Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 3 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene dentro a Belcebú y expulsa los demonios con el poder del jefe de los demonios”. (Mc 3,22-30)

Nada cuesta tanto como aquello que no queremos aceptar.
Nada cuesta tanto como aquello que no nos interesa.
¡Qué difícil es reconocer la bondad de los demás!
Dicen que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”
Ni hay peor “ciego que el que no quiere ver”.
¡Cuántas resistencias ponemos cuando no queremos aceptar la verdad!
¡Cuántas excusas ponemos cuando no queremos aceptar a Dios en nuestras vidas!

¿Es tan difícil aceptar a Dios?
¿No será que no queremos aceptarlo?
Hoy se habla mucho del ateísmo práctico.
No es el ateísmo teórico, el ateismo intelectual que alguna vez estuvo de moda.
Es el ateísmo del corazón.
Es el ateísmo de la indiferencia.
Es el ateísmo de la falta de de sinceridad.
Es el ateísmo de la falta de interés.
Porque, no nos conviene, no nos interesa.

Es que aceptar a Dios implica:
Un cambio de vida, que no nos interesa-
Un cambio de actitud, que no nos interesa.
Un cambio de comportamiento, que no buscamos.
Un cambio de responsabilidad.

Creer en Dios implica un cambio de vida.
Y eso nos cuesta aceptarlo.
Creer en Dios implica que tenemos que asumir otras responsabilidades.
Y eso nos cuesta aceptarlo.
Creer en Dios implica que tengo que complicarme con mi hermano.
Y eso nos cuesta aceptarlo.
Creer en Dios implica que tengo que amar a mi hermano.
Y eso nos cuesta aceptarlo.
Y entonces, la mejor solución es negar a Dios, prescindir de Dios.

Personalmente me cuesta creer en todo esos que se dicen ateos o agnósticos.
Puede que algunos lo sean porque nunca nadie les puso a Dios en su camino.
Puede que algunos lo sean porque nadie les ha hablado de El.
Pero la mayoría de esos agnósticos:
Están bautizados.
Se llaman cristianos.
Son agnósticos prácticos.
No los conviene que Dios exista.
No les conviene a Dios en sus vidas..

Es la historia de los escribas.
No quieren cambiar de modo de pensar.
No quieren cambiar de modo de vivir.
No quieren complicar sus vidas.
Y entonces el mejor camino es negar que Jesús es Dios.
No pueden negar lo que ven.
Pero lo pueden interpretar a su manera.
No pueden negar que Jesús hace milagros.
Entonces lo mejor es descalificarle y decir que:
En vez de “actuar en nombre de Dios”,
“Actúa en nombre del demonio”

En el fondo hay poca sinceridad en nuestro corazón.
En realidad somos poco sinceros.
Cuando algo no nos interesa buscamos mil y un motivos para evitarlo.
Cuando algo no nos conviene buscamos razones para desacreditarle.
Fue lo que lo sucedió a Jesús en su pueblo.
Primero le admiran por su doctrina.
Pero luego le sacan en cara que no tiene nada de divino porque conocen su familia.
Ahora le sacan que actúa en nombre del demonio y no de Dios.
Tendremos que examinar nuestro corazón y ver que motivos tenemos dentro.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 3 – Ciclo A

“Al enterarse Jesús de que habían encarcelado a Juan, se dirigió a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de de Zabulón y Neptalí. Al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. Entonces Jesús comenzó a predicar diciendo: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos”. (Mt 4,12-23)

Se apaga un vela y se enciende una lámpara.
Se apaga una estrella y se enciende el sol.
Se apaga la voz del hombre y comienza a sonar la voz de Dios.
Calla Juan y comienza a hablar Jesús.
Se queda solo el desierto y ahora se enciende una luz en tierra de paganos.
Juan es encerrado en la cárcel y Jesús se va a Galilea de los gentiles.

Los caminos de Dios siempre son desconcertantes.
Juan comienza su predicación:
No en Jerusalén sino en el desierto.
No en el Templo, sino en el arenal.
No donde había gente, sino en el desierto vacío.

