Dios también me hablará hoy: Domingo 7 – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

El amor vence al odio

“Han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente” Yo en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia. “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo” Yo, en cambio, les digo: Amen sus enemigos y recen por los que los persiguen. Así serán hijos del Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justo a injustos”. ( Mt 5, 38-48)

“La segunda antítesis se refiere a los enemigos: «Han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: “Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen”. A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo.” (Papa Francisco)

La Palabra de Dios sigue con el Sermón del Monte.
Esta vez, vuelve a insistir en algo esencial para la vida social y eclesial.
El no a la violencia.
Y el sí al amor.

Si examinamos nuestro corazón nos daremos cuenta:
Que todos llevamos dentro demasiada violencia.
Que todos llevamos dentro demasiada enemistad.
Que todos llevamos dentro demasiada venganza.
¿Recuerdan cómo el “buenazo de Juan y su hermano, piden permiso para pedir fuego al cielo cuando no le recibieron en Samaria?

Jesús quiere una religión:
De la paz.
De la convivencia.
De la amistad.
De la bondad.
De la comprensión.
De la sencillez.
Quiere un nuevo orden donde podamos rezar esa oración atribuida a San Francisco:

“Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto
ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es: Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna”.

En vez del odio, sembremos amor.
En vez de ofensa, sembremos perdón.
En vez de discordia, sembremos unión.
En vez de ser consolado, consolar a los demás.
En vez de exigir ser comprendido, comprender a los otros.
En vez de exigir ser amado, amar a todos.
En vez de exigir ser perdonados, perdonar a todos.

Esa es la Iglesia y ese es el Reino que vino a anunciar Jesús.
No nos medimos en nuestras fuerzas peleándonos.
Nos medimos perdonándonos.
No es luchando quien puede más.
Es luchar quien puede servir más.
No es luchando quien está más arriba.
Es luchar quién puede ser el menor de todos.

Un mundo al revés.
Pero un mundo nuevo, diferente, en el que bien vale la pena vivir.
“Es muriendo que se resucita a la vida eterna”.

La Cátedra de San Pedro

P. Clemente Sobrado cp.

Catedra de San Pedro

“¿Y ustedes quien dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la Palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “Dichoso tú, Simón, hijo e Jonás! Porque eso no re lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedara desatado en el cielo”. (Mt 16,13-19)

“La fiesta de hoy, nos invita a mirar a la Cátedra de San Pedro, nos estimula a alimentar la vida personal y comunitaria con la fe fundada en el testimonio de San Pedro y de los demás Apóstoles. Si imitáis su ejemplo, también vosotros, queridos amigos, podréis ser testigos de Cristo en la Iglesia y en el mundo”. (Benedicto XVI)

Celebramos hoy la Cátedra de San Pedro, la Catedral del Papa.
Por eso el texto bíblico es el mismo de hace dos días, solo que hoy leemos la versión de San Mateo, mucho más solemne y detallada que la de Marcos.

Pedro confiesa la identidad de Jesús como el Mesías, Hijo de Dios vivo.
Jesús confiesa que Pedro no ha llegado a esta conocimiento por caminos humanos sino por revelación del Padre.
Jesús hace un elogio de Pedro.
Jesús declara la gran misión de Pero: ser la piedra en la que se edifique la Iglesia.

Jesús es el autor de la Iglesia.
Jesús es el cimiento de la Iglesia.
Pero la Iglesia no es solo divina.
La Iglesia es también humana.
Tiene como fundamento lo divino.
Pero también tiene un fundamento que es humano.

La Iglesia es obra de Jesús.
Pero Jesús construye siempre con lo humano.
La Iglesia tiene rostro divino.
Pero también rostro humano.
Santidad divina.
Debilidad humana.
La Iglesia tiene poderes divinos.
Pero ejercidos a través de los humanos.

Por a la Iglesia tenemos que verla con los ojos de Jesús.
Pero también es preciso verla con los ojos de Pedro.
Es decir con los ojos humanos.
Es divina.
Y es humana.
Es lo divino a través de lo humano.
Son los poderes divinos.
Pero ejercidos por los humanos.

