Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 2da semana – Ciclo A

“Le seguía mucha gente, porque había visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía tanta gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos”. (Jn 6,1-15)

multiplicacion de los panes y los peces

Una Misa al aire libre.
¿No debieran ser así nuestras Misas?
La gente se reúne en torno a Jesús, como se reúne los domingos.
Aquí por los signos que habían visto sanando enfermos.
Nosotros por las exigencias de nuestra fe que quiere renovarse en el misterio pascual.

Cada uno cargando sus propios problemas.
Y todos con el estómago vacío.
También nosotros asistimos cada uno con nuestros problemas.
Muchos cargados de necesidades, entre ellas, el estómago vacío.
Nos reunimos sin conocernos ni preocuparnos de las necesidades del otro.
Jesús comienza por tomar conciencia de que la gente está con hambre.
Está cerca la fiesta. ¿Pero qué fiesta celebraremos con hambre?
¿Alguien se acuerda que la Misa es también nuestra fiesta de Pascua?
¿Algunos de nosotros ve el hambre y los problemas que le rodean en la Eucaristía?

Alguien tiene que tomar conciencia de que es preciso hacer algo.
Algunos, como Felipe, se justificarán de que es imposible.
Hace cálculos matemáticos y ni con doscientos denarios.
¿No serán nuestras misas algo parecido?
Pero ¿no habrá también entre nosotros cinco panes y dos peces?
Celebrar la Eucaristía no es guardar el pan, sino “compartir el pan”.
Celebrar la Eucaristía primero es tomar conciencia de los que tenemos a nuestro lado.
No es posible celebrar la misa entre extraños y ajenos.
No es posible celebrar la misa en la indiferencia a los demás.
Comenzamos reconociendo nuestros pecados. ¿Y no será nuestro primer pecado la indiferencia al hambre de los hermanos?

“Decid a la gente que se siente en el suelo”.
Comer parados es comenzar el camino de la libertad.
Comer sentado es señal de libertad.
La Eucaristía celebrada como Pascua del Señor es señal que ya somos libres.

El pan es ante todo un don de Dios para todos.
Por eso Jesús, igual que en la Eucaristía “toma los panes, da la acción de gracias”.
Nunca tendremos panes suficientes para todos
En tanto no “no reconozcamos que son don de Dios”
En tanto estén guardados para nosotros.
Los panes se hacen Eucaristía cuando comenzamos a repartirlos.

Nuestras ofrendas ¿no tendrían que tener como destino las necesidades y el hambre de los demás?
Nuestras ofrendas tendrán que pasar por la consagración dando gracias a Dios, “y dándole gracias, los bendijo y dijo: Tomad y comed todos de él”.

¿Y qué es la comunión sino el repartir el pan de vida a todos?
¿Y nuestra comunión no llega a todos?
¿Y luego que todos han comulgado no quedan todavía muchas hostias?
Cuando el pan es bendecido y sacado el egoísmo del tener, llega a todos.
Aquí sobraron “doce canastas”. Pero no se desperdiciaron: “Recoged los pedazos de pan sobrado; que nada se desperdicie”. Porque lo que sobra será el pan que necesiten los que vengan a la siguiente misa.

¿No sería una Misa más pascual si pudiéramos celebrarla en este esquema de la multiplicación de los panes? Hasta la gente se entusiasmaría queriendo a Jesús por rey. Y no saldrían aburridos despidiéndose hasta el domingo siguiente.
¿Qué una Misa así sería poco seria?
Pero sería mucho más la Misa Pascual de Jesús.
Y nosotros sentiríamos más necesidad de Jesús y sin tantas ganas de salir.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 2da semana – Ciclo A

“El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios, El que Dios envió habla de las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida”. (Jn 3,31-36)

No dice nada quien habla demasiado.
No dice nada quien habla solo de sus propias ideas.
No dice nada quien habla lo que escucha a los hombres.

Jesús no era ni de los que hablaba demasiado, ni tampoco de los que hablaba lo que querían escuchar los hombres.
Jesús es de los que:
Habla de lo que la visto.
Habla de lo que ha oído al Padre.
Su palabra se hace testimonio.
Su palabra es el testimonio de la Palabra de Dios.