Y Jesús comienza su predicación, lejos de Jerusalén.
El la otra punta, como quien dice.
Allá al norte en Cafarnaún y en el Lago, en esa zona que el Evangelio de hoy citando a Isaías llama “Pueblo que habitaba en tinieblas… a los que habitaban en tierra y sombra de muerte”.
Comienza donde los otros no han anunciado.
Comienza caminos nuevos y no andados.
Comienza abriendo caminos.

Juan comenzó predicando:
La preparación de los caminos al que estaba por venir.
Juan comenzó predicando la conversión parándose para recibir al que viene.
Jesús a predicar La “conversión”, porque está cerca el reino de los cielos”.
“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”.
Ciertamente el detalle da mucho qué pensar.
¿Será que hay que salirse de la institución religiosa para poder comenzar de nuevo? ¿Será que hay que situarse lejos del centro de la institución religiosa para poder cambiar de verdad?

Por una parte, uno siente esa tentación, no sé si será un mal pensamiento.
Pero ciertamente las instituciones, del tipo que sean, dejan poco margen y pocas posibilidades para que uno se “convierta a la novedad del reino”.
Las instituciones lo tienen todo demasiado controlado.
Pensemos en los Partidos Políticos que cuando alguien disiente del grupo inmediatamente lo cuestionan e incluso lo dan de baja.

Lo cierto es que Jesús comienza:
No en el desierto como Juan.
No allí donde parece que brilla la luz de la verdad.
Sino “donde están los que habitan en tierra y sombras de muerte”.
La gracia puede brillar en todas partes, incluso allí donde todo parece oscuro y todo parece muerto.

Lo cual también es una ventana abierta a todos, sin excluir a nadie, de modo que nadie pueda decir que la llamada del Evangelio a la conversión del corazón no es para él.
Unos se convierten de niños, otros de jóvenes y otros ya entrados en años.
Y la prueba es que Jesús no escogió como sus primeros discípulos a pipiolos adolescentes precisamente, sino a hombres mayores, cuajados ya en la lucha por la vida y cuyas manos están encallecidas de tirar de las redes y empujar los remos de la barca.

Y una pregunta cuestionadora:
Jesús comienza no en el centro donde parece estar la vida.
Sino en los márgenes donde parece no haber nada.
No en el centro donde está el Templo. Sino en los márgenes gentiles.
No en el centro donde parece estar la luz. Sino en los márgenes donde dominan las tinieblas y la muerte.
No donde otros ya han abierto caminos, sino donde todo está por andar.

¿No es esta una pregunta para la Iglesia?
¿Dónde está la Iglesia?
¿Dónde encontrar la Iglesia?
¿Dónde anuncia la Iglesia?
¿Dónde ya hay luz o dónde hay sombras?
¿Dónde hay vida o dónde reinan las sombras de la muerte?
¿Dónde están los que ya creen o donde están los paganos?
No mirando desde el balcón “balconeando” que dice el Papa francisco, sino andando por los caminos y las calles.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales”. (Mc 3,20-21)

Hay personas que, estén donde estén, tienen imán.La gente les sigue.
Y la gente sabe a quien sigue.
Como dice por ahí el refrán. “La gente no es tan tonta como parece”.
En una ocasión daba un Cursillo de Cristiandad. Me acompañaba un sacerdote que hablaba bonito y decía cosas hermosas. Llegado el momento de la confesión, solo uno se fue con él.
Al quejarme al Coordinador para que repartieran a la gente, me dio una respuesta que nunca la hubiese esperado:
“Padre, él habla bonito, pero no se le ve sacerdote”.
¡Cuál fue mi sorpresa cuando, a los seis meses, me comunican que había “colgado los hábitos”. Confieso que yo no tuve ese olfato, y los seglares sí.
Es que la gente tiene un olfato exquisito para saber diferenciar y saber a quien buscar y seguir, y dónde habla el Espíritu y donde no.

A Jesús le siguen dondequiera que esté.
La gente sencilla tiene una percepción especial.
Son tantos los que le buscan que ni Jesús ni sus discípulos “tienen tiempo para comer”.
A mí me sobra tiempo para comer.
Y hasta me sobra tiempo para echarme una siesta.

Pero, hay en todo esto algo curioso.
Si uno se aparte de la rutina de la vida.
“No está en sus cabales”
Si uno decide tomar en serio el Evangelio.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide entregarse entero a la gente.
“No está en sus cabales”
Si uno decide escuchar a todos.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide comprometerse con todos.
“No está en sus cabales”
Si uno decide tomar con seriedad su bautismo y se santidad.

