Dios también me habla hoy: Viernes de la 7 a. Semana de Pascua – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

“Dice a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” El le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas? El le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. El le dice: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: apacienta mis ovejas”. (Jn 21,15-19)

“Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Cómo va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe.
Jamás olvidar el primer amor. Jamás. Hay que tener varios aspectos presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús:
Antes de querer convertirse en un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología debe ser un pastor, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: “Apacienta mis ovejas”. (Papa Francisco)

Examen de fin de curso:
Tres veces: “Simón me amas”.
Tres respuestas: “Tú sabes que te quiero”.
Tres misiones:
“Apacienta mis corderos”.
“Pastorea mis ovejas”.
“Apacienta mis ovejas”.

Simón Pedro está destinado a ser el jefe de todos.
Está llamado a ser el primer pastor de la Iglesia.
Está llamado a ser el primer Papa de la Iglesia.
Pero tiene que pasar el examen de fin de curso.
Jesús no le examina de Teología, Derecho Canónico, Administrador de empresas.
Jesús le examina de lo que:
Es esencial en la Iglesia.
Es esencial en la comunidad cristiana.
Es esencial en el seguidor de Jesús.
Pedro tendrá que aprobar en el amor.
Padre, como cabeza tendrá que amar “más que el resto”.
No se apaciente con ideas.
No se apacienta con leyes.
No se apacienta con estructuras.
Se apacienta con amor.

Este es el examen estupendo, sobre todo hoy que celebramos la fiesta de San Pablo VI:
De los Obispos pastores.
De los Sacerdotes pastores.
Quien no aprueba en el amor, mejor se retira.
Quien no aprueba en el amor, mejor se queda donde está.
No necesitamos intelectuales sino corazones.
Necesitamos ideas, pero sobre todo necesitamos amor.
En la Iglesia hay demasiadas leyes, pero amamos poco.
Hay disciplina, pero nos amamos menos.

Por eso la pregunta esencial de todo cristiano, testigo del Evangelio:

– ¿Te atreverías a amar? Piénsalo bien. El amor es paciente y lo excusa todo. ¿Cuánta capacidad tienes tú hoy de aguantar a los demás y disculparlos de sus debilidades y flaquezas? Porque amar a los demás, es excusarlos y comprenderlos en sus equivocaciones. ¿Te atreves a amar así hoy?

– ¿Te atreverías a amar? Piénsalo bien. El amor no es envidioso. Al contrario, goza y celebra todo lo bueno que descubre en los demás. ¿Estarías tú dispuesto hoy a hacer fiesta en tu corazón por las cosas buenas que descubres en los demás, por lo que tú no tienes y tienen los demás? ¿Te atreves a amar así hoy?

– ¿Te atreves a amar? Piénsalo bien. El amor no se engríe. El que ama no es un creído, un autosuficiente. Al contrario, el que ama es humilde, sencillo y noble. Es vidrio transparente. ¿Te animas a ser transparente hoy con todos, comenzando por ser transparente contigo mismo? ¿Te atreves a amar así hoy?

– ¿Te atreves a amar? Piénsalo bien. El amor es servicial. El que ama tiene que estar siempre al servicio de los demás. Quien no sabe servir no ha aprendido a amar. Quien no es capaz de servir, no es capaz de amar. ¿Cuál es tu espíritu de servicio hasta hoy?

– ¿Y qué reservas de servicialidad hay en ti aún? ¿Te atreves a amar así hoy?
¿Te atreves a amar? Piénsalo bien. El amor no busca su propio interés. Quien ama por intereses personales ya no ama. Busca hacer inversiones en el corazón de los demás. Y eso más que amor se llama negocio. Amar no puede ser un negocio sino una gratuidad. ¿Te atreves a amar así hoy?

– ¿Te atreves a amar? Piénsalo bien. El amor no se irrita. No se encoleriza. No se le calienta la cabeza. Al contrario, el amor es paciente, sereno y tranquilo. El corazón que ama tiene más la serenidad del lago que la violencia de las aguas torrenciales del río.