La Iglesia es de Jesús.
Pero constituida con piedras humanas.
Y nosotros tendremos que verla como divina.
Pero contemplando desde lo humano.
Las piedras humanas siempre serán débiles.

Por eso el Papa Francisco en su visita a Asís nos habla hace una exhortación a cuidar esta realidad humana de la Iglesia siempre en peligro:
“Sed testigos de la fe con vuestra vida: llevad a Cristo a vuestras casas, anunciadlo entre vuestros amigos, acogedlo y servidlo en los pobres”.
Una Iglesia que crece por la atracción del testimonio del pueblo de Dios, dijo el Papa, que nada tiene que ver con el proselitismo. Por eso es necesario “salir de uno mismo e ir “hacia las verdaderas periferias existenciales”.

Y por eso reitera “¡Pero la Iglesia somos todos! ¡Todos! Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia y todos debemos ir por el camino de Jesús, que recorrió un camino de despojamiento. El mismo se hizo siervo, servidor: quiso ser humillado hasta la Cruz. Y si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino”.

Dios también me hablará hoy: Viernes de la 6 a. Semana – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

“Jesús llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?” (Mc 8,34-9,1)

“Este estilo de vida nos salvará, nos dará alegría y nos hará fecundos, porque este camino de renegarse a sí mismo es para dar vida, es contra el camino del egoísmo, de estar apegado a todos los bienes solo para mí… Este camino es abierto a los otros, porque ese camino que ha hecho Jesús, de anula miento, ese camino ha sido para dar vida. El estilo cristiano es precisamente este estilo de humildad, de dulzura, de mansedumbre. Quien quiere salvar la propia vida, la perderá. Y esto hay que vivirlo con alegría porque la alegría nos la da Él mismo. Seguir a Jesús es alegría, pero seguir a Jesús con el estilo de Jesús, no con el estilo del mundo. Seguir el estilo cristiano significa recorrer el camino del Señor, cada uno como puede, para dar vida a los otros, no para darse vida a sí mismo”. (Papa Francisco)

Ayer Jesús daba su primera lección a sus discípulos sobre su verdadera identidad.
Hoy, Jesús extiende esta lección a todos los que quieran seguirle.
Es que no podemos separar a los discípulos del resto de seguidores.

Esto lo expresó muy bien el Papa Francisco en su visita a Asís:
“En estos días, en los periódicos, en los medios de comunicación se fantaseaba: “El Papa irá a despojar a la Iglesia ¡allí!”
“¿De qué despojará a la Iglesia?”
“Despojará los hábitos de los obispos, de los cardenales, se despojará a sí mismo”.
Esta será una buena ocasión para hacer una invitación a la Iglesia a despojarse. ¡Pero la Iglesia somos todos! ¡Todos!
Desde el primer bautizado, todos somos Iglesia y todos debemos ir por el camino de Jesús, que recorrió el camino de despojamiento, El mismo.
Se hizo siervo, servidor; quiso ser humillado hasta la Cruz.
Y si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino.
¿Pero no podemos hacer un cristianismo un poco más humano, dicen, sin cruz, sin Jesús, sin despojamiento?
¡De este modo nos volveríamos cristianos de pastelería, como buenas tartas, como cosas dulces”. (L’ Osservatore Romano 11, de octubre 2013)

Jesús primero define su identidad.
Y define su camino.
Y ahora, que comienza a enseñar a sus discípulos, discípulos que somos todos, nos dice que:
Nuestro camino es su camino.
Nuestra identidad es su identidad.
Nuestra actitud es su actitud.

Cargar con la cruz de cada día:
No es una invitación al dolorismo.
Jesús no quiere la Cruz ni para él ni para sus seguidores.
La Cruz no es algo que tenemos que buscar.
La Cruz es una consecuencia.
La Cruz es consecuencia de una fidelidad.
De la fidelidad al Evangelio.
De la fidelidad al Reino.
De la fidelidad a Dios.

La Cruz no la buscamos nosotros.
La Cruz nos la merecemos.
La Cruz nos la imponen los otros.
La Cruz nos llega a través de aquellos que no están de acuerdo con la fidelidad al Evangelio.
Jesús no compró su Cruz ni mandó hacerla.
Se la impusieron quien le consideraron fiel a Dios y no a la Ley.