Hoy hablamos mucho de “nueva evangelización”.
Tendríamos que hablar de “nueva profecía”.
Porque el profeta no es el que habla por sí mismo.
Sino el que habla de lo que ha escuchado de Dios.
Por eso, constantemente, el profeta suele decir: “Esto dice el Señor”.

Me temo que en nuestra evangelización, y me cuento entre tantos:
Hablemos demasiado de lo que nosotros mismos pensamos.
Hablemos demasiadas palabras humanas.
Escribamos demasiadas Homilías y Discursos, consultando libros.
Pero hayamos “oído poco a Dios”.
Hayamos “escuchado poco a Dios”.
Y por eso, nuestra palabra no es “testimonio”.
Sino palabra bonita y que suena bien, pero no testifica a Dios.

Necesitamos hablar:
De lo que hemos visto.
De lo que hemos oído.
De lo que han tocado nuestras manos.
De lo que hemos experimentado.
De lo que nos ha tocado dentro en el alma.

Está bien que nos vean:
Como especialistas en los nuevos métodos de evangelizar.
Como especialistas en los nuevos multimedia.
Como especialistas en conocer al hombre.

Pero esos son medios, conductos de la palabra.
Pero la Palabra primero tiene que ser “escuchada”.
Pero la Palabra tiene que manifestar el “testimonio”.

Porque nuestra palabra está llamada a ser:
El hoy de Dios para los hombres.
El hoy de Dios para el mundo.
El hoy de Dios para los esposos.
El hoy de Dios para la Iglesia.
El hoy de Dios para los jóvenes.
El hoy de Dios para los que la anuncian.

Jesús dijo un día: “Si no me creéis a mí, creed a mis obras”.
Digamos nosotros: “Si no nos creen a nosotros, que crean a nuestra vida, a nuestra experiencia de Dios”.
Es el testimonio el que “certifica la veracidad de Dios”.
El testimonio es “habla las palabras de Dios”.
Y creer en el Hijo es ya “creer en la vida eterna”.

Los nuevos evangelizadores debieran expresarse en las palabras de San Juan: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos, acerca de la Palabra de vida, pues la vida se manifestó, y nosotros la hemos visto damos testimonio ..lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos…” (1 Jn 1,1-4)

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 2da semana – Ciclo A

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. (Jn 3, 16-21)

Juan lo expresará de varias maneras. Pero la más conocida es: “Dios es amor, y quien permanece en le amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4,16)
Dios que es amor entrega a su Hijo único.
Dios que es amor no quiere que perezca ninguno.
Dios que es amor quiere que todos tengamos vida eterna.

La misión de la entrega de Jesús:
No es para juzgar a nadie.
Sino para que todos ser salven.
Para que crean en El y vivan en la luz y no en las tinieblas.

Nicodemo no entendió lo que es nacer de nuevo.
Ni entendió lo que es nacer de lo alto.
Ni entendió lo que es nacer del Espíritu.

Pera tampoco entendió el amor de Dios entregando a su Hijo único.
Por tanto, tampoco entendió el misterio de Dios.
Por tanto, tampoco entendió la dignidad del hombre.
Por tanto, tampoco entendió lo que es la novedad del Reino en contraposición a la religión de la Ley.

Y cuando no entendemos a “Dios amor” “capaz de entregar a su hijo”:
Nunca lograremos comprender a Dios.
Pero tampoco lograremos comprender al hombre.
Pero tampoco lograremos comprender el camino del hombre.

Benedicto XVI lo expresa claramente:
“Este texto expresa con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y su camino”.
Y aún añade: “El amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros”.

Mucha lección:
Para quien va a escondidas y de noche a Jesús.
Para quien va en plan de ganarse a Jesús para la Ley.
Para quien va en plan no de seguir a Jesús sino pretender que Jesús le siga a él.

Pero ese es el camino de la revelación de Dios.
Ese es el camino de manifestársenos a los hombres.
Es camino de decirse a sí mismo.
Es el camino de querer hablar cristianamente del hombre.