Puede prepararse para lo que le espera:
A Jesús, sus mismos familiares fueron a buscarle, porque consideraban que no estaba “en sus cabales”.
Todo el que no entra en la rutina de todos, es un raro.
Todo el que no hace lo que hacen todos, es un raro.
Todo el que es justo y no roba en el trabajo: es un tonto.
Todo el que no piensa como todos, es un raro.
Todo el que no habla como todos, es un raro.
Para ser normal y estar “en sus cabales” hay que ser como todos.

¿Recuerdan la historia de aquel profeta loco que se pasaba el día entero gritando en la plaza sin que le escuchase nadie?
Alguien le preguntó: ¿por qué seguía predicando si nadie le hacía caso?
A lo que él respondió: “grito para que los demás no me convenzan de lo contrario”.

No es fácil escaparse en solitario en las carreras ciclistas.
Al fin, el pelotón termina por comérselo y absorberlo.
Tampoco es fácil entregarse en solitario a la causa del Evangelio.
Lo van a llamar un obsesionado.
Tampoco es fácil entregar todo tu tiempo a los demás, incluso si no tienes tiempo para comer.
Te dirán ¡qué manera de perder tu tiempo y tu vida!
Tampoco es fácil entregar tu vida al servicio de los necesitados.
Te dirán que nadie te lo agradecerá.
Si no quiere que te digan que “no estás en sus cabales” el remedio es fácil: sé como todos.
Los alpinistas que quieren subir a donde nadie ha subido, son unos locos arriesgando sus vidas.
Si quieres ser santo, terminarás por ser un insociable y un aguafiestas.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Jesús, subió a la montaña y llamó a los que quiso, y se fueron con él. Designó a Doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así se constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó”. (Mc 3,13-19)

Así nació el primer grupo, la primera comunidad, base del Reino y de la Iglesia.
En una montaña, espacio para la revelación de Dios.
Poniendo un nombre a cada uno.
Tenemos que aprender a leer cómo se formó, porque nos sirve luego de camino para construir la Iglesia y nuestro ser Iglesia y nuestra misión en la Iglesia.

“Los llamó”.
La fe, como la Iglesia, no son una profesión que nosotros elegimos por cuenta nuestra.
En la raíz de nuestra fe y de nuestra condición de Iglesia:
Hay, no una elección nuestra como quien decide su profesión.
Hay una llamada de Dios.
No somos nosotros los que decidimos.
Es Dios quien está en la raíz de nueva llamada.
Es Dios quien nos llama.

“A los que él quiso”.
Es maravilloso sentir que soy de los privilegiados.
Soy de los elegidos.
Llama a todos, pero Jesús tiene sus preferencias.
Lo cual nos está diciendo que somos lo que somos por pura elección, por pura gratuidad.
Sólo somos de Jesús cuando El pronuncia nuestro nombre.
Solo somos alguien cuando Dios dice nuestro nombre.
Solo le conocemos cuando sentimos que El dice nuestro nombre.
¿Por qué me llamó a mí cuando era un pobre criado que cuidaba vacas?
Por pura predilección suya.
“Porque él quiso”.
¿Por qué me llamó a mí que no tenía donde caerme muerto?
Por pura predilección suya.
“Porque él quiso”.
¿Por qué me llamó a mí que no tenía futuro alguno en la vida?
Por pura predilección suya.
“Porque él quiso”.
Personalmente seré poca cosa, pero qué grande soy cuando soy uno de los predilectos “porque él quiso”.

“Para que estuviesen con él”.
No nos llamó para hacernos distintos a los demás.
No nos llamó para hacernos más que los demás.
No nos llamó para darnos prestigio social.

Nos llamó:
Para estar con él.
Para ser sus compañeros de vida y misión.
Para ser como él y vivir como él.
Para ser familia con él.
Para “enviarnos a predicar”.
Para hacer lo que él hacía.
Y nos llamó por nuestro nombre.
Y nos llamó con todos nuestros defectos y debilidades.
Uno se estremece cuando lee: “y Judas Iscariote, el que lo entregó”.