Seguir a Jesús es estar dispuesto a que también la crucifiquen.
Seguir a Jesús es estar dispuesto a sacrificar la vida antes de ser infiel a Jesús y al Evangelio.
Seguir a Jesús no es buscar la Cruz, pero tampoco es tenerle miedo.
Seguir a Jesús no es buscar la Cruz, es ser fiel aunque la consecuencia sea la cruz.
Eso es perder la vida por Jesús.

Dios también me hablará hoy: Jueves de la 6 a. Semana – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

Tu eres el Cristo

“Jesús y sus discípulos se dirigieron a los pueblos de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Uno, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. El les preguntó: “Y ustedes, quién dicten que soy yo?” Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los anciano, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitara los tres días, Se o explicaba con claridad, Entonces Pedro lo llamó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y de cara a los discípulos increpó a Pedro: “¡Quítate de mi visa, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres y no como Dios”. (Mc 8,27-33)

“En el Evangelio de hoy Jesús plantea dos preguntas a sus discípulos. La primera: “La gente, ¿quién dice que es el Hijo del hombre?” es una pregunta que demuestra en qué medida el corazón y la mirada de Jesús están abiertos a todos. A Jesús le interesa lo que piensa la gente no para complacerla, sino para poder entrar en comunicación en ella. Sin saber lo que la gente piensa, el discípulo se aísla y empieza a juzgar a la gente según sus pensamientos y convicciones.
Mantener un sano contacto con la realidad, con lo que la gente vive, con sus lágrimas y sus alegrías, es la única forma de poder ayudarle, de poder formarla y comunicar con ella. Es el único modo de hablar al corazón de las personas tocando su experiencia cotidiana: el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tráfico, la escuela, los servicios sanitarios, etc… Es el único modo de abrir su corazón”. (Papa Francisco)

¿Qué piensan los demás?
Siempre es más fácil responder desde los otros.
La respuesta manifiesta que la figura de Jesús no está nada clara.
Que la gente no tiene claro quién es Jesús.
Saben que no es un cualquiera, pero no saben quién es en realidad.

Es importante saber:
Qué se piensa hoy de Jesús.
Qué se dice hoy de Jesús.
Porque también hoy es posible tengamos demasiadas confusiones en torno a él.
Y es importante porque es la única manera de saber presentarlo.
Incluso es posible que muchos no crean en él, por su idea deformada sobre él.
Cuanto más lo clarifiquemos mejor podrán conocerle y aceptarle.

La respuesta de Pedro es verdadera.
Pero es incompleta.
Siendo verdad lo que dice, en el fondo es también verdadera a medias.
Que Jesús es el Mesías no hay duda.
Pero qué tipo de Mesías es otra cosa.
Pedro sigue todavía con la mentalidad de un Mesías triunfalista.
Pedro sigue todavía con la idea de un Mesías capaz de liberar al pueblo de los dominadores.
Pedro sigue todavía pensando en un Mesías poderoso capaz de liderar una liberación política.

Y ahí comienza la evangelización de los discípulos.
Ahí comienza la enseñanza a los discípulos.
Hasta ahora la enseñanza de Jesús se dirigía básicamente al pueblo.
Ahora los alumnos son los discípulos.

Y lo primero que Jesús les habla:
Es del Mesías que será apresado y atado.
Es del Mesías que será juzgado.
Es del Mesías condenado nada menos que por los ancianos, sacerdotes y escribas.
Es decir:
Jesús no niega su medianidad.
Pero será la mesianidad no del poder sino de la debilidad.
No será la mentalidad del poderoso sino del débil.
No será la mesianidad del que derrota al enemigo.
Sino la mesianidad del derrotado.
Será la mesianidad del juzgado y condenado a muerte.
Será la mesianidad del crucificado.

La primera lección les cayó muy mal.
Porque ellos siguen pensando como los hombres en el poder, en el líder político.
Pero no tienen ni idea de cómo ve Dios las cosas.
No tienen idea de un Mesías colgado y muerto en la Cruz.