– ¿Te atreves a amar? Piénsalo bien. El amor todo lo cree y todo lo espera. Amar es creer a los demás. Es fiarse de ellos. Es tener fe en ellos. Y además es tener esperanza en ellos. Amar es tener la capacidad de creer que el otro puede cambiar. Amar es tener la capacidad de creer que el otro es bueno, pero aún puede ser mejor. Amar es sentir que los demás significan mucho para nosotros. ¿Te atreves a amar así hoy?

Orden sí. Leyes también.
Pero, sin amor ¿para qué queremos orden y leyes?
La Iglesia es vida. Y la vida es amor.
Sin amor no hay ni vida ni Iglesia, ni familia, ni sociedad.
Sin amor no hay pastores sino dueños de ovejas.

Palabras de esperanza: Una unidad que solo Dios puede dar

P. Clemente Sobrado cp.

También les di a ellos la gloria que mediste,
para que sean uno, como nosotros somos uno;
yo en ellos y tú en mí, para sean completamente uno,
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
y yo los he amado como me has amado a mí”. (Jn 17,20-26)

Seguimos con esta oración de Jesús.
Seguimos escuchando, cómo Jesús habla con el Padre.
Y de qué le habla Jesús al Padre.

Tendríamos que leer este capítulo 17 de Juan:
Como quien escucha las últimas oraciones de Jesús con el Padre, antes de su Pasión. Como quien escucha a Jesús halarle de nosotros al Padre.
Como quien escucha a Jesús de qué habla de nosotros al Padre.

Es consolador escucharle a Jesús hablándole de nosotros a su Padre.
Y las cosas que le dice:
“que ruega por nosotros”.
Sí, por nosotros “que hemos creído en él por su palabra”.
Sí, que también “nos ha dado la gloria que él mismo recibió del Padre”.
Sí, y le expresa el deseo de que “estemos con él donde él está en el cielo”.

¿No es consolador saber que:
“creer en él” no es algo inútil” sino que “nos merece su gloria”?
¿No es consolador saber que:
“él nos quiere a su lado compartiendo su gloria”?

Y Jesús le pide al Padre tres cosas fundamentales:
La primera:
“Que sepamos que hemos sido amados por Padre
como lo ha sido él mismo”.
Que vivamos, como creyentes:
la experiencia de ser amados.
la experiencia del amor.
la alegría del amor.
el gozo del amor.
Como escribía Juan Pablo II:
“La experiencia del amor y de ser amados
para reconocernos a nosotros mismos”.

Vivir como amados, es la alegría de la vida.
Vivir como amados, es la alegría de la fe.
Vivir como amados, es el gozo de ser bautizados.

Y la segunda:
Que estamos llamados a vivir en la comunión con Dios.
La misma comunión que viven Jesús y el Padre.
Vivir con esa alegría de la comunión de vida con Dios.
Vivir la experiencia gozosa de poder decir
que “Dios se hace uno en nosotros”.
Jesús no quiere irse sin antes asegurar la alegría de nuestra fe.
La alegría de nuestros corazones.
La alegría de nuestras vidas.
La alegría como el modo de vivir cristiano.

Y la tercera:
Jesús ve en el amor que tenemos a Dios y en nuestro amor de hermanos,
el signo más creíble “del envío de Jesús y del amor del Padre”.
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
y los he amado como me has amado a mí”.

En el amor fraterno hacemos creíble, la encarnación.
En el amor fraterno hacemos creíble, el amor con que nos ha amado.
En el amor fraterno hacemos creíble, el mismo amor del Padre.

Amigos:
Vivamos hoy, la experiencia y el gozo de ser amados.
Vivamos hoy, la experiencia de ser signos de Jesús.
Vivamos hoy, la experiencia de ser signos del Padre.

Hoy no puede ser día tristeza.
Hoy tiene que ser un día de alegría.
Porque hoy tiene que ser un día de amor.

