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Dios también habla hoy: Martes de la 3 a. Semana – Ciclo B

“Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” Y paseando su mirada por el corro, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. (Mc 3,31-35)

Papa Francisco en Perú

Primero fue la familia de mis padres en la que recibí el don de la vida.
A los dos días de nacer me regalaron la familia de la Iglesia.
A mis dieciocho años me acogió la familia de mi Congregación Pasionista.
No hubo competencia de familias.
Tampoco yo me he sentido al margen de ninguna de ellas. Y todas siguen siendo mi familia.

No hubo competencia de madres ni de padres ni de hermanos.
Ni mi madre biológica entró en conflicto con mi madre la Iglesia.
Algún problema sí tuve con mi padre según la carne.
Tampoco he tenido problemas con mi madre la Congregación y mi madre la Iglesia.

Jesús comenzó teniendo problemas con sus familiares que, en algún momento, pensaron que había perdido la cabeza.
Ahora, es la madre y sus hermanos que le esperan fuera.
Pero Jesús, que no fundó ninguna familia biológica, habla ahora de esa otra familia nacida, no de la carne y de la sangre, sino del Espíritu.

No hay aquí ningún desplante para con su madre ni sus hermanos, hay simplemente el anuncio de que:
La maternidad no termina en dar la vida biológicamente.
La maternidad y la paternidad se prolongan y se crecen en la nueva relación de la vida de la gracia.
La fraternidad no queda limitada a ser hijos de la misma madre y del mismo padre.
Que existe una fraternidad nacida de un nuevo nacimiento en el Bautismo.

Jesús está pensando en un nuevo tipo y estilo de familia, más allá de los vínculos de la carne y la sangre que siempre será una familia pequeña.
Está pensando en esa familia del Reino:
Donde todos somos portadores de los mismos genes de Dios.
Donde todos somos hijos de un mismo Padre Dios.
Donde todos compartimos la misma filiación que El.
Donde todos compartimos la misma fraternidad en El.

Una nueva familia donde los apellidos no dividen.
Una nueva familia donde todos habitamos la misma casa que es la Iglesia.
Una nueva familia donde el único primogénito es El, Jesús.
Una nueva familia donde todos somos coherederos y donde no habrá peleas ni divisiones entre hermanos por competencia de herencias.

Seguirá habiendo familias biológicas, pero donde todos están llamados a superarse en la gran familia del Reino.
Esa familia donde todos vivimos unidos en la misma escucha de la Palabra y donde todos vivimos la misma voluntad de “papá Dios”, o como dice la canción que todos conocemos y cantamos:

“Iglesia soy y tú también,
en el Bautismo renacimos
a una vida singular
y al confirmar hoy nuestra fe,
lo proclamamos compartiendo el mismo pan.
No vayas triste en soledad
ven con nosotros y verás
a los hermanos caminando en el amor.
Ven con nosotros y serás
en la familia un hijo más,
iremos juntos caminando en el amor.
Yo la veré envejecer,
pero a mi madre aún con arrugas
y defectos la querré.
La quiero más, pues sé muy bien,
que ha envejecido sin dejarme de querer.
La Iglesia es tan maternal
que me ha engendrado,
me alimenta y acompaña sin cesar”.

Clemente Sobrado cp.

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Dios también habla hoy: Lunes de la 3 a. Semana – Ciclo B

“Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”. (Mc 3,22-30)

Papa Francisco en Perú

Papa Francisco en Trujillo

Un texto complicado para muchos y que incluso se presta a dudas y malas interpretaciones.
Sus familiares le acusan de haber perdido la cabeza.
Ahora estos escribas, bajados de Jerusalén, van todavía más lejos.
Lo califican de endemoniado.
De ser nada menos que un agente del diablo.

Bueno, a Jesús se las dijeron de todo tamaño y de todo estilo.
Que le dijeran que había perdido la cabeza, aún podía soportarlo.
Pero decirle que en él no actuaba el Espíritu Santo sino “Don Sata”, eso ya era más gordo.
No reconocer al Espíritu que actuaba en él, era negar su propia identidad y la fuerza que le movía.
No reconocer que llevamos dentro el don del Espíritu Santo es vaciarnos de todo y quedarnos en pura cáscara.
No reconocernos habitados por el Espíritu Santo, es sentirnos como una casa en ruinas y deshabitada.
No reconocer que el Espíritu Santo mora en nosotros es como negar que la savia corre por el tronco del árbol y por tanto sentirnos secos y sin vida.
Podrán decir que nuestras paredes son viejas, pero nadie podrá decir que, a pesar de todo, él habita dentro,

¿Por qué se pueden perdonar todos los pecados, incluso la misma blasfemia, y en cambio no se puede perdonar el pecado contra el Espíritu Santo? Es negar el principio del amor. Es negar el amor mismo. Y negar al Espíritu Santo es negarnos a amar. Porque negar al Espíritu Santo es negarnos a dejarnos amar.