Por eso Pedro recibe el gran rechazo de Jesús.
Hasta llamarle “Satanás” que significa el “que desvía del camino del Dios”.
Es posible que nos suceda algo parecido.
Que también nosotros quisiéramos:
Un Jesús distinto.
Un Jesús que responda más a nuestros intereses.
Un Jesús que responda más a nuestras conveniencias.
En el fondo:
Todos llevamos nuestra parte de “Satanás”.
Porque todos nosotros buscamos demasiado desviar nuestra fe.
Desviar nuestro bautismo.
Desviar nuestro matrimonio.
Desviar nuestro sacerdocio.
Desviar nuestros instintos y pasiones.
Desviar lo que tenemos.
Desviar nuestro poder.
Y que tampoco nos caiga demasiado bien que nos hablen de la Cruz.
Por eso ¿habremos pasado nosotros la primera lección?

Dios también me hablará hoy: Miércoles de la 6 a. Semana – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

“Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego, pidiéndole que lo tocara. Tomando al ciego de mano, lo sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: “¿Ves algo?” El, alzando la vista, dijo: “Veo hombres; me parecen árboles, pero caminan”. Le puso otra vez las manos en los ojos; estaba curado y veía todo con claridad. Jesús le mandó a casa diciendo: “No se lo digas a nadie”. (Mc 8,22-26)

“Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.
Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado”: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz. (Benedicto XVI)

Una de tantas curaciones de ciegos.
Pero esta me gusta por una serie de detalles.
Parecen imperceptibles, pero dicen mucho.

Primero: me gusta que “se lo trajeran”.
Es una manera de demostrar la sensibilidad de la gente.
Es una manera de que los demás no sean insensibles al sufrimiento del otro.
Es una manera de que son otros lo que se interesan por él.
Son ellos los que hablan.
El ciego está en silencio, dependiendo de los demás.

Segundo: me gusta que Jesús no es de los que busca hacer espectáculo.
Por una parte demuestra la bondad de su corazón “lo toma de la mano”.
Comienza siendo acogido.
Es el primer paso para abrirse a la esperanza de que algo bueno va a suceder.
“Lo sacó fuera del pueblo”
Nada de teatro.
Nada de espectáculo.
Nada de buscar aplausos y fama.
Hacer el bien sin hacer ruido.
Hacer el bien sin llamar la atención.
El bien que busca el aplauso ha perdido su propio brillo.
El bien que busca espectacularidad ha perdido su propio sabor.
Dios no es de los hace ruido cuando ama.
Dios prefiere el silencio y la marginalidad.

Pienso se trata de un ciego que alguna vez pudo ver.
Pero que perdió la visión.
Símbolo estupendo y realista de lo que acontece con nuestra fe.
Cuando comenzamos a creer todo aparece todavía como nublado.
El ciego comienza por ver hombres.
Pero todavía los ve deformados.
“Son como árboles”.
Cuando comenzamos a creer las cosas nos parecen extrañas.
La vida nos resulta como deformada.
Es otra manera de ver la realidad.
Es como el amanecer cuando todavía el sol brilla detrás de las montañas.

Una es la fe del niño.
Otra la fe del adolescente.
Otra la fe del hombre maduro.
Del hombre “confirmado”.
Con una fe ya madura y firme.
Tenemos que saber aceptar que nuestra fe tiene un proceso.
Tenemos que aceptar que nuestra fe va clareando como la aurora.
Y no tiene que extrañarnos que veamos pero con una realidad un tanto deformada y extraña.

El hombre miró: “estaba curado y veía todo con claridad
Es el proceso de nuestra vida de creyentes.
No es lo mismo cuando comenzamos a creer que cuando ya nuestra fe ha madurado.
Y tenemos que vivir este proceso.
Habrá momentos en que lo vemos todo a medias, incluso con serias dudas.
No importa.
Lo importante es que cada día vayamos profundizándola y ahondándola.
Lo importante es que el día vaya clareando.
Aunque tengamos que es esperar al mediodía, cuando el sol brilla en su cenit.
No tenemos que tener miedo al proceso de poder vivir plenamente de la fe.
Me encanta aquella frase de Pablo: “No sé si llegaré a la meta, pero disfruto de saber que estoy corriendo en la pista”.
Dichos de nosotros si llegamos a una fe que nos hace ver en las tinieblas.
Pero no nos desalentemos en esos momentos en los que las nubes oscurecen el camino.