“Escucha hermano la canción de la Alegría
el canto alegre del que espera un nuevo día.
Ven, canta, sueña cantando,
vive soñando el nuevo sol,
en que los hombres
volverán a ser Hermanos.
Si en tu camino sólo existe la tristeza,
y el llanto amargo de la soledad completa.
Ven, canta…
Si es que no encuentras la alegría en esta tierra,
búscala hermano más allá de las estrellas”.

Dios también me habla hoy: Jueves de la 7 a. Semana de Pascua – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

“Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo: “Padre Santo, no solo ruego por ellos, ruego también por los que crean en mí por la palabra de ellos para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste. También les di la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí”. (Jn 17,20-25)

“La petición central de la oración sacerdotal de Jesús, dedicada a sus discípulos de todos los tiempos, es aquella de la futura unidad de todos los que creerán en Él. Tal unidad no es un producto mundano. Proviene exclusivamente de la unidad divina y viene a nosotros del Padre mediante el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús invoca un don que viene del cielo, y que tiene su efecto —real y perceptible— en la tierra. Ora «para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21). La unidad de los cristianos, por un lado, es una realidad oculta en el corazón de las personas que creen”. (Papa Benedicto)

Leyendo el Evangelio siento pena de cómo lo hemos aguado.
Hemos reducido a nuestra fe a los diez mandamientos.
Nos confesamos por los Diez Mandamientos.
Nos sentimos buenos porque no hacemos mal a nadie.

Y leo el Evangelio y descubro:
Que creer es vivir el misterio de Dios en Jesús.
Es vivir el misterio de Jesús en nosotros.
Es vivir el mismo misterio que el Padre y Jesús.

Creer es vivir el misterio del Padre, del Hijo en el Espíritu Santo en nosotros.
En primer lugar ¿vivimos la verdad de que Jesús, ruega por nosotros como ruega los suyos?
Nos acompaña no solo nuestra oración, que puede ser mucha.
Lo más maravilloso es que Jesús mismo ruega al Padre por nosotros.
¿Que alguien se olvidó de orar?
Pues Jesús no se olvida de orar por él.
Y ahora me avergüenzo cuando alguien me dice: “Padre, ore por mí”.
¡Pero si Jesús ya ora por ti!.

¿Qué le pide Jesús al Padre para nosotros?
Algo esencial que no sé si nosotros nos atreveríamos a pedir:
“Que seamos uno”.
Pero “que seamos uno como el Padre y Jesús son uno”.
Que haya una comunión de Jesús con el Padre, del Padre con Jesús y Jesús con nosotros.
Ser cristiano es vivir la comunión de Jesús con el Padre y de Jesús con nosotros.
¿Seremos capaces de creer que entre Dios y nosotros pueda haber una comunión así?
Ahora comienzo a comprender a Pablo: “Ya no soy yo, sino que es Cristo en mí”.

¿Cuántas cosas le pedimos cada día a Dios?
¿Le pediremos esta unión entre nosotros?
¿Le pediremos este amor entre nosotros?
¿Le pediremos vivir esta comunión de amor entre nosotros?
¿Le pediremos vivir esta comunión de vida de El entre nosotros?

Una unidad que termina siendo:
El mayor testigo de credibilidad en Jesús.
El mayor testigo de credibilidad de que Jesús es el enviado del Padre.
Lo explicamos por ideas y palabras.
Pero lo vivimos en el testimonio de nuestras vidas.
La unión entre nosotros depende de nuestra unión con ellos.
De la unión entre nosotros, ¿alguien se lo imagina? depende que el mundo crea.

No se trata de que nos llevemos bien.
No se trata de que nos entendamos entre nosotros.
No se trata de que no tengamos problemas entre nosotros.
Se trata de que el mundo pueda creer en Jesús.
Se trata de que el mundo crea que Jesús es realmente el enviado del Padre.
De nuestra comunión depende la fe de otros.
De nuestro amor depende que otros crean.
Nuestra comunión de amor y vida es lo que mejor nos configura con el Padre y Jesús.
Nuestra comunión de amor y vida es lo que mejor anuncia la fe en Dios y en Jesús.