Y quien niega el amor es imposible que crea en el perdón.
Y quien niega el amor es imposible que crea puede ser perdonado.
Y quien niega el amor es imposible se deje perdonar.
Y quien niega el amor jamás sabrá perdonar.
¿Y cómo ser perdonado sin perdonar?

No es que Dios no pueda perdonar todos los pecados.
Su amor no tiene límites, ni siquiera perdonando.
El problema somos nosotros mismos que no creemos en el amor que perdona.
El problema somos nosotros mismos que no nos dejamos amar y por tanto no nos dejamos perdonar.
No es Dios que no nos perdone.
Somos nosotros que ponemos barreras al perdón.
El Papa Francisco escribe: “Nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón… ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia”. (Mm 2)

Mientras creamos en el amor, por más pecados que tengamos siempre tendremos la esperanza del perdón.
Mientras creamos en el Espíritu del amor que nos habita siempre habrá la posibilidad del perdón.
Mientras ames, mientras creas en el amor, mientras te fíes del amor, siempre habrá una luz y una esperanza de perdón.
Jesús lo dirá más tarde: “mucho se le ha perdonado, porque ha amado mucho”.
“Poco se le perdona al que ama poco”.

Por eso, el peor pecado será siempre pecar contra el amor.
El peor pecado será siempre “no amar”.
El peor pecado será siempre “no dejarse amar”.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Domingo 3 – Ciclo B

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Papa Francisco en Perú

Papa Francisco en Perú

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca reparando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornalero y se marcharon con él”. (Mc 1,14-20)

Dios es sorpresivo.
No avisa ni cuando llega ni cuando llama a la puerta.
A mí siempre me han gustado las sorpresas.
Pienso que los que tienen tarjeta de visita nos y hacen esperar y desesperar.
Que si el tráfico estaba pesado.
Que si se nos bajó la llanta.
Que si no llegó el taxi a tiempo.
Y mientras tanto, uno comiéndose los hígados de rabia.

Dios no tiene problemas de tráfico, ni de llantas ni de taxi.
Porque él llega y llama:
Cuando menos lo esperamos.
Cuando menos preparados estamos.
Cuando estamos ocupados en otras cosas.
Cuando estamos pensando en lo nuestro.
Cuando incluso estamos despistados o haciendo nuestros planes.

Dios tampoco se fija en lo que estamos haciendo, ni qué prisas tenemos, o cuan despistados estamos.
Simón y su hermano Andrés están echando ya las redes.
Santiago y Juan están en la barca preparando todavía las redes.
Por eso me gusta Dios.
Nada hay más sabroso que aquello que no se espera.
Nada hay más gozoso que lo sorpresivo.

Además lo sorpresivo de Dios:
Revela su gratuidad, y su amor.
Revela su libre elección.
Revela su plan y su proyecto sobre cada uno de nosotros.
Revela que para fijarse en nosotros no necesita carta alguna de recomendación.
Revela que no nos llama porque lo merecemos.
Revela que nos llama libremente, sin presiones, simplemente porque nos ama y tiene planes sobre nosotros.

Esta primera llamada a los primeros discípulos tiene su encanto y su misterio:
¿Por qué llamó a los hijos y no llamó a sus padres?
¿Por qué llamó a Santiago y a Juan y dejó en la barca a su padre y a los jornaleros?
¿Acaso no tenían los mismos títulos y los mismos trabajos?

Aún hoy, después tantos años, me sigo preguntando ¿por qué me llamó a mí que no tenía donde caerme muerto y no llamó a otros que sí tenían un futuro asegurado? ¿Por ser mejor que el resto de compañeros? Todos los que me conocían sabían perfectamente que yo “era la piel del diablo”.
Dios es misterioso como misterioso es el amor.
Dios es misterioso como misteriosa es su gratuidad.
A mí me llamó todavía muy joven, pero a Simón lo llamó estando ya casado y, según cuenta la tradición, con dos hijas.
Es posible que Santiago también tuviese familia. Dicen que Juan era más jovencito. ¡Vaya usted a saberlo!