Porque para Dios:
Es importante reconocerle a El.
Pero no es menos importante reconocer la verdadera dignidad del hombre.
Es importante la religión de Dios.
Y no es menos importante la religión del trato con el hombre.
Para Nicodemo lo único importante era Dios.
Porque el hombre carecía de importancia.
Y Jesús lo que quiere decirnos es que si Dios es importante, no es menos importante el hombre.
Tan importante que, El mismo entrega a su único Hijo para salvar al hombre.
Lo que, de otra manera, viene a indicarnos que el único valor auténtico del hombre es el mismo Dios.
Si el precio del hombre es la entrega del Hijo único de Dios, quiere decirnos que, el hombre vale lo que vale Dios y no podemos venderle en menor precio.
¿No os parece que es una pena cómo le hemos devaluado?
¿No os da pena cuánto lo hemos rebajado de precio?

A Nicodemo se le atragantó esa noche, que tenía que nacer de nuevo como hombre nuevo.
Pero creo que se le atragantó también, que el hombre fuese tan importante.
¿Y no viviremos nosotros también algo atragantados?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 2da semana – Ciclo A

“Se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado”. (Mc 16,15-20)

Ultimo encuentro de Jesús con los suyos.
Despedida que es un “me voy y me vuelvo”.
Hay despedidas dolorosas.
Hay despedidas dolorosas pero gozosas a la vez.
Hasta aquí llegó el camino humano de Jesús.
Aquí comienza el camino de cuantos creen en El.
“Id al mundo entero”.

No se trata de un “tomad un poco de descanso”.
No se trata de un “recordadme con cariño”.
No se trata de un “sed buenos”.

Les había dicho “haced esto en memoria mía”.
Les había dicho “lavaos también los pies unos a otros”.
Les había dicho “amaos como yo os he amado”.
Ahora les dice: “Id al mundo entero”.
Ahora les manda olvidarse de los sillones.
Ahora les manda olvidar de su tranquilidad.
Ahora les manda olvidarse de su casa.
Ahora les manda a los caminos del mundo.
Ahora les manda a recorrer el mundo.
Ahora les manda a caminar al encuentro de todos los hombres.
Ahora les manda a abrir caminos por todo el mundo.

Esa es la misión:
Hacer caminos.
Abrir caminos.
Andar caminos.
Salir al encuentro de los hombres que buscan.
Salir al encuentro de los hombres que viven en la oscuridad.
Salir al encuentro de los hombres que se sienten satisfechos.
Salir al encuentro de los hombres que necesitan encontrarse con el Evangelio.

“Proclamad el Evangelio”
Es la hora de los pies andando caminos.
Es la hora de la palabra que anuncia la Buena Noticia.
Es la hora de la palabra que resuena en todo el mundo anunciando el Evangelio
Es la hora de poner a los hombres ante el reto de la fe.
Es la hora de poner a los hombres ante la decisión de creer.
Es la hora de poner a los hombres ante el desafío de creer.
Es la hora de poner a los hombres ante la disyuntiva de salvarse.
Es la hora de la palabra.

Esta es la misión de la Iglesia:
No la de instalarse sino la de vivir desinstalada.
No la de quedarse donde está, sino ir a donde están los otros.
No la de callar sino la hablar.
No la de silenciar a Dios sino proclamar a Dios a los cuatro vientos.
No la de quedarse entre los buenos, sino de llegar a todos.

Y mientras escribo:
Estoy pensando en tantos misioneros esparcidos por el mundo.
Estoy pensando en tantos misioneros anunciando el Evangelio en todas las lenguas.
Estoy pensando en aquellos cuatro misioneros ahogados en el río, alguno de los cuales no pudo ser hallado en las turbulentas aguas y las pirañas.
Estoy pensando en tantos cristianos que han entregado sus vidas al servicio del Evangelio.
Estoy pensando en esos padres de familia, primeros evangelizadores de sus hijos.
Estoy pensando en tanto sacerdotes y religiosos perdidos en miles de pueblitos sembrando con su palabra y su vida el Evangelio a la gente sencilla.

Y todo, fruto de aquel “Id al mundo entero”.
Porque el que cree tiene por nación, el mundo.
Porque el que cree tiene por familia, la humanidad entera.
Porque el que cree tiene como única verdad, el Evangelio.

Clemente Sobrado cp.