¡Qué pena que esto lo tengamos tan olvidado!
¡Qué pena que demos tan poca importancia a amarnos!
¡Qué pena que haya tantos hermanos divididos!

Creer es mucho más que ir a Misa.
Creer es mucho más que rezar.
Creer es vivir en comunión con el Padre, con Jesús y entre nosotros en un mismo amor.

Palabras de esperanza: Estamos en el mundo sin ser del mundo

“No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad” (Jn 17,11-19)

“Ésta es la oración que recita Jesús antes de ser entregado y manifiesta su deseo de que el Padre nos guarde y proteja. En esta oración llena de amor hacia nosotros, Jesús pide al Padre para que lleguemos a la vida divina por la cual se ha sacrificado: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.” Y pide que a pesar de estar en el mundo vivamos bajo la luz de la verdad de la Palabra de Dios”. (Papa Francisco)

Ya no es el tiempo de los discursos.
Es el tiempo de la gran Oración sacerdotal de Jesús.
Ahora no nos habla a nosotros.
Ahora Jesús habla con el Padre.
Jesús ora al Padre.
Jesús pide y ruega al Padre.

Pero, ya no pide ni ruega por él.
Pide y ruega por nosotros.
Ora por nosotros.

¿Cuántas veces has pedido y orado por ti?
¿Y cuántas veces te has escondido y refugiado en la oración
que Jesús ha hecho por ti?
¿Cuántas veces, en vez de orar tú,
te has puesto a escuchar a Jesús orando por ti?
¿Cuántas veces hemos puesto nuestro corazón a la escucha
de latidos del corazón de Jesús, orando al Padre y pidiéndole:
“Padre santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado”.
“No te ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal”.

No. Jesús no nos quiere ni fuera ni al margen del mundo.
No nos quiere marginados del mundo.
No nos quiere extraños al mundo.
Quiere que nos sintamos en el mundo.
Quiere que vivamos las realidades del mundo.
Quiere que nos interesemos por las realidades del mundo.
“Si Él vino al mundo”.
“Estuvo en el mundo”.
“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo”.

Pero lo que Jesús quiere es que:
No nos contaminemos con el mal.
“sino que los guardes del mal”.
Que vivamos en la verdad.
“Que el Padre nos santifique en la verdad”.
“Que nos santifique en la verdad de su Palabra”.

No estamos llamados a huir del mundo.
Estamos llamados a comprometernos en el mundo.
Estamos llamados a ser signos de Dios en el mundo.
Llamados a ser luz del mundo.
Sufriremos las realidades del mundo.
Pero siempre tendremos con nosotros al Padre que cuida de nosotros.
Sufriremos como todo el mundo.
Pero contaremos con la oración de Jesús por nosotros.

¿Crees que has estado solo en esta pandemia?
En tu corazón estaba la oración de Jesús por ti y por todos.
¿Crees que has sufrido tú solo esta pandemia?
Jesús y el Padre la han sufrido contigo en ti y en todos.

Oremos a Dios nuestro Padre.
Pero, sintamos que Jesús está orando:
en nosotros,
desde nosotros,
por nosotros.

Dios también me habla hoy: Miércoles de la 7 a. Semana de Pascua – Ciclo C

P. Clemente Sobrado cp.

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“Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo, No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo, Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también se consagren ellos en la verdad”. (Jn 17,11-19)

“El Señor oró por sus discípulos reunidos en torno a Él…
En la plegaria por los discípulos de todos los tiempos, Él nos ha visto también a nosotros y ha rezado por nosotros. Escuchemos lo que pide para los Doce y para los que estamos aquí reunidos:
“Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad” (Jn 17,17ss)
El Señor pide nuestra santificación, la santificación en la verdad. Y nos envía para continuar su misma misión”. (Papa Francisco)


Con frecuencia, no faltan quienes hablen de nosotros.
Y nos preguntamos:
¿Qué están diciendo de nosotros?
Nos sentimos preocupados de lo que otros puedan pensar de nosotros.