Para Dios nunca es demasiado temprano.
Pero tampoco es nunca demasiado tarde.
David se quejaba de ser demasiado joven cuando lo nombró rey.
Sara se echó a reír cuando escuchó que iba a tener un hijo.
Zacarías puso en duda que iba a ser padre.
María no dudó de ser madre siendo virgen.

Pero eso a mí, me encanta Dios porque es sorpresivo.
Y porque llama cuando quiere y a quien quiere.
Y a la hora que quiere y a la edad que quiere
Y sin fijarse en el apellido. Sencillamente se deja llevar del corazón.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Sábado de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales”. (Mc 3,20-21)

Hay personas que, estén donde estén, tienen imán. La gente les sigue.
Y la gente tiene olfato y sabe a quién sigue.
Como dice por ahí el refrán. “La gente no es tan tonta como parece”.
Es que la gente tiene un olfato exquisito para saber diferenciar y saber a quien buscar y seguir, y dónde habla el Espíritu y donde no.

A Jesús le siguen dondequiera que esté.
La gente sencilla tiene una percepción especial.
Son tantos los que le buscan que ni Jesús ni sus discípulos “tienen tiempo para comer”.
A mí me sobra tiempo para comer.
Y hasta me sobra tiempo para echarme luego una siesta.

Pero, hay en todo esto algo curioso.
Si uno se aparte de la rutina de la vida.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide tomar en serio el Evangelio.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide entregarse entero a la gente.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide escuchar a todos.
“No está en sus cabales”.
Si uno decide comprometerse con todos.
“No está en sus cabales”.

Si uno decide tomar con seriedad su bautismo y se santidad, es un ilusionista.
Y puede prepararse para lo que le espera:
A Jesús, sus mismos familiares fueron a buscarle, porque consideraban que no estaba “en sus cabales”.
Todo el que no entra en la rutina de todos, es un raro.
Todo el que no hace lo que hacen todos, es un raro.
Todo el que es justo y no roba en el trabajo: es un tonto.
Todo el que no piensa como todos, es un raro.
Todo el que no habla como todos, es un raro.
Para ser normal y estar “en sus cabales” hay que ser como todos.

¿Recuerdan la historia de aquel profeta loco que se pasaba el día entero gritando en la plaza sin que nadie le escuchase?
Alguien le preguntó: ¿por qué seguía predicando si nadie le hacía caso?
A lo que él respondió: “grito para que los demás no me convenzan de lo contrario”.

¿Conoces algo de ciclismo? Yo no mucho, pero algo conozco.
Por ejemplo, no es fácil escaparse en solitario en las carreras ciclistas.
Al fin, el pelotón termina por comérselo y absorberlo.
Tampoco es fácil entregarse en solitario a la causa del Evangelio.
Lo van a llamar un obsesionado, un fundamentalista.
Tampoco es fácil entregar todo tu tiempo a los demás, incluso si no tienes tiempo para comer.
Te dirán ¡qué manera de perder tu tiempo y tu vida!
Tampoco es fácil entregar tu vida al servicio de los necesitados.
Te dirán que nadie te lo agradecerá.
Si no quieres que te digan que “no estás en sus cabales” el remedio es fácil: sé como todos.
Los alpinistas que quieren subir a donde nadie ha subido, son unos locos arriesgando sus vidas.
Si quieres ser santo, terminarás por ser un insociable y un aguafiestas.
Solo los que se acomodan a la vulgaridad sn animadores de la fiesta.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Viernes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Jesús mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y fueron con él. A doce los hizo compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios”. (Mc 3,13-19)

Uno puede ser el que tiene la idea original.
Lo primero que pensamos de Dios es que es “omnipotente”. Y lo es.
Y sin embargo, con toda su omnipotencia, Dios no lo puede hacer todo él solo.
Necesita de nuestra ayuda. Puede que él tenga la idea original de un mundo mejor, de una religión diferente, de una convivencia humana distinta.
Pero uno no lo puede hacer todo.
Siempre se necesita de los demás que compartan los mismos ideales.
Necesita contar con otros que, luego puedan dar vida a su obra.

Marcos hace como una especie de paréntesis, y presenta a Jesús formando el primer grupo de los que estarían más cerca de El, compartirían sus ideales y les darían luego continuidad.