Pensamientos para caminar: Los hijos (6ta parte)

Lee la 5ta parte de este post aquí: https://goo.gl/AMefRX

26.- Nuestra época sabe “hacer el amor”. Sabe hacer hijos; pero no siempre sabe “vivir un amor”. El amor no se hace. El amor nace, se dice, se expresa y se comunica. Cuando el amor es algo que tenemos que “hacer”, el amor se hace una cosa, un objeto más del consumo humano. Pero como todo lo que se consume, llena de momento y luego se sigue teniendo más hambre. No hagas tanto el amor y ama más.

Padres e hijos

Flickr: yardrath

27.- Khalil Gibran decía: “Cuando amáis no debéis decir “Dios está en mi corazón” sino “estoy en el corazón de Dios”. Cuando dices que amas a tu esposa o a tu esposo, no digas que lo tienes o la tienes en tu corazón, sino di más bien que tú estás en su corazón. Cuando dices que amas a tus hijos, no digas que los llevas en tu corazón, di que tú estás en el corazón de tus hijos. Porque amar, no es tener a los demás en ti, sino estar tú en ellos.

28.- No basta poseer el sol si no somos capaces de darlo. La frase es de Paul Claudel. Estimado amigo, no basta tener amor si no eres capaz de amar. No basta tener cosas si no eres capaz de compartirlas. El tener enriquece tu vanidad y tu egoísmo. Pero el dar enriquece a los demás y los hace vivir mejor. El dar te hace ser más y que los demás también lo sean.

29.- “Antes de ponerte a buscar el sentido de la vida, ámala. Si amas la vida, te haces un ser viviente”. Así se expresaba Dostoievski. Quien se pasa la vida preguntando por el sentido de la vida, no vive la vida. Quien se pasa la vida preguntando por el sentido del amor, no ha amado nunca. Quien se pasa la vida preguntando por el sentido de la familia, del hogar, nunca se ha sentido familia. Vive, pues el vivir es la clave del sentido de las cosas.

30.- Estimado amigo, tú tienes fe en tus hijos. Pero cuidado, ¿no será esa fe un motivo para desentenderte de ellos, dejarles hacer lo que les da la gana para así quitártelos de encima y que no te fastidien? Tener fe en los hijos significa fiarse de sus posibilidades, pero en modo alguno puede significar dejarlos solos y a la deriva. También te fías de tu carro, pero no por eso sueltas tus manos del volante. Fíate de ellos, mas no los pierdas de vista.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 2da semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo pregunta: “¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? Jesús le contestó: “Te lo aseguro, el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”. (Jn 3,1-8)

Estamos en tiempo pascual. Un tiempo que nos habla no de lo viejo sino de lo nuevo. La Pascua nos habla de los imposibles humanos para mostrarnos los posibles divinos.

Y eso es lo que Nicodemo no logra entender.
El prefiere quedarse con los imposibles humanos a abrirse a los posibles divinos.
Nicodemo no entiende la Pascua.
Entiende lo viejo.
Entiende lo que ya no puede cambiar.
Pero no entiende lo nuevo.
No entiende lo que puede nacer de lo viejo.

Me encanta caminar por el bosque y ver esos troncos caídos pudriéndose, pero de los que brota un vástago, un retoño que dará vida al viejo tronco que se muere.

Nicodemo es ya un viejo tronco de la vieja Ley.
Y no entiende que sea posible nacer de nuevo.
Nicodemo habla todavía el lenguaje humano, porque aún no ha entendido el lenguaje del espíritu.
La ley entiende de lo viejo.
Pero la ley no entiende de lo nuevo.
La ley entiende de la prohibición.
Pero la ley no entiende de ese nuevo germen del Espíritu que hace renovar lo viejo.

Jesús no ha venido a poner remiendos a lo viejo.
Jesús no ha venido a regalarnos “una muerte digna”.
Jesús ha venido a hacernos nuevos, a hacernos renacer y comenzar de nuevo.
Y para Jesús no vale el tiempo.
Porque todo tiempo es válido para nacer otra vez desde dentro.
Incluso si el cuerpo sigue maltrecho, abollado y cascarillado.
Para Jesús siempre es posible volver a ser los “niños del Espíritu”.
Para Jesús siempre es posible comenzar a vivir de nuevo.

