde Dios se manifiesta.
La Cruz sigue siendo Cruz, pero desde que en ella colgó Dios es:
Misterio de amor.
Misterio de gracia.
Misterio de salvación.
Misterio de fidelidad al Evangelio.
Misterio del nuevo estilo de vida del cristiano.

Ellos no entendían.
Tampoco querían entender preguntando.
El Papa Francisco nos dirá:
“Y si queremos ser cristianos, no hay otro camino.
El mismo.
Se hizo siervo, servidor;
Quiso ser humillado hasta la Cruz”.
Y frente aquellos que quisieran un cristianismo un poco más humano, sin Cruz y sin Jesús, sin despojamiento, responde que:
“nos volveríamos cristianos de pastelería, como buenas tartas, como buenas cosas dulces”. “Muy bonito,¡pero no cristiano de verdad!”

No se puede hablar de ser último, cuando se ansía ser primero.
No se puede hablar de servir, cuando se anhela ser el que manda.
No se puede hablar de Cruz, cuando se piensa en el poder.
No se puede hablar de Cruz, cuando se piensa en el dominio y fortaleza.
Y sin embargo: ¿Qué queremos?
¿Un cristianismo capaz de engendrar mártires?
¿O en un “cristianismo de pastelería y chocolate”.

Ellos tenían miedo en preguntarle.
¿Y nosotros no tendremos miedo en cuestionar a fondo nuestra fe, nuestra espiritualidad, nuestra vida cristiana?
Sin Cruz no hay revelación plena de Dios.
Sin Cruz no hay salvación.
Sin Cruz no hay amor.
Sin Cruz no hay Iglesia.
Sin Cruz no hay Evangelio.
Sin Cruz no hay cristianos.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 7 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos”. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho gritó: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame” Jesús increpó al espíritu inmundo, diciendo: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: “Vete y no vuelvas más a entrar en él”. (Mc 9,14-29)

Una escena tierna, aunque violenta y dura.
Unas actitudes de sencillez que revelan el dolor y el sufrimiento del padre de este hijo.
“Si algo puedes”.
Se pone en la actitud del nombre sencillo, del hombre de pueblo.
No asume actitud alguna de imposición y casi ni se atreve a pedir.
Y hasta se humilde resignación: “Si puedes”. Claro que si no puedes te quedaré igualmente agradecido.

Es la actitud de toda oración.
Un presentarnos como pobres, como impotentes, como quien acepta los resultados de la oración.
Es como la oración de aquel aldeano que no sabía leer ni escribir y no sabía oración alguna y se pone delante del Sagrario y sólo acierta a decirle: “Señor, aquí está Juan”.
El resto lo deja al corazón de Dios.

“Ten lástima de nosotros, y ayúdanos”.
Comienza por expresar sus sentimientos de padre.
Mira cómo sufre mi corazón de padre.
Mira mi impotencia y mi pobreza.
Sólo te pido compartas mis sentimientos y nos eches una mano, tú que eres buena gente.

Presentarse así desnudo delante de Dios es el mejor camino para ganarle el corazón a Dios.
Dios no puede resistirse ante el sufrimiento callado y silencioso.
Dios no puede dejar de conmoverse ante un corazón que grita en el silencio.

“Todo es posible para el que tiene fe”
La clave de la oración es siempre la fe.
La clave para arrancarle milagros a Dios, no son nuestras palabras, sino nuestra fe.
La eficacia de la oración dependerá siempre de la sencillez de nuestra fe.

“Tengo fe, pero dudo, ayúdame”.
Es de las frases más tiernas y conmovedoras que he leído en el Evangelio.
Y es una de las frases que mejor expresan la pedagogía de la fe.
Con frecuencia pecados contra la fe sintiéndonos tan seguros de creer.
Incluso sentimos reparos en decir que, a veces dudamos.
Nuestro orgullo nos impide reconocer que “creemos, pero que tenemos dudas”.
A veces, mi orgullo sacerdotal me impide reconocer ante los demás que “si creo, pero tengo con frecuencia mis dudas”.
Si soy sincero con el Evangelio, hay momentos:
En los que, no estoy seguro de si mi fe es verdaderamente evangélica.
En los que, no solo no estoy seguro, sino que me invade la duda.
Pero me cuesta reconocerlo.
Y más aún, me cuesta confesarlo.

Por eso, me emociona el gesto de este pobre padre, que, por una parte dice creer, y por otra, es capaz de dudar de su misma fe.
Y por ello, brota de su corazón ese grito: “Señor, ayúdame a creer”.

Señor, yo pienso que sí creo, pero comprende que dude de mí mismo.
Señor, yo creo creer, pero más de una vez, pongo en duda mi fe.
Señor, “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que comienzo a dudar: “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que mi fe vacila: “ayúdame a creer”.
Señor, que cuando veas que mi fe es más de mi cabeza que de mi corazón: “Ayúdame a creer”.
Señor, que cuando me veas tan seguro de mi fe, entonces “ayúdame más a creer”.

Clemente Sobrado cp.