Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 3 a. Semana – Ciclo A

Medita el Vía Crucis aquí: http://bit.ly/_ViaCrucis.

“Un escriba se le acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” Respondió Jesús: “El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Amar al prójimo como uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No está lejos del reino de Dios”. (Mc 12,28-34)

Cuando alguien le pregunta a Jesús para ponerlo a prueba, de ordinario, desvía la pregunta y va a la esencia de lo que tienen que ser las cosas.
En cambio, cuando alguien pregunta con sinceridad, con nobleza, con un corazón limpio, Jesús responde directamente.
Este escriba:
No es de los que quiere ponerle la trampa.
No es de los que quiere ponerle en apuros.
No es de los que quiere comprometerle.
Es de los que quiere saber.

Y la pregunta tiene su razón de ser.
El escriba es consciente de la infinidad de leyes inventadas por los hombres.
El escriba es consciente de que el bosque de leyes se prestaba a una casuística peligrosa.
Cuanto más multiplicamos las leyes, más complicamos la vida.
Cuanto más multiplicamos las leyes, menos valor tiene la ley.
Cuanto más multiplicamos las leyes, menos respetamos la ley.

Multiplicamos las leyes:
Cuando no vivimos la ley.
Cuando gobernamos al hombre no en base a valores y convencimientos, sino a leyes.
Cuando no tenemos verdadera autoridad, y necesitamos de los mandatos.
Por eso abundan tanto las leyes, tanto en la sociedad como en la misma Iglesia.
Nuestro Derecho Canónico tiene al menos 1731 leyes.
¿Alguien las conoce todas?
Necesitamos especialistas.

Por eso me gusta la pregunta del escriba.
No pregunta por el número de leyes.
Pregunta ¿cuál es la principal?
¿Cuál es la esencial?

Y Jesús le da tres respuestas fundamentales:
Primero: que no tenemos sino un solo Señor.
Que no hay muchos Dioses y Señores.
Segundo: que la principal de todas las leyes, la esencia y la cual el resto de leyes carece de valor es: el amor.
Pero no ese amor epidérmico de los sentimientos.
Sino el amor que abarca todo nuestro ser:
Corazón,
Alma,
Mente,
Todo tu ser.
Tercero: que la segunda es parecida a la primera.
“amar al prójimo como a uno mismo”.
Jesús todavía le está respondiendo desde el Antiguo Testamento:
La cita el Deuteronomio 6,5.
Porque más tarde, dirá: “amaos como yo os he amado”.

Alguien escribió algo que me gustó:
El amor no tiene ley.
El amor no se obliga.
Porque el amor es gratuidad.
Y ahí está la expresión de nuestra fe.
Y ahí está la expresión de nuestro bautismo.
Y ahí está la expresión de nuestra vida cristiana.

Cuando se ama de verdad:
No se necesitan leyes.
No se necesitan multiplicar las leyes.
No se necesita gobernar en base a leyes.
Basta amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestra mente y nuestro ser.
Y basta amar al hermano como a nosotros mismos.

Señor: que ame tanto que no necesite leyes.
Señor: que mi amor sea tan auténtico que inútiles todas las leyes.
Señor: que gobiernes con leyes sino sembrando amor en los corazones.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 3 a. Semana – Ciclo A

“La multitud quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios” “Todo reino dividido va a la ruina y se derrumba casa tras casa….” El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. (Lc 11,14-23)

¡Cuánto cuesta ser sincero con la bondad de los demás!
Mientras la gente se admiraba de los milagros que hacía, algunos de los fariseos trataban de apagar el fuego con sus críticas.
Reconocer lo bueno que hacen los otros, es señal de nobleza.
No reconocer lo bueno que hacen los demás, puede ser señal, de envidia o cerrazón del corazón.
“Si echa los demonios es por arte del príncipe de los demonios”.

La gente se admira de Jesús.
Porque la gente es sencilla.
Porque la gente tiene un corazón limpio de prejuicios.
Lo que decía la Bienaventuranza: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”
Mientras tanto, no faltaban quienes querían apagar el resplandor de su vida.
Es que no falta quien tiene miedo a que la bondad del otro oscurezca la suya propia.