Elige a Doce. Aquí no hay candidatos que presenten su “currículum vitae”.
Elige y “va llamando a los que El quiere”.
Y parece que los conoce bien. Da gusto leer sus doce nombres, porque aparecen incluso hasta con sus “motes”, lo que demuestra familiaridad y confianza. Incluso, Judas, “que lo entregó”.
Para Jesús todos son importantes, incluso el lobo que se esconde en medio del rebaño. También a él quiere darle la oportunidad de su vida.

Es inútil. Por mucho que corramos, Dios siempre irá por delante.
No somos nosotros quienes nos presentamos con nuestros pergaminos, sino que es siempre él quien elige primero.
Primero los hace “compañeros”, amigos, una primera comunidad que marcará el camino del resto de comunidades. Una comunidad de compañeros unidos en torno a él y en la que él mismo será un compañero y un amigo más de camino.
En segundo lugar, les marca el camino y el horizonte o misión: “para enviarlos a predicar”, pero no solo con palabras sino “con poder para expulsar demonios”.

El gran problema, tanto en la sociedad política como en la Iglesia, puede que esté en que:
“yo lo quiero hacer todo”,
“yo lo puedo hacer todo”,
“yo lo hago mejor que nadie”,
“yo solo soy suficiente”.

Ni Jesús lo pudo hacer todo.
En cambio, uno de los grandes problemas de la Iglesia es que, curas y Obispos no hemos necesitado a nadie.
Solo nosotros podemos hablar del Evangelio.
El resto de la comunidad ya tiene bastante con escuchar.
Solo nosotros podíamos organizar la Parroquia.
El resto de la comunidad a obedecer.
Nosotros podíamos llevar la contabilidad.
Mejor que la comunidad no se entere de las entradas y salidas.
Nosotros podíamos responsabilizarnos de las obras que se hacían.
Hemos sido unos “cristianos todistas”.
Felizmente ya se perciben luces en el horizonte y las comunidades comienzan a recuperar su identidad.
Todos somos Iglesia.
Y todos somos responsables del Evangelio.

Y no nos extrañe. Algo parecido sucede con los partidos políticos.
Todo se centra en el líder carismático.
Todo se piensa en la cabeza del líder.
Por eso cuando el líder desaparece los partidos quedan descabezados.
Todo lo decide el líder.
De ahí que cuando el líder se va, comienzan las divisiones.

Jesús no quiere valientes “francotiradores”. Jesús quiere comunidad.
Comunidad que necesitará de una cabeza, que es él mismo.
Comunidad de “compañeros” que luego “sean hermanos”.
Cada uno con nuestro carisma, pero todos unidos en la caridad.
Cada uno con nuestro “mote”, pero todos unidos “al servicio de todos”.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Martes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado, mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: “Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” (Mc 2,23-28)

Esta CIA de los fariseos está en todas.
No se pierden una.
Y lo malo es que, se presentan como la CIA de Dios, del celo por Dios y como la voz de la voluntad de Dios. Siempre he sentido miedo a decir:
Que “hablo en nombre de Dios”.
Que “expreso la voluntad de Dios”.
Que soy para mis fieles la “voz de Dios”.
Cuando en realidad, también yo tengo que buscar cada día ese querer divino, tanto para mí como para los demás.
¿Quién es capaz de arrogase la “verdad de Dios?
¿Quién es capaz de decir que “es la voluntad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la verdad de Dios”?
¿Quién es capaz de decir que “es la fidelidad que Dios quiere”?
Si la Iglesia misma vive en constante tensión buscando e interpretando la voluntad de Dios.

La voluntad y el plan y proyecto de Dios no es: opresivo, esclavizante, sino liberador.
Los discípulos tienen hambre y se permiten la libertad de cortar unas espigas en los trigales. Yo hubiese hecho lo mismo.
Y hasta es posible que también Jesús se comiese alguna. ¿Tú no lo harías?
¿Qué era sábado?
¿Es que el estómago está en huelga los sábados?
¿Y los pájaros, a quienes Dios da de comer todos los días, respetan los trigales el día de sábado?
Que se lo pregunten a los agricultores.

¿Ustedes comen los días de domingo?
¿Las mujeres cocinan los domingos?
¿Se imaginan que hoy nos prohibieran cocinar en domingo?
¿Ir al mercado a comprar para hacer el almuerzo?
¿O irnos con los amigos a tomarnos unos pinchos antes de almorzar?

Esa CIA que seguía por todas partes a Jesús, hoy la tendría y la pasaría muy mal, porque es precisamente los domingos cuando mejor comemos.
Bueno, los que comemos, porque en el mundo hay muchos que no comen ni en domingo ni en días de semana.