Nuestra gran peligro y nuestra peor enfermedad se llama:
“el virus nicomeditis”,
“la fiebre nicomeditis”,
“el cáncer nicomeditis”.
Esa enfermedad de escondernos detrás de los años para justificar nuestro pasado y negarnos a un futuro nuevo.

Para la gracia del Espíritu, los años no son ningún obstáculo.
Se puede nacer de niño y se puede nacer de joven.
Se puede nacer de adulto y se puede nacer de mayor.
El Espíritu nos puede cambiar en cualquier tramo de la vida.
El Espíritu nos puede renovar en cualquier etapa de la vida.
El Espíritu nos puede hacer nacer de nuevo en cualquier tramo del camino.

No pongamos parches a la vida.
No hagamos arreglos a los baches del camino.
No pongamos remiendos a los rotos.
Dios quiere que comencemos de nuevo.
Dios nos quiere niños de nuevo.
Porque Dios nos quiere engendrar de nuevo para que renazcamos de nuevo.
¿Eres joven? Vive a fondo tu juventud.
¿Eres adulto? Sigue renovándote cada día.
¿Eres anciano? Hoy puedes comenzar el camino de nuevo.
Dios no envejece.
Por eso quiere que nosotros seamos cada día más jóvenes.
Morimos cada día.
Y cada día podemos nacer. Dios no usa calendario.

Pensamiento: Quien no renace cada día, cada día está envejeciendo.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 2 (de la Misericordia) – Ciclo A

ORACIÓN DIARIA AL SEÑOR DE LA MISERICORDIARecibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús…  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos”. (Jn 20,19-31)

Ser misericordiosos

El Domingo de Pascua fue el domingo de los sepulcros vacíos y la competencia de las carreras. Este segundo domingo es el domingo de los regalos pascuales.
El regalo de la paz, como reconciliación de Jesús con los suyos.
El regalo del Espíritu Santo, que los recrea en los hombres nuevos.
El regalo de la misión, por la que los hace continuadores de su obra.
El regalo del poder de perdonar, como expresión del amor pascual de y en la comunidad.
Por eso Juan Pablo II lo declaró el “Domingo de la divina misericordia”.

Durante la Pasión le fallaron prácticamente todos.
Unos se dieron a la fuga o se escondieron. Nadie dio cara por él.
Otro lo negó abiertamente, negando ser su discípulo e incluso no conocerle.
Por eso, en la Pascua:
Se sienten avergonzados y temerosos. Les da miedo su presencia.
Y lo primero que Jesús hace es devolverles la alegría de la reconciliación regalándoles el don de la paz y del perdón.
Además es preciso reconstruirlos por dentro. Y les regaló el don del Espíritu Santo. Los recrea. Si en la creación Dios sopló en las narices de Adán haciéndolo un ser viviente, ahora sopló sobre ellos, regalándoles no solo el don de la vida sino su propio Espíritu. Les hace los “hombres nuevos de la Pascua”.
Y les regala la confianza de encomendarles la continuación de la misión que el Padre le había encomendado a El.
Pero Jesús es consciente de que, a pesar de todo, siguen siendo hombres débiles y frágiles y le deja el maravilloso don del perdón, capaz de reconstruirlos cada vez que la debilidad los gane.

Ahí está constituida la nueva comunidad pascual.
Una comunidad en torno a la presencia de Jesús.
Una comunidad llamada a vivir de la experiencia del que lo dio todo por ellos. Sus llagas serán en adelante la mejor expresión de la identidad entre el crucificado y el resucitado.
Una comunidad animada por el mismo espíritu de Jesús. Que no solo vive de su presencia sino que vive su mismo espíritu.
Una comunidad no encerrada sobre sí misma, sino abierta como él al amor universal para con todos los hombres.
Una comunidad de amor, capaz de perdonar y recrear cada día a sus miembros.

Es la comunidad testigo de la Pascua.
Es la comunidad pascual.
Es la comunidad del Resucitado.
Es la comunidad del Espíritu Santo.
Es la comunidad de la misión y del perdón.
Es la comunidad, lugar del encuentro con el Resucitado.
Por eso, Tomás, que no está en la comunidad se niega a creer en el Resucitado. Pero también a él lo rescata Jesús. Y le hace proclamar públicamente, en la comunidad, su fe en El.