Me gusta la gente de corazón noble:
Capaz de ver lo bueno de los demás.
Capaz de alabar lo bueno de los demás.
Capaz de admirar lo buenos que son los otros.
Que no tiene miedo a que la propia bondad se oscurezca con la bondad de los otros.
Al contrario, reafirman la propia bondad reconociendo la de los demás.
Alabar la bondad de los otros es signo de un corazón noble, limpio y sincero.

Algunos buscan todos los resquicios:
Para negarse a aceptar a Jesús.
Para no aceptar la verdad de Jesús.
Para justificar su negación a seguirle.
Hay ateos convencidos porque nunca tuvieron la luz en su corazón.
Hay ateos de conveniencia.
Me gusta la Sinceridad de Unamuno cuando escribe: “Miguel: o cambias de vida o cambiar de cabeza”.
La pareció más fácil cambiar de cabeza que de vida y se declaró ateo.

Frente a Jesús:
No caben las medias tintas.
No caben el “sí pero no”.
No cabe el “quisiera, pero no puedo”.
Sólo vale el “quiero y por eso puedo”.

Por eso es una pena ver esos cristianos bautizados:
Que se dicen cristianos.
Pero viven como si no lo fueran.
Cristianos que piensan como el resto.
Pero no piensan como desde el Evangelio.

Jesús es claro:
“El que no está conmigo está contra mí”.
“El que no recoge conmigo, desparrama”.
O estamos con él o no estamos.
O le seguimos con todas las consecuencias.
O mejor nos quedamos.
Más vale un cristiano auténtico, que cien a medias.
Más vale un cristiano que toma en serio el Evangelio,
Que el que vive el Evangelio según sus conveniencias.
Somos o no somos.
Pero nadie a medias.
Una mujer o está embarazada o no lo está.
Pero no hay embarazos a medias.
O estamos muertos o estamos vivos.
Pero no hay ni muertos a medias.
Ni vivos a medias.
O estamos con El o no estamos con El.

Señor: dame la gracia ser un bautizado de veras.
Señor: dame la gracia de vivir mi bautismo con sinceridad y no a medias.
Señor: dame la gracia de que sea sacerdote entero y no a medias.
Señor: dame la gracia estar casado de verdad y no con un pie fuera del hogar.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Miércoles de la 3 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. (Mt 5,17-19)

Dios no destruye lo alguna vez hizo.
Dios no niega hoy lo que algún día dijo.
Dios no es de los que “cambia de camiseta” cada día:
Dios no es de los que cambia de equipo.
Ni de los que cambia de partido.
Ni de los que cambia la creación.
Ni de los que cambia al hombre.
Ni de los que cambia de verdad.

Por eso, Jesús dice que “no se hagan a la idea de que ha venido a cambiar la Ley y los Profetas”.
Jesús ha venido a dar plenitud.
Jesús ha venido a dar plenitud a la Ley.
Jesús ha venido a dar plenitud a los Profetas.
Jesús ha venido, no a dejar las cosas como estaban.
Jesús ha venido a actualizar el pasado.

Con ello ya nos está manifestando que:
Tanto la Ley como los Profetas tienen un valor permanente.
Pero no estático e inmutable.
Que las leyes siguen teniendo valor hoy como en el pasado.
Pero que hay que darles nueva vida.
Que los planes de Dios tienen valor permanente.
Pero que los planes de Dios, cada día, se actualizan y hacen nuevos.
Que el árbol es el mismo y tiene las mismas raíces.
Pero ese mismo árbol va creciendo, echando ramas nuevas.
Su tronco es el mismo, pero más fuerte, más grueso y más firme.

Jesús cambia el pasado:
Pero la da plenitud.
Lo hace cada día nuevo como proyecto para los hombres nuevos.
Que lo que era ley y mandamiento ahora se convierte en “mandamiento nuevo”.
Que lo anunciado por los Profetas sigue siendo verdad de Dios, pero ahora es verdad de Dios, ya no en promesa, sino en la realidad misma de Jesús.
Toda la ley del pasado, ahora se hace plenitud en el doble mandamiento:
Amar a Dios.
Amar el prójimo.
“Estos dos mandamientos sintetizan todas las antiguas leyes”.