No dudo de que los domingos han de tener un carácter de ocio, de descanso, tanto para tener un poco más de tiempo para Dios como también para nosotros.
Pero Dios no me pedirá cuentas si he preparado un buen almuerzo. Tampoco me pedirá cuentas si me he divertido con mis amigos yendo al fútbol.

Estando de vacaciones en mi pueblo, mi prima quería hacerme probar las patatas nuevas, y aunque era domingo, se fue a arrancarlas. Y también unos pimientos que a decir verdad me supieron a gloria, aunque era domingo.

Más me preocupa:
Si hemos dado de comer al hambriento, aunque sea domingo.
Nos pedirá cuentas de todos aquellos que se mueren de hambre, también en domingo.

Al fin y al cabo, tampoco ahora es el hombre para el domingo sino el domingo para el hombre:
¿Que los domingos y las fiestas son para descansar y para ir a Misa?
Claro que sí. Y los necesitamos.
¿Que los domingos tengo que trabajar porque mis hijos no tienen pan?
Pues tu mejor culto a Dios, también en domingo, será el que tus hijos puedan comer hoy.
Dios prefiere que tú puedas comer y tus hijos también, aunque sea domingo.
Dios prefiere más nuestra caridad que nuestra hambre en domingo.
Dios prefiere la alegría de nuestro corazón a la tristeza y bostezo de nuestros estómagos vacíos, en domingo.
Dios tiene leyes y normas y preceptos, pero no para atar y esclavizar al hombre sino para hacerlo libre. Y quien interpreta las leyes, primero tendrá que pensar en el hombre.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Lunes de la 2 a. Semana – Ciclo B

“Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: “Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. Por qué los tuyo no?” Jesús les contestó: “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos?” Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. ” (Mc 2,18-22)

Tengo la impresión de que Jesús debió de tener un gran humor. Y que muchas cosas las debió de tomar con mucho humor, porque de lo contrario, tenía que estar hasta la coronilla de tantas sonseras.

Esa CIA que le seguía por todas partes a Jesús hoy la pasaría muy mal, porque es precisamente los domingos cuando mejor comemos. Bueno, los que comemos, porque en el mundo hay muchos que no comen ni en domingo ni en días de semana.
Jesús no ayunaba.
Sus discípulos tampoco.
Y que conste que tenían buen apetito.

Para muchos pareciera que a Dios le encantan los estómagos vacíos.
Que a Dios le encantan los estómagos con hambre.
Pareciera que a Dios le encanta vernos sufrir frente unos ricos platos.
Me pregunto ¿para qué nos habrá dado el estómago? ¿Sólo para los días de semana y para los días de ayuno?

Personalmente me siento mejor con Jesús que ve las cosas de otra manera, porque a Jesús:
le gustan las fiestas.
le gustan los banquetes.
le gustan las bodas donde abunde el vino y el resto.
Jesús nos quiere ver siempre celebrantes, festivos, de boda.
¿No comenzó haciendo su primer signo en una Boda?
Él mismo se declara novio, incluso para todos aquellos que no tienen novio.

A Jesús no le va el hambre.
A Jesús no le va ver a esa gente que no tiene que comer.
A Jesús no le va ver a esa gente, ese mundo y esa sociedad donde la gente preferimos viva de Ave Marías, pero no tiene pan en casa.

El ayuno puede ser un proceso de ascesis para disciplinar el cuerpo.
Algunos dicen que lo hacen para agradar a Dios.
Yo confieso que me siento mejor con Dios con un estómago suficientemente satisfecho que con un estómago que me hace bostezar. Porque, incluso, cuando tengo hambre, más que pensar en la oración pienso en el estómago.

Estoy seguro de que Jesús piensa como yo. ¿Acaso no sintió lástima cuando vio que la gente le seguía y tenía hambre? Hasta se permitió el lujo de multiplicar los panes y los peces.

Jesús prefiere la fiesta.
Jesús no quiere una religión de estómagos vacíos.
Jesús prefiere que vivamos en ambiente y clima de boda. Por eso, estoy seguro de que no nos pedirá cuentas de si hemos ayunado o no, pero sí nos pedirá cuentas:
De si hemos sido felices.
Si hemos amado a los demás.
Si hemos hecho felices a los otros.
Si hemos vivido la fiesta del Evangelio.
Si hemos sonreído hoy a los demás.
Si hemos sacrificado lo nuestro para que los otros se lo pasen mejor.