Jesús no creó unas estructuras en las que la nueva comunidad pudiera moverse y organizarse. Jesús creó un dinamismo interno, capaz de movilizar la nueva comunidad.
La Iglesia no es más Iglesia por su organización y su estructuración, que, puede ser necesaria. Pero la organización no la hace Iglesia. La Iglesia tiene una organización, pero es una vida. La organización es como el cauce del río, pero la ella es el río mismo.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la Octava de Pascua

“Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. (Mc 16,9-15)

Marcos hace una síntesis de las apariciones.
Y destaca algo curioso: aquí nadie cree a nadie.
No se creen entre ellos mismos.
Uno se pregunta qué comunidad puede darse allí donde el uno no cree en el otro.
Uno se pregunta qué Iglesia puede darse cuando nadie cree en los demás.
Uno se pregunta qué familia puede darse si los unos no creen en los otros. ¿A caso puede haber:
Amor conyugal, donde los esposos no se creen el uno al otro?
Amor filial, donde los padres no creen en los hijos ni los hijos en los padres?
Amor fraterno, donde los hermanos no se creen mutuamente?
Amor de amistad, donde los amigos no se creen los unos a los otros?

Y como no se creían entre sí, terminan no creyendo tampoco en el Resucitado.
Para amar al prójimo, primero es preciso amarse a sí mismo.
Para creer en Dios, tenemos que comenzar por creernos a nosotros mismos.

Y lo realmente curioso es que, si bien la fe es un don personal de Dios a cada uno, la historia de la fe se transmite casi siempre a través de los otros.
La Iglesia es el sacramento de la fe en el Resucitado.
¿Cómo creer en él si no creemos en la Iglesia?
La fe se anuncia y transmite a través del ministerio pastoral.
¿Cómo creer si nos negamos a creer en ese ministerio?
Y sin embargo, tenemos que reconocer que, a pesar de todo, nuestra vida se desenvuelve en nuestra fe en los demás:
¿Acaso no me fío del chofer cuando viajo en bus?
¿Acaso no me fío del piloto cuando viajo en avión?
¿Acaso no me fío del médico cuando estoy enfermo?
¿Acaso no me fío de panadero cuando compro pan?
¿Acaso no me fío del pescatero cuando compro pescado?
Y así pudiera ver que todo el día vivimos de la fe en los otros.
¿Por qué, entonces, tendremos tantas resistencias cuando se trata de los problemas de la fe? Entonces todo lo ponemos en duda.

Lo que resulta curioso en el relato de Marcos es que:
Mientras les recrimina a todos por su “incredulidad y dureza de corazón”, Jesús se fía de ellos, hasta el punto de confiarles la suerte del Evangelio en el mundo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.
Vosotros no creéis a los que os anunciado la buena noticia de la Pascua.
Sin embargo, id para que el mundo os crea a vosotros.
Yo no te creo a ti cuando me anuncias que lo has visto y está vivo.
Y yo sí te he de creer cuando tú me lo anuncies.

Los hombres solemos tener problemas para creer a Dios.
Y Dios termina creyendo en nosotros “incrédulos y duros de corazón”.
Dios, ha sufrido muchas desilusiones viendo cómo dudamos de él en nuestros corazones.
Y sin embargo, Dios sigue creyendo en nosotros.

Con frecuencia me toca vivir esta experiencia:
Padre, yo no creo en Dios. Pues Dios sí cree en ti, le digo.
Padre, yo tengo dudas de Dios. Pues, Dios no duda de ti, le digo.
Padre, yo no confío en Dios. Curioso, pues Dios sí confía en ti, le digo.
Padre, yo no me fío de la Palabra de Dios.
Pues Dios sí se fía de la tuya, le digo.

No creer en el que nos anuncia al Resucitado, es señal de que no le amamos de verdad.
Y como Dios nos ama siempre, Dios no deja de creer en nosotros, por más que le fallemos, y es capaz de poner en nuestras manos la suerte de su Evangelio. A veces pienso: “¿No será demasiado confiado?” San Pablo lo dijo claro: “El amor todo lo cree”.

Pensamiento: Si quieres que te crean comienza por valorar y amor a los demás.

Clemente Sobrado cp.