Leyendo este texto:
Da gusto escuchar a Jesús hablar con el Padre sobre nosotros.
Con qué ternura habla de nosotros.
Con qué cariño le habla de nosotros.
Con qué ilusión y esperanza habla de nosotros.
Con qué fe le habla Jesús al Padre sobre nosotros.
¿Verdad que da gusto escucharle?
¿Verdad que nos sentimos felices al escucharle?
¿Verdad que se nos llena el alma al escucharle?
¿Verdad que nos sentimos importantes al escucharle?

Primero habló de él mismo.
Habló y le contó todo lo que sucedería con su muerte.
Ahora le habla de nosotros.
De lo que piensa de nosotros.
De cómo nos ve a nosotros ahora que él se va.

¿Y qué cosas habló con el Padre sobre nosotros?
Que ahora me voy a ti.
Y lo digo para ellos tengan mi alegría cumplida.
El mundo los ha odiado porque no son del mundo.
Tampoco yo soy del mundo.
Que no los saques del mundo, pero presérvalos del mal.
Ellos no son del mundo igual que yo no soy del mundo.
Conságralos en la verdad, sabiendo que tu palabra es verdad.
Igual que tú me enviaste al mundo, así los envío yo al mundo.
Yo me consagro por ellos.
Porque quiero que ellos sean consagrados en la verdad.

El mundo no entiende el plan de Dios.
Y sin embargo envió a su hijo al mundo.
Y ahora nos envía a nosotros.
Por más que tampoco el mundo nos entienda.
Pero no por eso quiere sacarnos del mundo a un lugar seguro.
Tenemos que vivir la verdad:
No en lugares fáciles.
No donde el viento a está a favor nuestro.
La misión del cristiano está allí donde el viento sopla en contra.
No busquemos tiempos fáciles.
Ningún tiempo es fácil para la palabra de Dios.
Ningún tiempo ha sido fácil para Dios.
Tampoco hay tiempos favorables a los creyentes.
Nuestra misión no es ser testigos donde todos creen.
Sino allí donde todos ofrecen resistencia.
No busquemos el aplauso del mundo.
Más bien esperemos el odio, la incomprensión y el rechazo.
“Dichosos de vosotros cuando os persigan por mi nombre”.

Pero tenemos una seguridad.
El mismo Jesús se entrega al Padre por nosotros.
El mismo Jesús se consagra en la verdad.
Para que nosotros seamos consagrados en la verdad.
No estamos llamados a vivir a medias verdades.
Como Jesús tampoco vivió de las verdades a medias.
Ni hemos de renunciar a la verdad.
Como tampoco él renunció a la verdad.
Por más que la verdad sea peligrosa y pueda llevarnos, como a El, a la Cruz.

No nos quejemos de que vivimos en ambientes difíciles para creyentes.
Más bien es ahí donde estamos llamados a ser testigos de la verdad.
Nadie nos crucificará por confesar la mentira.
Pero encontraremos muchas piedras en el camino por vivir en la verdad.
No pidamos que nos saquen del mundo y nos lleven a lugares más cómodos.
Estamos llamados a vivir en el mundo como el resto de la gente.
La única diferencia:
Que ellos son del mundo. Nosotros solo estamos en el mundo.
Pero sin ser del mundo.
Sin pensar como el mundo.
Sin actuar como el mundos.

Somos iguales siendo diferentes. Somos diferentes siendo iguales.
Se nos tiene que conocer por la diferencia.
No olvidemos: una cosa es “ser” y otra muy diferentes es “estar”.
Nosotros somos de los que “solo estamos”, al igual que Jesús.
Por eso, no nos extrañe corramos la misma suerte.