A Jesús le importa más:
La alegría de su compañía.
La alegría de la novedad del Evangelio.
La alegría de sentirlo a El mismo como la razón de nuestra alegría.
La alegría de ser nuestro novio y no nuestro cuñado.

Es posible que también hoy no falten quienes se escandalizan de que no ayunemos.
Pero no se escandalizan de vernos tristes.
No se escandalizan de que ofrezcamos una imagen gruñona de Dios.
No se escandalizan de vernos cristianos, siempre con dolor de estómago.
Personalmente, prefiero ser testigo de la alegría, que ser testigo de un estómago con hambre. Porque estoy seguro de que a Dios le encanta más mi sonrisa que mis ayunos.

Clemente Sobrado cp.

Dios también habla hoy: Domingo 2 – Ciclo B

“Estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?” Ellos le contestaron: “Maestro, ¿dónde vives?” “Venid y lo veréis”. (Jn 1,35-42)

Un camino curioso que aún sigue y que nos espera a todos.
Todo comienza porque alguien miró y vio.
Todo comienza porque un dedo señaló al que pasaba.
Todo comienza porque dos decidieron seguirle por curiosidad.
Todo comienza porque uno pregunta: “¿Qué buscáis?”
Todo comienza porque alguien pregunta: “Maestro, ¿Dónde vives?”
Todo comienza porque los dos pasan el día con El.
Todo comienza porque Andrés se encuentra con su hermano Simón.
Todo comienza porque le ha mirado y le cambia de nombre:
“Tú eres Simón, pero te llamarás Cefas, es decir, Pedro”.

Resulta curioso este itinerario en cadena: Juan-Jesús-Andrés-Simón o Pedro.
Con frecuencia, los grandes acontecimientos comienzan por algo tan sencillo como un dedo que señala a alguien que pasa.
Es algo parecido a la gran cosecha.
Todo comienza por unos granos tirados por la mano en los surcos de la tierra y terminan en la gran cosecha de trigo, que abre otra nueva cadena: trigo-siega-molino-harina-pan-eucaristía.
Y hasta pienso que los caminos de Dios se parecen a esas tuberías que por debajo de las casas nos traen el agua a casa.
Si se rompe la cadena en alguna parte, se pierde la continuidad.
Si se rompe la tubería nos quedamos sin agua en casa.

Dios siempre cuenta con los hombres para revelarse y manifestarse.
En la vida siempre se necesita:
De alguien que vea primero.
De alguien que señale primero el camino.
De alguien que se decida a aventurarse hacia lo desconocido.
De alguien que pregunte primero.

Es ahí donde comienza la cadena.
Luego vendrán los siguientes eslabones.
Por eso, de alguna manera, todos vamos dependiendo unos de otros.
Nadie cree solo para sí mismo.
De nuestra fe depende la fe de los demás.
Alguien tiene que ser el primero.
Alguien tiene que abrir el camino.

Y ese puede ser el problema de la fe hoy.
Todos hemos recibido la corriente de la fe de nuestros padres.
Pero ¿qué sucede cuando la familia comienza a perder la fe?
¿Cómo retransmitirla a los hijos si nosotros ya no creemos?
Alguien habla ya de que se “ha roto la cadena de retransmisión”.

Yo quisiera ser más optimista y pensar:
Que aún queda mucho de fe en los hogares.
Tal vez la estemos viviendo en el túnel de la crisis.
Pero el túnel no es algo definitivo, siempre tiene una salida donde de nuevo aparece la luz.
El invierno da la impresión de que los árboles se han muerto, porque quedan sin hojas.
Y sin embargo es el tiempo en el que se fortalecen las raíces.
La fe, tanto personal como de la misma Iglesia, está hecha a “golpes de inviernos”, pero también a “golpes de primaveras del Espíritu”.

Es posible, como escribe Benedicto XVI, que tantos siglos de historia hayan dejado demasiada ceniza encima, pero que debajo de esa ceniza, todavía tienen vida y arden unas brasas. Basta un poco de viento del Espíritu para que se lleve las cenizas y el mismo viento que las avienta, sople y encienda una nueva llama en las escondidas brasas.

Y por ahí, tal vez entre tanta hojarasca de incredulidad, suene también hoy la voz de Dios: “Hombre, ¿qué buscas?” Y querámoslo o no, en el fondo del corazón humano, sigue viva la pregunta: “Dios, ¿dónde vives?”

Clemente Sobrado cp.