Los planes de Dios son eternos, pero no inmutables.
Dios nunca se queda en el pasado.
Jesús mismo lo dijo: “antes se dijo”, pero “yo os digo”.
Las dos grandes voces del Antiguo Testamente se encuentran con Jesús en el Tabor. Pero ahora a quien hay que “escucharle” es a El,

Jesús no está en contra del pasado.
Pero saca al pasado del pasado y lo hace presente.
Jesús no está contra la tradición.
Pero no es de los que reduce la tradición a solo el pasado sino que la hace historia.
La tradición es como el río de la historia.
El río, como su cauce, siguen siendo los mismos.
Pero el agua que corre es siempre diferente.
Sigue siendo el mismo río.
Pero en cada momento el agua que corre por él es diferente.
Es la unidad en la diferencia.
Es la continuidad de lo distinto.

Fidelidad al pasado.
Pero siendo fieles al ayer, al hoy y al mañana.
La mejor fidelidad al ayer es ser fiel al hoy,
Porque es el hoy el que da plenitud al ayer.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la 3 a. Semana – Ciclo A

“Se adelantó Pedro y le preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siente veces?” Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. (Mt 18,21-35)

Me encanta Jesús porque no le gustan las matemáticas.
Me gusta el amor porque no juega con las matemáticas.
No me gustan los que ponen límites al amor.
No me gustan los que ponen límites al perdón.
No me gustan los que ponen límites a la comprensión.
No me gustan los que ponen límites a las cosas.
No me gusta aquel que le pregunta a Jesús “si serán pocos los que se salvan”
No me gusta Pedro que pone límites al perdón.
Me hubiese gustado hablar con su esposa para saber cuántas veces le había perdonado.
Y no quisiera pensar mal de que Pedro haya seguido a Jesús porque ya estaba harto de ella.

En cambio qué maravilloso es Dios que no lleva cuenta de las veces que me ha perdonado.
Qué maravilloso es Dios que no pone límites a su perdón.
Qué maravilloso es Dios que perdona siempre.

El perdón es expresión del amor.
Me gusta Pablo que nos dice que:
“El amor es paciente, es servicial.
El amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe.
El amor todo lo excusa.
Todo lo cree.
Todo lo espera.
Todo lo soporta.
El amor no acaba nunca”. (1Co 13,4-8)

Cuando al amor le ponemos matemáticas, deja de ser amor.
Cuando al perdón le ponemos matemáticas, deja de ser amor.
Porque el perdón es expresión y manifestación del amor.
Y el amor que tiene barreras y fronteras y aduanas, no es verdadero amor.
El amor que pone números al perdón, no es verdadero amor.
Por eso mismo, como Dios es amor:
Dios perdona siempre.
Dios disculpa siempre.
Dios comprende siempre.
Dios ama siempre.
Dios me sonríe siempre.

Yo que me paso diariamente varias horas confesando, soy testigo de este amor de Dios.
¡Cuántos me vienen lamentándose!
“Padre, he vuelto a caer”.
“Padre, he luchado, pero de nuevo he medito la pata”.
“Padre, disculpe que le prometí ser fuerte y de nuevo he fallado”.
Mi respuesta es siempre la misma:
“Antes te cansarás tú de caer, que Dios de perdonarte”.
“Antes te aburrirás tú de fallarte a ti mismo, que Dios de comprenderte”.
“Antes te cansarás tú de tus debilidades, que Dios de sonreírte”.
“Por eso, a comenzar de nuevo”.

Como Dios me ama siempre, me perdona siempre.
Como Dios me ama siempre, me comprende siempre.
Como Dios me ama siempre, me disculpa siempre.
Como Dios me ama siempre, me levanta siempre.
Como Dios me ama siempre, me abraza siempre.