Palabras de esperanza: Los sencillos son importantes

P. Clemente Sobrado cp.

“Tomando Jesús la palabra, dijo:
“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes,
y se las revelado a pequeños:
Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito”. (Mt 11,25-30)

“Sucedieron en Quito unos terribles terremotos que destruían casas y ocasionaban muchas muertes. Un padre jesuita dijo en un sermón: – “Dios mío: yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos”.
Pero Mariana exclamó: – “No, señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio, yo no soy necesaria. Te ofrezco mi vida para que cesen estos terremotos”. La gente se admiró de esto. Y aquella misma mañana al salir del templo ella empezó a sentirse muy enferma. Pero desde esa mañana ya no se repitieron los terremotos.
“Una terrible epidemia estaba causando la muerte de centenares de personas en Quito. Mariana ofreció su vida y todos sus dolores para que cesara la epidemia. Y desde el día en que hizo ese ofrecimiento ya no murió más gente de ese mal allí”.
Así describen sus biógrafos, la vida de Santa Mariana de Jesús Paredes.

En el Perú celebramos hoy la fiesta de Santa Mariana Paredes.
Queremos recordarla, porque puede ser un ejemplo para todos nosotros, hoy que estamos sufriendo todavía esta pandemia.

Dicen que eso de dar es difícil.
Que hasta el reloj cuando da la hora hace “rrrr”, como que raspa.
Es la gente sencilla, la que sabe dar.
Dar hasta la propia vida por los demás.
Porque es lo único que tienen para dar.
Y esa fue la historia de Mariana, que la ofreció en dos ocasiones:
Cuando los terremotos que destruían Quito y cuando la “epidemia” que mataba personas.

Es que los sencillos tienen un corazón libre.
Tienen una mente libre.
Una vida libre.

Por eso, Jesús se emociona al ver cómo la gente sencilla
abre su corazón a su palabra, mientras que las grandes figuras,
se cierran y se resisten.

Esta pandemia, ha sido como un Evangelio abierto,
que a todos nos ha hecho:
“más sencillos”, “más humildes” y con un “corazón más sensible”.

Porque, a todos nos ha hecho iguales.
Porque, un virus invisible, nos hecho sentir que todos somos iguales.
Que tenemos la misma dignidad.

Nos hecho reconocer:
Que las desigualdades los creamos nosotros.
Que ricos y pobres somos iguales ante Dios.
Que sabios e ignorantes somos iguales ante nuestro Padre Dios.
Que todos somos débiles.
Que todos somos indefensos.
Que todos somos necesitados delante de Dios.

A todos, nos he hecho más humildes.
A todos, nos ha hecho “más sencillos”.
A todos, nos ha quitado nuestra “corona de grandeza”.
Y que todos, nos hemos hecho iguales:
“en quedarnos en casa”
“en utilizar las mismas mascarillas protectoras”,
“en que todos tenemos que lavarnos las manos con jabón”.
Que todos somos iguales y hermanos en el Hospital.
Que todos somos iguales y hermanos en los servicios médicos.
Que todos somos iguales en la calle ante la Policía que nos guarda.

Un día, cuentan que, a un sacerdote muy sabio, pero muy vanidoso,
Mariana se atrevió a decirle, después de un brillantísimo sermón:
“Mire Padre, que Dios lo envió a recoger almas para el cielo, y no a recoger aplausos de este suelo”.

Señor:
Que aprendamos a ser los “sencillos de corazón” que tú quieres.
Que aprendamos a ser los sencillos que abrimos nuestro corazón a tu Evangelio.
Que aprendamos a ser los sencillos que abrimos nuestro corazón a todos.
Que aprendamos a ser los sencillos que abrimos nuestra mente a tu palabra.
Que aprendamos a ser los sencillos que no buscamos privilegios en la vida.
Que aprendamos a dar y compartir.
Que aprendamos a ser de todos y para todos como Tú lo fuiste.
Que aprendamos a ser servidores de todos y para todos.
Que aprendamos aquello que un día dijo el Papa Francisco:
“Una vida que no sirve, para qué sirve la vida”.