Vivir la fe y vivir como Iglesia es entrar en comunión con él.
Esa es la base de nuestra espiritualidad bautismal y eclesial.
No puedo menos de recordar aquí esta oración:
“Cuando esté duro mi corazón y reseco, baja a mí como un chubasco de misericordia.
Cuando la gracia de la vida se me hay perdido, ven a mí con un estallido de canciones.
Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo, cerrándome el más allá, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y sosiego.
Cuando mi pordiosero corazón esté acurrucado cobardemente en un rincón, rompe tú mi puerta, Rey mío, y entra en mí con la ceremonia de un rey.
Cuando el deseo ciegue mi entendimiento, con polvo y engaño, ¡vigilante santo, ven con tu trueno y y tu resplandor!” (R.T)

Señor: cuando me canse, que escuche tu voz que me despierta.
Señor: cuando me sienta vacío, que sienta tu voz llamándome desde dentro.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del mar, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Entonces encargó a sus discípulos que le prepararan una barca para que la muchedumbre no lo apretujara. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo”. (Mc 3,7-12)

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea

Estoy pensando en el Papa Francisco.
Arrastra muchedumbres.
En cambio hay infinidad de gente que solo arrastra mosquitos en verano.

Jesús va a las orillas del Lago.
Y la muchedumbre le sigue.
Y todo por las cosas que hacía.
Era su actitud y comportamiento el que arrastraba la gente.
Hay gente que arrastra.
Hay gente que se queda más sola que la i.
Al fin y al cabo lo que atrae a la gente es nuestra vida.
Y en concreto, lo que más arrastra es lo que hacemos por los demás.

Este evangelio me agrada y me incomoda.
Me agrada porque veo cómo las gentes siguen por todas partes a Jesús.
Me desagrada cuando escucho hoy cómo la gente:
Dice que ya no cree en la Iglesia.
Dice que ya no cree en el sacerdote.
Y se alejan.
Me dan pena esas Misas que, a veces se ven en TV, donde no hay más que un grupito de viejos y no se ve ni un joven.

Todo ello me hace pensar ¿qué hacemos?
Jesús ordena le traigan una barca para evitar que la gente lo apretuje:
Porque todos le quieren tocar.
Porque todos “los que sufrían de algo se le echaban encima”.

Con frecuencia nuestra presencia se presta a la mueca.
Con frecuencia nuestra presencia parece alejar más que atraer.
Yo siempre he entendido que el cristiano:
debe ser alguien que atrae.
debe ser alguien que inspira proximidad.
debe ser alguien que inspira cercanía
debe ser alguien que inspira búsqueda de Jesús.

Ya sé que no toda la culpa es nuestra.
Pero tampoco debiéramos disculparnos de lo que nos toca.

Por eso, siento una profunda alegría con el Papa “Panchito”:
No busca publicidad, pero la gente lo busca.
No busca llamar la atención, pero la gente quiere acercarse.
No busca figurar, pero la gente, se le acerca.
Hasta dicen que sale de noche a buscar a los pobres de incógnito.
Hay algo en él que, como Jesús hace que la gente también quiera tocarle.
Yo tengo fe en que su presencia hará más querida a la Iglesia.
Yo tengo fe en que la Iglesia comenzará a tener mucho jale.
Yo tengo fe en que la Iglesia comenzará a ser más atractiva.
Yo tengo fe en que la Iglesia comenzará a ser más bella.

Señor: Dame la gracia de que la gente me busque por mi vida.
Señor: Dame la gracia de que la gente descubra en mí una esperanza.
Señor: Dame la gracia de que la gente se sienta curada por mí.
Señor: Dame la gracia de que la gente me busque, no para llamar la atención, sino porque te descubre a ti en mí.
Señor: Dame la gracia de que la gente me siga, no para hacerme fama, sino porque encuentra en mi respuesta a sus necesidades y problemas.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. Curó a muchos enfermos de diversos males…” (Mc 1,29-39)

Primero Jesús deja en mal lugar a los escribas que ya han perdido autoridad ante el pueblo.
Ahora es la institución religiosa la que Jesús cuestiona.
Es sábado, día de sinagoga.
Como sábado los enfermos están prohibidos de buscar la salud de sus cuerpos.Por eso tienen que esperar a que pase el sábado, se ponga el sol para acudir a Jesús que acaba de curar al enfermo en la misma sinagoga y luego se va a la casa de Pedro a sanar a su suegra que tiene fiebre. Y ahora todos los que esperaban terminase el día, acuden todos a que los cure.