Señor: yo creo, pero sé que mi fe es pobre.
Todavía los hombres me parecen raros.
Señor: yo creo, pero tú puedes ir clarificándola cada día.
Señor: yo creo, pero haz que mi fe sea más que mis posibles dudas.
Señor: pon la saliva de tu lengua en mis ojos y que pueda ver como tú ves.

Dios también me hablará hoy: Martes de la 6 a. Semana – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

La levadura de los fariseos

“Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del mar. Los discípulos se habían olvidado de llevar alimento, y no tenían más pan en la barca. Jesús les recomendó: “Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes”. Ellos comentaban: “lo dice porque no tenemos pan”. Dándose cuenta, les dijo Jesús: “¿Por qué comentan que no tienen pan? ¿Aun no comprenden ni entienden? ¿Es que tienen la mente embotada?” (Mc 8,14-21)

“Esta levadura que hace crecer hacia adentro, es una levadura que hace crecer sin futuro, porque en el egoísmo, en el hecho de dirigirse a sí mismo, no hay futuro. En cambio, otro tipo de persona es la que vemos con otra levadura, que es contraria, que hace crecer hacia afuera. Es más, que hace crecer como herederos, para tener una herencia”. San Pablo dice que “en Cristo también hemos sido constituidos herederos”.
Hay gente que, “guiada por su propio egoísmo, crece hacia adentro. Tiene una levadura –el egoísmo– que la hace crecer hacia adentro y sólo se preocupa de presentarse bien, de parecer equilibrada, que no se vean los malos hábitos que tiene. Son los hipócritas. Y Jesús dice: ‘Tengan cuidado’”, que “las otras personas son los cristianos, deberíamos ser los cristianos, porque también están los cristianos hipócritas, que no aceptan la levadura del Espíritu Santo”.
“Por eso, Jesús nos pone en guardia: ‘Cuídense de la levadura de los fariseos”. “La levadura de los cristianos es el Espíritu Santo, que nos empuja hacia afuera, nos hace crecer, con todas las dificultades del camino, también con todos los pecados, pero siempre con la esperanza”. (Papa Francisco)

Tampoco los discípulos estaban demasiado abiertos a las enseñanzas de Jesús.
Se ve que eran más propensos a la levadura de los fariseos.
¿Todavía no sé por qué lo malo se nos suele pegar más que lo bueno?
Acaban de ser testigos de la multiplicación de los panes.
Y ya están preocupados de que ahora ellos no tienen pan en la barca.
En el fondo no están convencidos de haber compartido lo que tenían.
Todavía estaban influidos de la mentalidad de los fariseos.

¿De que mentalidad estamos hablando?
Del cambio de sistema.
Para ellos la solución es que se vayan y cada uno se las arregle.
En cambio, Jesús va por el camino del compartir lo que se tiene.
Aunque se quede uno sin nada.
Jesús no nos puede fallar.
Quien da lo que tiene, no puede dudar de que Jesús puede solucionar el problema.

Confieso que, después de tantos años de caminar por la vida espiritual:
Me cuesta abandonarme en las manos de Jesús.
Me cuesta creer que no me faltará lo necesario.
Me resulta más fácil pensar como los demás.
Me resulta más difícil abandonarme en la providencia de Dios.

Jesús es bien claro:
¿Estáis preocupados porque no tenéis pan?
¿Y ya habéis olvidado de que lo que acabo de hacer?

En la vida hay muchas levaduras:
Hay la levadura de los que no creen.
Hay la levadura de los que creen pero no viven de su fe.
Hay la levadura de los que piensan como todos.
Hay la levadura de los que hacen lo que hacen todos.
Hay la levadura de los que prefieren jugar a lo seguro.
Hay la levadura de los que prefieren “pájaro en mano que ciento volando”.