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes,
y se las revelado a los pequeños”.

“Madre de los pobres,
los humildes y sencillos,
de los tristes y de los niños
que confían siempre en Dios.
Tú, la más pobre, porque nada ambicionaste;
Tú, perseguida, vas huyendo de Belén.
Tú, que un pesebre ofreciste al rey del cielo,
toda tu riqueza fue tenerlo sólo a Él.
Tú, que en sus manos sin temor te abandonaste,
Tú, que aceptaste ser la esclava del Señor,
vas entonando un poema de alegría;
Canta alma mía, porque Dios me engrandeció.
Tú, que has vivido el dolor y la pobreza,
Tú, que has sufrido en las noches sin hogar,
Tú, que eres la madre de los pobres y olvidados,
eres el consuelo del que reza en su llorar”.

Dios también me habla hoy: Martes de la 7 a. Semana de Pascua – Ciclo C

P. Clemente Sobrado cp.

“Jesús levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”. (Jn 17,1-10)

“La verdadera gloria es la gloria del amor, porque es la única que da vida al mundo. Por supuesto, esta gloria es lo contrario de la gloria mundana, que llega cuando se es admirado, alabado, aclamado: cuando yo soy el centro de la atención. La gloria de Dios, en cambio, es paradójica: no hay aplausos ni audiencia. En el centro no está el yo, sino el otro: De hecho, en la Pascua vemos que el Padre glorifica al Hijo, mientras que el Hijo glorifica al Padre. Ninguno se glorifica a sí mismo. Hoy nosotros podemos preguntarnos: “¿Para qué gloria vivo? ¿La mía o la de Dios? ¿Solo quiero recibir de otros o también dar a otros?” (Papa Francisco)

Comenzamos con el capítulo 17 de Juan al que llamamos oración sacerdotal, porque es la oración final de Jesús con el Padre.
Una oración en la que:
Jesús desahoga su corazón.
Jesús le habla al Padre del cumplimiento de la misión.
Jesús habla de que ha llegado la hora de la Muerte.
Por tanto la hora del regreso.
Pero le habla de la suerte de los suyos.

Una oración maravillosa:
Llena de ternura.
Llena de deshogo del corazón.
Llena de confidencias con el Padre y con los suyos.

No sé cuantas horas serán treinta y tres años.
Pero para Jesús la verdadera hora es la de su muerte inminente.
“Una hora que ya ha llegado”.
“Una hora de que el Padre glorifique al Hijo”.
“Una hora de que el Hijo glorifique al Padre.
“Una hora de “dar la vida eterna a a los que me confiaste”.

Y a la vez es la hora:
“De que conozca de verdad al Padre.
Y conozcan de verdad al Hijo enviado”.

Comienza Jesús por traducir el verdadero sentido y valor de su muerte.
No es la muerte que termina en fracaso.
Es la muerte donde El es glorificado por el Padre.
Es la muerte donde El glorifica al Padre.
Es la muerte donde Dios revela su verdad.
Por eso le conocerán en ella.
Es la muerte donde Jesús se revela a sí mismo.
Por eso es el lugar donde podrán conocerle verdaderamente.

Jesús no contempla su hora:
Ni como la hora del sufrimiento.
Ni como la hora del fracaso.
Ni como la hora del triunfo de los hombres.
Ni siquiera como muerte.
Sino como hora de vida.
Sino como hora de revelación.

Una manera nueva de ver su muerte
Una manera de ver como glorioso lo que pareciera total derrota.
Una manera de ver esa hora como la hora más rica de su vida.
Como una manera de encontrar el Padre, el Hijo y nosotros.
Padre e Hijo son glorificados.
Nosotros como renacidos a la vida del Padre y del Hijo.

Y hasta se atreve a confesar:
La fe que ellos ya tienen en él.
El conocimiento que ya tienen de él.
Los diferencia del mundo.
Y los presenta también como del Padre, “soy tuyos”.
Y acepta que, a pesar de ser los hombres quienes lo lleven a la Cruz, sin embargo, no solo se siente glorificado por el Padre, sino que también, “y en ellos he sido glorificado”.