Resulta chocante:
Que la institución religiosa sea un atentado contra la persona.
El sábado dedicado a Dios se olvida del hombre.

Y resulta chocante porque:
La persona está por encima de cualquier institución, incluso la religiosa.
La persona es para Dios más importante que la religión, al menos la religión que relega al hombre a título de fidelidad a Dios.
Dios deja de ir a Misa con tal de sanar al que sufre.
¿Acaso Jesús mismo no renunció a su “condición divina” para hacerse un hombre cualquiera, para salvar al hombre?

Si Jesús deja su condición divina para salvarnos ¿qué mucho que nosotros dejemos nuestras obras de piedad para aliviar el sufrimiento de los demás?
Recordemos lo que San Vicente Paúl decía a sus religiosas de abandonar la oración si algún pobre o enfermo las necesitaba.
No se deja a Dios cuando alguien sufre, sino que se deja a Dios por Dios que sufre en el necesitado.

Dios pareciera dar más importancia al hombre que a sí mismo. Pero qué difícil nos resulta todos entrar por este Evangelio del sufrimiento y del dolor.
Dios no hace sufrir a nadie y quien diga lo contrario miente y no le hace favor alguno ni a Dios ni a la religión o a la Iglesia.
Dios prefiere la vida del hombre a la vida de su propio Hijo, al que no baja de la cruz.
Para Dios el centro es siempre el hombre, sobre todo, el hombre que sufre, que llora, que pasa por necesidad.

¿Cuándo los demás serán el centro de nuestra vida?
Por encima de nuestros títulos y pergaminos.
Por encima de nuestros intereses.
Por encima de nuestras riquezas.
¿Cuándo será que, nuestra espiritualidad pase por la experiencia del hombre, la mujer, el niño o el anciano que nos necesitan?
¿Cuándo será que, nuestra mejor devoción sea el amor y el servicio de los que sufren?
¿Cuándo será que, nuestra mejor misa será el compartir el sufrimiento del hermano y el ayudarle a recuperar el gozo de la esperanza?
¿Tendremos que esperar también nosotros a que se ponga el sol cada domingo para acercarnos a ellos?
¿Tendremos que dejarlos abandonados hasta que regresemos de hacer nuestras oraciones?
¿Tendremos que dejarlos solos, sorbiendo su propia soledad y abandono hasta que regresemos de encontrarnos con Dios para contarle nuestras cuitas?

El mundo cambiará y también nosotros los creyentes.
Cuando las leyes, también las religiosas estén al servicio de la dignidad de la persona.
Cuando la riqueza esté el al servicio de todos, también los necesitados.
Cuando cada uno vivamos y estemos al servicio de los demás.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 2 a. Semana – Ciclo A

“Oye, ¿por qué tus discípulos hacen en sábado lo que no está permitido?” El respondió: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado”. (Mc 2,23-28)

Los obsesivos y los intransigentes siempre crean problemas.
Y los intransigentes religiosos peor.
Pero basan su intransigencia en Dios.

La intransigencia implica que solo yo tengo la razón.
La intransigencia nunca se pone en lugar del otro.
La intransigencia piensa desde la ley.
Pero no piensa desde las necesidades de los otros.
Y con ello le hacemos un triste favor a Dios, porque damos la impresión de que Dios prefiere nuestras leyes o nuestras interpretaciones a nuestras necesidades.

El intransigente convierte en centro de su fidelidad la ley.
Pero prescinde del hombre.
Y Dios piensa de otra manera.
Primero es el hombre y luego la ley.
No hizo al hombre para cumplir leyes.
Pero sí hizo la ley para que sirva al hombre.
Así, no hizo el hombre para que cumpliera con el sábado.
Pero sí hizo el sábado para que sirva al hombre.

Al intransigente:
No le importa que el hombre tenga hambre en sábado.
No le importa que el hombre tenga necesidad de comer en sábado.
Como tampoco le importa que esté enfermo.
Lo importante es el sábado y no el hombre.