Y claro, está la levadura de Jesús:
Que es la levadura del compartir.
Que es la levadura del dar.
Que es la levadura de quedarse sin nada, confiados en él.
Que es la levadura del dar y darse uno a sí mismo.
Que es la levadura de que el hambre de los demás nos duela.
Que es la levadura de que lo que hacemos al hermano, se lo hacemos a él.
Que es la levadura de la generosidad.
Que es la levadura de la gratuidad.

Tendremos que examinarnos
¿Cuál es la levadura que fermenta nuestras vidas?
¿Cuál es la levadura que da vida a nuestras vidas?
¿La levadura del mundo?
¿La levadura de lo que piensan y hacen todos?
O la levadura del Evangelio.
La levadura de Jesús.
Porque no olvidemos nuestras vidas son como una masa con la que hacemos el pan.
El pan nuestro de cada día.
El pan de los que no tienen pan.

Señor: haz que viva la levadura de tu Evangelio.
Señor: haz que mi corazón viva la levadura del amor y la gratuidad y la generosidad.
Señor: pon en mi corazón la levadura de abandonarme en tus manos.
Señor: pon en mi corazón la levadura de tu propia sensibilidad.
Señor: por en mi corazón la levadura de olvidarme de mí para darme a los demás.

Dios también me hablará hoy: Lunes de la 6 a. Semana – Ciclo A

no se le dara a esta generacion otro signoP. Clemente Sobrado cp.

“Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba le pidieron un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿Por qué esta generación reclama un signo? Les aseguro que no se le dará un signo a esta generación” Los dejó, se embargo de nuevo y se fe a la otra orilla”. (Mc 8,11-13)

“Llegados aquí es imposible no preguntarnos: Si viniera un nuevo Jonás, ¿creeríamos? Nuestras ciudades, ¿creerían? Todavía hoy, para las grandes ciudades, para las Nínives modernas, Dios busca mensajeros de la penitencia. ¿Tendremos la valentía, la fe profunda, la credibilidad necesaria para llegar a los corazones y abrir las puertas a la conversión?” (Papa Benedcto XVI)

Cuatro líneas y una gran lección.
Los fariseos se le acercan no preguntando para saber.
Sino discutiendo con él.
Solo discute el que no está de acuerdo.
Pregunta el que quiere saber.

Además:
No se contentan con la discusión.
Le exigen un signo, una señal del cielo.
Le exigen un milagro espectacular.
Esto le causó a Jesús un profundo sentimiento de pena.
“Suspirando profundamente”.

Mientras Dios se quiere revelar en la vida sencilla para que entendamos.
Nosotros le exigimos a Dios pruebas.
Mientras Dios quiere manifestarse en el amor, nosotros le pedimos milagros.
Y esa no es la pedagogía de Dios.
Dios nos regala el don de la fe no demostrando su poder de hacer milagros.
Dios no regala la fe en base a milagros.
Dios no regala la fe en base a hacer cosas extraordinarias.
Jesús mismo lo dice:
“¿Por qué esta generación reclama un signo?
Les aseguro que no se le dará un signo a esta generación?”

La fe se descubre aceptando su palabra.
La fe se encuentra descubriendo su amor.
La fe se encuentra abriendo el corazón al anuncio del Evangelio.

¿No tendremos nosotros bastante de fariseos?
¿No estaremos también nosotros pidiéndole a Dios pruebas para creer en él?
¿No estaremos también nosotros exigiéndole que nos haga milagros?
Jesús había hecho cantidad de milagros.
Y sin embargo ellos no lograron reconocer a Dios.

Sabemos que Dios puede hacer milagros.
Pero Dios no hace milagros para que creamos en él.
El único milagro que hizo para que creamos es “amarnos hasta dar la vida por nosotros”.
El mayor milagro de Jesús fue entregar su vida en la Cruz.
El mayor milagro de Jesús fue amarnos “hasta el extremo”.
Pero, con frecuencia, nosotros le pedimos milagros utilitarios.
Le pedimos milagros que nos solucionen nuestros problemas.
Y el caso es que el camino de la fe no es el milagro.
Al contrario Jesús nos pide tengamos fe para hacer milagros.
No milagros para que creamos en él.
No hace milagros para que la reconozcamos.
Hace milagros cuando nuestra fe es auténtica y verdadera.
Puedes pedirle milagros a Dios.
Pero no para creer en él.
Cree de tal forma que los pueda hacer.
La fe es fiarnos de su persona.
La fe es creer en su amor.