Perdonamos según amamos.
Perdona poco quien ama poco.
Perdona siempre quien ama siempre.
Perdona siempre cuando el amor es más grande que mi pecado.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: San José

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla… José no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”. (Mt 1,16.18-21.24)

Como una especie de oasis en el desierto de la Cuaresma, aparece la figura de José.
El hombre del silencio. No tenemos ni una sola palabra suya.
El hombre de una gran nobleza de corazón.
El hombre que, en el silencio de la fe, acepta el misterio que no entiende.

José el hombre del silencio.
Nosotros hablamos mucho y decimos poco.
Nosotros hablamos mucho y nuestras vidas hablan poco.
Somos palabras. Como comentaba un amigo mío sobre un predicador: “Naufragio de ideas en un mar de palabras”.
Carecemos de ese silencio que escucha.
Cuando callamos y hacemos silencio en nosotros comenzamos a escucharnos a nosotros mismos y a Dios que habla silenciosamente “en sueños”.

Los caminos del silencio de Dios:
Uno se pregunta si María también guardó silencio y no le dijo nada a José, a la espera de que el mismo Dios que crecía en sus entrañas se hiciese palabra también en el silencio.
¿No sería porque ella estaba segura de que también José tuviese su propia anunciación?
¿Y que también José tuviese que dar “su sí” a Dios en el misterio de lo desconocido?

La nobleza de un corazón:
Nada de escándalos.
Nada de alborotos y problemas.
También él vive ese silencio respetuoso y misterioso.
¿Por qué dejarla en mal lugar ante el resto de vecinos?
Cumplir la ley, sí, pero en secreto, sin publicidad alguna.

Bella imagen para cuantos:
Nos encanta el escándalo.
Nos encanta sacar ruido con la noticia.
Nos encanta la crítica, el desprestigio y la publicidad.
Nos encanta el escándalo, por encima del respeto a la dignidad de las personas.

El hombre que cree sin ver:
También José tiene su anunciación en un momento sumamente doloroso.
Como María tampoco él pudo entender lo que estaba sucediendo.
Pero, allí estaba la palabra de Dios.
Una palabra aceptada sin comprenderla.
Una que le devuelve la paz “haciendo lo que Dios le había dicho por el ángel”.
¿De qué hablarían luego María y José, al ver descubierto el misterio de la encarnación?
Es posible que los dos siguiesen guardando en silencio el misterio.
Es posible que los dos renovasen el “hágase en nosotros según tu palabra”.

No pretendamos comprender los caminos de Dios.
No pidamos explicaciones a Dios.
No pidamos “porqués” a Dios.
A Dios se le cree por lo que nos dice.
A Dios le damos la confianza de nuestro corazón.
Nuestras vidas están llenas de preguntas.
Sólo Dios tiene respuestas.
Dios nos pide cosas que, hasta pueden parecer absurdas.
José no pidió explicaciones a Dios. Obedeció.

Pensamiento: Más entiende el corazón en silencio, que la mente alborotada de teologías.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Domingo 3 – Ciclo A

“Llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”. “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una samaritana”. Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. (Jn 4,5-42)


Hondo estaba el pozo. Como honda está el alma.
Honda estaba el agua. Como honda es la sed.
Hondo estaba el pozo, de donde sacar el agua.
Honda estaba el agua, y se necesitaba el balde.

Sediento junto al pozo. Sediento junto al agua.
Sediento asomado al fondo. Sediento contemplando el agua.
Sedienta llegaba ella. Arrastrando la sed del alma.
Sedienta llegaba ella, caminando desde el valle.

Sedientos los dos de agua. Y uno era el agua.
Sedientos los dos de agua. Y sólo uno ofrecía agua.
Que yo tengo el balde, no sé si tú tienes el agua.
Que tú dices tener el agua, pero tú careces de balde.

¿Y si juntamos tu sed y mi sed,
y compartimos los dos mi agua?
¿Y si juntamos toda tu sed y toda mi sed,
y bebemos toda mi agua?
Que no hacen falta baldes, cuando el agua se regala.
Que no hacen falta baldes para el agua del alma.
Que basta decir sí al agua que no es agua.
Que basta decir “dame” y el agua se desmadra.

Que están de sobra los baldes, cuando te encuentras con el manantial.
Que están de sobra los baldes, cuando se hace vida el agua.
Y cuando la vida se hace agua.