Jesús piensa de otra manera:
Sabe que los discípulos tienen hambre.
Pues que coman y corten espigas por más que sea sábado.
¿Acaso Dios quiere que el sábado sea un día de hambre?
¿Acaso Dios quiere ver sufrir en sábado al hombre?

De ordinario, los intransigentes suelen ser:
Gente que no piensa en los demás.
Gente que no valora adecuadamente a los demás.
Gente que no piensa en las necesidades de los demás.
Gente que vive de lo ordenado y mandado.
Son esclavos del orden.
Son esclavos de la disciplina.

Para ellos, vale más el orden que la vida.
Para ellos, vale más la disciplina que la vida.
Para ellos, vale más la obediencia que la vida.

En cambio para Dios:
Lo principal es la vida.
Lo principal es la libertad.
Lo principal es la alegría.
Lo principal es la fiesta.

En casa se necesita disciplina, pero sin que mate la alegría de la vida.
En casa se necesita el orden, pero sin que matemos la fiesta.
En la Iglesia se necesita la disciplina, pero sin que apaguemos la libertad de la Pascua.

Clemente Sobrado cp.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 2 a. Semana – Ciclo A

Escucha aquí la homilía dominical: http://bit.ly/homilias.

“Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, ¿por qué los tuyos no?” Jesús les contestó: “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen el novio con ellos, no tiene sentido que ayunen. Nadie arregla un vestido viejo con un remiendo de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge y rompe el vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierde el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”. (Mc 2,18-22)

Hemos dado mucha importancia al ayuno y a la penitencia.
Y no hemos dado la misma importancia al amor.
Jesús suple el ayuno por el amor.
Más vale un kilo de amor que mil kilos de ayuno.

Además, Jesús nos da la razón del por qué.
¿Te imaginas que Jesús se declare novio tuyo?
¿Te imaginas que Jesús se declare enamorado tuyo?
¿Te imaginas que Jesús declare que quiere celebrar las bodas contigo?
Siempre nos ha preocupado:
Un Dios que quiere reparemos el mal que hemos hecho.
Un Dios que quiere le paguemos con el precio de la penitencia.
Un Dios que se satisface más con nuestro ayuno que con nuestro amor.

Es que hemos vivido un concepto equivocado de Dios.
Hemos vivido un Dios castigador.
Hemos vivido un Dios justiciero.
Hemos vivido un Dios que puede condenarnos.
Cuando, en realidad, Jesús nos quiere revelar un Dios amor.
Un Dios enamorado de nosotros.
Un Dios que se declara novio nuestro.
Un Dios que, más que condena, está pensando en boda.
Un Dios que vive de amor y no de sacrificios y penitencias.
Un Dios que vive de amor y no de austeridades.

Pero para ello tenemos cambiar nuestra mentalidad de Dios.
Para ello es preciso que desde niños nos muestren, no el Dios que castiga, sino el Dios que ama.
Para ello es preciso que en la catequesis, nos muestren el Dios “novio”, y no el Dios “suegro”.
Para ello es preciso que nuestras homilías tengan menos de amenazas y más de ternura.

Por algo el Papa Francisco nos dijo a los Sacerdotes:
“que escuchemos más a Dios antes de predicar para no dar homilías largas que nadie entiende y, a su vez, ha pedido a los fieles que escuchen la palabra de Dios, durante su encentro con el clero”

Yo estoy seguro que si en mi homilía dominical dijese: “Vuestro novio Dios os dice” más de uno se escandalizaría.
El ayuno está bien la religión de la Ley.
Pero no en la religión del amor.
No en la religión del noviazgo de Dios con nosotros.
No en la religión de las bodas del Dios enamorado con nosotros.

¿No será que la Iglesia tampoco se siente novia de Jesús?
Nos sentimos más esclava del Derecho Canónico que del noviazgo con Jesús.
Si no, díganme ¿cuántas veces han escuchado a la Iglesia hablarles de que Jesús es su novio camino de la boda?

Hay mucho que cambiar.
Hay muchos remiendos que tenemos que cambiar.
Hay muchos odres que tenemos que cambiar y queremos vivir el vino nuevo del amor.

Señor: dame el suficiente amor para sentir tu noviazgo.
Señor: dame el suficiente amor para pensar en nuestra boda.

Clemente Sobrado cp.