Solo pide milagros el que no cree.
Y creer en él no es creer en su poder.
Creemos cuando nos fiamos de él.
Creemos cuando nos sentimos amados por él.
Creemos cuando se amor nos transforma.

Señor: me basta el milagro que me haces regalándome la vida.
Señor: me basta el milagro de tu amor.
Señor: me basta el milagro de hacerme creer aunque no me concedas lo que te pido.
Señor: regálame el don de la fe aunque nunca me hagas milagros.
Señor: yo no quiero una religión milagrera sino una religión de amor.

Dios también me hablará hoy: Domingo 6 – Ciclo A

P. Clemente Sobrado cp.

He venido a dar cumplimiento a la ley y los profetas

Dijo Jesús a sus discípulos: No crean que he venido a abolir la ley y los profetas, no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. Les aseguro que antes pasarán el cielo y a tierra que deje de cumplirse la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y lo se lo enseño así a los hombrees, será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. (Mt 5,17-37)

“De todo esto se comprende que Jesús no da importancia sencillamente a la observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo a la intención y, por lo tanto, al corazón del hombre, donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos hace capaces de vivir el amor divino”.
A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como exigencia de amor, y todos se unen en el más grande mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo. (Papa Francisco)

No basta no matar

Queridos amigos: hoy tenemos un Evangelio que encaja perfectamente en el ambiente que estamos viviendo. Es posible que muchos pongan hoy el acento en la inseguridad que nos toca vivir. Y me parece bien, porque también esa es realidad. Sin embargo, hay temas aquí que debieran iluminar la realidad actual que estamos viviendo.

Aquí se nos dice: que antes bastaba con “no matar”, pero Jesús va mucho más lejos, quiere una sociedad mucho más humanizada y mucho más fraterna. Porque no solo es cuestión de terrorismo que mata, o de inseguridad social donde también se mata hasta por unas zapatillas o unos soles sacados con la tarjeta del cajero automático o un simple celular o un reloj. Se trata de la relación entre hermanos.

Lo primero que nos dice Jesús que antes es la reconciliación con el hermano que el culto mismo.
Porque el culto a Dios con un corazón enemistado no es culto.

En segundo lugar, se puede matar de muchas maneras.
Se puede matar matando las ilusiones del otro.
Se puede matar desacreditando al otro.
No se necesitan armas para matar.
Mata más nuestra lengua que las pistolas.
Lo que sucede es que cuando matamos con pistola sale en los periódicos, mientras que cuando matamos con la lengua no sucede nada, nadie levanta la voz.
¿Alguna vez has leído en los periódicos que ayer murieron varios porque nuestra lengua los desacreditó, les robó su honra?
Se puede matar utilizando todas las artimañas para que el otro pierda credibilidad ante los demás.

¡Cuántas parejas ha matado su amor con sus gritos, con sus enfados, con sus palabras hirientes!
¡Cuántos niños se van haciendo adultos con el alma muerta porque en sus corazones han resonado más los gritos que los gestos de cariño y amor!

¿Ustedes no sienten una gran repugnancia durante el tiempo de elecciones porque lo único que hacemos es cómo restarle votos al otro?
Pero ¿cómo? destruyéndolos moralmente, con el principio de que en política todo vale.
Y en política no vale todo.
Sólo vale la verdad si es que queremos una política auténtica.
Hagamos política ofreciendo esperanzas, proyectos, pero no subamos al podio del poder sobre los escombros de los demás.
Si cuando estamos en el llano no somos capaces de respetarnos mutuamente, ¿cómo podremos construir luego todos juntos?

No basta “no matar”. Juan Pablo II, nos dice que la mejor arma es el amor.
“El hombre no puede vivir sin amor. Permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido, si no le es revelado el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa en él vivamente”. (Redemptor hominis n.10)

Hay actitudes sucias que terminan siendo una convivencia sucia.
El Evangelio no se casa con nadie. Tampoco con los grandes y tampoco con quienes matan criticando y murmurando, ese modo nuevo de matar.