Se necesitan baldes para beber tu agua.
No los necesitas para beber la mía.
Los necesitas para tu pozo.
No hacen falta para mío.

Hagamos un trueque y no discutamos.
Tú me das tu sed. Yo te doy mi agua.
Tú me das tu pozo. Yo te doy mi manantial.

Señor, que ya no tengo sed, pero necesito de tu agua.
Señor, que ya no tengo sed, pues tú la has calmado.
Que tampoco tú tienes sed, pues ¡me has ganado!

Dejemos aquí el pozo, dejemos aquí el balde.
Por si alguno otro viene, y te encuentra aquí sentado.

Señor: Tengo sed y no sé de qué.
Señor: ¿Serás tu mi sed?
Señor: ¿Serás tú mi agua?
Señor: Sé que tú eres el agua que salta hasta la vida eterna.
Señor: Sé que tú eres el agua que apaga toda mi sed.
Señor: Que cada día beba de tu agua.
Señor: Recibe cada día mi sed y tú sabrás qué hacer con ella.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Sábado de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”… “Padre he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. “Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. (Lc 15, 1-3. 11-32)

Tres personajes en esta parábola de Jesús:
El hijo pequeño que reclama su libertad.
Se aleja de casa y del Padre y vive a su aire mientras dura el dinero.
Luego a pasar hambre y sentirse solo, sin otra compañía que los cerdos.
Reviven los recuerdos del hogar y se pone en camino del regreso.
El Padre que le abre los brazos, lo besa y estrecha contra su corazón.
Lo pone otra vez nuevo, estrenando nueva vida de hijo y de familia.
Y hace fiesta y arma el baile.

El hermano mayor. El hermano bueno porque nunca ha sacado los pies del plato.
Que ha quedado en casa, pero no ha estado en casa, porque no ha comprendido el amor del Padre. Y no se vive en casa, si no se ha descubierto la verdad del amor paterno y del amor filial, sino sólo la obediencia servil del trabajo.
Y que por eso, ahora es él, quien no quiere entrar a casa.
Su corazón no entiende la fiesta del corazón paterno.
Su corazón no entiende de regresos a casa.
Sólo piensa en que su padre no ha valorado su fidelidad ni siquiera con “un cabrito para compartir con sus amigos”.

Y el Padre: La llamamos “parábola del hijo pródigo”, aunque mejor sería llamarla “parábola del corazón de Dios Padre”.

Todos tenemos mucho de ambos hermanos.
Porque todos algún día también hemos reclamado nuestra libertad y nos hemos ido de casa.
Porque todos sabemos lo que es tener amigos mientras la billetera está caliente.
Porque todos sabemos lo que es “oler a chancho”, hundidos en la soledad de nuestro corazón.
Porque todos sabemos lo duro que es reconocer nuestra pobre condición mientras vivimos hundidos en la basura de la vida.

Porque todos llevamos dentro al hermano bueno, al hermano obediente pero que no vive el calor del amor paterno de Dios.
Porque todos llevamos esa conciencia de ser buenos, pero incapaces de entender la alegría paterna del regreso del hijo, y como él también nosotros nos escandalizamos del amor.
Porque todos llevamos dentro esa incapacidad de vivir la fiesta del perdón, del regreso y la recuperación de lo que estaba perdido y ha sido encontrado.

Y sin embargo, lo que pretende Jesús, es que todos, tengamos más del corazón del Padre:
Seamos capaces de regresar al corazón del Padre Dios.
Seamos capaces de sentir, como el padre, el dolor de la ausencia de un hijo o de un hermano.
Seamos capaces de abrir nuestros brazos, para estrechar entre lágrimas de alegría, al hijo o al hermano, que después de una vida destrozada, regresa al calor del hogar y a su condición de hijo y de hermano.
Seamos capaces de alegrarnos y hacer fiesta:
Por el hermano que ha salido de la droga, luego de haber sufrido ese infierno.
Por el hermano que ha salido de la cárcel y ahora todos lo ven como marcado.
Por el hermano que ha salido del alcohol, del que ha estado esclavo durante años.
Por el hermano que, durante años, ha vivido fuera de la Iglesia y se ha sentido tocado por la gracia y está de nuevo entre nosotros.