Con frecuencia:
Nosotros vemos la Pasión y Muerte desde afuera, desde el sufrimiento.
La vemos que el último fracaso de su vida.
Cuando en realidad debiéramos mirar la Cruz:
Como él la mira.
¿Seremos capaces de verla como glorificación?
¿Seremos capaces de verla con los sentimientos del mismo Jesús”.
“Sentid en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús”.

Es la distinta manera de ver las cosas.
Incluso la muerte.
O la vemos desde su cascarón.
O la vemos por dentro.
O la vemos con los ojos.
O la vemos con el corazón.
¡Linda meditación sobre la muerte de Jesús!

Palabras de esperanza: Las batallas no se ganan sentados

P. Clemente Sobrado cp.

“Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí.
En el mundo tendréis luchas, pero tened valor:
Yo he vencido al mundo”. (Jn 16,29-33)

“La vida es una milicia. La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría porque el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su salvación. Pero sí, todos somos un poco vagos en la lucha y nos dejamos llevar adelante por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores, ¡todos! Pero no se desanimen. Valentía y fuerza, porque el Señor está con nosotros”. (Papa Francisco)

Los grandes triunfos no se consiguen sentados.
Las grandes batallas no se consiguen bostezando.
La fidelidad al Evangelio, no se consigue sin lucharla.
La fidelidad a nuestro Bautismo, no se consigue sin pelearla.
La fidelidad al matrimonio, no se consigue si esfuerzo.
La fidelidad a Dios, no se consigue viviendo distraídos.

La vida cristiana nos dice el Papa Francisco: Es una “milicia”.
Es una lucha diaria de fidelidad.
Es una lucha diaria a mantenernos atentos a lo que vivimos y hacemos.
Esto lo saben bien los choferes.
Aunque vayan por una gran recta, siempre llevan la mano al volante.
Y siempre van direccionándolo.

Necesitamos luchar con nosotros mismos.
Necesitamos luchar con nuestras perezas.
Necesitamos luchar con nuestras indiferencias.
Necesitamos luchar con nuestros egoísmos.
Necesitamos luchar con nuestras pasiones.
Es la lucha interna que todos llevamos dentro.
Es la lucha por la fidelidad de nuestro corazón.

Y es la lucha con nuestro ambiente.
Que no siempre ayuda a caminar sino a detenernos.
Que no siempre ayuda a creer.
Que no siempre ayuda a tener esperanza.
Que no siempre ayuda a tener amor.

Sin embargo, Jesús nos dice que “tengamos valor”.
Que no nos dejemos “llevar”.
Que no nos dejemos “arrastrar”.
Que no nos dejemos “vencer”.

Y la razón es que también él debió luchar.
También debió luchar “contra la corriente”.
También debió decir “sí” donde tantos decían “no”.
También debió decir “no” donde tantos decían “sí”.

Además, hay algo que siempre puede despertar nuestra seguridad.
“Yo he vencido al mundo”.
El mal está vencido por Jesús.
El mal está dominado por Jesús.
Él ya venció el mal con el bien.
Él ya venció el odio con el amor.
Él ya venció el resentimiento con el perdón.
Él ya venció la soledad con su presencia.
Él ya venció, incluso a la muerte, con la vida.

Por eso, amigos, no nos desalentemos.
Luchemos y venceremos.
Luchemos y seremos dueños de nosotros mismos.
Luchemos porque nosotros triunfaremos en su propio triunfo.
Y él triunfará cuando nosotros triunfamos.

Es él quien vence en nosotros.
Es él quien lucha en nosotros.
“Porque no estoy solo, porque está conmigo el Padre”.
Y con nosotros está él.

Me gusta lo que canta Isabela Souza
“Si tú estás conmigo
Yo iré contigo
Que nada nos separe.
Juntos, es la clave
Todo lo podremos lograr”.