El Dios de Jesús es un Dios Padre.
Un Padre que le duelen sus hijos.
Un Padre que sigue amando a sus hijos, aún a aquellos que le han fallado.
Un Padre, con los brazos siempre abiertos, con una mesa puesta para hacer fiesta cuando decidimos regresar a casa.

Pensamiento: No es bueno el que cumple con todo y es esclavo de la obediencia. Es bueno el que se siente amado y es capaz de amar a los que regresan a casa.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo A

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“Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. (Mt 21,33-43.45-46)

Cierto que la parábola tiene una intencionalidad bien definida.
De nuevo Jesús anuncia su suerte final.
El es el Hijo, el último enviado.
Pero lo administradores de la viña ven en él al heredero y al que deciden matar y seguir ellos como los dueños de la viña. Es una clara alusión a las aspiraciones de los responsables de la religión de aquel entonces “sumos sacerdotes y ancianos del pueblo”. Lo reconocen ellos mismos: “comprendieron que hablaba de ellos”.

Hoy hablamos mucho de los radicalismos e intransigencias religiosas.
Hablamos de la religión como causante de divisiones, tensiones e, incluso, guerras.
En el fondo no es novedad alguna:
A Jesús le mataron, no por motivos políticos, sino religiosos.
Fue la religión que utilizó la política para darle muerte.
Y la razón, la de siempre: aferrarse a una religión cerrada e impedir una religión abierta, universal y nueva, tal y como la presentaba Jesús.
Con una connotación evidente: Los que se creen responsables sienten que tienen que cambiar y que sus sillones están inseguros.
Hacerle desaparecer al “heredero” significaba hacerse ellos “dueños de la viña”.
Ya no sería la viña de Dios sino “su viña”.
Ya no sería la religión de Dios, sino “su religión”.

A Jesús lo eliminan porque querer cambiar las cosas.
No las cosas de Dios, sino eso que él mismo calificaría un día “como tradiciones de los hombres” y no los planes de Dios.

Las religiones, como la Iglesias que las sostienen, corren el peligro de impedir toda novedad, toda revisión, y todo cambio.
Lo que conlleva siempre el mismo camino:
Sentirnos dueños de los planes de Dios.
Sentirnos dueños de la revelación de Dios interpretada por nosotros.
Sentirnos dueños de la verdad de Dios.
Sentirnos dueños de la religión o de las Iglesias.
“Lo matamos y nos quedamos con su herencia”.
Religiones sin “herederos”.
Iglesias sin “herederos”.
Religiones e Iglesias de las que nos “quedamos en herencia”.

Y cuando nos hacemos o queremos hacernos dueños:
No tenemos reparo en apedrear a los “profetas”, los criados enviados a recoger los frutos.
No tenemos reparo en “echar mano y matar al mismo Hijo de Dios”.
Revisemos la historia y nos daremos cuenta de cuántos han muerto o hemos crucificado.
Cambian los métodos, pero la realidad puede seguir siendo la misma

Nadie es dueño de Dios.
Nadie es dueño de los planes de Dios.
Nadie es dueño de la verdad de Dios.
Todos somos “buscadores de su verdad”, aunque algunos tengan la misión del discernimiento.
El único dueño es el Espíritu Santo que sigue actuando cada día en el corazón de los hombres y mujeres.
Todos somos “labradores” encargados de hacer producir la viña.
Todos somos “labradores” que tenemos que rendir cuentas a Dios de los frutos de su viña, que no nos pertenece.

Una de las realidades que hoy, hacen menos creíbles a las religiones, son las luchas religiosas, sean éstas externas o internas.
Ni las religiones ni las Iglesias, con sus fundamentalismos, parecen ser respuestas al corazón de los hombres. ¿Y no será porque nos hemos hecho “heredero” y hemos matado al “Hijo heredero”?

Pensamiento: No somos dueños, sino labradores. Y la peor tentación es “hacernos dueños” matando, silenciando excluyendo.

Clemente Sobrado cp.